viernes, 20 de diciembre de 2019

20/12 - Ignacio el Teóforo, Obispo de Antioquía


San Ignacio el Teóforo tiene una significación especial para nosotros porque tenía un estrecho contacto con los apóstoles. Ellos le transmitieron directamente la fe cristiana, y fue testigo del desarrollo de las primeras comunidades cristianas. En sus siete cartas reproduce para nosotros la época de los apóstoles.

San Ignacio nació en Siria en los últimos años de la vida del Salvador. La tradición cuenta que fue el niño a quien el Señor alzó en sus brazos y dijo: "Os aseguro que, si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt.18:3).

Es llamado Teóforo ("portador de Dios") porque amaba tanto al Señor como si lo llevabra en su corazón. Fue discípulo del apóstol y evangelista Juan el Teólogo. De la misiva del San Ignacio a los pobladores de Esmirna se ve que fue muy allegado al apóstol Pedro y que lo acompañaba en algunos de sus viajes apostólicos.

Poco antes de la destrucción de Jerusalén, en el año 72, falleció Evodio, uno de los primeros discípulos de Cristo, y como sucesor suyo en la cátedra de Antioquía (capital de Siria) fue nombrado San Ignacio.

San Ignacio condujo a la Iglesia de Antioquía durante 40 años (67-107).

En una visión especial le fue concedido ver la Liturgia Celestial y escuchar el canto de los ángeles; en consinancia con el mundo angélico, él introdujo en los oficios religiosos las antífonas, dos coros que se alternan como llamándose entre sí. Este canto desde Siria se divulgó rápidamente por toda la Iglesia en sus comienzos.

En el año 107, durante la expedición contra los armenios, el emperador Trajano pasaba por Antioquía. Le comunicaron que San Ignacio profesaba la fe cristiana, enseñaba desdeñar la riqueza, era célibe y no hacía ofrendas a los dioses romanos. El emperador llamó al Santo y exigió que dejara de hablar de Cristo. El anciano se negó y lo enviaron a Roma encadenado. En Roma lo echaron a los leones en el Coliseo para diversión del pueblo. Durante el viaje a Roma escribió siete misivas, que se conservan hasta nuestros días. En sus misivas San Ignacio pide que los cristianos no traten de salvarlo de la muerte: "No queráis amarme fuera de tiempo. Dejadme ser pasto de las fieras, por las que me es dado alcanzar al Señor. Soy trigo de Dios y por los dientes de las fieras he de ser molido a fin de ser presentado como limpio pan de Cristo." Oyendo hablar del coraje del Santo, Trajano terminó las persecuciones contra los cristianos.

Sus reliquias fueron trasladadas a Antioquía y más tarde las llevaron a Roma y sepultaron en la Iglesia de San Clemente, Papa de Roma.