martes, 21 de mayo de 2019

21/05 - Constantino y Elena, Isapóstoles


Este santo y renombrado soberano de los cristianos era hijo de Constantino Cloro (el gobernante de las partes occidentales del Imperio Romano) y de la bienaventurada Elena. Nació en el año 272 en -según algunas autoridades- Naíso de Dardania, una ciudad del Helesponto. En el año 306, cuando su padre murió, Constantino fue proclamado sucesor al trono.

En 312, al saber que Majencio y Maximino habían unido sus fuerzas contra él, marchó hacia Italia, donde, al frente de sus tropas, vio en el cielo después del mediodía, por debajo del sol, una columna radiante con forma de cruz con las palabras: «Por esta señal vencerás». A la noche siguiente, nuestro Señor Jesucristo se le apareció en un sueño y le declaró el poder de la Cruz y su significado. Cuando se levantó por la mañana, Constantino ordenó inmediatamente que se hiciera un lábaro (un estandarte de victoria sobre el enemigo) en forma de cruz, e inscribió en él el nombre de Jesucristo.

El 28 de octubre atacó y venció poderosamente a Majencio, que se ahogó en el río Tíber mientras huía. Al día siguiente, Constantino entró triunfante en Roma y fue proclamado emperador de Occidente por el Senado, mientras que Licinio, su cuñado, gobernaba el Oriente. Pero, por malicia, Licinio después persiguió a los cristianos. Constantino luchó contra él una y otra vez y lo destruyó totalmente en el año 324, convirtiéndose así en monarca de Oriente y Occidente.

Bajo su imperio, y gracias a él, todas las persecuciones contra la Iglesia cesaron. El cristianismo triunfó y la idolatría fue desbancada. En el año 325 Constantino reunió el Primer Concilio Ecuménico en Nicea, al que se dirigió personalmente.

En 324, en la antigua ciudad de Bizancio, sentó las bases de la nueva capital de su reino y la inauguró solemnemente el 11 de mayo de 330 poniéndole su nombre: Constantinopla. Como el trono imperial fue transferido allí desde Roma, se la llamó Nueva Roma, sus habitantes se llamaban romanos y se consideraba la continuadora del Imperio Romano.

Cayendo enfermo cerca de Nicomedia, Constantino solicitó recibir el Santo Bautismo, según Eusebio (‘Vida de Constantino’, libro IV, 61-62), Sócrates y Sozomeno, y se le administró cuando se le consideró digno de los Sagrados Misterios. Reposó en el año 337, el 21 o 22 de mayo, Domingo de Pentecostés, habiendo vivido sesenta y cinco años, de los cuales treinta y uno como emperador. Sus restos fueron trasladados a Constantinopla y colocados en la Iglesia de los Santos Apóstoles, que había sido construida por él (ver la Homilía XXVI sobre 2 Corintios de San Juan Crisóstomo).

En cuanto a su santa madre Elena, después de que su hijo hiciera triunfar la Fe de Cristo por todo el Imperio Romano, emprendió un viaje a Jerusalén y encontró la Santa Cruz sobre la que nuestro Señor fue crucificado (ver el 13 y el 14 de septiembre). Después Santa Elena, en su celo por la gloria de Cristo, erigió iglesias en Jerusalén y en los lugares de la Crucifixión y Resurrección, en Belén en la cueva donde nació nuestro Salvador, otra en el Monte de los Olivos, desde donde ascendió al Cielo, y muchas otras por toda la Tierra Santa, Chipre y otras partes.

Fue proclamada Augusta, su imagen se imprimió en monedas de oro, y dos ciudades fueron llamadas Elenópolis en honor suyo en Bitinia y en Palestina. Habiendo sido glorificada por su piedad, durmió en el Señor hacia la edad de ochenta años, según algunos en 330, y según otros en 336.