jueves, 4 de febrero de 2021

05/02 - Ágata (Águeda) la Mártir


Hoy, día 5 de febrero, celebramos la memoria de otra de esas grandes mártires que siempre han estado presentes en la tradición, el arte y la cultura cristianas: Águeda o Ágata (del griego agathé, “bondadosa”), mártir siciliana del siglo III que se ha erigido en irrenunciable protectora de las mujeres. Todos estamos acostumbrados a verla en el arte y en las iglesias, pero, ¿quién fue realmente ella?


El relato que todos conocemos proviene de una passio escrita en la segunda mitad del siglo V, que resumo brevemente: Águeda, joven cristiana oriunda de Catania (Sicilia) y de una edad indeterminada (se ha barajado que tenía entre 14 y 21 años) consagró su virginidad a Cristo. En tiempos de la persecución de Decio (año 251) el procónsul Quintiliano (o Quinciano, según versiones) mandó arrestarla y convencerla de que sacrificase a los dioses. Como ella se negara, la entregó a la vieja prostituta Afrodisia, que regentaba un burdel con sus siete hijas, para forzarla a practicar la prostitución. Ello fue en vano, ya que Águeda evitó aquel oficio y se refugió en la oración. Llamada de nuevo al tribunal, sostuvo un valiente interrogatorio ante el procónsul y fue luego condenada a padecer atroces torturas: descoyuntada en el potro, azotada con varas, desgarrada con garfios, quemada con antorchas, y finalmente le fueron amputados los pechos (o uno solo, según versiones). Es aquí cuando ella recrimina duramente al procónsul haber dado orden de mutilar en ella los mismos órganos con que su madre le habría amamantado de pequeño, frase que se ha hecho muy célebre. Arrojada moribunda a la celda, se le apareció San Pedro y la curó por completo. Luego sembraron el suelo de su celda trozos de vidrio, cerámica rota y brasas, y desnuda la revolcaron sobre este lecho horrible. Mientras esto ocurría, un inmenso terremoto sacudió la ciudad, derribando algunos edificios y matando a algunos verdugos. Águeda, alabando a Dios y dando gracias por haber sido digna del martirio, murió a consecuencia de las terribles heridas. Su cuerpo fue recogido por los cristianos y enterrado en un sepulcro nuevo.


Precisamente un año después, el volcán Etna, tan cercano a Catania, entró en violenta erupción y amenazó la supervivencia de la ciudad. Y entonces, no los cristianos, sino los paganos, echaron a correr despavoridos al sepulcro de la mártir, lo abrieron, cogieron el velo que cubría su cadáver y lo extendieron frente a la colada de lava que ya se cernía sobre la ciudad. Inmediatamente la erupción se aplacó y la lava se detuvo. Esto ocurrió hasta nueve veces más en los sucesivos años, lo que le dio el patronazgo sobre incendios, erupciones volcánicas y desastres del fuego en general.


Parece claro que vivió en la primera mitad del siglo III y sufrió el martirio a 5 de febrero de 251, imperando Decio. Esto es bastante fiable porque las tres versiones de la passio coinciden en afirmarlo (la latina incluso dice que fue el tercer año del mandato del emperador). Algunos otros, sin embargo, dicen que fue en tiempos de Diocleciano (De laudibus virginitatis, capítulo 42, de Aldelmo, Martirologio de Beda) y también dicen que había hecho voto de virginidad siendo niña y que venía de familia rica y noble.


Pero, ¿de dónde era oriunda? Se dice que nació en Catania y la verdad es que todos los martirologios y calendarios se han decantado siempre por esta ciudad, pero los habitantes de Palermo también la reivindican como suya. Tras estudiar este tema en profundidad, los Bolandistas han decidido no inclinarse por una ciudad en favor de otra, pues realmente no parece estar claro (Acta SS. Februarii, I, Amberes, (1658), pp.595-659). Eso sí, su sepulcro estuvo ubicado en un suburbio de Catania llamado Hybla Maior, lugar donde las excavaciones arqueológicas han confirmado la presencia de muchos sepulcros cristianos con inscripciones auténticas. Actualmente la mayor parte de sus reliquias han quedado en Catania, pero el cuerpo hace mucho que fue monstruosamente fragmentado, hasta el punto que sus brazos, piernas, manos, pies y hasta una mama incorrupta están diseminados por varios relicarios. También el velo que detiene las erupciones de los volcanes, una tela larga y de intenso color rojo, es venerado en Alì Superiore. El cráneo, fragmentado también, está repartido entre Catania y la ciudad alemana de Kamp, aunque el Monasterio de San Pablo del Monte Athos, en Grecia, reivindica tener el cráneo auténtico, completo. También hay reliquias en Roma (Sant’Agata Dei Goti) y en muchos otros lugares.


Se la ha venerado ininterrumpidamente desde el siglo V tanto en Oriente como en Occidente, y aunque los martirologios y sinaxarios antiguos la mencionan en numerosas fechas, se acepta universalmente que su dies natalis es el 5 de febrero. El culto conoció gran expansión por las buenas relaciones comerciales entre Sicilia y el Mediterráneo, y se convirtió pronto en una Santa universal, de referencia obligatoria.


Es la patrona de las mujeres, porque la torturaron arrancándole un pecho o dos, y actualmente se la invoca contra el cáncer de mama.


Es también enormemente venerada en muchos lugares de España, donde muchos pueblos la tienen por patrona y en algunos las mujeres protagonizan pintorescas fiestas donde son elegidas reinas o alcaldesas por un día (Zamarramala, en Segovia, por ejemplo), por lo que son llamadas “las Águedas”. Además, y por el episodio del volcán, como decía, es invocada como patrona contra desastres del fuego. En Catania, aún, cuando el Etna entra en erupción –y sigue entrando, porque es un volcán todavía activo- se la invoca de nuevo para que proteja a su pueblo del peligro. Los malteses atribuyen a su intercesión la huida de los sarracenos de la isla, diciendo que se apareció ante el ejército y los ahuyentó. Por ello también es patrona de Malta.


En el arte es fácil reconocerla porque aparece con la palma del martirio y portando uno o dos senos amputados sobre una bandeja, símbolo de su atroz tormento, pero también de su patronazgo. En ocasiones lleva unas tenazas, instrumento de su mutilación, o una vela encendida, como protectora contra el fuego. Todos los episodios de la passio aparecen reseñados en el arte y su nombre aparece grabado en no pocas campanas, por la costumbre, nacida en el siglo XII, de tocar la campana de la iglesia para evitar del peligro de un incendio, por lo en tanto que se tañía la campana, se avisaba al pueblo y se invocaba a la Santa a la vez. En la ciudad valenciana de Jérica, por ejemplo, hasta día de hoy es tradición que el día de su fiesta los hombres hagan sonar las campanas impulsándolas con sus propios cuerpos, por lo que se quedan agarrados a ellas mientras van girando y sonando.


Meldelen



Fuente: preguntasantoral