domingo, 4 de abril de 2021

05/04 - Hosiomártires Claudio, Diodoro, Víctor, Victorino y sus compañeros


Estos santos procedían de Corinto y vivieron durante el reinado del emperador Decio (249-251). Fueron arrestados por su confesión y fe cristiana en el año 249 y fueron llevados ante Tertius (o Tercio) el procónsul, quien tenía la autoridad sobre Morea (actual Peloponeso).


Después de ser torturados, pasaron a Egipto, aunque no sabemos si la sentencia comprendía ese destierro, y completaron su martirio en Dióspolis, capital de la Tebaida, bajo el gobernador Sabino, en el reinado de Numeriano.


Los santos Victorino, Víctor y Nicéforo fueron condenados a perecer despedazados en un mortero de mármol. Los verdugos comenzaron por destrozarle los pies y las piernas a Victorino, diciéndole a cada golpe: «¡Sálvate! Todavía puedes escapar de la muerte si renuncias a tu nuevo Dios». 


Pero el gobernador, viendo la constancia de Victorino, perdió la paciencia y ordenó que le descuartizaran. Víctor, a quien se amenazó con el mismo martirio, ardía en deseos de que la sentencia se ejecutase inmediatamente; señalando el mortero de piedra dijo a los verdugos: «La salvación y la felicidad me esperan allí». Los verdugos le destrozaron sin dilación.


El tercero de los mártires, Nicéforo, saltó por su propio pie al mismo pozo de destrucción; el juez, a quien molestó tal audacia, ordenó a los verdugos que acabaran con él a golpes. Al santo Claudio le cortaron las manos, los pies, y luego los brazos y las piernas, llegando a su fin.


El gobernador, señalando los miembros y los huesos del mártir que yacían por tierra, dijo a los otros tres confesores de la fe, Diodoro, Serapión y Papías : «En vuestras manos está vuestra suerte; yo no os obligo a sufrir». 


Los mártires respondieron unánimemente: «Antes que renunciar a nuestra fe, estamos dispuestos a sufrir los más crueles tormentos que puedas imaginar. Jamás traicionaremos la fidelidad que debemos a Dios, ni renegaremos de Jesucristo nuestro Salvador, que es nuestro Dios y Creador, por el que nuestras almas suspiran». Entonces el tirano condenó a Diodoro a ser quemado vivo en un horno de fuego y Serapión fue decapitado por la espada*. Papías fue arrojado al mar con una piedra atada al cuello.


NOTAS: 


* Los detalles de algunos martirios varían según la fuente. Así, San Serapión, según las «Vidas de los santos de A. Butler», antes de ser decapitado, fue "colgado por los pies y decapitado". Esteban E. Assemani publicó por primera vez, en el siglo XVIII, el texto sirio de las actas de estos mártires, con una traducción latina. En nuestros días, Pablo Bedjan editó nuevamente el texto sirio, valiéndose de manuscritos recientemente descubiertos. En 1852, Lagrange tradujo las actas al francés. Las actas son probablemente verídicas en lo esencial, aunque hay cierta confusión en los detalles. Como autor del blog me reservo el derecho de admitir las sucesivas modificaciones de los últimos siglos de dichos autores, aferrándome a la Santa Tradición de la Santa Iglesia Católica y Apostólica Ortodoxa.


* Según las "Vidas de los santos de A. Butler", la ejecución de los mártires tuvo lugar el 25 de febrero, día en que les conmemoraban los martirologios occidentales. Los martirologios griegos veneran su memoria el 31 de enero, fecha en que confesaron la fe en Corinto, y el 4 de Abril. El nuevo Martirologio Romano movió la celebración al 31 de enero.


Apolitiquio tono 3º


La séptuple banda de mártires brillaba como una lámpara de siete brazos, a través del resplandor de la santa fe. Con sus brillantes combates, iluminan el camino para aquellos que claman fielmente: benditos mártires, oren a Cristo nuestro Dios, para que nos conceda Su gran misericordia.


Condaquio tono 2º


Oh, benditos mártires, como los valientes soldados de Cristo, esparcieron los principados enemigos. Regocijándose en un espíritu, proclamaron juntos: Cristo es la corona de los atletas.


Megalinario


Claudio y Víctor los venerados, junto con Victorino y Papia los sagrados, con Diodoro y Nicéforo  los divinos y también Sarapinas nos bendicen.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com