lunes, 29 de marzo de 2021

domingo, 28 de marzo de 2021

Mensaje de bienvenida a S.E.R. Besarión de España y Portugal

 


Hoy la Iglesia Ortodoxa de España y Portugal se alegra porque le es concedida la gracia de recibir a vuestra Eminencia, enviado por la misericordia divina y la providencia del Trono Ecuménico. Recibimos en vuestra persona a nuestro Padre y Pastor para que nos guíe, nos enseñe e interceda ante el Altísimo por el pueblo que le ha sido confiado.


Desde el otro extremo del Mediterráneo llega vuestra Eminencia a una tierra que, desde los comienzos del Cristianismo fue escogida por Dios y destinada a ser Faro de Fe y áncora de Esperanza. Aunque no existan pruebas arqueológicas, las antiguas tradiciones aseguran la presencia de los santos Apóstoles Pablo y Santiago predicando la fe cristiana en la península Ibérica. Incluso a éste último se le apareció en Zaragoza la Santísima Virgen María, cuando aún vivía en la santa Sion, para confortarlo y asegurarle la expansión de la fe cristiana en el extremo del mundo conocido.


Dios nos habla por su Iglesia. La Santa Madre y Gran Iglesia de Cristo le envía para ser nuestro Pastor y como hijo obediente vuestra Eminencia ha aceptado este mandato. Creer en la Iglesia es creer que Dios vive en ella y obra especialmente en ella. Creer en la Iglesia es sufrir por ella y, a pesar de todo, seguir amándola. La imagen de Dios siempre nos quedará oscura, pero sus mandatos nos quedan mucho más claros que su propio ser. Sabemos lo suficiente de Él para fiarnos de su llamada que puede darse en cualquier circunstancia, en cualquier momento, a cualquier edad.


El servicio que Dios le pide ahora, Eminencia, incluye un movimiento hacia adelante, hacia lo nuevo. Dios siempre quiere más, pero también ofrece mucho más de lo que pide. Usted ha dejado su familia y recibe una comunidad, ha dejado una ciudad y recibe dos países, ha dejado un presente tranquilo para recibir un futuro esperanzador. Si tres forasteros fueron para el patriarca Abraham un teofanía de Dios ¿cuánto más será la Comunidad que habéis venido a servir?


Llegáis para dar testimonio del Evangelio y de nuestra fe Ortodoxa. Una fe y una eclesiología que ha fundado y divulgado a través de los siglos la identidad histórica de los pueblos balcánicos y del pueblo ruso. Que continúa representado la vital complementariedad entre dos iglesias, unidas en el primer milenio, separadas en el segundo, pero misteriosamente hermanadas y orgánicamente unitarias.


Finalmente, Eminencia, en nombre del piadoso clero y de los devotos fieles e esta santa Metrópolis, desde nuestra confianza y obediencia, deseamos, esperamos y rogamos acepte nuestros profundo deseos de larga vida para que interceda por todos nosotros ante el divino altar y nos transmita las bendiciones celestiales.



Archimandrita Demetrio

viernes, 26 de marzo de 2021

Entronización de S.E.R. Besarión de España y Portugal

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NOTA: Se avisa a nuestros clérigos y fieles que, debido a las restricciones de salud en vigor en la Comunidad de Madrid a causa de la pandemia del coronavirus, la asistencia física a la ceremonia está limitada a un número reducido de personas. Sin embargo, al día siguiente, Domingo de San Gregorio Palamás, Su Eminencia Reverendísima celebrará públicamente la Divina Liturgia y todos los fieles podrán recibir su bendición dentro del respeto de las normas vigentes, con un aforo del 50% en el interior de la Catedral.


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jueves, 18 de marzo de 2021

Participación de nuestra Metrópolis en un acto en el Muro de las Lamentaciones


Ocho confesiones religiosas de España, entre ellas nuestra Sacra Metrópolis de España y Portugal, se han unido a la acción "Plegarias de Esperanza", promovida por el Ministerio de Turismo de Israel.


El acto consistía en enviar al Muro Occidental (Kotel), el lugar más sagrado para el judaísmo, un rezo por todos los afectados y fallecidos a causa del Covid. Las oraciones, impresas en un papel, se depositaron el pasado jueves en el Kotel. Por parte de nuestra Metrópolis se depositó la Oración contra el coronavirus del Metropolita Joel de Edesa.


Además de nuestra Metrópolis, han participado en el acto la Federación Hindú España, la Federación de Comunidades Judías de España, la Conferencia Episcopal Española, la Iglesia Ortodoxa Rumana, la Iglesia Ortodoxa Rusa, la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (a la que también pertenecemos) y la Comunidad Bahá’í de España.



Fuente: Actualidad Evangélica

Adaptación propia


viernes, 12 de marzo de 2021

Homilía Catequética para la Santa y Gran Cuaresma de 2021


 BARTOLOMÉ

Por la misericordia de Dios

Arzobispo de Constantinopla-Nueva Roma y Patriarca Ecuménico

A la plenitud de la Iglesia,

Que la gracia y la paz de nuestro Señor y Salvador Jesucristo,

junto con nuestra oración, bendición y perdón sean con todos vosotros.

 

 ***


Muy honorables hermanos e hijos benditos en el Señor,

 

Con la buena voluntad y la gracia de Dios, el dador de todas las cosas buenas, estamos entrando en la Santa y Gran Cuaresma, la arena de las luchas ascéticas. La Iglesia conoce los laberintos del alma humana y el hilo de Ariadna, el camino para salir de todo estancamiento: la humildad, el arrepentimiento, el poder de la oración y los sagrados servicios de la contrición, el ayuno que elimina las pasiones, la paciencia y la obediencia al canon de oración. Por eso, la Iglesia nos invita una vez más este año a un camino divinamente inspirado, cuya medida es la Cruz y cuyo horizonte es la Resurrección de Cristo.

 

La veneración de la Cruz en medio de la Santa y Gran Cuaresma revela el significado de todo este período. La palabra de nuestro Señor resuena con fuerza: “El que quiera seguirme… levante cada día su cruz y sígame” (Lc 9,23). Estamos llamados a levantar nuestra propia cruz, siguiendo al Señor y contemplando su Cruz vivificante, con la conciencia de que el Señor es el que salva y no el levantamiento de nuestra cruz. La Cruz del Señor es “el juicio de nuestro criterio”, “el juicio del mundo” y, al mismo tiempo, la promesa de que el mal en todas sus formas no tiene la última palabra en la historia. Mirando a Cristo y bajo Su protección, como Aquel que permite nuestra lucha, mientras bendice y fortalece nuestro esfuerzo, peleamos la buena batalla, “afligidos en todo, pero no aplastados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; abatidos, pero no destruidos ”(2 Cor 4,8–9). Esta es la quintaesencia de la experiencia también durante el período actual de la Cruz y la Resurrección. Estamos en un camino hacia la Resurrección a través de la Cruz, a través de la cual “la alegría ha llegado a todo el mundo”.

 

Algunos de vosotros os preguntaréis por qué la Iglesia, en medio de la pandemia actual, agregaría a las restricciones de salud ya existentes otra “cuarentena”, a saber, la Gran Cuaresma. De hecho, la Gran Cuaresma es también una “cuarentena”, un período que dura cuarenta días. Sin embargo, la Iglesia no pretende debilitarnos más con obligaciones y prohibiciones adicionales. Al contrario, nos llama a darle sentido a la cuarentena que estamos viviendo por el coronavirus, a través de la Gran Cuaresma, como liberación de la esclavitud a “las cosas de nuestro mundo”. La lectura del Evangelio de hoy establece las condiciones de esta liberación. La primera condición es el ayuno, no en el sentido de abstenerse solo de alimentos específicos, sino también de aquellos hábitos que nos mantienen apegados al mundo. Tal abstinencia no es una expresión de desprecio por el mundo, sino una condición previa necesaria para reorientar nuestra relación con el mundo y para experimentar la alegría única de descubrir el mundo como dominio del testimonio cristiano. Por eso, incluso en esta etapa de ayuno, el acercamiento y la experiencia de la vida de los fieles tienen una dimensión pascual, el sabor de la Resurrección. El “ambiente de Cuaresma” no es deprimente, sino alegre. Es la “gran alegría” que el ángel proclamó como buena noticia “a todos” con el nacimiento del Salvador (Lc 2,10). Esta es la inquebrantable “plenitud de gozo” (1 Jn 1,4) de la vida en Cristo. Cristo está siempre presente en nuestra vida, está más cerca de nosotros que nosotros de nosotros mismos, todos los días de nuestra vida, “hasta el fin de los siglos” (Mt 28,20). La vida de la Iglesia es un testimonio inquebrantable de la gracia que ha venido y de la esperanza del Reino, de la plenitud de la revelación del misterio de la Economía Divina.

 

La fe es la respuesta a la amorosa condescendencia de Dios hacia nosotros; es el “Sí” de toda nuestra existencia a Él, quien “inclinó los cielos y descendió” para redimir al género humano “de la esclavitud del enemigo” y para abrirnos el camino hacia la deificación por la gracia. El amor sacrificado al prójimo y el “cuidado” de toda la creación brotan y se nutren de este don de la gracia. Si este amor caritativo por los demás y la preocupación de Dios por la creación están ausentes, entonces mi prójimo se convierte en “mi infierno” y la creación se abandona a fuerzas irracionales, que la transforman en objeto de explotación y en ambiente hostil para la humanidad.

 

La segunda condición de la liberación prometida por la Gran Cuaresma es el perdón. El olvido de la misericordia divina y la inefable beneficencia de Dios, el incumplimiento del mandamiento del Señor de convertirnos en “sal de la tierra” y “luz del mundo” (Mt 5,13-14), y una falsa transformación del modo de vida cristiano: a todas estas actitudes nos conduce una “espiritualidad cerrada” que se nutre de la negación y el rechazo del “otro” y del mundo, que borra el amor, el perdón y la aceptación de lo diferente. Sin embargo, esta actitud de vida estéril y arrogante es denunciada enfáticamente por la palabra del Evangelio en los tres primeros domingos del Triodion.

 

Se sabe que tales extremos prevalecen especialmente durante los períodos en que la Iglesia invita a sus fieles a la disciplina espiritual y la vigilancia. Sin embargo, la auténtica vida espiritual es un camino de renovación interior, un éxodo de nosotros mismos, un movimiento amoroso hacia el prójimo. No se basa en síndromes de pureza y exclusión, sino en el perdón y el discernimiento, la doxología y la acción de gracias, según la sabiduría vivencial de la tradición ascética: “No es la comida, sino la glotonería lo que es malo… no hablar, sino hablar inútilmente… no el mundo, sino las pasiones ".

 

Con esta actitud y estos sentimientos, os pedimos también vuestras súplicas por la reapertura de la Sagrada Escuela Teológica de Halki, después de un largo período de cincuenta años de su injusto cierre ordenado desde arriba, mientras nosotros damos la bienvenida a la Santa y Gran Cuaresma en la Iglesia, cantando juntos "Dios está con nosotros"; a Él le pertenecen la gloria y el poder por los siglos de los siglos. ¡Amén!

 

Santa y Gran Cuaresma 2021

 BARTOLOMÉ de Constantinopla

Ferviente suplicante por todos ante Dios