jueves, 28 de febrero de 2019

29/02 - Justo Juan Casiano el Confesor


(Nota: Si no es año bisiesto, los himnos de San Juan Casiano se transfieren al 28/02).

Este Santo nació hacia el año 350 y era, según algunos, originario de Roma; según otros, de Dacia Póntica (la actual Dobrogea, en Rumanía). Era un hombre erudito que primeramente sirvió en el ejército. Después abandonó la vida militar y se hizo monje en Belén con su amigo y compañero en el ascetismo Germano de Dacia Póntica, cuya memoria también se celebra hoy.

Oyendo de la fama de los grandes Padres de Escete, ambos se fueron a Egipto hacia el año 390; sus encuentros con los famosos monjes de Escete están recogidos en las ‘Conferencias’ de San Juan.

En el año 403 los amigos se fueron a Constantinopla, donde Casiano fue ordenado diácono por San Juan Crisóstomo; sespués del exilio de este, los Santos Casiano y Germano se dirigieron a Roma con cartas para el Papa Inocencio I en defensa del exiliado Arzobispo de Constantinopla. Allí San Casiano fue ordenado presbítero y enviado a Marsella, donde fundó el famoso monasterio de San Víctor.

San Juan Casiano reposó en paz hacia el año 433.

La última de sus obras fue ‘De la Encarnación del Señor, contra Nestorio’, escrita en el año 430 a petición de León, Arcediano del Papa Celestino. En ella Casiano fue el primero en mostrar la relación espiritual entre el pelagianismo, que enseñaba que Cristo era un mero hombre que sin la ayuda de Dios había evitado el pecado y que era posible para el hombre vencer al pecado por sus propios esfuerzos, y el nestorianismo, que enseñaba que Cristo era un mero hombre usado como instrumento por el Hijo de Dios pero no Dios encarnado; de hecho, cuando Nestorio se convirtió en Patriarca de Constantinopla en el año 428, hizo mucho hincapié en perseguir a los herejes, exceptuados los pelagianos, a quienes recibió en la comunión y por quienes intercedió ante el Emperador y el Papa Celestino.

Otro error, opuesto al pelagianismo pero igualmente peligroso, era el que sostenía que el hombre estaba tan corrompido tras la caída que no podía hacer nada por su salvación y que Dios simplemente predestinaba a algunos hombres a la salvación y a otros a la condenación. San Juan Casiano refutó esta blasfemia en la decimotercera de sus ‘Conferencias’ con el Abad Queremón, que expone ampliamente, con elocuencia y abundantes citas de las Sagradas Escrituras la doctrina ortodoxa del equilibrio entre la gracia de Dios y los esfuerzos del hombre.

San Benito de Nursia, en el capítulo 73 de su Regla, coloca las ‘Instituciones’ y las ‘Conferencias’ de San Juan Casiano en el primer lugar entre los escritos de los Padres monásticos, y ordena que sean leídas en sus monasterios; de hecho, la Regla de San Benito es en gran parte deudora de las ‘Instituciones’ de San Juan Casiano. San Juan Clímaco también lo alaba mucho en la sección 105 del Escalón 4 de su ‘Santa Escala’ (sobre la obediencia).