miércoles, 24 de febrero de 2021

25/02 - Tarasio, Patriarca de Constantinopla


San Tarasio, patriarca de Constantinopla (784-806) es conocido en la historia de la Iglesia como el que lideró el Sínodo Ecuménico que llevó a cabo el restablecimiento del culto a los iconos en el Imperio Bizantino, cosa que se celebra el 25 de febrero.


Tarasio como laico


La fuente más importante sobre su vida es la “Vida de Tarasios” escrita por Ignacio, su diácono y secretario. Otra fuente es la Crónica de Teófanes Confesor y la vida y la correspondencia de San Teodoro de Studion.


Tarasio nació en Constantinopla en torno al año 730, siendo hijo del eparca Georgios y su esposa Enkrateia. En el momento en que Constantino VI y su madre, Irene, accedieron al trono del Imperio bizantino en el año 780, Tarasio era un funcionario en el aparato burocrático (protasekretis) de la corte imperial. Más tarde obtuvo el rango de senador y finalmente se convirtió en secretario imperial (asekretis) del emperador Constantino VI el Porphyrogenetos.


El Imperio de Oriente estaba a la vez influenciado por las doctrinas orientales iconoclastas, impuestas por la dinastía Isauriana, que provenía de las regiones existentes en las fronteras con el nuevo mundo islámico. La lucha iconoclasta de ninguna manera era más fácil que la de los antiguos emperadores romanos contra los cristianos. Los ikonodouloi (defensores de los iconos) fueron golpeados e incluso asesinados y muchas iglesias fueron objeto de vandalismo. La Iglesia de Roma se negó a permanecer en comunión con el patriarca de Constantinopla, quien en ese momento era partidario de las políticas oficiales. Sólo después de la muerte de León IV (775/780) y al comienzo del reinado de su hijo menor Constantino VI (780/797), bajo la regencia de su madre Irene, la situación de los iconos empezó a cambiar.


El último patriarca iconoclasta, Pablo IV se arrepintió de su anterior iconoclasia y renunció a su trono el 31 de agosto del 784, viviendo como un simple monje. En esta situación, la emperatriz convocó un consejo local en su palacio de Magnaura y previa consulta al patriarca antiguo, el pueblo y los nobles, decidieron proponer a Tarasio para este puesto, el cual, en ese momento era un simple laico. La Crónica de Teófanes reproduce el discurso de Tarasio que se negó, pero que de todos modos se dejó convencer.


Sin embargo, como todos los bizantinos educados, Tarasio estaba bien versado en teología y la elección de este laico cualificado como obispo no fue el primer caso en la historia de la Iglesia (casos similares son probables en San Ambrosio y San Nicolás de Myra). Tarasio aceptó la función con la condición de que la unidad de la iglesia sería restaurada con los otros patriarcados y con Roma y que se realizara un Sínodo para la restauración de los iconos. En cuestión de días, fue ordenado diácono y luego de sacerdote. La consagración como obispo y patriarca se llevó a cabo en el día de Navidad del año 784.


El Séptimo Concilio Ecuménico


Como patriarca, Tarasio persuadió a la emperatriz Irene para que escribiera al Papa Adriano I, invitándole a enviar delegados a Constantinopla para un nuevo Consejo, con el fin de repudiar la herejía iconoclasta. La respuesta llegó el 26 de octubre 785. El Papa sostuvo que la elección de un laico como patriarca estaba en contra de los cánones, pero finalmente aceptó la situación, con el fin de restablecer la comunión eclesiástica. El Papa accedió a enviar delegados, y se convocó el sínodo que se celebró en la iglesia de los Santos Apóstoles, el 17 de agosto, 786. Durante la última reunión preparatoria, el 31 de julio, en ausencia del patriarca, algunas tropas de soldados rebeldes fieles al antiguo emperador iconoclasta Constantino V, distorsionaron la calma e insultaron a los obispos y monjes. De todos modos, el patriarca y la emperatriz mantuvieron su posición de continuar con el Consejo. Esta situación se repitió durante la inauguración. Tarasio y el abad Platón de Sakkoudion (el mentor de San Teodoro de Stoudion) realizaban sus discursos, pero no podían seguir debido al caos creado por los soldados. Más tarde, las tropas rebeldes se retiraron de la ciudad: la emperatriz, motivada por el peligro de un ataque musulmán, los envió a Asia Menor, en lugar de enviar a algunas tropas favorables de Tracia, que eran conocidas como iconódulos.


Pero esta situación no hizo posible aun la celebración del Sínodo que comenzó un año más tarde, a partir del 24 de septiembre del 787, en la catedral de Santa Sofía de Nicea y no en la ciudad capital. El Sínodo es reconocido como el Séptimo Concilio Ecuménico o como el Segundo Concilio de Nicea. Aunque por lo general se llama como lo llamaba el emperador, que aun no estaba coronado y que participó en las reuniones. El Patriarca desempeñó la función de presidente en funciones de los trescientos sesenta y cinco obispos reunidos, que condenaron la iconoclastia y aprobaron formalmente la veneración de los iconos. La clausura oficial de la reunión ocurrió el 23 de octubre en el Palacio Magnaura, que era la residencia de Irene. Tarasio e Irene aceptaron fácilmente la reintegración de los obispos iconoclastas que se arrepintieron y a todos los que prometieron que iban a cambiar su opinión. Este indulto fue duramente criticado por los monjes de Stoudion, los más fuertes partidarios durante las disputas iconoclastas. En cualquier caso, la política del Patriarca hizo que en el próximo período no existiera ninguna resistencia iconoclasta.


Los últimos años del Patriarca


Siete años más tarde Tarasio se vio involucrado en la controversia iniciada por Constantino VI, quien se divorció de su esposa, María de Amnia, acusándola de tratar de envenenarlo. Tarasio aprobó tácitamente esta situación y los monjes constantinopolitanos se escandalizaron con el consentimiento del patriarca. El abad Platón de Sakkoudion y su sobrino Teodoro Estudita fueron exiliados a causa de su posición, pero continuó el alboroto. Gran parte de la ira estaba dirigida contra Tarasio por permitir el matrimonio del emperador con Teódota, a pesar de que se había negado a oficiar la ceremonia. Sólo más tarde, después de que Constantino VI perdiera su trono en favor de su madre (18 de agosto 797), y bajo una fuerte presión de Teodoro, Tarasio excomulgó a José, el sacerdote que había llevado a cabo este matrimonio ilegítimo.


Los últimos años de su patriarcado estuvieron marcados por una nueva usurpación. Nicéforo, un patricio de Seleucia, nombrado ministro de Hacienda por Irene, se las ingenió para destronar a Irene y enviarla al exilio, con la ayuda de los patricios y los eunucos. Fue elegido como emperador en su lugar el 31 de octubre 802 y fue coronado por Tarasio, en contra de la opinión pública, haciendo después lo mismo con Staurakios como co-emperador, en el año 803.


Tarasio tenía una débil personalidad, pero sirvió con lealtad a los tres regímenes imperiales de Constantino, Irene y Nicéforo. De todos modos, su reputación sufrió críticas por su supuesta tolerancia con los obispos electos a través de la simonía, aunque él publicó un documento oficial que condenaba esta práctica. A pesar de estas débiles habilidades organizativas, Tarasio vivió una vida muy austera y gastaba su dinero agradando a Dios, alimentando y dando consuelo a los ancianos, a los pobres, a las viudas y a los huérfanos. Cada año, el día de Pascua, se dispuso de una comida para ellos, que él mismo servía. Él ordenó la construcción de un monasterio en la orilla europea del estrecho del Bósforo que luego tomó su nombre. Murió el 25 de febrero del año 806 y fue enterrado en su monasterio.


La veneración


Aunque algunos expertos han criticado la debilidad Tarasio ante el poder imperial, el Patriarca fue venerado en las Iglesias bizantinas por su defensa del uso de los iconos y su lucha por la paz y la unidad de la Iglesia. Su fiesta se celebra el 25 de febrero, tanto en el Oriente como en las Iglesias occidentales.


Tropario (himno) de San Tarasio


¡Tú brillaste como una luz del Espíritu, adornado con una vida ejemplar y vestido con las vestiduras jerárquicas. Calmaste la turbulencia de la herejía y te convertiste en un pilar y fundamento de la Iglesia, que alaba tus luchas, Santo Padre Tarasio!


Mitrut Popoiu



Fuente: preguntasantoral

martes, 23 de febrero de 2021

24/02 - Primera y Segunda Invención de la Venerable Cabeza de Juan el Bautista


El primer hallazgo tuvo lugar a mediados del siglo IV gracias a una revelación del santo Precursor a dos monjes que habían ido a Jerusalén para venerar la tumba de nuestro Salvador. Uno de ellos se llevó la venerable cabeza en una vasija de barro a Emesa, en Siria. Tras su muerte pasó de mano en mano hasta que cayó en posesión de un cierto hieromonje arriano llamado Eustaquio. Como este ascribía los milagros obrados por la reliquia del Santo Bautista a sus propias falsas creencias, se sintió impulsado a dejar la cueva en que vivía y abandonó la santa cabeza, cuya ubicación se dio a conocer de nuevo mediante una revelación de San Juan y fue encontrada en una vasija de agua alrededor del año 430, en tiempos del Emperador Teodosio el Joven, cuando Uranio era Obispo de Emesa.

lunes, 22 de febrero de 2021

23/02 - Policarpo el Santo Mártir y Obispo de Esmirna


San Policarpo, obispo de Esmirna (Izmir en turco) es considerado, junto con San Clemente de Roma y San Ignacio de Antioquía, como uno de los Padres apostólicos. Sobrevive una obra suya: su carta a los Filipenses, recordada también por San Ireneo de Lyon. Desde el punto de vista etimológico, Policarpo significa ”el que lleva muchos frutos”. Sufrió martirio muriendo por Cristo el 23 de febrero del año 155 (o 159, 166 o incluso en el 180) durante la persecución del emperador Antonino Pio (138-161), o conforme dice San Jerónimo, durante la persecución de Marco Aurelio (168-180), siendo quemado vivo en la arena de la ciudad capital de la provincia de Asia, a instancias de personas sedientas de sangre. Su Acta martirial, conservada en una carta, tiene un interés histórico excepcional porque es la primera Acta de un martirio que se ha conservado en griego, en su forma original, lo que ha dado origen a la creación del género de las Actas martiriales cristianas.


Su vida hasta el martirio


Hasta el momento de su martirio existen algunas menciones sobre su vida como cristiano en Esmirna. El Sinaxario de Ohrid indica que Policarpo había nacido y vivido en Esmirna en el primer siglo de nuestra Era. Siendo huérfano, fue criado por una fiel viuda llamada Calixta. Ella lo llamaba Pancracio pero estando un día en oración, Dios le reveló que lo llamara Policarpo porque él ayudaría a muchísima gente, llenando de nuevo los graneros vacíos a fin de poder hacer caridad con los pobres. Con solo veinte años de edad, escuchó al apóstol Juan predicar el Evangelio y lo siguió. Cuando San Juan fue desterrado a la isla de Patmos, ordenó a San Búcolo como obispo de Esmirna y Policarpo le ayudó en dicha tarea. Más tarde, después de la muerte de San Bucolo, Policarpo fue elegido en el año 106 como su sucesor, como lo dice San Ignacio de Antioquía en su Epístola a los Efesios (XXI, 1), escrita durante su viaje a Roma, donde sufrió martirio en el año 107. San Ignacio llegó a escribirle un carta pastoral a Policarpo en la que le dice: «Estos tiempos requieren encontrar a Dios, como los pilotos necesitan del viento y los marineros buscan un puerto donde resguardarse durante la tormenta”.


San Ireneo, obispo de Lyón (202) nació en Esmirna en el 115 y conoció a Policarpo desde su infancia. En su Carta a Florinus (186) dice que San Policarpo conocía a San Juan Evangelista y a otras personas que habían vivido con Cristo: “Yo puedo describir el lugar donde el bienaventurado Policarpo se sentaba y sus charlas, sus idas y venidas, en general, su modo de vida y su apariencia personal, junto con las charlas que dirigía al pueblo; también su forma de hablar y su relación personal con Juan y con el resto de los que habían visto al Señor y como guardaba sus palabras a su memoria. Porque las cosas que había escuchado de ellos respecto al Señor, tanto en lo relacionado con sus milagros como con sus enseñanzas, Policarpo las había recibido de los testigos oculares de la Palabra de vida, conforme todas ellas y en armonía con las Escrituras…” (San Ireneo, Carta a Florinus, incluida en la Historia Eclesiástica de Eusebio, V, 20).


San Ireneo menciona nuevamente a Policarpo en su Adversus Haereses III. 3, 4: “Pero Policarpo no solo fue instruido por los apóstoles y conversado con otros que habían conocido a Cristo, sino que también fue nombrado obispo de Esmirna por los apóstoles estando en Asia. También lo conocí en mi primera juventud pues alli estaba desde hacia mucho tiempo y cuando era ya muy mayor, gloriosa y muy noblemente, sufrió martirio, partiendo de esta vida, enseñando siempre las cosas que había aprendido de los apóstoles y que la Iglesia ha transmitido y que son las únicas verdaderas”.


En el año 154 o en el 155, San Policarpo visitó Roma y se reunió con el Papa San Aniceto (154-166) con el fin de buscar una solución acerca de la fecha de la celebración de la Pascua. Los cristianos en Palestina, Siria, Mesopotamia, Cilicia y Asia Menor, y Policarpo entre ellos, seguían la tradición de San Juan Evangelista de celebrar la ”Pascua de la Cruz” – «Pascha staurosimon» o 14 de Nisan (abril), coincidiendo con los judíos, por lo que fueron llamados «quartodecimans». Los cristianos en Roma, Alejandría y de las provincias occidentales del Imperio Romano, celebraban la Pascua de acuerdo según los cálculos actuales, llamándola «Pascua de la Resurrección” – «Pascha anastasimon». Esto nos hace entender que las diferencias sobre la fiesta no eran teológicas, sino cronológicas. A qué acuerdo llegaron no se puede saber, pero los dos líderes de la Iglesia se separaron en paz como ha demostrado Eusebio de Cesarea en su Historia Ecclesiastica 23, 24, 4-6.


San Jerónimo, en su obra De viris ellustribus 17 ofrece una información adicional sobre este viaje de Policarpo a Roma: «El, a causa de ciertas cuestiones relativas al día de la Pascua, fue a Roma en tiempos del emperador Antonino Pío, cuando Aniceto gobernaba la Iglesia en aquella ciudad. Allí convirtió de nuevo a la fe a muchos creyentes que habían sido engañados por las persuaciones de Marción y Valentin y cuando Marción lo conoció por casualidad y le preguntó ¿tu me conoces?, él le respondió: ”se que eres el primogénito del diablo”. Posteriormente, durante el reinado de Marco Antonio y Lucio Aurelio Commodo, en la cuarta persecución después de Nerón, en presencia del proconsul de Esmirna y estando todo el mundo gritando en su contra en el anfiteatro, fue quemado. Él había escrito una Epístola muy valiosa a los Filipenses, que en el día de hoy se lee en las reuniones celebradas en Asia”.


Esta mención de San Jerónimo demuestra tres cosas importantes: en primer lugar Policarpo se reunió en Roma con algunos líderes importantes de los grupos gnósticos; en segundo lugar, escribió una Epístola a los Filipenses probablemente de la misma forma a como entendemos hoy las Epístolas de los apóstoles. Esto significa que entonces el canon de la Biblia era mayor que el que tenemos hoy en día, ya que incluía las Epístolas de los Padres Apostólicos. Y tercero, que Policarpo no habría muerto como tradicionalmente se dice, en el año 155, sino más tarde, durante el reinado de Marco Antonio (161-180) y Commodo (180-192). Se sabe que estos dos gobernantes eran co-emperadores entre el año 177 y el 180, por lo que San Policarpo podría haber sido martirizado en ese período de tiempo.


El martirio de San Policarpo


Poco después de su vuelta de Roma, San Policarpo sufrió el martirio siendo quemado vivo durante los juegos celebrados en el circo de Esmirna en el día llamado Sábado Grande (no se conoce bien el significado de este nombre), un 23 de febrero, tradicionalmente en el año 155, (aunque quizás años más tarde), cuando el asiático Felipe, que era el gobernador de Asia, organizaba estas celebraciones lúdicas. El martirio de San Policarpo está descrito en una carta enviada por la Iglesia de Esmirna a la comunidad de Philomaelium (que era una ciudad de Frigia) y a otras comunidades de la Iglesia Universal; esta carta está escrita por un tal Ireneo (tal vez San Ireneo de Lyon), que era discípulo de San Policarpo y la cual ha sido copiada repetidamente a lo largo de los tiempos.


Esta carta dice en su tercer capítulo, que fueron condenados a muerte once habitantes de Filadelfia, entre los cuales menciona, por ejemplo, a Germánico que fue devorado por un animal en la arena del circo y al frigio Quinto, el cual abjuró de su fé delante del procónsul pues se acobardó al ver a las fieras. Cuando murió Germánico, los presentes saltaron a la arena gritando: ”fuera los malvados, busquemos a Policarpo”. El santo estaba en ese momento en Esmirna y no quería ocultarse aunque finalmente fue convencido para que se refugiase en una casa de campo cercana a la ciudad dedicándose a la oración. Allí, tres días antes del martirio, tuvo una visión que le hizo saber que moriría quemado vivo (capítulo V).


Traicionado bajo tortura por un criado, fue descubierto y fue llevado ante el capitán de los gendarmes llamado Herodes, el cual lo llevó al estadio donde lo tentaron para que negara a Cristo. Por el camino, una voz del cielo lo tranquilizó diciéndole: ”Se fuerte y valiente, Policarpo”. En el estadio, la muchedumbre le exigió que maldijese a Cristo, a lo que el santo respondió: ”Ochenta y seis años le he servido y no me ha hecho mal alguno, ¿cómo puedo maldecir a mi Rey, que es quien me ha salvado?” (capítulo IX, 3). Después de una discusión con el procónsul, fue finalmente condenado a ser quemado vivo, pues como habían terminado los juegos, legalmente no podía echarlo a las fieras (capítulo XII). Mientras lo preparaban para la ejecución, los soldados querían atarlo a una estaca, pero él consiguió que lo dejaran suelto sobre la hoguera, sin ser atado.


Antes de ser quemado, el santo mirando al cielo oró, siendo esta una de las primeras oraciones de la Iglesia: ”Oh Señor Dios Todopoderoso, Padre de tu amado y bendito Hijo Jesucristo, por medio del cual te hemos conocido, Dios de ángeles y de poderes, de toda la creación y de toda la raza de los justos que viven en tu presencia; te bendigo porque me has concedido este día y hora para que pueda recibir, entre el número de tus mártires una porción de la copa de Cristo en la resurrección a la vida eterna, tanto del alma como del cuerpo, en la incorruptibilidad del Espíritu Santo. Que pueda ser recibido con ellos en tu presencia este día, como un sacrificio rico y aceptable, que Tu has preparado y revelado de antemano y que has realizado, Tu que eres el Dios fiel y verdadero. Por esta causa y por todas las cosas, te alabo y bendigo y glorifico por medio del Sumo Sacerdote eterno y celestial, Jesucristo, tu Hijo amado, por medio del cual, con Él y con el Espíritu Santo sea la gloria ahora y por todos los siglos. Amen”. (capítulo XIV).


Finalizada esta oración, prendieron el fuego y Policarpo fue rodeado por las llamas pero no se quemó, por lo cual, un lancero le clavó un puñal en el pecho, saliendo tal cantidad de sangre que apagó el fuego. Algunos paganos solicitaron no entregar a los cristianos el cuerpo de Policarpo para: ”que no abandonen al Crucificado y empiecen a adorar a este hombre” (capítulo XVII,2). Pero el autor de esta carta resalta la diferencia entre la adoración a Cristo y la veneración a los santos, diciendo: ”no saben que será imposible que nosotros abandonemos en estos tiempos a Cristo, que sufrió por la salvación de todo el mundo, sufriendo por los pecadores siendo Él inocente; no podemos adorar a otro. Porque a Él, siendo el Hijo de Dios, le adoramos, pero a los mártires, como discípulos e imitadores del Señor, los respetamos y queremos como se merecen por su afecto incomparable hacia su propio Rey y Maestro. Que nuestra suerte sea también ser hallados copartícipes y condiscípulos de ellos” (capítulo XVII,2).


Finalmente, el cuerpo del santo fue quemado y los cristianos recogieron lo que quedó de sus huesos: ”Y así nosotros, después, recogimos sus huesos, que son mucho más valiosos que las piedras preciosas y que el oro refinado y los pusimos en un lugar apropiado; donde el Señor nos permitirá congregarnos, según podamos, con gozo y alegría, a celebrar el aniversario de su martirio para la conmemoración de todos los que ya han luchado en la contienda y para la enseñanza y preparación de los que han de hacerlo más adelante” (XVIII, 1-2). En el epílogo de la carta, se dice: ”El bienaventurado Policarpo sufrió el martirio el segundo día de la primera parte del mes Xanticus, el séptimo día antes de las calendas de Marzo, en un gran Sábado, a la hora octava”.


La Leyenda Áurea dice que el martirio fue en el año 162. La fecha del 23 de febrero del año 155 es mencionada en el Sinaxario de la Iglesia Constantinopolitana, en el Martirologio Jeronimiano y en la Bibliotheca hagiographica Graeca şi Latina, lo cual contradice la mención de San Jerónimo en su obra De viris illustribus, como ya hemos mencionado antes. El martirio de San Policarpo es muy importante para la actual apologética, pues indica la diferencia entre la adoración a Cristo y la veneración a los santos, cosa que ha sido fuertemente atacada por los protestantes en estos tiempos modernos. En lo referente a la veneración de las reliquias, tanto la doctrina Católica como la Ortodoxa, encuentran su apoyo en esta carta. En Occidente, la festividad de San Policarpo es el día 26 de enero mientras que en Oriente, es el día de hoy, 23 de febrero.


Las reliquias del Santo


La maravillosa reliquia del santo fue sacada de Esmirna por los monjes Arsenio y Samuel unas décadas después de la caida de Constantinopla en el año 1479 y hasta hoy se mantiene en el monasterio de la Panagia Ambelakiotissa, en Nafpaktos (actual Grecia). Con anterioridad, la reliquia estaban en posesión de una viuda como parte de su herencia. Después de muchos esfuerzos y dinero gastado por los monjes, pudieron adquirir esta valiosa reliquia que consiste en parte de un brazo, desde el codo hasta los dedos y con la mano en posición de bendecir. Existen algunas tradiciones que dicen que los templarios poseían la reliquia de la cabeza del santo, que llevaron a Francia cuando salieron de Jerusalén. De esto se hace mención en un escrito del año 1560.


Algunas pequeñas reliquias se conservan en diferentes iglesias de todo el mundo, como la iglesia del monasterio Radu Voda de Bucarest, en la iglesia del monasterio Zografou en el Monte Athos, asi como en la capilla de San Antonio de Pittsburgh, en Estados Unidos. La Hermeneia de la pintura bizantina, escrita por Dionisio de Furna en el siglo XV, afirma que San Policarpo debe estar representado en los iconos como un anciano obispo con una poblada barba dividida en dos partes.


Himno (Troparion) del Santo


”Al compartir el camino de los Apóstoles, te has convertido en el sucesor de su trono. A través de la práctica de la virtud, encontrarte el camino de la contemplación divina, ¡oh inspirado por Dios!; mediante la enseñanza de la palabra verdadera, sin error, defendiste la fe hasta el derramamiento de tu sangre. Hieromártir Policarpo, ruega a Cristo que salve a nuestras almas”.


Mitrut Popoiu



Fuente: preguntasantoral

Oficios del mes de marzo de 2021 en la Catedral de Madrid


SÁBADO 06/03

SÁBADO DE LOS DIFUNTOS

Liturgia ………………………………………………………….…….. 10:15

Conmemoración de los Difuntos ……………………………………… 11:30

Vísperas del Domingo ………………………………………..……….. 18:30


DOMINGO 07/03

DOMINGO DE CARNAVAL

Maitines …………………………………………………….…………. 09:30

Liturgia …………………………………………………………….….. 10:15


MARTES 09/03

SS. 40 MÁRTIRES DE SEBASTE

Liturgia ………………………………………………………………... 10:15


SÁBADO 13/03

Vísperas del Domingo ……..………………………...………………... 18:30


DOMINGO 14/03

DOM. DEL PERDÓN; S. Bendito abad

Maitines ……………………………….…………….………………… 09:30

Liturgia ……….…….…..……………………...…………………...…. 10:15


MIÉRCOLES 17/03

S. ALEXIS HOMBRE DE DIOS; S. PATRICIO DE IRLANDA

Liturgia de los Dones Presantificados ……………….……………….. 19:00


VIERNES 19/03

I Salutación (Acatisto) a la SSma. Madre de Dios …………….…… 19:00


SÁBADO 20/03

MILAGRO CON COLIVA DE S. TEODORO GRAN MÁRTIR

Liturgia ……………………………………………………..…………. 10:15

Conmemoración de los Difuntos ……………………………………… 11:30

Vísperas del Domingo ……………………...................………...….…. 18:30


DOMINGO 21/03

DOM. I DE CUARESMA (Victoria de la Ortodoxia)

Maitines ………………...….…………...….…………………………. 09:30

Liturgia .…...……………………...……...…….................................... 10:15

Procesión de los Iconos Sagrados ………………………………….…. 11:30


MIÉRCOLES 24/03

ÓLEO SANTO ………..……………………..……………………….. 19:00


JUEVES 25/03

LA ANUNCIACIÓN DE LA SSMA. MADRE DE DIOS

Liturgia ………………………………………………………..………. 10:15


VIERNES 26/03

II Salutación (Acatisto) a la SSma. Madre de Dios ………………... 19:00


SÁBADO 27/03

II SÁBADO DE LOS DIFUNTOS

Liturgia ……………………………………………………...………… 10:15

Conmemoración de los Difuntos ……………………………………… 11:30

Vísperas del Domingo ………………………...……….……………… 18:30


DOMINGO 28/03

DOM. II DE CUARESMA (San Gregorio Palamás)

Maitines ……………………..…...……....…………………………… 09:30

Liturgia ……...……………………………...……...…..……………... 10:15

 

ADEMÁS, DIVINA LITURGIA EN UCRANIANO CADA DOMINGO A LAS 13:00

domingo, 21 de febrero de 2021

22/02 - Invención de las Preciosas Reliquias de los Santos Mártires en el Barrio de Eugenio


Las santas reliquias de estos Santos fueron halladas en el barrio de Constantinopla llamado Eugenio cuando Tomás era Patriarca de dicha ciudad (607-610).

sábado, 20 de febrero de 2021

Domingo del Publicano y el Fariseo. Comienza el Triodio. Lecturas de la Divina Liturgia


2 Tim 3,10-15: Hijo Timoteo, tú, en cambio, me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia, las persecuciones y los padecimientos, como aquellos que me sobrevinieron en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones soporté! Y de todas me libró el Señor. Por otra parte, todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos. Pero los malvados y embaucadores irán de mal en peor, engañando a los demás y engañándose ellos mismos. Tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.


Lc 18,10-14: Dijo el Señor: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

21/02 - Eustaquio (Eustacio), Obispo de Antioquía


Obispo de Antioquía, nació en Side en Pamfilia, cerca de 270; murió en el exilio en Trajanópolis en Tracia, muy probablemente en el año 360, según algunos, ya en 336 ó 337.


Primero fue obispo de Berea en Siria, de donde fue transferido a Antioquía cerca de 323. En el Primer Concilio de Nicea (325) él fue uno de los más prominentes oponentes del arrianismo y de 325 – 330 se involucró en una casi continua guerra literaria contra el arrianismo. Por su audaz denuncia del arrianismo y su negativa a tener ningún sacerdote arriano en su diócesis, se ganó el odio de los arrianos, quienes, liderados por Eusebio de Cesarea y su homónimo Eusebio de Nicomedia, sostuvieron un sínodo en Antioquía (331) en el cual Eustacio fue acusado, por testigos sobornados, de sabelianismo, incontinencia, crueldad y otros crímenes. Fue depuesto por el sínodo y desterrado a Trajanópolis en Tracia por orden del emperador Constantino, quien le dio crédito a las historias escandalosas que diseminaron sobre Eustacio. La gente de Antioquía, que amaban y reverenciaban a su santo y erudito patriarca, se indignaron ante la injusticia y estaban listos para tomar las armas en su defensa. Pero Eustacio los contuvo, los exhortó a permanecer en la verdadera]] fe ortodoxa y humildemente salió para su lugar de exilio, acompañado por muchos miembros de su clero. Los seguidores de Eustacio en Antioquía formaron una comunidad separada con el nombre de eustacianos y se negaron a reconocer los obispos nombrados por los arrianos. Cuando, tras la muerte de Eustacio, Melecio de Antioquía se convirtió en obispo de Antioquía en 360 por el voto unánime de los arrianos y los ortodoxos, los eustacianos no lo reconocieron, incluso después que su elección fue aprobada por el sínodo de Alejandría de 362. Su intransigente actitud dio inicio a dos facciones entre los ortodoxos, el llamado cisma meleciano, que duró hasta la segunda década del siglo V (Cavallera, Le schisme d'Antioche, Paris, 1905).


Muchos de los numerosos tratados dogmáticos y exegéticos de Eustacio se han perdido. Su principal obra existente es “De Engastrimytho”, en la cual sostiene contra Orígenes que la aparición de Samuel (1 Sam. 28) no fue realidad, sino un mero fantasma traído al cerebro de Sául por la bruja de Endor. En la misma obra critica severamente a Orígenes por su interpretación alegórica de la Biblia. Una nueva edición de ella, junto con la respectiva homilía de Orígenes, fue hecha por A. Jahn en Gebhardt and Harnack's "Texte und Untersuchungen zur Gesch. der altchristl. Literatur" (Leipzig, 1886), II, fasc. IV. Cavallera descubrió recientemente una homilía cristológica: "S. Eustathii ep. Antioch. in Lazarum, Mariam et Martham homilia christologica", la cual editó junto con un comentario a los fragmentos literarios de Eustacio (París, 1905). Son espurios los fragmentos de obras perdidas se hallan en Migne (P.G., XVIII, 675-698), Pitra y Martin (Analecta Sacra, II, Proleg., 37-40; IV, 210-213 and 441-443). "Commentarius in Hexaemeron" (Migne, P.G.,XVIII, 707-794) y "Allocution ad Imp. Constantinum en Conc. Nicæno" (Migne, P.G., XVIII, 673-676). Sus reliquias fueron llevadas a Antioquía.



Fuente: ec.aciprensa.com