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martes, 30 de noviembre de 2010

Homilía de S.E. Policarpo con motivo de la Fiesta Patronal de la Gran Iglesia de Constantinopla


“EL PRIMER LLAMADO DE LOS APÓSTOLES
Y SU IGLESIA PRIMERA EN LA LLAMADA”

La Iglesia del Primer Llamado de los Apóstoles, esta Cátedra Ecuménica de la Ortodoxia, celebra su “fiesta de cumpleaños”, la venerable conmemoración de un evento histórico, salvífico y de gracia, de refulgente brillo. Su fundación y constitución en la humilde Bizancio, convertida después en la Nueva Roma y Ciudad de Constantino y Reina de las Ciudades, honra y premia a la Iglesia Primera Llamada de Constantinopla, que celebra también la memoria de su Fundador, el Santo y glorioso Apóstol Andrés.

Santísimo y divinísimo Padre y Señor,

Venerables Jerarcas,

Pueblo amado del Señor,

Gran asunto es la memoria y el recuerdo, especialmente en la vida y la actividad de la Iglesia, para el bien de su piadoso Pléroma. La importancia y la necesidad de este hecho, en referencia al Primer Llamado de los Apóstoles, queda patente en la Encíclica Patriarcal y Sinodal del que fuera Metropolita de Felipópolis (Plodiv) -y luego Patriarca Ecuménico con el nombre de Serafín II- de noviembre del 1759 dirigida al sagrado clero y a los cristianos del Santísimo Arzobispado de Constantinopla (“con extensión también a todas las Eparquías del Trono Ecuménico”) (1), que determinó que “a partir de ahora sea celebrada su fiesta con brillo y no sin importancia, y de paso sea contada como las otras. Que su memoria sea celebrada con himnos, cantos y melodías piadosas, porque en esta famosa Ciudad él predicó gloriosamente el primero la palabra de la verdad, y ha honrado y consagrado su sagrada Cátedra” (2), ordenó “a los sacerdotes de las iglesias de esta Megalópolis, de Gálata y del Estrecho (el Bósforo), que desde ahora y al final de las sagrados Oficios sea conmemorado también este glorioso Primer Llamado de los Apóstoles y primer Jerarca de Constantinopla Andrés, desde ahora y para siempre” (3) y encargó exactamente hace 251 años al gran Maestro de nuestra Nación, Eugenio Búlgaris, llamado apenas unos días antes por el Patriarca a la Ciudad Reina para asumir la dirección de la Gran Escuela Patriarcal de la Nación, la homilía oficial durante la primera Divina Liturgia Patriarcal y Sinodal por la Fiesta del Primer Llamado de los Apóstoles tras su constitución de nuevo como Fiesta Patronal del trono Ecuménico.

En esta homilía, el sabio Maestro de la Nación,  además de mostrar la importancia del término “Primer Llamado” en relación con el término “Primer Trono”, da un paso más, caracterizando al Apóstol Andrés no solo como Primer Llamado, sino como también “Auto-llamado”: “Andrés desde el principio –exclama en su texto la ‘dulce abeja’ de Tauromenia, Theófanes Kerameus,– (4) … se ha sentido también auto-llamado” (5). Y, aunque afirma categóricamente que no quiere establecer comparaciones entre los Apóstoles –ya que todos son iguales-, elogia las luchas y las fatigas del Apóstol Andrés frente a las de los demás, diciendo: “Si Pablo, alardeando con jactancia en Cristo, llegó a decir: “Me he fatigado más que los demás” (6)”, yo de Andrés me atrevo a decir que ha dado más fruto que los demás. El desarrollo presente de la Iglesia lo demuestra claramente” (7).

El brillante aniversario y la fiesta de hoy es una ocasión de honor y gratitud al Primer Llamado de los Apóstoles y fundador de la Iglesia de Constantinopla-Nueva Roma. Al mismo tiempo es también una oportunidad para lanzar nuevas campañas y realizar nuevas conquistas, una continuación de la obra de pescar en la red de la gracia y de la salvación en Cristo al hombre de nuestros difíciles tiempos apocalípticos, como hizo con éxito el Primer Llamado Andrés y su Primada Iglesia, permaneciendo fiel a su vocación divina, a su primado de llamada, esta gran fuerza que permanece aquí, en su centro sacratísimo, el humilde y noble Fanar, imperturbable y firme, con modesto orgullo y dignidad, continuando en todo el mundo la acción salvífica de su Primer Llamado Fundador, escuchando desde el pasado, el presente y el futuro, lo cercano y lo lejano, lo terrenal y lo celestial; creando vida, escribiendo historia, elaborando salvación, edificando, sirviendo, ofreciendo, llamando, confesando y testimoniando que existe y seguirá existiendo sin fin, porque cree firmemente que a la Crucifixión siguen la Resurrección y Pentecostés, una Resurrección y un Pentecostés permanentes, parafraseando la palabra apostólica de hoy: “Aunque insultada, bendice; aunque perseguida, aguanta; aunque calumniada, suplica” (8).

Pero volviendo a nuestro Apóstol y a su Iglesia Madre –que también es la nuestra-, ambos han sido y son testigos de fe, esperanza, caridad, verdad, paz y unidad. Todas estas dimensiones caracterizaron desde el principio la llamada y la acción apostólica de Andrés, y han servido, sirven y servirán para siempre a su Iglesia. En cuanto se convirtió en discípulo de Cristo, en seguida corrió para llevar a su hermano Simón, el futuro Pedro, la noticia jubilosa: “¡Hemos encontrado al Mesías! Y lo llevó a Jesús” (9). De este modo, “el recién hecho discípulo se digna en seguida hacerse maestro, el adepto se convierte en seguida en mistagogo, el Apóstol se convierte en seguida en Apóstol de otro Apóstol…” (10), “… ¡Apóstol del corifeo en el orden Apóstolico!” (11). Y cuando más tarde se fue a enseñar a las naciones, con celo divino, abnegación, fatigas y no pocas dificultades recorrió muchas ciudades y países antes de entregar terminar su vida mediante el martirio de la cruz en la capital de Acaya. Lo mismo también ha hecho la Iglesia de Constantinopla. No ha retenido para sí misma con celo el anuncio salvífico de la Resurrección, sino que, imitando al Primer Llamado, ha corrido para transmitirlo también a otras naciones y pueblos, aspirando única y exclusivamente a su salvación y a la gloria de su Mesías, el Señor Jesucristo. Al bautismo de antaño de los pueblos eslavos orientales  le sucede en nuestros días el de muchísimos hombres que desconocen a Cristo en Asia, Oceanía, América y Europa.
                               
En la mente y el corazón de los hombres de nuestra época moderna, la de la secularización, la de la globalización y el desdén de todo, no cesa la “Búsqueda”. Se sigue buscando con insistencia al “Buscado”. Esta, además, es la obra por excelencia de la Iglesia de hoy: hacer viva continuamente la “Búsqueda” y el “Encuentro”; guiar al hombre moderno en primer lugar a la “Búsqueda” y después al “Encuentro” de Cristo Resucitado y presente en todas partes, el único Salvador y Redentor del mundo; vestir la desnudez y calentar la frialdad de los corazones con la Luz sin ocaso de la Resurrección del Verbo vivo de Dios, transformando continuamente la “Búsqueda” en “Encuentro” y el “Encuentro” en “Experiencia”, “la experiencia de la Resurrección”.

El Apóstol Andrés (cuyo nombre en griego significa “valentía”, “valor”), como hombre de fe profunda en el Encontrado por él, el “Buscado y Deseado” Mesías, ha traspasado estas características también a su Iglesia aquí en la Reina de las Ciudades, la cual, caminando sobre sus huellas e imitando su ejemplo, no ha murmurado jamás, sino que siempre está “preparada para los azotes” y repite la palabra paulina: “He aprendido a bastarme con lo que tengo… Todo lo puedo en Cristo que me conforta” (12). Andrés se distinguió también por su amplitud de miras, ya que no dudó en dirigir a Cristo a los griegos prosélitos del Judaísmo cuando estos pretendían a través Felipe encontrarse con Él y conocerlo (13), no limitándose a las estrechas concepciones de los judíos de aquella época.  Era hombre de un corazón grande, que no dudó jamás en tomar decisiones importantes y al mismo tiempo asumir las responsabilidades derivadas de sus decisiones (14). Y su Iglesia, la Santa y Grande Iglesia de Cristo, lo ha imitado en esta su amplitud de miras, porque es Patriarcado Ecuménico no solamente en el nombre, sino también en realidad. Esto queda demostrado no solo por la acción misionera y civilizadora del pasado y del presente, sino también por el amplio espectro de sus esfuerzos ecuménicos y de sus actividades intercristianas, y en los últimos tiempos también las ecológicas e interreligiosas. Claro testimonio de esto es la feliz presencia entre nosotros, en este sacratísimo momento, de los venerables representantes de la Iglesia de la Antigua Roma y de su Santísimo Primado, el Papa Benedicto XVI, bajo la jefatura del nuevo Presidente del Pontificio Consejo para la promoción de la Unidad de los Cristianos, el Eminentísimo Señor Cardenal Kurt Koch, que ha copresidido con éxito el reciente Encuentro en Viena de la Comisión Internacional Mixta para el Diálogo Teológico entre las Iglesias Ortodoxa y Católica Romana, con el tema: “La Primacía en relación con la sinodalidad”. Nos congratulamos con Su Eminencia por su reciente nombramiento como Cardenal de la Santa Iglesia Romana. Lo acompañan los deseos y las oraciones de todos nosotros por el éxito de su difícil tarea.

Este año se cumplen 100 años del Encuentro de Edimburgo, 90 de la famosa Encíclica del Patriarcado Ecuménico del año 1920, 50 desde la fundación del Pontificio Consejo para la promoción de la Unidad de los Cristianos y 30 desde el inicio del Diálogo Teológico oficial entre las Iglesias Ortodoxa y Católica Romana, que comenzó, con la ayuda del Señor, con la tranquilidad, compunción y sacralidad de Patmos y continúa con la contribución insistente de la Iglesia Primada del Primer Llamado, que en Oriente es –a pesar de las nubes de discordia que se levantan en el curso del tiempo, incluso por parte de aquellos que no deberían– enclave entre las Iglesias Ortodoxas hermanas, coordinadora de sus acciones, portadora de su común expresión y centro de servicio ecuménico y de oración. Como ha acentuado un ex coadministrador suyo, el Trono Ecuménico “especialmente hoy permanece firmemente comprometido y absolutamente dedicado a su misión ecuménica, de modo que no deja de ejercitar su potestad canónica, que posee, en el concierto de las Iglesias Ortodoxas hermanas siempre en el ámbito del ya expresado significado de servicio en la sinodalidad fraterna” (15). El Patriarcado Ecuménico, como Iglesia Primada de la Ortodoxia, no es solamente el enclave entre las Iglesias Ortodoxas Autocéfalas locales, sino también el nudo de conexión entre Oriente y Occidente. Es el Gran Monasterio, la Gran Escuela del siempre luminoso Fanar (gr. ‘fanós’), el centro sacratísimo no solo de la oración “por la paz del mundo entero, la estabilidad de las santas iglesias de Dios y la unión de todos…”, sino también centro de continuo trabajo y fatigosa ofrenda para la reconciliación, la paz, la justicia y la unidad. No solamente hoy, sino desde siempre y en todas las direcciones.

Santísimo Padre y Señor,

Ha llegado el momento de que calle su sagrado Ambón Patriarcal para dejar paso a la celebración del Sacrificio incruento, para el que nos hemos reunido especialmente hoy aquí, en vuestra Venerable Iglesia Patriarcal. Para terminar, permítame servirme de las palabras, válidas también para el gran día de hoy, de Eugenio Búlgaris: “Hoy (las redes) han sido renovadas y preparadas; hoy justamente es la fiesta de Constantinopla; hoy ha recibido el debido agradecimiento el festejante; hoy han mostrado la debida gratitud los festejantes; y hoy, como también en otras muchas ocasiones, ha mostrado el cuidado que tiene para con los asuntos de la Iglesia nuestro gran Eclesiarca, honrando con una celebración oficial y brillante solemnidad al Primer Llamado amigo de Dios, primera autoridad de esta Iglesia tras la Primera por excelencia y primer fundamento suyo tras el Primero por excelencia” (16). “¡Qué incomparables son tus designios, Dios mío, qué inmensos en su conjunto!” (17).

¡Oh, Madre Iglesia de Constantinopla, gran fruto del gran Andrés! Desde el principio hasta el final sé magnifica, brilla y resplandece, elévate y sé honrada, sigue componiendo sínodos, publicando decretos, convalidando leyes, sé pastoreada por verdaderos “Padres, Patriarcas, Profetas, Apóstoles, Predicadores, Evangelistas, Mártires, Confesores, Ascetas”. Y Tú, eficaz Timonel y pacifico Gobernador suyo, sigue enriqueciéndola con los frutos de la misión de su Primer Llamado Fundador y los resultados de sus luchas evangélicas, así como con sus propias luchas y agonías. Nosotros, todos sus hermanos e hijos, clérigos y laicos, nos comprometemos humilmente a ser co-cirineos, co-solidarios y co-luchadores suyos, porque  verdaderamente eres digno de ello; por eso si, con la ayuda de Dios, vuelven tiempos propicios, ello se debe en gran medida a Ti: “La presente situación de la Iglesia claramente lo muestra” (18).

¡Ad multos annos, Santísimo y Divinísimo Padre y Señor!

¡Ad multos annos, Santa y Gran Madre Iglesia de Cristo!

¡Ad multos annos, Reina de las Ciudades, y tú, bendito, sufriente y mártir pueblo Greco-Ortodoxo que habitas en ella, y toda la Romanidad!

¡Ad multos annos a todos nuestros padres y hermanos, y “buen encuentro” de la Natividad de Cristo, nuestro Salvador! ¡Así sea!


+ Metropolita Policarpo España y Portugal
Fanar, Venerable Iglesia Patriarcal, 30 de Noviembre de 2010


NOTAS

(1) Ekklisiastikí Alítheia Konstantinoupólews (Verdad Eclesiástica de Constantinopla) del año 1922, p. 485.

(2) Encíclica Patriarcal y Sinodal del Patriarca Ecuménico Serafín II (Disposición Canónica), en Konstantínos P. Thýmis, Eugenio Búlgaris (1716-1806), Deposito de Ethos Eclesiástico, Homilía Panegírica a San Andrés el Primer Llamado, Corfú 2009, pp. 106-107, col. 25-27.

(3) Ib. Cit., p. 107, col. 34-36.

(4) Theófanes Kerameus, Homilía 49, P.G. 132, 885 A.

(5) Eugenio Búlgaris, Homilía Panegírica a San Andrés el Primer Llamado, en Konstantínos P. Thýmis, ib. cit., p. 90, col. 2-3.

(6) Ver 1 Cor 15, 10.

(7) Eugenio Búlgaris, ib. cit., p. 97, col. 2-7.

(8) Ver 1 Cor 4,1 2-13.

(9) Juan 1, 41-42.

(10) Eugenio Búlgaris, ib. cit., p. 85, col. 22-26.

(11) ib. cit., p. 86, col. 9-10.

(12) Fil 4, 11-13

(13) ver Juan 12, 20 y siguiente 

(14) ver G. A. Jatziantonios, Oi Dódeka (Los Doce), Aenas 1955, pp. 29-30.

(15) Máximos, Metropolita de Sardes, El Patriarcado Ecuménico dentro la Iglesia Ortodoxa, Tesalónica 1972, pp. 352-353.

(16) Eugenio Búlgaris, ib. cit., p. 99, col. 19 y p. 100, col. 1

(17) Salm 138, 17


(18) Eugenio Búlgaris, ib. cit., p. 97, col. 5-7

martes, 29 de junio de 2010

Entrevista a S.E. Policarpo de España y Portugal


Su Eminencia el Metropolita de España y Portugal, Exarca del Mar Mediterráneo, Monseñor Policarpo (nombre civil Panayiotis Stavrópoulos), nació en el año 1963 en Lepanto. Se graduó en la Escuela de Teología de la Universidad de Atenas (1986), y tras cumplir el servicio militar (1986-1988), cursó un posgraduado en el departamento de Historia Eclesiástica del Instituto Pontificio de Estudios Orientales de la Universidad Gregoriana de Roma (1988-1990). Fue ordenado diácono el 15 de enero de 1990, y presbítero al día siguiente. Sirvió como capellán de la ilustre e histórica Hermandad de San Nicolás y de la Iglesia de San Jorge de los Griegos Ortodoxos en Venecia (1990-2007) y como Vicario General del recién fundado Arzobispado de Italia (1992-2007), ocupándose de lleno de la organización, consolidación y desarrollo de dicho Arzobispado. Al mismo tiempo era Rector de las Parroquias fundadas por él mismo, Padua (1990-2007), Ferrara (1990-1999), Parma (1994-1999) y Perugia (1992-2003). Actuaba como Abad de los Monasterios del Venerable Juan el Segador de Calabria (1994-1997) y de San Jorge de las Nobles Monjas Griegas en Venecia (1992-2007) y Vicepresidente del Consejo Metropolitano y de todas las comisiones del Arzobispado. En el año 1998 tomó posesión del cargo de Archimandrita del Trono Ecuménico. Representó a la Madre Iglesia y el Arzobispado de Italia en varias misiones, reuniones y congresos.

El 30 de abril de 2007, a propuesta de Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomeo, fue elegido por unanimidad por el Santo Sínodo segundo Metropolita del recién fundado Arzobispado de España y Portugal. Su ordenación al Episcopado se celebró el 6 de mayo 2007, Domingo de la Mujer Samaritana, en la Iglesia Patriarcal de San Jorge, oficiada por Su Santidad el Patriarca Ecuménico. El 16 de junio 2007 fue entronizado en la Santa Iglesia Catedral de los Santos Andrés y Demetrio en Madrid. Durante los tres años de su labor pastoral, volvió a fundar las Parroquias de Barcelona y Las Palmas de Gran Canaria, fundó diecinueve (19) parroquias nuevas y siete (7) nuevos núcleos parroquiales, y aumentó el número de los clérigos en dieciocho (18).

El Metropolita realiza misiones eclesiásticas, da conferencias, entrevistas y charlas, escribe artículos, y además del griego, su lengua materna, conoce el italiano, el francés y el español.
Santo: 23 de febrero

Dirección postal: Su Eminencia Reverendísima el Metropolita de España y Portugal Policarpo. Calle Nicaragua 12, 28016 Madrid, España. Tel: (0034) 91 34 54 085. Fax: (0034) 91 35 09 374. Correo electrónico: metropoliespo@yahoo.es. Página web: www.iglesiaortodoxa.net.

─ En primer lugar, nos gustaría que nos hablase un poco sobre la historia de la Iglesia Ortodoxa Griega de Madrid.

─ Los comienzos de la presencia de griegos ortodoxos en Madrid se remonta en 1890-1895 cuando a los pocos griegos diplomáticos se añaden algunas familias de pescadores de esponjas del Dodecaneso y de peleteros de la Macedonia occidental.

En 1949 se funda oficialmente la Comunidad Ortodoxa Griega de Madrid y se ordena como primer sacerdote permanente el georgiano padre Rafael, quien viene de París. Desde el principio la Parroquia Ortodoxa Griega y la Comunidad del Santo Andrés tuvo un carácter bilingüe, de manera que unió a los pocos habitantes griegos y eslavos de la capital ibérica, y esta primera parroquia utiliza como templo un piso en el centro de Madrid. La parroquia en cuestión se reconoce por el Ministerio de Asuntos Exteriores en 1949, y en 1968 por el Ministerio de Justicia (Dirección General de Asuntos Religiosos), mientras que en 1991 se convierte en «Iglesia Ortodoxa Griega de España». Con esta denominación y bajo la acogida jurídica de la Federación Protestante de España, se incorpora al Convenio que se lleva a cabo entre el Estado español y la Federación Protestante de España, el cual fue ratificado el 10 de noviembre de 1992 por el Parlamento. Fue un hito en la historia de la Parroquia Ortodoxa Griega la milagrosa adquisición de una parcela en 1970, y la construcción del templo, de la vivienda y de los espacios parroquiales en tres años, de modo que a finales de 1973 se inaugurase el complejo de edificios de la Iglesia Ortodoxa por el entonces Metropolita de Francia y Exarca de Iberia Melecio.

Canónicamente, Iberia hasta 1963 pertenecía al Arzobispado de Tiatira y Gran Bretaña, y hasta enero de 2003 a la Sede Arzobispal de Francia. El 20 de enero de 2003 se funda el Sacro Arzobispado de España y Portugal que incluye la Península Ibérica: España, Portugal, Andorra y Gibraltar, y sus Islas: Baleares y Canarias (España) y Azores y Madeira (Portugal). El Sacro Arzobispado está reconocido como Persona Jurídica del Estado español mediante Decreto del Ministerio de Justicia (Nº. 907-SG/25.04.2006 Dirección General de Asuntos Religiosos), mientras se promociona su reconocimiento también en Portugal. Actualmente dispone de alrededor de 40 parroquias y núcleos parroquiales, y 30 sacerdotes.

─ ¿Qué actividades ha desarrollado la Parroquia Ortodoxa Griega de Madrid?

─ Aparte del culto, se dan clases de griego a niños pequeños y a mayores. Esta es la actividad principal de nuestra Parroquia, así como el servicio pastoral de los eslavoparlantes y rumanoparlantes que participan en los oficios realizados en nuestro templo. También se llevan a cabo otros varios actos ocasionales de carácter étnico-religioso y cultural, por ejemplo conciertos, fiestas, etc. El último concierto fue el del coro de Argostoli, pero estos son eventos ocasionales y periódicos, no regulares.

Otra actividad de importancia son las visitas guiadas que se hacen a varias escuelas y grupos, por ejemplo asociaciones de la tercera edad, que vienen y visitan la Iglesia, así se hace una visita guiada de contenido teológico, por ejemplo «qué es la Ortodoxia, qué son los iconos, qué es el culto»; este es un acto cultural relevante.

─ Personalmente, he seguido varias veces la Misa en la Iglesia de los Santos Andrés y Demetrio en Madrid. Aparte de la presencia de griegos, me sorprendió gratamente la presencia de rumanos, eslavoparlantes y árabes. ¿La grey se compone de personas que proceden exclusivamente de países ortodoxos? ¿Cómo experimentan esta convivencia ellos mismos?

─ Efectivamente, Madrid, desde hace veinte años, ha dejado de ser una pequeña Parroquia. Después de 1990, cuando se abrió la Europa Oriental, a los pocos griegos y eslavoparlantes de la capital española, se añadieron los inmigrantes económicos de la Europa Oriental. Creo que existe una convivencia pacífica y que aquello que les unes es la misma fe y tradición, la Ortodoxia, que tiene que experimentarse de manera universal –no étnica– por todos los ortodoxos.

No se percibe disgusto alguno entre las diferentes nacionalidades ortodoxas que asisten a los oficios en nuestro templo, porque celebramos la Misa de modo que se cubran las necesidades de esta grey multinacional. Al menos, por parte del clero, la convivencia con esas personas y la Misa en los diferentes idiomas se lleva a cabo de manera armoniosa. La Ortodoxia, como el Helenismo, es universal, no etno-racial.

─ La Comunidad Griega Ortodoxa de España es relativamente pequeña. A pesar de ello, la obra del Arzobispado Griego se amplía continuamente… Indicativamente, observamos que aumenta el número de Parroquias Griegas…

─ La presencia griega en la Península Ibérica es limitada numéricamente hablando. Es el único espacio europeo en donde no se observó inmigración griega, quizás porque los inmigrantes griegos allí donde fueran encontraban inmigrantes españoles y portugueses. Además, económica y políticamente, había similitud entre los dos países, y eso contribuyó a que no hubiera inmigración aquí: los españoles inmigraban y la situación en España era la misma que la de Grecia en aquella época.

Es verdad que la obra del Arzobispado se está ampliando; el Arzobispado tiene un carácter pan-ortodoxo universal como también el del Patriarcado Ecuménico. No podríamos decir que aumenta el número de parroquias griegas, sólo que se ha añadido una parroquia griega más a las dos ya existentes, la de Madrid y la de Barcelona, que es la de Valencia. Básicamente ha aumentado considerablemente el número de las otras parroquias, sobre todo el de las ucranianas, para contar con un número suficiente de parroquias y sacerdotes ucranianos. La mayoría aplastante del rebaño, de las parroquias y de los sacerdotes del Arzobispado, no son griegos, sino de la Europa Oriental, así como la mayoría de los 1.300.000 ortodoxos que residen en la Península Ibérica. Los griegos son una pequeña minoría que se concentra sobre todo en Madrid, Barcelona, Valencia y Lisboa.

─ Fue ordenado Arzobispo de España y Portugal en junio de 2007. ¿Cuál es su valoración de estos primeros tres años?

─ La valoración de estos primeros tres años se puede hacer con una frase ilustrativa: «aunque la tierra sigue temblando bajo nuestros pies, no sólo seguimos erguidos, sino que avanzamos hacia adelante, a pesar de los problemas variados que aumentan a causa de la particularidad que presenta para nosotros, los Ortodoxos, el terreno ibérico, y que debido a la crisis económica últimamente se acentúan aún más.»

─ Sabemos que durante varios años sirvió como sacerdote en el histórico templo de San Jorge en Venecia. ¿Qué particularidades presenta la Comunidad Griega de Madrid en relación con la de Venecia?

─ Sería difícil hacer una comparación, en realidad no es posible. Venecia es una comunidad histórica, una comunidad que ha cumplido más de 500 años de vida oficial. Venecia es la capital cultural del primer helenismo posbizantino, dispone de un templo que es el orgullo de la diáspora griega, un verdadero monumento de la Escuela Cretense. La única cosa que puede considerarse parecida es que también en Venecia hay pocos griegos y que también se vio eclesiásticamente renacida con la llegada de los inmigrantes de la Europa Oriental, es decir que actualmente la iglesia de San Jorge de los griegos (1539-1564), así como la de Madrid, cuenta con un rebaño multinacional, prevaleciendo la presencia ucraniana y moldava sobre las demás. No veo otra similitud.

La de Venecia es una comunidad histórica, se fundó en 1456, tres años después de la Caída de Constantinopla, fue reconocida por el Estado de los vénetos en 1498, tiene un hermosísimo templo, tiene el Instituto Helénico (antes Escuela Flanguinio), tiene un museo que constituye un singular ejemplo de la Escuela Cretense posbizantina, edificios, infraestructuras, una gran fortuna. Aunque numéricamente los griegos son muy pocos, la presencia griega se mantiene a través del Instituto Helénico, de la Comunidad Griega y del Arzobispado de Italia que tiene su sede en Venecia. La mayoría de los griegos viven en Padua, donde la histórica Universidad. Los griegos de Venecia, junto con los italohablantes, ya no superan las 70 personas. Los griegos de la ciudad vecina de Padua, en su mayoría antiguos alumnos, rejuvenecieron Venecia. Ellos se registraron en la comunidad y la rejuvenecieron numéricamente hasta cierto grado, y son los que la dirigen ahora.

No hay que olvidar que Venecia nació bajo Bizancio, fue un dominio bizantino autónomo. Hasta la caída del Bizancio, se consideraba como jefe del Estado veneciano el Emperador, los decretos no salían a nombre del Duque; sí que los firmaba el Duque, pero salían a nombre del Emperador. Es totalmente distinta la relación entre Venecia y el Helenismo. La mitad del terreno del Oriente griego estaba bajo el dominio de los vénetos, se produce una gran ola de griegos hacia Venecia, y muchos de los intelectuales que vinieron a España pasaron primero por Venecia o Italia. Doménico Theotocópulos, por ejemplo, fue durante tres años miembro de la comunidad de Venecia. El templo fue pintado por Mijaíl Damaskinós, maestro de El Greco; algunos copiadores de códigos y docentes del griego antiguo y de estudios clásicos, antes de llegar a Alcalá de Henares y Salamanca, pasaron por Venecia. Eso puede considerarse como un vínculo, pero no puede hacerse ninguna comparación. La diferencia entre las dos comunidades es enorme, sobre todo teniendo presente el factor de la historia y las infraestructuras. Venecia es «Venetiae quasi alterum Byzantium» casi otro Bizancio. Sus iglesias llevan nombres de Santos del Oriente (San Basilio, San Juan Crisóstomo, Santa Eufemia, San Panteleímon, etc.) y encontrarás costumbres eclesiásticas del Cristianismo oriental que no existen en otro lugar del Catolicismo.

─ Desde su punto de vista, y teniendo en cuenta su experiencia en Italia y España, ¿cómo nos ven a los Ortodoxos los Católicos?

─ Oficialmente los Católicos nos ven como «Hermanos Separados». Es la terminología católica oficial empleada para llamar a los Ortodoxos. Hay una diferencia enorme entre el Catolicismo Italiano y el Catolicismo Español, así como hay diferencia dentro de España, donde a los Ortodoxos nos tratan de manera distinta en las diferentes regiones. En unos lugares son abiertos, en otros cerrados. Sobra decir que somos absolutamente dependientes en lo que se refiere a los espacios de culto. Menos la de Madrid, todas las demás iglesias que tenemos son de los Católicos, pero no es precisamente la generosidad que hay en Italia. Quizás este hecho se debe a que el Catolicismo de la Península Ibérica nunca ha tenido contacto con el Oriente griego, mientras que el Catolicismo Italiano ha tenido, puesto que casi la mitad de Italia pertenecía al Bizancio, era grecoparlante y ortodoxa griega, y después de la caída de Bizancio se llenó de comunidades griegas activas, como las de Trieste, Livorno, Venecia, Nápoles, Ancona, Barletta, Brindisi, Mesina, Génova.
El contacto que tiene el Catolicismo Romano ibérico con la Ortodoxia se establece sobre todo desde 1990 en adelante, con la llegada de los inmigrantes de la Europa Oriental. Es una presencia que no se puede ignorar, puesto que los Ortodoxos ya somos en toda la Península Ibérica sobre 1.300.000. Esto lo ha reconocido oficialmente el Estado español, concediendo el «Notorio Arraigo» a la Iglesia Ortodoxa en su conjunto. La presencia acentuada de los ortodoxos provenientes de la Europa Oriental obliga a entablar contacto: llaman a la puerta, piden una Iglesia, piden un espacio de culto, aparece un obispo, aparece un cura, surge una comunidad organizada, y así empieza el contacto, sobre todo en lo que se refiere a la necesidad imperiosa de adquirir espacios para el culto. Por consiguiente, dependemos de la comprensión y amabilidad fraternal de la Iglesia Católica que en líneas generales sí que existe. En definitiva, repito que la experiencia en Italia, como también en el resto de Europa, es muy diferente de la que se vive en la Península ibérica.

─ ¿Cómo son sus relaciones con la Iglesia Católica local?

─ En líneas generales nuestras relaciones con la Iglesia Católica Romana de la Península ibérica son buenas y fraternales. Repito de nuevo la particularidad que presenta el terreno ibérico y las dificultades con las que nos encontramos a diario. El equilibrio es fino y tenemos una necesidad imperiosa de espacios de culto, dependiendo de la comprensión y amabilidad de nuestros hermanos católicos romanos. Personalmente, en este sector sigo la «política» fraternal del Patriarcado Ecuménico y de nuestro Patriarca, y según prometí en mi discurso de entronización voy a trabajar, aunque sea unilateralmente, en favor de la unidad de los Cristianos, teniendo como emblema los discursos de nuestro Señor poco antes de su pasión salvífica «para que todos sean uno».

De todos modos, lo que veo es que el tratamiento de la jurisdicción del Patriarcado Ecuménico por porte de la Jerarquía Católica Romana ibérica, al menos a nivel institucional y en líneas generales, no es la debida, si tomamos en cuenta los vínculos que unen el Patriarcado Ecuménico con la Iglesia de Roma y los dos primus inter pares, el Patriarca Ecuménico y el Papa Benedicto XVI; en cambio las cosas para los rumanos por ejemplo son más fáciles.

─ ¿Cuál es la relación del Patriarcado Ecuménico con las demás jurisdicciones ortodoxas, como el recién fundado Arzobispado Rumano, el Ruso, el Serbio, etc.?

─ Voy a hablar a nivel ibérico. Tenemos unas relaciones excelentes con la jurisdicción rusa y serbia, así como con la rumana.

─ Sabemos que uno de los temas que va a tratar el Sínodo Panortodoxo es el de la jurisdicción de la Diáspora Ortodoxa. ¿Cuál es su postura en este asunto?

─ Como es sabido, en el tema de la Diáspora las Iglesias Ortodoxas están divididas. Hay ciertas Iglesias, encabezadas por las grecohablantes, que profesan los criterios eclesiológicos y canónicos que dicen que la diáspora ortodoxa pertenece al Patriarcado Ecuménico, pero hay otras Iglesias que aplican el criterio étnico, es decir los rumanos en la Iglesia Rumana, los rusos en la Rusa, etc.

Desde luego la diáspora ortodoxa constituye un tema y un problema espinoso para las relaciones interortodoxas. La Cuarta Conferencia Panortodoxa Preconciliar de Ginebra (junio 2009) dio el primer paso hacia la solución de este problema, fundando las Conferencias Episcopales Ortodoxas Regionales, y aquí se fundó la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal. Es un gran éxito para la Eclesiología Ortodoxa y los Cánones Sagrados de la Iglesia el hecho de que el presidente de cada asamblea es miembro nato el Arzobispo del Patriarcado Ecuménico, es decir que no es por elección, ni la presidencia es alterna, sino que el presidente es siempre el Arzobispo del Patriarcado Ecuménico. El Patriarcado Ecuménico es la Iglesia Primada y la Madre Iglesia y los cánones reconocen sólo al Trono Ecuménico la jurisdicción ilimitada, la jurisdicción que concierne a lo que llamamos Diáspora, aunque el término Diáspora poco a poco va adquiriendo unas dimensiones contemporáneas. Podemos sólo hablar en materia de geografía, pero al referirnos al grey no podemos hablar de Diáspora, porque ahora el mundo se está convirtiendo en un pueblo.

Así pues, esa Cuarta Conferencia Panortodoxa Preconciliar en Ginebra dio un primer paso para solucionar el tema de la Diáspora Ortodoxa, con la fundación de las Conferencias Episcopales Ortodoxas Regionales, las que preside como miembro nato el Arzobispo del Patriarcado Ecuménico. Por supuesto, las jurisdicciones permanecen independientes, y el tema en su conjunto queda por resolverse por el futuro Santo y Gran Sínodo de la Iglesia Ortodoxa que se va a convocar, si todo marcha según lo previsto, en 2016 en Estambul. Este Sínodo se va a celebrar en la Iglesia de Santa Irene, que fue edificada por Constantino I el Grande y después restaurada por Justiniano, constituyendo la Catedral de Constantinopla antes de la construcción de la Santa Sofía, y se dice que se ha conseguido el permiso de las autoridades turcas para que se celebre el Sínodo en Santa Irene, que hoy es museo y sala de conciertos. En paralelo se va a festejar el aniversario de los 1.600 años desde el decreto de Constantino I el Grande que reconoció oficialmente el Cristianismo. Por lo tanto, con la ayuda de Dios, la solución canónica definitiva del problema de la Diáspora depende de este Sínodo, bajo la presidencia del Patriarca Ecuménico, el Primado de la Ortodoxia, y estarán presentes todos los primus inter pares de las Iglesias Ortodoxas regionales.

─ En las sociedades occidentales se observa una tendencia de marginación del sentimiento religioso. ¿En su opinión existe esta amenaza en el Mundo ortodoxo?

─ La amenaza existe para el Mundo ortodoxo, porque ya no hay distinción entre Occidente y Oriente. El mundo, con la globalización, se ha convertido en un pueblo. Lo bueno, al menos, es que por esta marginación, que también afecta el Mundo ortodoxo, y le va a afectar aún más con el paso del tiempo a causa de la introducción exponencial de teorías occidentales en el Oriente, nadie puede imputar responsabilidades a la Iglesia Ortodoxa. En cambio, las Iglesias occidentales son las responsables, para mí, hasta cierto punto de la secularización que ha predominado en el mundo occidental, puesto que ellas mismas se secularizaron. Aunque la secularización se haya introducido en el mundo oriental, sin embargo la Iglesia Ortodoxa, al quedar como siempre fiel a sus tradiciones, a sus dogmas y a su culto, actúa como un muro resistente frente a ella. Además, no es una casualidad el hecho de que los cerebros de la globalización, la cual es solamente de clase económica y cultural occidental, consideran a la Iglesia Ortodoxa como el impedimento número uno en sus planes.

─ ¿En qué fase está el diálogo entre la Iglesia Ortodoxa y la Católica en el momento actual?

─ En el momento actual el diálogo oficial está en un punto crítico, porque está examinando uno de los puntos principales que dividen a las dos Iglesias. Concierne a la eclesiología y más en concreto a la primacía del Obispo de Roma. Existe, siempre, una primacía en la Iglesia y un primado a nivel regional (Arzobispo) y nacional (Patriarca). La cuestión es si esa primacía es de poder o de honor y diaconato.

Actualmente se ha aclarado que en la Iglesia existe una primacía, existe un primado, y el primado en toda la Iglesia es el Obispo de Roma, siempre dentro de la institución de la Pentarquía de los cinco Patriarcas. Pero sigue siendo siempre la diferencia primordial, porque para los Ortodoxos esta primacía no es una primacía de poder, sino de honor, primus inter pares. En estos momentos hay varias Comisiones, teológicas e históricas que revisan la primacía del Obispo de Roma, que en esencia no existe, para avanzar luego al segundo milenio, cuando se formó y predominó dogmáticamente. La primacía del obispo de Roma es uno de los puntos cruciales que dividen a las Iglesias Católica Romana y Ortodoxa, puesto que para nosotros la primacía se considera como primacía de honor y el primado es inter pares, según la eclesiología católica romana se trata de una primacía de poder, siendo el Papa superior incluso al mismo Sínodo Ecuménico.

Por lo demás, el diálogo avanza y veremos a dónde terminará la revisión de este punto, que empezó en la Asamblea Plenaria de la Comisión Mixta Internacional de Ortodoxos y Católicos en Ravena y continuó en Chipre. No sé cuándo y dónde tendrá lugar la próxima asamblea de la Comisión. El texto común que fue firmado reconoce que en la Iglesia hay primacía y primado. Queda por resolver la gran diferencia de qué clase de primacía estamos hablando, de poder u honor, y tampoco sé si el diálogo teológico va a dar una solución definitiva, dado que es una diferencia teológica, dogmática y eclesiológica importante. De todos modos, según los Santos Cánones, la Sagrada Tradición y la Eclesiología de la Iglesia indivisa, el primado no se puede concebir sin los demás obispos, y tampoco ellos sin su primado.

Preguntas: Dimitris Ioannou
Entrevista - transcripción - fotos: Sofía Roilidou
Traducción al español: Vicky Rouska
Revisión de la traducción: Emmanuel Vinader


viernes, 11 de junio de 2010

Miembros de las dinastías de Bulgaria, Prusia y Liechtenstein asistieron en Madrid al oficio fúnebre de la Gran Duquesa Leonida de Rusia




El miércoles 9 de junio se celebró en la Catedral de los Santos Andrés y Demetrio, del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, en la calle Nicaragua, en Madrid, un solemne oficio fúnebre en sufragio del alma de S.A.I. la Gran Duquesa Vladímir Khirillovich, de soltera S.A.R. la Princesa Leonida Georgievna Bagration Mujranski.

El Reverendo Padre Dimitri Tsiamparlis, Arcipreste del Trono Ecuménico de Constantinopla, Vicario General para España y Portugal y deán  de la Catedral, ofició la ceremonia, presidiendo el duelo familiar las hijas de la fallecida, S.A.I. la Gran Duquesa María Vladimirovna, acompañada de su hijo, S.A.I. el Gran Duque Heredero Jorge de Rusia, y la condesa Dvinskaya, doña Helen Kirby de Bagratión.

Encabezaban la concurrencia, ocupando los primeros asientos de la pequeña nave del templo, S. M. la Reina Margarita, Zarina de los búlgaros, su nuera, S.A.R. la Princesa de Tirnovo, Miriam de Bulgaria, SS.AA.RR. las Infantas Doña Pilar, Duquesa de Badajoz, Doña Margarita, Duquesa de Soria, y el Príncipe Franz-Wilhelm de Prusia (padre del Gran Duque Heredero), SS.AA.SS. Andreas von und zu Liechtenstein y la Princesa Benigna de Reuss y el Embajador de la Soberana Orden de San Juan de Jerusalén, Jean Marie Mussy, siendo de recordar que la Gran Duquesa Leonida fue condecorada hace años con la Gran Cruz de la orden del Mérito Melitense.

Fueron muchos los que quisieron testimoniar su pésame a la familia de la difunta, que se granjeó numerosas amistades durante sus muchos años de residencia en España. Se puede citar entre los presentes al conde José Miguel Zamoiski y su tía, doña Esperanza Rey Luque, viuda del conde Carlos Alfonso Zamoiski, Alexander, conde Vonder Pahlen  y su esposa, nacida Marina, baronesa Von Korff., Los Embajadores Bassols y Sagrera, los señores Serrano – Arnal y Domper, Pérez-Maura, Rey Cabiesses, Zornoza y Ponce de León, Sampedro Escolar y un larguísimo etcétera.

La ceremonia revistió la brillantez de la liturgia oriental, en este caso realzada por la interpretación de los cantos, efectuada por el coro dirigido por don José Luis Zamanillo.
Un buen homenaje a la memoria de la Gran Duquesa Leonida es reproducir algunas de las palabras que pronunció el Padre Dimitri Tsiamparlis: “El Gran Duque Vladimir decía que ella había sido  su gran apoyo y el motor de muchas actividades en defensa de los ideales monárquicos en momentos de gran dificultad en todo el mundo occidental, muy presionado por el auge soviético en todos los ámbitos. No le asustaron ni las críticas malintencionadas, algunas veces más de partidarios de su causa que de contrarios ajenos a la misma, ni tampoco la frenaron las dificultades de orden material y las carencias económicas”.

sábado, 17 de abril de 2010

Saludo de S.E. Policarpo a S.B. Daniel de Rumanía en 2010



SALUDO DE SU EMINECIA RVDMA. POLICARPO,
METROPOLITA DE ESPAÑA Y PORTUGAL,
DURANTE LA DOXOLOGÍA EN OCASIÓN DE LA VISITA
EN LA SANTA IGLESIA CATEDRAL Y
LA SEDE DE LA SACRA METRÓPOLIS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
DE SU BEATITUD EL PATRIARCA DE RUMANÍA DANIEL
(Madrid, el 17 de Abril de 2010)

Beatísimo Padre y Señor, Hristos a înviat!
Dentro del jubiloso clima pascual de la Resurrección del Vencedor de la muerte y del pecado, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que vivimos en estos días, se añade, la gran alegría y el alto honor de la venida a la capital de Iberia del Ángel de la Iglesia de Cristo en Rumanía, Vuestra Beatitud, el Arzobispo de Bucarest, Metropolita de Hungrovalaquia, Patriarca de Rumanía y Lugarteniente del Trono de Cesarea de Capadocia, DANIEL, al que he conocido y admirado de cerca, hace ya casi tres años, durante las celebraciones de canonización del Metropolita de Moldavia y Bucovina, Varlaám, gran Jerarca de la Iglesia Madre de Constantinopla.
¡Hosanna. Bendito el que viene en el Nombre del Señor! Bienvenido a Iberia que, a causa de la distancia y las circunstancias históricas, no tenía particulares contactos y relaciones con nuestro Oriente Ortodoxo cristiano, pero, desde inicios, principalmente, de la década del 1990, ha empezado, de facto, a tenerlos a causa del establecimiento en ella de centenares de miles de emigrados ortodoxos, con mayoría numérica de rumanos. Los emigrados ortodoxos, por una parte, con su duro trabajo contribuyen al desarrollo económico de España y Portugal, mientras que, por otro lado, con el inestimable tesoro de la fe, tradición y espiritualidad ortodoxa, que han traído con ellos, contribuyen al enriquecimiento espiritual y cultural de los países y los pueblos de Iberia. De tal manera, a la presencia plurisecular e histórica greco-ortodoxa, se añade también aquella de los emigrados ortodoxos de Europa Oriental, y así, hoy, en toda la Península Ibérica y sus Islas, la Iglesia Ortodoxa suma, casi, 1.300.000 fieles, 180 parroquias y núcleos parroquiales, un metropolita, un obispo (el hermano Timoteo) y 130 sacerdotes y diáconos. Por todo esto, se ha creado la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal que agrupa a todas las jurisdicciones ortodoxas canónicas y presido ex officio.
Constituye un honor especial y una alta bendición la visita de Vuestra Beatitud a la Iglesia Catedral y la sede de la Sacra Metrópolis Ortodoxa de España y Portugal y por ello le agradecemos y le expresamos nuestra gratitud desde lo más profundo de nuestro corazón.

Este año se cumplen 88 años de la fundación oficial de la Metrópolis y Exarcado de Europa Occidental y Central – 47 de ellos corresponden al Exarcado de toda Iberia – en tanto que ya se han cumplido 7 años de la fundación de la Sacra Metrópolis Ortodoxa de España y Portugal y 2 de la fundación del Obispado Ortodoxo Rumano. ¡Bendito sea el santísimo Nombre de nuestro Señor! Paralelamente, también se cumplen 125 años de la autocefalía y 85 de la elevación a Patriarcado de la Santísima Iglesia de Rumanía por parte de la Iglesia Madre del pueblo rumano, la Primada, Santa y Gran Iglesia de Cristo en Constantinopla-Nueva Roma, nuestro mártir Patriarcado Ecuménico. El Pastor, el sagrado clero y el piadoso rebaño de la Sacra Metrópolis Ortodoxa de España y Portugal expresan a Vuestra Beatitud su cordial y sincera felicitación.
Beatitud, constatamos que permaneciendo fieles y firmes al Orden y la Tradición canónica de nuestra Santa Iglesia Ortodoxa que, afortunadamente, coincide con la voluntad de las Autoridades españolas y portugueses, así como de la Unión Europea, los Ortodoxos en la Diáspora, evitan cualquier provincialismo eclesiástico y la formación de “ghetos” etnofiléticos, sobre todo, en estos tiempos que vivimos en que todas las gentes “se hacen un pequeño pueblo”. Esto, seguramente, favorece su proprio bien y su progreso espiritual y cultural, e incluso, material. Así mostramos que no existen Iglesias Ortodoxas separadas entre sí, como erróneamente se cree con frecuencia en el mundo occidental, sino la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia Ortodoxa. Y son dignos de elogios las Autoridades españoles competentes, que en sus contactos y relaciones con nosotros reconocen y siguen este fundamental principio eclesiológico y canónico de nuestra Santa Madre Iglesia.
Con estos simples pensamientos, permitidme de concluir transmitiendo debidamente a Vuestra Beatitud el saludo fraternal del Primus en el Episcopado Ortodoxo, Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé, que ha sido informado de su venida a Madrid.
Como prueba de amor y respeto filial, reciba, Beatitud, este regalo simbólico, una estola y palio, con la ferviente súplica de rogar también por el Pastor, el clero y el rebaño de la Sacra Metrópolis Ortodoxa de España y Portugal cuando celebre ante el Santo Altar.
Ad multos annos! Eis pollá eti Déspota. Hristos a înviat!
Fuente: S.E. Policarpo, Arzobispo Metropolitano de España y Portugal y Exarca del Mar Mediterráneo (Patriarcado Ecuménico)

domingo, 28 de febrero de 2010

Visita de los Arcontes del Patriarcado Ecuménico a Madrid

En la mañana del 28 de febrero de 2010, Domingo del Hijo Pródigo, una delegación de la Orden del Santo Apóstol Andrés de...

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jueves, 25 de febrero de 2010

"Limosna y filantropía en la Iglesia. La comprensión teocéntrico-eclesial de la solidaridad social". Artículo de S.E. Policarpo


Parámetros bíblicos sobre el tema  

La investigación ha demostrado que el término “limosna”, del griego ἐλεημοσύνη, era desconocido en la literatura griega antigua. La Traducción de los Setenta usa el término para designar la obra filantrópica y la recompensa de Dios hacia el hombre. La limosna de Dios hacia el hombre, además, constituía el modelo para la limosna del hombre hacia su prójimo. Este último concepto de limosna, sin embargo, se presenta en el Antiguo Testamento como una práctica religiosa y no simplemente social.

La dimensión religiosa de la limosna aparece, en principio, por la Ley divina. Pero el interés reside igualmente en la relación de la limosna con la vida litúrgica de Israel. A ello insta la Ley durante la celebración pascual, y a ello anima Tobit a su hijo a hacer durante la celebración de Pentecostés. Ello, también, es testimoniado en la ceremonia de restablecimiento del Arca de la Alianza por David, durante el acto de celebración de los ácimos en Jerusalén, reinando Ezequías, y durante la celebración del “día santo” en tiempos de Esdras. En todos los casos mencionados de limosna durante la celebración de un evento cultual dominarían, seguramente, las afirmaciones de los Proverbios: “Presta a Dios, quien se apiada del pobre; y según su dádiva, se le retribuirá… Quien da a pobres, no carecerá de nada” (Prov. 19, 17 y 28, 27) y de la Sabiduría de Sirac: “Fuego inflamado extinguirá el agua; y la limosna expiará los pecados… Encierra limosna en tus recámaras, y ella te sacará de todo mal” (Sir. 3, 30 y 29, 12).

Por ello el caritativo “es bienaventurado” y abastecido con la seguridad de que Dios “no apartará de él su rostro”. La relación, pues, entre las ceremonias litúrgicas y la limosna en el Antiguo Testamento se empapa, evidentemente, de la convicción de que “el que hace limosna” ofrece a Dios “sacrificio de alabanza”. Esta verdad se pasa al Nuevo Testamento, en el cual se declara que la limosna hacia el prójimo constituye una de las causas de “gloria del Señor” (2 Cor. 8, 19).

En el Nuevo Testamento, sin embargo, se adopta también el sentido general de la caridad, de acuerdo con la terminología veterotestamentaria: “Hacer limosna” y “dar limosna”, significados que se aproximan más a la literatura rabínica. En ambos los casos la limosna es relacionada con la oración, la cual completa y refuerza, tal y como resalta el Apóstol Pedro al centurión Cornelio. Este testimonio, sin embargo, sobre las limosnas de Cornelio, las cuales “subieron como memorial en el acatamiento de Dios” (Hechos 10, 4) – (es decir, para que Dios no se olvidase de Cornelio) – evidencia un marco litúrgico preciso. Además de ello, también la expresión “delante de Dios” en el Nuevo Testamento remite a un marco de oración.

Dentro del marco bíblico-teológico mencionado, no sorprende la declaración del Apóstol Pablo sobre que la limosna constituye un “servicio sagrado” (“λειτουργία”) el cual “se desborda en múltiples hacimientos de gracias a Dios” (2 Cor. 9, 12). Esta terminología es evidentemente cultual y no dista de la relación veterotestamentaria entre limosna y ceremonia ritual. Por otro lado, no se ha de considerar trivial el hecho de que la enseñanza del Señor sobre la verdadera limosna antecede a Su enseñanza sobre la oración, mientras que también el Apóstol Pablo se refiere a la relación de “misericordia hacia Su pueblo” con la “oblación”, es decir, el sacrificio en el templo.

La relación entre la limosna y el culto a Dios no es la única herencia del Antiguo Testamento sobre el tema de la solidaridad con el prójimo: La correspondencia hacia Dios y la creación de “tesoro en el cielo” son vertientes de la enseñanza del Señor sobre la limosna, las cuales “traspasan” al Nuevo Testamento los correspondientes significados veterotestamentarios, y es seguro que denotarían la obra filantrópica de la Iglesia cristiana.

La falta de espíritu misericordioso y filantrópico es reprobada por el Apóstol Pablo cuando, principalmente, se manifiesta con ocasión de la “cena del Señor”: la Divina Eucaristía. Este testimonio exige una atención especial, porque evidencia que el Apóstol esperaba de los destinatarios de su Epístola que mostrasen su filantropía especialmente y en concreto durante esta circunstancia. Es por ello que protesta duramente al observar que la ejecución de la Eucaristía se acompaña de falta de espíritu filantrópico.

Divina Eucaristía y filantropía

Los testimonios de los Hechos sobre el tema de la limosna y la filantropía se condensan en las conocidas declaraciones sobre la propiedad común. Merece especial atención, sin embargo, la constatación de una cohesión entre la Divina Eucaristía y la propiedad común: “Y todos los que habían abrazado la fe vivían unidos, y tenían todas las cosas en común” (Hch. 2, 44). El Apóstol Pablo revela que la sinaxis de los creyentes “en un mismo lugar” explica evidentemente el marco temporal, dentro del cual se desarrollaba la acción filantrópica de la recién constituida Iglesia: El testimonio de que los bienes “los ponían a los pies de los apóstoles” no es posible que remita a ninguna otra reunión – en presencia de los Apóstoles – que no fuera la Divina Eucaristía. Sabemos que la primera comunidad cristiana de Jerusalén se reunía a diario alrededor de la misma mesa: “Unánimemente… partiendo el pan… tomaban el sustento con regocijo y sencillez de corazón” (Hch. 2, 46). El sentido de la unión durante la sinaxis eucarística es resaltado con el término “comunión” (κοινωνία). Los primeros cristianos “perseveraban asiduamente en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch. 2, 42).

Estos testimonios remiten a la celebración de la Divina Eucaristía por los primeros cristianos, de acuerdo con la “cena del Señor”, del cual procede la terminología eucarística de la “fracción del pan”. Paralelamente, sin embargo, estos primeros testimonios eucarísticos revelan también el carácter social de la “fracción del pan”, es decir, del ofrecimiento de alimento hacia los muchos miembros pobres de la Iglesia cristiana primitiva. En efecto, a los problemas surgidos en concreto durante las sinaxis se refiere el pasaje Hechos 6, 1: la “murmuración de los helenistas” porque, en el transcurso de las sinaxis eucarísticas diarias, los cristianos hebreos no atendían como debieran a las viudas de los helenistas en el suministro de los alimentos.

Esta práctica eucarística de la asociación entre la “fracción del pan” y la ayuda social para los pobres era el equivalente a la hebrea del “plato del pobre”, el cual compartían a diario, y la “cesta del pobre”, la cual compartían los viernes de cada semana, es decir antes de la celebración del sábado. Observamos, pues, que en la Iglesia cristiana primitiva de Jerusalén, la Eucaristía marchaba a la par de la ayuda social, hecho que se relaciona con prácticas equivalentes del Judaísmo. La diferencia reside en el cambio de día: Para la Iglesia cristiana, la relación de la Divina Eucaristía con la “cena de caridad” (la comida para los pobres) no se realiza el día anterior al sábado, sino el domingo, en el cual, por otro lado, se realizaba también la “colecta” (λογία) de la Iglesia (1 Cor. 16, 2).

Los testimonios citados de los Hechos iluminan la forma de realización de la filantropía en la Iglesia Apostólica. Consideramos, de hecho, que esclarece el testimonio sobre limosna de la Epístola Católica de Santiago, una epístola que parece que estaba dirigida a la sinaxis litúrgica. La “obra” de la limosna queda exceptuada como el suplemento imprescindible, de tal manera que la fe no resulte “muerta”. Y no es causal el paradigma de “fe acompañada de obras”, el cual menciona el escritor de la epístola: Que Abrahán “fue justificado” ofreciendo a Isaac su hijo sobre el altar. La adición de la limosna en conjunción con una praxis de culto a Dios ciertamente no es casualidad.

En la Epístola a los Gálatas, el Apóstol Pablo hace referencia a la decisión del Sínodo Apostólico de Jerusalén (48/49 d.C.) de que los pobres fuesen ayudados, añadiendo que “se esmeró en hacerlo”. Se sobreentiende que Pablo interpreta esta decisión no como un compromiso personal, sino como una obra precisa para todo el cuerpo eclesiástico. Esta obra, no obstante, no constituye una simple iniciativa social de la Iglesia primitiva. San Pablo lo llama “servicio sagrado” (vid. arriba), pero también “comunión” de los misericordiosos con aquellos que alcanzan la misericordia. Y el significado de “comunión” remite a una unidad más profunda, la cual no salvaguardan las relaciones humanas diarias, sino la fe común, tal como se expresaba en la vida religiosa de estas primeras comunidades eclesiásticas. El Apóstol Pablo utiliza una sola vez el término de “colecta” significando la obra filantrópica de las Iglesias de Galacia e Corinto. Se trata de un término desconocido en los Setenta, el cual sin embargo aparece en papiros con el significado de “filantropía religiosa”, la filantropía que se muestra entre los miembros de un conjunto social. Parecidos testimonios existen sobre el entorno religioso del Judaísmo de la Diáspora. Digno de mención, no obstante, es el testimonio del citado texto paulino sobre el tiempo de realización de la “colecta”: “Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros reserve en su poder y vaya atesorando lo que lograre ahorrar, no sea que cuando llegue yo, se hayan de hacer entonces las colectas” (1 Cor. 16, 2).

El consejo del Apóstol de reunir el dinero “durante los domingos”, de tal forma que la colecta no sea hecha precipitadamente, remite a la sinaxis litúrgica del domingo, es decir, a la realización de la Divina Eucaristía. Durante, pues, de la sinaxis eucarística dominical se manifestaba la obra filantrópica de la Iglesia primitiva. Y como resalta San Juan Crisóstomo, interpretando en citado fragmento del Apóstol, la disposición a la realización de la “colecta” ese día en concreto sería mayor en razón de la “comunión de los sobrecogedores e inmortales sacramentos” (San Juan Crisóstomo, Comentario a la Epístola a los Corintios, MPG 61, col. 368).

Este marco litúrgico de realización de la limosna justifica la terminología paulina sobre la citada acción filantrópica: “servicio sagrado” (λειτουργία), “comunión” (κοινωνία), “ministerio” (διακονία), “bendición” (εὐλογία), “gracia” (χάρις) y “fruto” (καρπός). Estos términos remiten probablemente a un marco religioso y no jurídico. Por esto, tal vez, el Apóstol utiliza tan sólo una vez el término “colecta” (λογία), término que es básicamente jurídico. Por otro lado, a la gracia de tomar parte en este socorro destinado a los santos (es decir la “colecta”, 2 Cor. 8, 4), San Pablo lo llama “bien acogida” (εὐπρόσδεκτον), terminología que muy probablemente se aviene al significado del sacrificio litúrgico. Pero también en la Epístola a los Hebreos, el Apóstol proclama que la “beneficencia” (εὐποιία), es decir la atención filantrópica, constituye “sacrificio”, con el cual “se complace Dios”. La misma sacralidad sobre aquél que realiza la obra filantrópica se expresa en el caso de Epafrodito, el cual es llamado “empleado en atender la necesidad” del Apóstol Pablo.

Todos los testimonios citados demuestran que la “colecta” de las Iglesias de los Gentiles para la Iglesia-madre de Jerusalén no era solamente una forma habitual de filantropía social, sino que muestra el más profundo misterio de la Iglesia. Este ofrecimiento fue un “sacrificio de alabanza” hacia Dios, una ocasión de doxología eucarística a Él por Su gran beneficencia de aceptar a los Gentiles en Su Santa Iglesia.

El carácter teocéntrico-eclesial de la solidaridad social

El Cristianismo, como es sabido, no se dirige solamente a la mente del hombre, sino a toda su existencia. Por ello la fe cristiana no se limita a la aceptación de las verdades del Cristianismo, sino que incluye también su transformación en hechos y vida. La fe estéril e improductiva es caracterizada en el Nuevo Testamento como demoníaca: “También los demonios creen y se estremecen” (Sant. 2, 19). La verdadera fe cristiana se manifiesta con obras de caridad (Gál. 5, 6) y el ejercicio de esa caridad, como aplicación del contenido de la fe, constituye un distintivo fundamental de la vida cristiana.

Así pues, la caridad en el Cristianismo no se entiende como simple manifestación sentimental, sino como correspondencia al amor de Dios, que se hizo hombre, y como deuda al prójimo, que es imagen de Dios. Esta caridad se refiere a todo el hombre. Por ello, el apoyo en las necesidades materiales del prójimo constituye una manifestación obvia de la vida cristiana y consecuencia de la virtud de la filantropía.

Filantropía es el conjunto de actos y medidas tomadas, con los cuales se alcanza y sana el infortunio o la miseria personal o de grupo, material, ética o espiritual. Condición espiritual de la filantropía es el convencimiento sobre el que los hombres están obligados a ayudar al prójimo, el cual la necesita.

La filantropía se ha presentado a lo largo de los siglos en variadas formas. En el tiempo anterior a Cristo estaba poco desarrollada y la ejercía principalmente el Estado o también los ciudadanos.

El Cristianismo como religión, abierto a la asimilación de todo bien, tomó bastantes elementos del espíritu griego, y junto a las costumbres hebreas desarrolló su propia ética, la cual fue esencialmente teocéntrica. La filantropía resultó ser una virtud, la cual principalmente aspira a imitar la postura de Dios, más que como manifestación de sentimientos humanitarios o de compasión hacia los necesitados. La caridad cristiana, hacia la cual se aproxima el sentido antiguo de la filantropía, tomó un sentido más religioso en la Iglesia de los primeros siglos. La enseñanza que estableció el carácter teocéntrico de la filantropía fue la predicación del Señor “el Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mc 10, 45/Mt 20,28). Así, el filántropo se convierte en siervo de Dios, como Dios tomó forma de siervo. Dios no manifestó su amor para el hombre por criterios egoístas, sino para que éste pudiera ser salvado. En ello se halla la base del altruismo, de la caridad desinteresada, de la filantropía cristiana.

El Señor enseñó a sus discípulos a amarse los unos a los otros, así como Él los amó (Juan 15, 12). Dios es el modelo y la creación ha de imitar a su Creador. De acuerdo a las palabras de Jesús: “Un nuevo mandamiento os doy: Que os améis unos a otros como yo os he amado; que también vosotros os améis mutuamente. En eso conocerán todos que sois discípulos míos, si os tuviereis amor unos a otros” (Juan 13, 24-35).

La predicación sobre el amor universal se convierte en la contraseña de los discípulos de Cristo y la piedra fundamental de la Iglesia primitiva. No constituía simplemente un concepto teórico abstracto, sino una virtud aplicada. Los creyentes son instados a ejercer la limosna hacia los necesitados, los extranjeros y los huérfanos, y a desarrollar el sentimiento de igualdad y justicia social y racial. El ejercicio de la filantropía no había de ser resultado de presiones, intenciones o criterios egoístas, sino fruto de la libre voluntad. Este concepto revolucionario sobre la filantropía inspiró entusiasmo por la realización de obras de caridad y se materializó con la instauración de múltiples fundaciones.

Además, la filantropía aspiraba a satisfacer no solamente al propio hombre caritativo, sino mayormente a la fuente misma de la filantropía: a Dios. La filantropía cristiana abrazó a todos los hombres, puesto que el hombre es la suprema creación de Dios. La diferencia entre el mundo antiguo grecorromano y el Cristianismo era que el primero consideraba al hombre básicamente como un ser social y político, mientras que el segundo como imagen de Dios el cual, como el hijo pródigo, fue llamado nuevamente a la casa del su padre a través de la filantropía del único verdadero filántropo por excelencia: Jesucristo.

La Iglesia Apostólica organizó instituciones filantrópicas y se ocupó de los pobres, de las viudas y de los huérfanos. Organizaba comidas comunes, y los cristianos impulsaban su ayuda para ellos, así como para con otros, en la Iglesia local. Creían ser miembros vivientes de un mismo cuerpo. El concepto de la caridad había tocado las almas de los creyentes en tal grado, que la filantropía activa se hizo tarea de todos. A los pobres se les consideraba, tal como mencionan los Cánones Apostólicos: “templos de Dios”, y fue introducido el sistema del diezmo, de tal modo que la Iglesia tuviera reservas suficientes para realizar su misión filantrópica. Los miembros de la Iglesia eran alentados a ofrecer los primeros frutos de sus cosechas, los llamados “aparjés” (ἀπαρχές), para los pobres.

La filantropía cristiana se institucionalizó muy pronto y el Obispo era responsable de tareas de organización para la filantropía de la Iglesia. Había que mostrar a los huérfanos el cuidado del padre, a las viudas la atención y la protección de los maridos, compasión a los discapacitados, ofrecer refugio a los extranjeros, alimento a los hambrientos, agua a los sedientos, visitar a los enfermos, ayudar a los presos.

La Iglesia fundó una gran tradición de obras filantrópicas, tal y como testimonian muchos textos históricos. La legislación eclesiástica aseguró la construcción de fundaciones filantrópicas, tales como hospitales, casas de caridad, asilos de ancianos e instituciones similares. La obra filantrópica de la Iglesia no era, sin embargo, tema de frío legalismo, que en teoría puede decir mucho pero en la práctica ser muy poco. Los creyentes no necesitaban leyes que los presionasen a manifestar su amor por el hermano que sufre. Desde el Obispo hasta el más simple de los creyentes, la filantropía constituía su atención diaria. En muchas ocasiones el Obispo se coloca al frente de sus fieles mostrando así el cuidado de toda la Iglesia por la filantropía. Toda la enseñanza ética de la Iglesia sobre la filantropía se desarrolló y fue incorporada a sus divinas liturgias, a los escritos patrísticos, a la enseñanza dogmática y a sus Cánones, y se unificó a todo ello.

No era raro encontrar a clérigos cuyo continuada atención diaria era ocuparse del hombre, del hombre considerado en su plenitud, y de lo que a éste afectase en su vida: Sus relaciones con la familia, con sus compañeros de trabajo, con la sociedad, con el Estado. Los Santos Padres de la Iglesia mostraban su atención por el hombre de diversas maneras y con diversas actuaciones. El desarrollo de la personalidad y dignidad de cada persona, joven y viejo, sano o enfermo, cristiano o no, era la principal ocupación de muchos clérigos y monjes. El camino que conduce a la divinización (θέωσις) final es la caridad-filantropía. Porque “tanto más ama uno a Dios, cuanto más se introduce dentro de Él”, tal como escribió Clemente de Alejandría (¿Quién es el hombre rico que se salvará?, cap. 27).

La filantropía estuvo muy desarrollada durante la época bizantina. Todos los grandes Padres de la Iglesia en su predicación recomendaban e incitaban la justicia y la realización de buenas obras. Los cristianos y la Iglesia hubieron de esforzarse en gran medida para el alivio de los desdichados y agobiados. Monumentos eternos de la cultura espiritual bizantina y particularmente de la conciencia social cristiana en los tiempos bizantinos son las diversas fundaciones benéficas y filantrópicas, las cuales fueron fundadas por la Iglesia y por el Estado y fueron inspiradas por el espíritu y el ejemplo luminoso cristiano eclesial.  Los grandes Padres fueron innovadores, introduciendo la organización sistemática de las fundaciones filantrópicas. San Basilio el Grande utilizó la herencia de los bienes de su madre, así como las grandes donaciones de sus amigos y conocidos ricos, y aún de su anterior enemigo el emperador Valente, para fundar un conjunto de instituciones: Hospital, orfanato, casa de ancianos, alberque para los viajeros pobres y los visitantes, y hospital particular para enfermedades contagiosas, conjunto en el cual se instaló el propio Basilio el Grande.

Con brevedad hemos de hacer referencia también a las leproserías, en las cuales encontraban atención los que padecían lepra, enfermedad muy extendida en aquellos tiempos. También era importante el número de orfanatos, los cuales estaban relacionados con los monasterios. San Gregorio el Teólogo (Homilía 42) hace referencia a éstos llamándolos “sistemas de huérfanos” (ὀρφανῶν συστήματα). Por último, los cristianos de los tiempos bizantinos se destacaban también en la obra misionera y filantrópica por excelencia, la salvación de aquellos que vivían una vida de pecado. Por este motivo fundaban las “casas de arrepentidas” (τάς Μετανείας), en las cuales se ofrecían las condiciones adecuadas para hacer retornar a la vida sensata a mujeres, las cuales vivían en pecado y del pecado.

La filantropía en tiempos posteriores continuó la brillante tradición de los tiempos pasados y sistematizó la obra social en todas sus formas. Toda esta obra fue desarrollada de manera importante y fue organizada por los diferentes países con la fundación de ministerios, instituciones y organismos especializados en el subsidio y la conciencia social.


Fuente: Arzobispado Ortodoxo de España y Portugal (Patriarcado Ecuménico)