miércoles, 2 de octubre de 2019

02/10 - El Santo Hieromártir Cipriano y la Partenomártir Justina


Santa Justina, que era de Damasco, vivió en virginidad por amor a Cristo. San Cipriano, que era de Antioquía, comenzó como iniciado en la magia y adorador de los demonios.

Cierto joven alocado que se sintió golpeado por la belleza de Justina contrató a Cipriano para que la atrajera amorosamente a él; cuando este hubo recurrido en vano a todos los ingenios diabólicos que conocía, y viéndose repelido por el poder de Cristo a quien Justina invocaba, comprendió la debilidad de los demonios y vino al conocimiento de la verdad.

Liberado del engaño diabólico, Cipriano aceptó a Cristo y quemó todos sus libros de magia, recibió el Bautismo y después ascendió al trono episcopal en su país. Posteriormente él y Justina fueron arrestados por el Conde de Damasco y, habiendo sufrido muchos tormentos a sus manos, finalmente fueron enviados a Diocleciano a Nicomedia, donde fueron decapitados cerca del año 304.