domingo, 13 de diciembre de 2020

14/12 - Los Santos Mártires Tirso, Leucio y Calínico de Asia Menor y Filemón, Apolonio y Arriano de Alejandría


Los Mártires de Asia Menor contendieron por la piedad durante el reinado de Decio, en el año 250. San Leucio, viendo el asesinato de cristianos, reprochó al Gobernador Cambricio, por lo que fue colgado, rastrillado de manera inmisericorde en los costados y finalmente decapitado. Al declararse valientemente cristiano y reprobar al Gobernador por adorar trozos de madera y piedra como si fueran dioses, San Tirso, tras muchas y terribles torturas, fue sentenciado a ser aserrado, pero la sierra no cortaba y se volvió tan pesada en manos de los verdugos que no podían moverla; San Tirso entregó su espíritu en Apolonia, en el Helesponto. San Calínico, sacerdote de los ídolos, se convirtió al ver el martirio y los milagros de San Tirso, y fue decapitado.


Durante el reinado de Diocleciano (284-305), el Gobernador de Antínoe en la Tebaida del Alto Egipto era Arriano, fiero perseguidor que había enviado a muchos cristianos a una muerte violenta, entre ellos a los Santos Timoteo y Maura (ver el 3 de mayo) y a Santa Sabina (16 de marzo). Cuando hubo aprisionado a cristianos por su confesión de fe, uno de ellos, llamado Apolonio, Lector de la Iglesia, perdió el valor a la vista de los instrumentos de tortura y pensó en cómo podía escapar de los tormentos sin renegar de Cristo. Le dio dinero a Filemón, tocador de flauta y pagano, para que se pusiera las ropas de Apolonio y ofreciera sacrificio ante Arriano para que todos pensaran que era aquel quien había cumplido la voluntad del Gobernador y fuera liberado. Filemón se mostró de acuerdo con el plan, pero, cuando iba a sacrificar, iluminado por la gracia divina, se declaró cristiano. Él y Apolonio, que también confesó a Cristo cuando el fraude fue descubierto, fueron decapitados. Antes de ello Arriano había ordenado que fueran asaeteados, pero los Santos permanecieron indemnes, mientras que el Gobernador fue herido por una de las flechas. San Filemón predijo que, después de su martirio, Arriano sería curado en su tumba, y, cuando esto sucedió, el Gobernador, perseguidor que había asesinado a tantos servidores de Cristo, creyó en el Señor y fue bautizado con cuatro de sus guardaespaldas. Diocleciano tuvo noticia de ello e hizo llamar a Arriano y a sus guardaespaldas, que fueron arrojados al mar por su confesión de Cristo y recibieron la corona de la vida eterna.