Nº Prot. 668
† B
A R T O L O M É
POR LA MISERICORDIA DE
DIOS
ARZOBISPO DE
CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
Y PATRIARCA ECUMÉNICO
GRACIA, PAZ Y
MISERICORDIA
PARA TODA LA PLENITUD
DE LA IGLESIA
DEL HACEDOR DE TODA LA
CREACIÓN,
NUESTRO SEÑOR, DIOS Y
SALVADOR JESUCRISTO
* *
*
Reverendísimos Hermanos Jerarcas y benditos hijos en el Señor:
Por la gracia de Dios, dador de todo lo bueno, entramos hoy en el
nuevo año eclesiástico, honrando y celebrando en su comienzo, mediante salmos y
cánticos espirituales, el “Día de Oración por la Protección del Medio
Ambiente”.
La crisis ecológica contemporánea, con su carácter multidimensional,
es una crisis de la libertad humana, de nuestra religión y de nuestra
filosofía, de nuestra forma de ser y de nuestra cultura. La primera
consecuencia es la “alteración dañina” de nuestra libertad, nuestra separación
y alienación de la Fuente de la Vida; la segunda es una conducta que destruye
el medio natural. Sentimos una profunda gratitud por el hecho de que las
pioneras iniciativas del Patriarcado Ecuménico, llevadas a cabo de forma
ininterrumpida desde el año 1989, no solo han revelado los aspectos
espirituales del problema ecológico, sino que también han abierto nuevos
caminos y perspectivas para atajarlo. Los simposios ecológicos, los diálogos
intercristianos e interreligiosos sobre este tema, las recomendaciones
concretas de la Gran Iglesia acerca de asuntos medioambientales, el hincapié en
las dimensiones y las consecuencias sociales de la crisis ecológica y otros
esfuerzos similares constituyen un propósito medioambiental sólido que pone el
acento en la necesidad imperiosa de un “giro copernicano” en nuestra concepción
de la idea de progreso y en la actitud de la humanidad hacia la naturaleza, así
como en las acciones de todos los que están implicados en la vida política,
económica y social, de las Iglesias y de las religiones, de la ciencia y la
tecnología, y de los responsables de la educación de las jóvenes generaciones.
Seguiremos promoviendo de palabra y obra la visión ecológica de la
Gran Iglesia de Cristo y el dinamismo ecológico de mantener una relación
eucarística, ascética y doxológica con la creación, subrayando siempre que es
necesario llevar a cabo un cuidadoso trabajo teológico para aclarar el
auténtico mensaje ecológico de nuestra fe y tradición ortodoxas en beneficio de
la creación, que es “muy buena”.
Estamos convencidos de que subrayar las dimensiones religiosas y
éticas de la amenaza medioambiental producirá una mayor conciencia de la
importancia fundamental de la “responsabilidad ecológica”. La humanidad debe de
una vez dejar de actuar como si no supiera lo que está ocurriendo y desechar
para siempre el engaño de que el planeta Tierra
puede soportar indefinidamente las cargas y la destrucción causadas por
la actividad humana y de que la naturaleza tiene la capacidad de renovarse por
sí sola. La responsabilidad de la protección del medio natural debe
manifestarse a nivel mundial, nacional, local y personal. Reiteramos una vez
más que el cultivo de la responsabilidad ecológica es un “imperativo
categórico” para la humanidad, que se enfrenta a la mayor amenaza de toda su
historia.
Está meridianamente claro que, mientras el modelo antropológico
dominante sea el del “rico insensato” del Evangelio según Lucas (Lc 12,17-21),
que declaraba: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis
bienes. Y entonces me diré a
mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea
alegremente”, la humanidad seguirá socavando su futuro y aniquilando su propio
“hogar”. Los “pecados de la modernidad” han creado -y siguen creando- nuevas
divisiones y rupturas entre la humanidad y la naturaleza. El “hombre-dios”
contemporáneo insiste en practicar un “geocidio” al rechazar cualquier mesura o
límites en nombre de los designios geopolíticos y los intereses económicos, del
consumismo y de la satisfacción de necesidades esencialmente insaciables,
provocando al mismo tiempo -y a un nivel más profundo- el derrumbe de la
experiencia vivida y los valores interiores. Las consecuencias del dominio
mundial del deseo de manipular, instrumentalizar y explotar la naturaleza
demostrarán ser trágicas para la vida en nuestro planeta.
La aceptación cada vez mayor y el establecimiento oficial del 1 de
septiembre como Día para la Protección del Medio Ambiente en todo el mundo
cristiano reviste hoy una importancia particular como símbolo y hecho concreto
en la promoción de la unidad de los cristianos; es más, la glorificación del
“Hacedor de toda la Creación” al comienzo de la Indicción en nuestra tradición
litúrgica constituye un patrimonio precioso como invitación y exhortación al
respeto de la creación, que sufre las consecuencias de un ataque indecoroso
causado por el ser humano.
Honorabilísimos Hermanos y queridos hijos:
El respeto de los pilares
fundamentales de la civilización ecológica puede
limitar las tendencias destructivas del medio ambiente y abrir paso al “único
camino ecológico posible”: el del desarrollo sostenible. De un modo más
general, la humanidad necesita alcanzar un acuerdo acerca de cuáles deben ser
los valores comunes fundamentales que, en un mundo marcado por el conflicto y
la polarización, sirvan de brújula para el camino que tenemos por delante.
Consideramos que el principio de solidaridad es el eje central de dichos
valores: la solidaridad como fuente de responsabilidad común, diálogo y
reciprocidad sincera, junto con una responsabilidad colectiva de la protección
del medio natural. El respeto en la práctica de la sacralidad de la persona
humana y el cuidado de la integridad de la creación son, desde el punto de
vista cristiano, manifestaciones vitales de la realización eucarística de la
Iglesia y de la llamada del ser humano a convertirse en “sacerdote” de la
creación.
En este espíritu,
oramos por que el nuevo año eclesiástico sea propicio y fructífero en buenas
obras agradables a Dios, e invocamos sobre todos vosotros, por la intercesión y
mediación de la Santísima Madre de Dios “Pammakáristos”, cuyo sacratísimo icono
custodiamos con reverencia en la Venerable Iglesia Patriarcal y abrazamos “con
nuestros labios, corazón y mente”, la gracia y la misericordia de nuestro Dios
y Salvador Jesucristo, cuyo Santísimo Nombre sea bendito y glorificado, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
1 de
septiembre de 2026
† Bartolomé de
Constantinopla
Fervoroso suplicante por vosotros ante Dios