viernes, 6 de noviembre de 2020

06/11 - Pablo el Confesor, Patriarca de Constantinopla


San Pablo era de Tesalónica. Se convirtió en secretario de Alejandro, Patriarca de Constantinopla (ver el 30 de agosto), en diácono y luego en sucesor de San Alejandro hacia el año 337.


A causa de su virtud, de su elocuencia en la enseñanza y de su celo por la Ortodoxia, los arrianos lo odiaban y lo temían. Cuando el Emperador arriano Constancio, que se encontraba en Antioquía, supo de la elección de Pablo, lo exilió y proclamó Patriarca al arriano Eusebio. San Pablo fue a Roma, donde encontró a San Atanasio el Grande también exiliado. Provisto de cartas del Papa Julio, Pablo volvió a Constantinopla y, a la muerte de Eusebio en el año 342, accedió de nuevo a su legítimo trono, pero mientras tanto los arrianos eligieron a Macedonio, que rechazaba la consubstancialidad del Hijo con el Padre (y, además, la divinidad del Espíritu Santo).


Cuando Constancio, que permanecía en Antioquía, supo del regreso de Pablo, envió tropas a Constantinopla para que lo expulsaran, así que el Santo tuvo que regresar a Roma, donde San Atanasio se encontraba de nuevo exiliado. El ortodoxo Constante, Emperador de Occidente y hermano de Constancio, le escribió a este asegurándole que, si a Atanasio y Pablo no se les permitía volver a sus sedes, él mismo iría con tropas para restaurarlos.


Pablo accedió de nuevo a su trono, pero, a la muerte de Constante, Constancio volvió a deponerlo. A causa del amor que el pueblo sentía por Pablo, Felipe el Prefecto, que había sido enviado a arrestarlo, tuvo que hacerlo secretamente para evitar una sedición. Pablo fue desterrado a Cúcuso, en los confines de Cilicia y Armenia, población por la que también pasaría su ilustrísimo sucesor San Juan Crisóstomo camino de su último exilio en Comana. Allí, hacia el año 350, cuando estaba celebrando la Divina Liturgia en la casita en la que se encontraba preso, los arrianos lo estrangularon con su propio omoforio; tal era el temor que sentían hacia él incluso en el exilio.


Las santas reliquias de San Pablo fueron llevadas a Constanopla con honores por parte del Emperador Teodosio el Grande.