jueves, 12 de mayo de 2016

"Viviendo la fe ortodoxa en España". Artículo del P. Víctor García


Por la gracia de Dios soy ortodoxo y por el amor de Nuestro Señor Jesucristo nací en España, país eminentemente católico romano que adolece de ciertos problemas que derivan en un estado cada vez menos creyente y por qué no decirlo, casi anti-cristiano y anti-iglesia, según se mire.

No es una mentira decir que actualmente el mundo cristiano vive en una crisis continua de Fe. Cada vez hay menos sacerdotes, menos  monjes y monjas, menos cristianos y menos creyentes. Esto no es nuevo sino una “evolución” de la sociedad hacia el individualismo y hacia el “yo me lo guiso, yo me lo como” sin rendirles cuentas a nadie ni a nada.

Esa crisis de Fe se hace patente en mi pequeña ciudad, tan llena de iglesias católicas romanas por su devenir histórico y que salvando algunos barrios, los domingos se encuentran vacías, con sacerdotes nonagenarios y misas que han perdido todo su carácter sacramental, litúrgico y espiritual.

Una ciudad que salvo una semana al año, no ve ni recibe a Cristo (a no ser que sea alguna fiesta de esas que van ligadas al buen comer y al buen beber) y es en esta ciudad donde en una humilde parroquia de confesión ortodoxa se encuentra un servidor, luchando contra todos los molinos en defender la ortodoxia en un país católico romano, en una ciudad católica romana y con un público cada vez más alejado de la iglesia, sea de la índole que sea.

La ortodoxia no es conocida más allá de las grandes ciudades de este país y en círculos muy pequeños, casi todos extranjeros, y eso se acentúa en esta ciudad, donde casi se relaciona la ortodoxia con el protestantismo por el desconocimiento general. A eso le sumamos que los fieles, en un 95% provienen de países de la ex-URSS o que han sido satélites de la misma, con una cultura distinta, una tradición distinta y una forma de ser distinta que en el fondo lo que hace es aumentar la reticencia de, al menos, conocer qué es la Iglesia Ortodoxa y los dos mil años de su historia ininterrumpida al creer los españoles que es una fe ajena a su cultura y a su historia. (¡Qué gran equivocación!)

Cuando un español se acerca por curiosidad a las puertas de la parroquia creen ver a mujeres por regla general mayores, con velos en la cabeza, cantando y haciendo la señal de la cruz repetidas veces junto a una liturgia incomprendida y a su juicio larguísima (¡Nunca hay tiempo largo para adorar a la Trinidad Indivisible!), lo primero que hacen es alejarse sin estar seguros de qué es lo que les va a pasar si entran dentro de la iglesia.

¿Cómo acercar nuestra pequeña parroquia a los españoles? ¿Cómo mostrar que existe otra forma de ver a Cristo, más cercano a los Padres Apostólicos, a los primeros cristianos y concilios ecuménicos.

Es sabida la dificultad que nos encontramos para poder contestar a estas preguntas en un lugar donde el arraigo católico romano es tan fehaciente hasta el punto de no mirar hacia mundo ortodoxo tan ignorado en occidente de forma que no se puedan romper con ideas preconcebidas, con el desconocimiento general y con la idea de que el cristianismo ortodoxo es una forma “radical” de cristianismo, con más leyes, más estricto y más prohibiciones...

Yo me pregunto ¿El problema es que la mayoría de los españoles tiene clara su fe católica romana o es más bien que han perdido gran parte de esa fe y sistema de creencias que por comodidad no buscan dentro del propio cristianismo? Quizás sí que buscan, pero renegando del  propio sentido cristiano y buscando las respuestas fuera de la Iglesia, potenciando tantas y tantas asociaciones de “New age” que crecen como champiñones en nuestras ciudades.

Es más fácil buscar fuera, muy fuera, lo que no se quiere ver dentro, muy dentro.

Así es más fácil romper sin ser visto. Esto último es lo que hace que la Iglesia Ortodoxa no se vea, ni se sienta fuera de los propios cristianos ortodoxos. ¿Cómo es posible dar a conocer la ortodoxia, si no se profundiza en el cristianismo y por voluntad propia se decide renegar del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y de la Madre de Dios?

La respuesta sigue estando en los Padres del desierto que por desgracia en el mundo occidental casi han dejado de tener presencia. ¿Por qué no volver hacia el cristianismo y buscar dentro de él Nuestra Iglesia, sigue viviendo la fe del Espíritu Santo en cada acto de nuestra vida mundana, cristalizando la razón cristiana en la Divina Liturgia cada domingo.

Oremos para que el mundo dé la espalda a su individualismo y orgullo  de forma que se pueda conocer la espiritualidad del oriente cristiano para que no se pierda de forma irreversible a Cristo en pos de una sociedad en la que prima pisotear al prójimo y no amarlo. Eso, sin duda nos aleja de Dios de la Iglesia y de cualquier buena cualidad del ser humano.

P. Víctor García
Parroquia de los Santos Isidoro y Leandro, Obispos de Sevilla