domingo, 17 de marzo de 2019

17/03 - Patricio el Iluminador de Irlanda


San Patricio, el Apóstol de los Irlandeses, fue capturado en su Gran Bretaña natal por saqueadores irlandeses cuando tenía dieciséis años. Aunque era hijo de diácono y nieto de sacerdote, no fue sino en su cautividad cuando buscó al Señor con todo su corazón. 

En su Confesión, el testamento que escribió hacia el final de su vida, Patricio dice: «Tras venir a Irlanda -tenía que cuidar ovejas cotidianamente y rezaba muchas veces al día-, el amor de Dios y su temor se fueron apoderando progresivamente de mí, y mi fe se vio fortalecida. Y mi espíritu se conmovió tanto que en un solo día rezaba hasta cien oraciones, y casi lo mismo de noche, y esto incluso cuando estaba en los bosques o en la montaña; y me levantaba para orar antes de amanecer aunque hubiera nieve, escarcha o lluvia, y no recibía ningún daño». 

Tras seis años de esclavitud en Irlanda, Patricio fue guiado por Dios para escapar, y luchó en el monaquismo en Auxerre (Galia) bajo la guía del santo Obispo Germán. Muchos años después fue ordenado obispo y enviado de nuevo a Irlanda, cerca del año 432, para convertir a los irlandeses a Cristo.

Sus arduas labores produjeron tanto fruto que en siete años fueron enviados tres obispos de la Galia para ayudarle a pastorear a su rebaño -«mis hermanos e hijos que yo he bautizado en el Señor, tantos millares de personas», dice en su Confesión-. Su trabajo apostólico se cumplió con no pocos «desvelos y dolores», largos viajes en tierra difícil y muchos peligros; él mismo afirma que su vida estuvo en riesgo doce veces.

Cuando Patricio llegó a Irlanda como iluminador, era un país pagano; cuando acabó su vida terrenal unos treinta años más tarde, alrededor del 461, la Fe de Cristo estaba establecida en cada rincón de la isla.