domingo, 7 de febrero de 2021

08/02 - El Santo Profeta Zacarías


Zacarías (Hebreo: זְכַרְיָה Zeḥaryáh) es uno de los profetas menores, a quien se atribuye el libro que lleva su nombre. Su nombre significa Yahveh Ha Recordado. Zacarias "el grande" se llama a sí mismo hijo de Baraquías hijo de Idó (Zac 1:1,7) pero en otros pasajes se omite dicho nombre.


Probablemente nació en algún lugar de Babilonia, puesto que su actividad profética empezó tan solo diecisiete años después del regreso del exilio, y es razonable pensar que para entonces tenía más de diecisiete años, aunque todavía se le consideraba joven.


Dios se valió de Zacarías y de su contemporáneo Ageo para animar a Zorobabel, al sumo sacerdote Josué y a los exiliados que habían regresado a terminar la reconstrucción del Templo de Dios, aun cuando todavía estaba en vigor una prohibición del gobierno persa. El libro de la profecía de Zacarías, dividido en catorce capítulos y contado el 11° entre los Profetas Menores, contiene mensajes que pronunció con ese fin durante un período de dos años y un mes.


Según la interpretación cristiana, una de las profecías mesiánicas que recogería el libro de Zacarías en el capítulo 11:12-13 haría referencia al precio (treinta piezas de plata) que los sacerdotes principales ofrecieron a Judas por entregarles a Jesús. Ver el Evangelio de Mateo en el capítulo 26 y versículo 15.


En otra de las profecías de Zacarías (14:4-5 sobre la llegada del día del Señor) se dice que el monte de los Olivos se separaría en dos y se allanaría, como el valle del Hinón se allanó por un terremoto que ocurrió en tiempos de Ozías (o Azarías), rey de Judá que reinó desde el 809 al 759 a. C. En el registro de terremotos anteriores al siglo XX cristiano, hay uno datado en octubre del 759 a. C. en Israel, y tal año es precisamente el último año del reinado de Ozías en Judá.


Sozomeno cuenta que las Santas reliquias del profeta Zacarías fueron halladas en Eleuterópolis de Palestina en tiempos del Emperador Honorio; el mismo profeta se le habría aparecido a cierto Calemero para contarle dónde encontrar su tumba, que contenía su cuerpo incorrupto (Hist. Ecles., libro IX, 17).