lunes, 23 de noviembre de 2020

23/11 - Anfiloquio, Obispo de Iconio


San Anfiloquio, que nació en Capadocia, brilló en el ascetismo y la divina sabiduría desde su juventud.


Fue consagrado Obispo de Iconio en el año 341, y luchó valientemente contra las herejías de Eunomio, Macedonio el Pneumatómaco («Enemigo del Espíritu Santo») y los seguidores de Arrio. Estuvo presente en el II Concilio Ecuménico de los 150 Padres, que tuvo lugar en Constantinopla durante el reinado de Teodosio el Grande en el año 381.


En 383 Anfiloquio deseó convencer al Emperador Teodosio de que prohibiera a los arrianos reunirse en Constantinopla y que les entregara las iglesias a los ortodoxos, pero él se mostró reacio a ello. La siguiente vez que Anfiloquio fue a Palacio, se dirigió a Teodosio con el debido honor, pero reconvino a su joven hijo Arcadio delante de él. Teodosio se indignó y dijo que la deshonra infligida a su hijo era equivalente a insultarlo a él mismo, a lo que el Santo replicó que, de la misma manera que él no permitía insultos a su hijo, debería creer que Dios está enfadado con los que blasfeman de su Hijo unigénito. San Teodosio lo comprendió y se llenó de admiración por la sagacidad de Anfiloquio, por lo que emitió el edicto deseado en septiembre de ese mismo año.


Habiendo alcanzado una avanzada edad, San Anfiloquio reposó en el Señor hacia el año 395. 


San Basilio el Grande le escribió muchas cartas a San Anfiloquio, su amigo y compañero en la defensa de la Fe, y a petición suya escribió su tratado ‘Sobre el Espíritu Santo’, que, además de demostrar la divinidad del Espíritu y igualdad con el Padre y el Hijo, defiende las tradiciones no escritas de la Iglesia como la señal de la Cruz, la orientación al orar, la prohibición de arrodillarse los domingos, etc.