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miércoles, 22 de febrero de 2023

HOMILIA CATEQUÉTICA Na abertura da Santa e Grande Quaresma (2023)


† BARTOLOMEU

Pela misericórdia de Deus Arcebispo de Constantinopla-Nova Roma

e Patriarca Ecumênico

à Plenitude da Igreja

que a Graça e a Paz de nosso Senhor e Salvador Jesus Cristo,

juntamente com a nossa Oração, Bênção e Perdão estejam com todos vós

Honorabilíssimos irmãos Hierarcas e filhos abençoados no Senhor,

Pela boa vontade e a graça do misericordiosíssimo e benevolente Deus, vivendo já o período abençoado e reverente do Triódion, entramos amanhã na Santa e Grande Quaresma, arena do jejum e da «venerável abstinência» que eliminam as paixões, durante a qual se revelam a profundidade e a riqueza da nossa Tradição Ortodoxa e o cuidado vigilante da Igreja pelo progresso espiritual dos seus filhos. Como nos recorda o Santo e Grande Concílio de Creta (junho de 2016), «a Igreja Ortodoxa, em estrita conformidade com os preceitos apostólicos, os cânones sinodais e a tradição patrística como um todo, sempre proclamou o grande significado do jejum para a nossa vida espiritual e para a nossa salvação» (A importância do jejum e sua observância hoje [§ 1]).

Na vida da Igreja, todos os assuntos têm um sólido fundamento teológico e uma referência soteriológica. Os cristãos ortodoxos compartilham da «luta comum» da ascese e do jejum «dando graças em tudo» (Tes 5:18). A Igreja convida os seus filhos a correr a corrida dos exercícios ascéticos
como caminho para a Santa Páscoa. É uma experiência central da vida em Cristo que o verdadeiro ascetismo nunca é pessimista, pois está imbuído da expectativa do deleite ressuscitador. Nossa hinologia fala da «primavera do jejum».

Neste sentido, longe das armadilhas do dualismo neoplatônico e dos esforços alienantes para «mortificar o corpo», é inconcebível que o ascetismo genuíno vise a erradicação de um «corpo maligno» em prol do espírito, ou a libertação da alma do tormento de suas correntes. Como sublinhado, «na sua expressão autêntica, a ascese não se dirige contra o corpo, mas contra as paixões, cuja raiz é espiritual, porque o intelecto é o primeiro a cair na paixão. Assim, o corpo dificilmente é o grande oponente do asceta.»

O empenho ascético persegue a transcendência do egocentrismo, em prol do amor que «não busca a si próprio» e sem o qual somos escravizados em nós mesmos, no «ego insaciável» e seus desejos igualmente insaciáveis. Egocêntricos, encolhemo-nos e perdemos a nossa criatividade, como se diz: «Tudo o que damos multiplica-se; e tudo o que retemos para nós mesmos se perde.» Por isso, a sabedoria dos Padres e a experiência da Igreja associam o período de jejum à «efusão da misericórdia», às boas obras e à filantropia, que são a prova da superação do amor-próprio e da aquisição da plenitude existencial.

Tal plenitude é sempre a característica da vida na Igreja. A vida litúrgica, a ascese e a espiritualidade, a pastoral e o bom testemunho no mundo são expressões da verdade da nossa fé, elementos inter-relacionados e mutuamente complementares da nossa identidade cristã, que compartilham o Reino escatológico como ponto de referência e de orientação, assim como a plenitude e a realização da economia divina. Enquanto a vida da Igreja, em todas as suas expressões, reflete e descreve o Reino vindouro do Pai e do Filho e do Espírito Santo, é o mistério da Divina Eucaristia que, acima de tudo, como bem sublinhou o recém-falecido Metropolita João de Pérgamo, de abençoada memória, «exprime a Igreja na sua plenitude» (A Imagem do Reino dos Céus), Mégara 2013, p. 59). A «comunhão pura», a conversão da nossa existência na da Igreja, como participação na Sagrada Eucaristia, é o «escopo» do jejum, a «coroa» e o «prêmio» das lutas ascéticas (ver João Crisóstomo, Homilias sobre Isaías VI: Sobre os Serafins, PG 56, 139).

Hoje, numa época de dessacralização da vida, em que a humanidade «atribui grande importância a coisas inteiramente insignificantes», a nossa missão cristã é a elevação prática da profundidade existencial de nosso «tríptico de espiritualidade» ortodoxo, como unidade inseparável da vida litúrgica, do ethos ascético e da solidariedade, essência da revolução dos valores nos campos do ethos e da civilização constituídos pela fé em Cristo e pela liberdade divinamente outorgada aos filhos de Deus. Consideramos de suma importância que vivamos a Santa e Grande Quaresma como revelação e experiência do verdadeiro sentido da liberdade «para a qual Cristo nos fez livres» (Gl 5: 1).

Com estes pensamentos e sentimentos de amor e honra, desejamos-vos, digníssimos irmãos em Cristo e filhos espirituais da nossa Mãe Igreja em todo o mundo, uma marcha tranquila no terreno do jejum, invocando sobre todos vós a graça e a misericórdia de Cristo, nosso Deus, que sempre se deleita nas lutas ascéticas do seu povo. A Ele pertence o bendito e glorificado poder do Reino, agora e sempre, e pelos séculos dos séculos. Amém.

Santa e Grande Quaresma 2023

†BARTOLOMEU de Constantinopla

Vosso fervoroso suplicante diante de Deus.

Homilía Catequética ante el inicio de la Santa y Gran Cuaresma 2023

 





 

+ BARTOLOMÉ

Por la misericordia de Dios Arzobispo de Constantinopla-Nueva Roma

y Patriarca Ecuménico

al pléroma de la Iglesia.

Que la Gracia y la Paz de nuestro Señor y Salvador Jesucristo,

junto con nuestra oración, la bendición y el perdón sean con todos

Honorabilísimos hermanos Jerarcas y benditos hijos en el Señor:

Por la benevolencia y la gracia del Dios que es todo misericordia y bondad, viviendo ya el bendito y venerable período del Triodio, mañana comenzamos la Santa y Gran Cuaresma, la “arena” del ayuno y la “venerable abstinencia” que elimina las pasiones, durante la cual se revelan la profundidad y la riqueza de nuestra Tradición ortodoxa y el cuidado vigilante de la Iglesia por el progreso espiritual de sus hijos. Tal y como nos recuerda el Santo y Gran Concilio de Creta (junio de 2016), “la Iglesia ortodoxa, en estricta conformidad con los preceptos apostólicos, con los cánones sinodales y con la tradición patrística en su conjunto, siempre ha proclamado la gran importancia del ayuno para nuestra vida espiritual y nuestra salvación” (‘La importancia del ayuno y su cumplimiento en la actualidad, párrafo 1’).

En la vida de la Iglesia, todo tiene un sólido fundamento teológico y una referencia soteriológica. Los cristianos ortodoxos comparten la “lucha común” de la ascesis y el ayuno, “dando gracias en todo” (Tes 5,18). La Iglesia invita a sus hijos a participar en la carrera de los ejercicios ascéticos como itinerario hacia la Santa Pascua. Que el verdadero ayuno nunca es sinónimo de desaliento, pues está imbuido de la expectativa del gozo de la resurrección, es una experiencia central de la vida en Cristo. Nuestra himnología habla de “la primavera del ayuno”.

En este sentido, lejos de las estrecheces del dualismo neoplatónico y de los esfuerzos enajenantes para “mortificar el cuerpo”, el ascetismo genuino no puede de ningún modo tener como objetivo la aniquilación de un supuesto “cuerpo malvado” a favor del espíritu ni la liberación del alma de los tormentos de los que se encontraría presa. Tal y como se ha señalado, “en su expresión más auténtica, la ascesis no se dirige contra el cuerpo, sino contra las pasiones, cuya raíz es espiritual porque el intelecto es el primero que cae en manos de la pasión. Así pues, difícilmente puede el cuerpo ser el enemigo principal del asceta”.

El esfuerzo ascético pretende trascender el egocentrismo gracias al amor “que no se busca a sí mismo” y sin el cual quedamos esclavizados a nosotros mismos con nuestro “insaciable ego” y sus inagotables deseos. Al centrarnos en nosotros mismos, nos encogemos y perdemos nuestra creatividad, tal y como se ha dicho: “Todo lo que damos se multiplica, y todo lo que guardamos para nosotros mismos se pierde”. Por este motivo, la sabiduría de los Padres y la experiencia de la Iglesia asocian el período del ayuno a la “lluvia de misericordia”, a las buenas obras y a la filantropía, que son una clara prueba de la superación del amor propio y de la adquisición de la plenitud existencial.

Dicha plenitud es en todo tiempo una característica de la vida en la Iglesia. La vida litúrgica, la ascesis y la espiritualidad, el cuidado pastoral y el testimonio ante el mundo son expresiones de la verdad de nuestra fe, elementos interconectados y mutuamente complementarios de nuestra identidad cristiana que comparten el Reino escatológico como punto de referencia y orientación, así como plenitud y cumplimiento de la economía divina. Si bien es verdad que la vida eclesial en todas sus expresiones refleja y describe el venidero Reino del Padre, del Hijo y del espíritu Santo, es principalmente el misterio de la Divina Eucaristía, tal y como señaló el recientemente desaparecido Metropolitano Juan de Pérgamo, el que “expresa la Iglesia en su plenitud” (‘La imagen del Reino celestial, Megara 2013, p. 59). “La comunión pura”, la integración de nuestra existencia en la existencia de la Iglesia mediante la participación en la Santa Eucaristía, es el fin principal del ayuno, la “corona” y el “premio” de la lucha ascética (cf. Juan Crisóstomo, ‘Homilías sobre Isaías 4: De los Serafines’, PG 56.139).

Hoy día, en una época de desacralización de la vida en que la humanidad “les concede una gran importancia a cosas totalmente insignificantes”, nuestra misión cristiana es la elevación práctica de la profundidad existencial de nuestro “tríptico de la espiritualidad” ortodoxo, como la unidad inseparable entre la vida litúrgica, el ‘ethos’ ascético y la solidaridad, la esencia de la revolución de los valores en los campos del ‘ethos’ y la civilización que constituye la fe en Cristo y el don divino de la libertad de los hijos de Dios. Consideramos importantísimo vivir la Santa y Gran Cuaresma como revelación de la experiencia del verdadero significado de la libertad “con la que Cristo nos hizo libres” (Gál 5,1).

Con todo esto en mente, y con nuestros más vivos sentimientos de amor y honra, os deseamos a vosotros, nuestros venerables hermanos en Cristo e hijos espirituales de nuestra Madre Iglesia de todo el mundo, una apacible travesía por la “arena” del ayuno, e invocamos sobre todos vosotros la gracia y la misericordia de Cristo nuestro Dios, que siempre se deleita en la lucha ascética de su pueblo. A él pertenece el bendito y glorificado poder del Reino, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Santa y Gran Cuaresma 2023

 BARTOLOMÉ de Constantinopla

Fervoroso suplicante por todos ante Dios


Catechetical Homily at the Opening of Holy and Great Lent (2023)


 + BARTHOLOMEW

By God’s mercy Archbishop of Constantinople-New Rome

and Ecumenical Patriarch

To the Plenitude of the Church

May the Grace and Peace of our Lord and Savior Jesus Christ,

Together with our Prayer, Blessing and Forgiveness Be with All

Most honorable brother Hierarchs and blessed children in the Lord,

By the goodwill and grace of the all-merciful and all-benevolent God, already living in the blessed and reverent period of the Triodion, tomorrow we enter Holy and Great Lent, the arena of fasting and “venerable abstinence” that eliminate the passions, during which the depth and wealth of our Orthodox Tradition and the vigilant care of the Church for the spiritual progress of its children are revealed. As we are reminded by the Holy and Great Council of Crete (June, 2016), “the Orthodox Church, in strict conformity with the apostolic precepts, the synodal canons, and the patristic tradition as a whole, has always proclaimed the great significance of fasting for our spiritual life and salvation” (The Importance of Fasting and its Observance Today, para. 1).

In the life of the Church, all matters have a solid theological foundation and soteriological reference. Orthodox Christians share the “common struggle” of ascesis and fasting “giving thanks in everything” (Thess. 5.18). The Church invites its children to run the race of ascetic exercises as a journey toward Holy Pascha. It is a central experience of the life in Christ that genuine asceticism is never despondent, since it is imbued with the expectation of resurrectional delight. Our hymnology speaks of the “spring of fasting.”

In this sense, far from the trappings of Neoplatonist dualism and the alienating efforts to “mortify the body,” genuine asceticism cannot conceivably aim at the eradication of an “evil body” for the sake of the spirit or the liberation of the soul from the torment of its shackles. As emphasized, “in its authentic expression, ascesis is not directed against the body but against the passions, whose root is spiritual because the intellect is the first to fall to passion. Thus, the body is hardly the great opponent of the ascetic.”

The ascetic endeavor pursues the transcendence of egocentrism, for the sake of love that “does not seek its own” and without which we remain enslaved within ourselves, in the “insatiable ego” and its unquenchable desires. Being self-centred, we shrink and lose our creativity, as has been said: “Whatever we give is multiplied; and whatever we retain for ourselves is lost.” For this reason, the wisdom of the Fathers and the experience of the Church associate the period of fasting with the “showering of mercy,” with good deeds and philanthropy, which are the evidence of surpassing self-love and acquiring existential fullness.

Such wholeness is at all times the characteristic of life in the Church. The liturgical life, ascesis and spirituality, pastoral care and good witness in the world, are expressions of the truth of our faith, interconnected and mutually complementary elements of our Christian identity, which share the eschatological Kingdom as a point of reference and orientation, as well as the completeness and fulfilment of the divine Economy. While church life in all its expressions reflects and depicts the coming Kingdom of the Father, Son and Holy Spirit, it is the mystery of the Divine Eucharist that above all, as underlined by the late Metropolitan John of Pergamon, recently of blessed memory, “expresses the Church in its fullness” (The Image of the Heavenly Kingdom, Megara 2013, p. 59). “Pure communion,” the rendering of our existence into that of the church, as participation in the Holy Eucharist,’ is the “end” of fasting, the “crown” and “prize” of ascetical struggles (see John Chrysostom, Homilies on Isaiah VI: On the Seraphim, PG 56.139).

Today, in an age of desacralization of life, when humankind “attributes great importance to entirely insignificant things,” our Christian mission is the practical elevation of the existential depth of our Orthodox “triptych of spirituality,” as the inseparable unity of liturgical life, ascetic ethos and solidarity, the essence of the revolution of values in the fields of ethos and civilization constituted by faith in Christ and the divinely-granted freedom of the children of God. We consider it of paramount importance that we should live Holy and Great Lent as a revelation and experience of the true meaning of freedom “for which Christ has set us free” (Gal. 5.1).

With these thoughts and sentiments of love and honor, we wish you, our most honorable brothers in Christ and spiritual children of our Mother Church throughout the world, a smooth course in the arena of fasting, invoking on all of you the grace and mercy of Christ our God, who always delights in the ascetic struggles of His people. To Him belongs the blessed and glorified power of the Kingdom, now and always, and to the ages of ages. Amen.

Holy and Great Lent 2023

 BARTHOLOMEW of Constantinople

Your fervent supplicant for all before God

Λόγος Κατηχητήριος επί τη ενάρξει της Αγίας και Μεγάλης Τεσσαρακοστής (2023)

 




+ Β Α Ρ Θ Ο Λ Ο Μ Α Ι Ο Σ
ΕΛΕῼ ΘΕΟΥ
ΑΡΧΙΕΠΙΣΚΟΠΟΣ ΚΩΝΣΤΑΝΤΙΝΟΥΠΟΛΕΩΣ – ΝΕΑΣ ΡΩΜΗΣ
ΚΑΙ ΟΙΚΟΥΜΕΝΙΚΟΣ ΠΑΤΡΙΑΡΧΗΣ
ΠΑΝΤΙ Τῼ ΠΛΗΡΩΜΑΤΙ ΤΗΣ ΕΚΚΛΗΣΙΑΣ,
ΧΑΡΙΣ ΕΙΗ ΚΑΙ ΕΙΡΗΝΗ
ΠΑΡΑ ΤΟΥ ΣΩΤΗΡΟΣ ΚΑΙ ΚΥΡΙΟΥ ΗΜΩΝ ΙΗΣΟΥ ΧΡΙΣΤΟΥ,
ΠΑΡ᾿ HΜΩΝ ΔΕ ΕΥΧΗ, ΕΥΛΟΓΙΑ ΚΑΙ ΣΥΓΧΩΡΗΣΙΣ
* * *

Τιμιώτατοι ἀδελφοί Ἀρχιερεῖς καί τέκνα ἐν Κυρίῳ εὐλογημένα,

Εὐδοκίᾳ καί χάριτι τοῦ πανοικτίρμονος καί πανδώρου Θεοῦ, διάγοντες ἤδη τήν εὐλογημένην περίοδον τοῦ Κατανυκτικοῦ Τριῳδίου, εἰσερχόμεθα αὔριον εἰς τήν Ἁγίαν καί Μεγάλην Τεσσαρακοστήν, εἰς τό στάδιον τῆς παθοκτόνου νηστείας καί τῆς «πανσέπτου ἐγκρατείας», κατά τό ὁποῖον ἀποκαλύπτεται τό βάθος τοῦ πλούτου τῆς Ὀρθοδόξου ἡμῶν Παραδόσεως καί ἡ ἀνύστακτος μέριμνα τῆς Ἐκκλησίας διά τήν πνευματικήν προκοπήν τῶν τέκνων της. Ὡς ὑπενθυμίζει ἡ Ἁγία καί Μεγάλη Σύνοδος τῆς Κρήτης (Ἰούνιος, 2016), «ἡ Ὀρθόδοξος Ἐκκλησία ἀπαρεγκλίτως στοιχοῦσα εἰς τε τά ἀποστολικά θεσπίσματα καί τούς συνοδικούς κανόνας καί εἰς τήν καθ᾿ ὅλου πατερικήν παράδοσιν, διεκήρυξε πάντοτε τήν ὑψίστην ἀξίαν τῆς νηστείας διά τόν πνευματικόν βίον τοῦ ἀνθρώπου καί τήν σωτηρίαν αὐτοῦ» (Ἡ σπουδαιότης τῆς νηστείας καί ἡ τήρησις αὐτῆς σήμερον, § 1).
Τά πάντα εἰς τήν ζωήν τῆς Ἐκκλησίας ἔχουν ἄσειστον θεολογικόν θεμέλιον καί σωτηριολογικήν ἀναφοράν. Οἱ ὀρθόδοξοι χριστιανοί ἀσκοῦν τό «κοινόν ἄθλημα» τῆς ἀσκήσεως καί τῆς νηστείας «ἐν παντί εὐχαριστοῦντες» (Θεσσ. Α’ ε’, 18). Ἡ Ἐκκλησία καλεῖ τά τέκνα της νά διατρέξουν τόν δόλιχον τῶν ἀσκητικῶν γυμνασμάτων ὡς πορείαν πρός τό Ἅγιον Πάσχα. Ἀποτελεῖ κεντρικήν ἐμπειρίαν τῆς ἐν Χριστῷ ζωῆς, ὅτι ὁ γνήσιος ἀσκητισμός δέν εἶναι ποτέ σκυθρωπός, ἀφοῦ διαποτίζεται ἀπό τήν προσδοκίαν τῆς ἀναστασίμου εὐφροσύνης. Ἡ ὑμνολογία μας ἀναφέρεται εἰς τό «ἔαρ τῆς νηστείας».
Ἐν τῇ ἐννοίᾳ ταύτῃ, μακράν τῶν παγίδων τοῦ νεοπλατωνίζοντος δυϊσμοῦ καί τῆς ἀλλοτριωτικῆς «σωματοκτονίας», ὁ γνήσιος ἀσκητισμός εἶναι ἀδιανόητον νά ἀποβλέπῃ εἰς τήν ἐξουθένωσιν τοῦ «κακοῦ σώματος» χάριν τοῦ πνεύματος καί τῆς ἀπελευθερώσεως τῆς ψυχῆς ἐκ τῶν βασανιστικῶν δεσμῶν του. Ὅπως τονίζεται, «ἡ ἄσκηση, στήν αὐθεντική ἐκφρασή της, δέν στρέφεται κατά τοῦ σώματος, ἀλλά κατά τῶν παθῶν, ἡ ρίζα τῶν ὁποίων εἶναι «πνευματική», ἀφοῦ «πρωτοπαθής» εἶναι ὁ νοῦς. Μᾶλλον τό σῶμα δέν εἶναι ὁ μέγας ἀντίπαλος τοῦ ἀσκητῆ».
Ἡ ἀσκητική προσπάθεια ἐπιδιώκει τήν ὑπέρβασιν τοῦ ἐγωκεντρισμοῦ, χάριν τῆς «οὐ ζητούσης τά ἑαυτῆς» ἀγάπης, ἄνευ τῆς ὁποίας ὁ ἄνθρωπος παραμένει ἐγκλωβισμένος εἰς τόν ἑαυτόν του, εἰς τό «ἀδηφάγον ἐγώ» καί τάς ἀκορέστους ἐπιθυμίας του. Ὁ ἐγωκεντρικός ἄνθρωπος συρρικνώνεται, χάνει τήν δημιουργικότητά του, κατά τό ἔξοχον, «ὅ,τι δίνουμε πολλαπλασιάζεται, ὅ,τι κρατᾶμε γιά τόν ἑαυτό μας εἶναι χαμένο». Διά τόν λόγον αὐτόν, ἡ σοφία τῶν Πατέρων καί ἡ πεῖρα τῆς Ἐκκλησίας συνδέουν τήν περίοδον τῆς νηστείας μέ τήν «δαψίλειαν τῆς ἐλεημοσύνης», μέ ἔργα εὐποιϊας καί φιλανθρωπίας, τά ὁποῖα εἶναι ἔνδειξις ὑπερβάσεως τῆς φιλαυτίας καί ὑπαρξιακῆς πληρότητος.
Ἡ ὁλιστικότης εἶναι ἐν παντί καιρῷ τό χαρακτηριστικόν τῆς ζωῆς ἐν Ἐκκλησίᾳ. Λειτουργική ζωή, ἄσκησις καί πνευματικότης, ποιμαντική μέριμνα καί ἐγκόσμιος καλή μαρτυρία, εἶναι ἔκφρασις τῆς ἀληθείας τῆς πίστεώς μας, στοιχεῖα ἀλληλένδετα καί ἀλληλοσυμπληρούμενα τῆς χριστιανικῆς μας ταυτότητος, μέ κοινόν σημεῖον ἀναφορᾶς καί κατεύθυνσιν τήν Βασιλείαν τῶν Ἐσχάτων καί τήν ἐν αὐτῇ πλήρωσιν καί πληρότητα τῆς Θείας Οἰκονομίας. Ἐνῷ ἡ ἐκκλησιαστική ζωή εἰς ὅλας τάς ἐκφάνσεις της ἀντανακλᾷ καί εἰκονίζει τήν ἐρχομένην Βασιλείαν τοῦ Πατρός καί τοῦ Υἱοῦ καί τοῦ Ἁγίου Πνεύματος, εἶναι τό μυστήριον τῆς Θείας Εὐχαριστίας, ἐκεῖνο τό ὁποῖον, ὅπως ὑπογραμμίζει μετ᾿ ἐμφάσεως ὁ προσφάτως ἐκδημήσας πρός Κύριον μακαριστός Μητροπολίτης Περγάμου Ἰωάννης «ἐκφράζει τήν Ἐκκλησία στήν πληρότητά της» (Βασιλείας Θεοῦ ἐκτύπωμα, Μέγαρα 2013, σ. 59). Ἡ «καθαρά κοινωνία», ἡ ἐκκλησιοποίησις τῆς ὑπάρξεώς μας, ὡς μετοχή εἰς τήν Θείαν Εὐχαριστίαν, εἶναι τό «τέλος» τῆς νηστείας, ὁ «στέφανος» καί τό «βραβεῖον» τῶν ἀσκητικῶν ἀγώνων (βλ. Ἰωάννου Χρυσοστόμου, Εἰς τόν Ἠσαΐαν Ὁμιλίαι, στ’: Εἰς τά Σεραφείμ, PG 56, 139).
Σήμερον, εἰς ἐποχήν ἀποϊεροποιήσεως τῆς ζωῆς, ὅπου ὁ ἄνθρωπος «προσδίδει μεγάλη σημασία σέ ἐντελῶς ἀσήμαντα πράγματα», ἡ χριστιανική μας ἀποστολή εἶναι ἡ ἔμπρακτος ἀνάδειξις τοῦ ὑπαρξιακοῦ βάθους τοῦ ὀρθοδόξου «τριπτύχου τῆς πνευματικότητος», ὡς ἀδιασπάστου ἑνότητος λειτουργικῆς ζωῆς, ἀσκητικοῦ ἤθους καί ἀλληλεγγύης, τῆς πεμπτουσίας τῆς ἀξιολογικῆς ἐπαναστάσεως εἰς τόν χῶρον τοῦ ἤθους καί τοῦ πολιτισμοῦ, τήν ὁποίαν συγκροτεῖ ἡ πίστις εἰς Χριστόν καί ἡ θεοδώρητος ἐλευθερία τῶν τέκνων τοῦ Θεοῦ. Θεωροῦμεν ἰδιατέρως σημαντικόν, νά ζῶμεν τήν Ἁγίαν καί Μεγάλην Τεσσαρακοστήν ὡς ἀποκάλυψιν καί βίωσιν τοῦ ἀληθοῦς νοήματος τῆς ἐλευθερίας «ᾗ Χριστός ἡμᾶς ἠλευθέρωσε» (Γαλ. ε’, 1).
Μέ αὐτάς τάς σκέψεις καί μέ αἰσθήματα ἀγάπης καί τιμῆς, εὐχόμεθα εἰς ὑμᾶς τούς Τιμιωτάτους ἐν Χριστῷ ἀδελφούς καί εἰς τά ἀνά τήν οἰκουμένην πνευματικά τέκνα τῆς Μητρός Ἐκκλησίας εὔδρομον τό στάδιον τῆς νηστείας, ἐπικαλούμενοι ἐπί πάντας ὑμᾶς τήν χάριν καί τό ἔλεος τοῦ ἀεί εὐφραινομένου ἐπί τοῖς ἀσκητικοῖς ἄθλοις τοῦ λαοῦ Αὐτοῦ Χριστοῦ τοῦ Θεοῦ, Οὗ τό κράτος τῆς Βασιλείας εἴη εὐλογημένον καί δεδοξασμένον, νῦν καί ἀεί καί εἰς τούς αἰῶνας τῶν αἰώνων. Ἀμήν.

Ἁγία καί Μεγάλη Τεσσαρακοστή ,βκγ´
† Ὁ Κωνσταντινουπόλεως
διάπυρος πρός Θεόν εὐχέτης πάντων ὑμῶν