miércoles, 27 de enero de 2021

28/01 - Efrén el Sirio


San Efrén el Sirio es un diácono, Doctor de la Iglesia. En un santo muy celebrado tanto con Oriente como en Occidente y son numerosas las fuentes que hablan sobre su vida. Los testimonios de San Jerónimo en “De viris illustribus” y la “Historia Lausiaca” corrigen y completan los datos biográficos encontrados en una “Vita Ephraemi” escrita originariamente en siríaco. Comparando todos estos documentos y teniendo igualmente en cuenta las precisiones autobiográficas escritas por el propio Efrén en su obra “Carmina Nisibena”, el hagiógrafo L. Leloir ha reconstruido recientemente y de forma crítica la biografía del santo.


Efrén nació en Nísibis (Mesopotamia), en la actual Turquía, alrededor del año 306, su madre era cristiana pero su padre era un sacerdote pagano muy intolerante, que echó a su hijo de casa cuando se enteró de que era cristiano. Estuvo en Nísibis, su ciudad natal, muy probablemente bajo la tutela del obispo Jacobo (San Jacobo de Nísibis), del cual el mismo Efrén en sus escritos habla con muchísima veneración, teniéndolo por un maestro del que recibió la educación y la instrucción cristiana, pero sin embargo, no tenemos noticias directas sobre cuales fueron exactamente sus estudios.


Las obras de San Efrén dan a entender que tenía conocimientos de la filosofía griega, pero de una forma sincretista. Efrén estudió teología, pero en esta materia, la teología, su vocabulario es bastante impreciso y en sus escritos, que estaban más dirigidos al pueblo que a las clases cultas, él intenta sobre todo excitar la piedad más que dar una profunda formación doctrinal a quienes lo leyesen. Con muchísimo celo, dulzura y firmeza continuará con su obra y alcanzará este objetivo gracias a la utilización de un estilo de escritura, simple y con un cierto tono poético. En vida fue llamado “el arpa del Espíritu”.


Pasó la mayor parte de su vida en Nísibis, donde el obispo Jacobo lo ordenó de diácono y ejerció su ministerio como tal, enseñando, predicando y escribiendo. Por humildad, nunca quiso ordenarse de presbítero. Luchó con mucho vigor contra la herejía arriana y se afirma que acompañó al obispo Jacobo de Nisibi al Concilio de Nicea en el año 325. Hay una tradición que afirma que habiéndosele ofrecido el obispado de Nísibis, él simuló estar loco a fin de sustraerse a esta dignidad episcopal. Cuando en el año 367 los persas invadieron su ciudad natal, él la abandonó refugiándose en Edessa. Allí, siguió con su actividad apostólica predicando y escribiendo y contribuyó a la fundación de una escuela para persas, asimismo fue un gran defensor de la doctrina trinitaria y cristológica en la Iglesia sirio-antioquena.


El ministerio pastoral al que dedicó toda su vida era prácticamente incompatible con una vida eremítica y en completa soledad, pero sin embargo está comprobado que, muy pronto, él abrazó la vida monástica siguiendo el ejemplo del obispo Vologeso, del cual él traza un retrato que en realidad es el ideal de vida monástica que él mismo se había propuesto. Esta consistía en vivir en perfecta castidad, ayunos, mortificaciones y noches en vela orando junto con otros ascetas, pero al mismo tiempo, consagrarse al servicio de la comunidad cristiana, al pueblo, en el que estaba inmerso. Unir la vida contemplativa con la vida apostólica fue su programa de vida y lo realizó tanto en Nísibis como en Edesa.


También debe ponerse en dudas su supuesto viaje a Cesarea de Capadocia, donde se dice que se encontró con el obispo Basilio, así como su estancia en los monasterios del desierto egipcio. En el año 372 con ocasión de una hambruna en Edesa, como diácono fue el encargado de organizar los escasos bienes y socorrer a los más necesitados. Murió en el año 373.


No pretendemos aquí hablar de la actividad literaria del santo. En la tradición oriental, sus obras tienen tanta resonancia que a veces, se han mezclado obras auténticas con otras supuestas, que son simplemente escritos apócrifos. En el siglo XVIII un grupo de profesores maronitas publicó bajo el nombre de Efrén una colección de seis volúmenes, tres para las obras escritas en siríaco y otros tres para las escritas en griego, aunque traducidas al latín (“S.Ephraemi Syri opera omnia quae exstant graece, syriace, latine in sex tomos distributa”, editadas en Roma entre los años 1732-1746).


A estas publicaciones, deben unirse los cuatro volúmenes de una edición de Th. J. Lamy: “S. Ephraemi Syri hymni et sermones”, publicados en Malines (Bélgica) entre los años 1882 y 1903, así como su “Carmina Nisibena”, publicada en Lipsia en el año 1886. Es en esta copiosa fuente de información donde los críticos estudiosos de San Efrén deben discernir cuales son sus obras y cuales no lo son.


Las crónicas de Edessa dicen exactamente cual fue la fecha de su muerte (9 de junio del 373) y precisan que ese día y el 28 de enero eran las fechas en las que se festejaba al santo en la ciudad.


Antonio Barrero



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia