sábado, 31 de octubre de 2020

01/11 - Cosme y Damián los Santos Anárgiros de Asia


Estos Santos eran de Asia (o sea, Asia Menor). 


Tras la muerte de su pare, su madre Teodora, buena cristiana, los educó en la piedad y en toda virtud, y los instruyó en todas las ciencias, sobre todo en la medicina. Esta se convirtió en su vocación, y anduvieron sanando toda enfermedad, impartiendo gratuitamente la curación tanto a hombres como a animales, motivo por el que son llamados «anárgiros».


Habiendo completado el curso de su vida terrestre, reposaron en paz.

V Domingo de Lucas. Evangelio de la Divina Liturgia


Lc 16,19-31: Dijo el Señor esta parábola: “Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su puerta, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”. Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y ustedes se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a ustedes, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros”. Replicó: “Con todo, te ruego, padre, que lo envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento”. Abraham le respondió: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los oigan”. Él dijo: “No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán”. Le contestó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite”.

viernes, 30 de octubre de 2020

31/10 - Ampliato, Apeles, Estaquio, Urbano, Aristóbulo y Narciso de los Setenta


De estos santos Apóstoles, Estaquio se convirtió en el primer Obispo de Bizancio, consagrado por el Apóstol Andrés. Habiendo pastoreado a su pueblo durante dieciséis años, reposó en el Señor.

En cuanto a los demás, cada uno de ellos brilló en la sede episcopal que se le encomendó: Apeles en Heraclea; Ampliato en Odisópolis; Urbano en Macedonia; Narciso en Atenas; y Aristóbulo en Gran Bretaña.

31/10 - El Santo Hieromártir Epímaco de Egipto


El Mártir Epímaco, que era de Egipto, había vivido la vida ascética en el Monte Pelusio.


Viajó a Alejandría durante el reinado de Decio, y fue arrestado por Apeliano el

Gobernador.


Epímaco sufrió el martirio en el año 251.

31/10 - Santos Claudio, Lupercio y Victorio (Victorico), Mártires



El Martirologio señala: “En la ciudad de León, en Hispania, los santos Claudio, Lupercio y Victorico mártires, que durante la persecución de Diocleciano, sufrieron la muerte por Cristo”.


Estos tres santos mártires son oriundos de León. Sus Actas nos han llegado en dos redacciones tardías. La más antigua es del siglo XI y pertenece a un santoral de la catedral de Toledo que los presenta como soldados que sufrieron martirio por decapitación en tiempos de Diogeniano “apud septimam geminam legionem”. La otra, más reciente, está manipulada y ya los relaciona con San Marcelo diciendo que eran hijos suyos. El redactor de las Actas de San Marcelo – el mártir africano convertido en mártir hispano – tuvo la iniciativa de darle una familia ilustre a un mártir ilustre, aumentando así los títulos que enorgullecieran a la ciudad leonesa y por influjo de estas Actas, convirtió a Diogeniano en el Aurelio Agricolano de Tánger, que es el personaje que interviene en el martirio de San Marcelo.

En el folio 12 del antifonario mozárabe de la catedral de León, una mano anónima del siglo XI añadió: “Haec sunt nomina sanctorum que in arcivo Toletano repperta sunt:… Claudium et Lupercum atque Victoricum Legionensis continet cives… Marcellum parentem Tingitana urbs fide religionis retinet”. Desde ese momento, este parentesco comenzó a difundirse entre los breviarios y demás libros de culto.

Algunos elementos de la “passio” más antigua, que pueden darse por buenos, afirman que fueron mártires hispanos, oriundos de León y, quizás, soldados, ya que es verdad que en aquella ciudad estaba asentada la “Legio VII gemina”. Su martirio acaeció a finales del siglo III o principios del IV, época en la que la persecución tuvo especial virulencia en la Hispania romana, aunque en el siglo III, la “Legio VII” debería estar dispersa como puede deducirse de la expresión “apud septimam gemimam legionem”.

Parece infundada la hipótesis de quienes afirman que el martirio les sobrevino por la proclamación de fe en la Santísima Trinidad por parte de los tres mártires, ya que este martirio ocurrió en los tiempos en los que predominaban los errores priscilianos. En el presunto lugar del martirio fue construida posteriormente la abadía benedictina de San Claudio. A mediados del siglo XI, el rey Fernando I puso parte de las reliquias en la Iglesia de San Isidoro. En el 1173 fueron trasladadas a una iglesia construida en su honor y, finalmente, en el 1834 fueron llevadas a la actual iglesia de San Marcelo, donde se guardan en tres urnas de plata que, junto con la urna de San Ramiro, abad mártir de San Claudio, están colocadas en el altar mayor.


“Vida y enseñanza de San Silouan el Athonita”. Archimandrita Sophrony


Humanamente hablando, nada presagiaba que fuera Silouan (1866-1938), el monje adscrito al economato y al molino del Monasterio de San Panteleimon, quien pasara a la posteridad.

Silouan había llegado a la Santa Montaña del Athos en otoño de 1892. Por aquel entonces era un joven e inculto campesino ruso con el servicio militar recién cumplido. Allí emprendió un combate espiritual que se prolongaría hasta su muerte. Más aún, su denodado esfuerzo ascético le va a deparar una experiencia del cristianismo idéntica a la de muchos Padres antiguos.

El itinerario espiritual de este monje confirma que también hoy cualquier persona puede progresar en el camino de la santidad propuesto por la tradición de la Iglesia.

Los Escritos de san Silouan, recogidos por Sophrony y publicados en esta misma colección, constituyen una verdadera suma de doctrina ascética y teología mística, expresada en un lenguaje sencillo y directo.

Silouan fue canonizado por el Patriarcado ecuménico de la Iglesia ortodoxa en 1988


Ichthys, 36
ISBN: 978-84-301-1858-8
Formato: Rústica, 13,5 x 21 cm.
Páginas: 272
Edición: 1ª
Fecha de edición: febrero 2014
Traducido por Joaquín Maristany del original ruso
Precio: 17,00 €



jueves, 29 de octubre de 2020

30/10 - San Marcelo, Mártir, Patrono de León


De la “passio” de San Marcelo existen dos versiones que nos han llegado a través de diversos documentos que se custodian en algunas importantes bibliotecas europeas: Roma, Londres, Burdeos, León, etc. y que fueron publicadas por primera vez por parte de Ruinart, Allard, Delehaye, Garcia Villada, B. De Gaiffier y otros, o sea, que su difusión ha sido grande.

El núcleo de la misma es considerado como auténtico y contiene los interrogatorios a los que se vio sometido nuestro santo en el transcurso de tres meses, en dos tribunales situados en dos localidades distintas. Posteriormente, alrededor del siglo XI, a esta “passio” se le hicieron algunos añadidos diciendo que San Marcelo era esposo de Santa Nonna y padre de los santos Claudio, Lupercio, Victorico, Facundo, Primitivo, Emeterio, Celedonio, Servando, Germán, Fausto, Jenaro y Marcial, todos ellos santos hispanos, venerados en diferentes lugares de la península Ibérica y que en realidad no fueron contemporáneos entre si.

Según la “passio”, el 21 de julio del año 298, cuando se celebraba la fiesta de los augustos emperadores, Marcelo, que era un centurión romano tiró sus armas delante de su tropa que se encontraba reunida con motivo de dichas fiestas, renunciando a su vida militar para dedicarse a la propagación del cristianismo. Siete días más tarde, fue interrogado por el prefecto Fortunato el cual, considerando la gravedad del delito decidió enviárselo a su superior jerárquico, Aurelio Agricolano de Tánger. El 30 de octubre, San Marcelo fue nuevamente interrogado en Tánger y condenado a muerte.

Según los estudios de De Gaiffier a los que hemos hecho referencia, San Marcelo es un auténtico mártir africano al cual, mediante los posteriores añadidos realizados por autores hispanos, lo hacen ciudadano de León sobre el falso fundamento de que pertenecía a la Legión de Trajano que fue la presunta fundadora de tu ciudad. A partir de ahí, en el siglo XVI se pretendió identificar la casa natal del mártir junto a la Puerta Cauriense, hoy transformada en capilla dedicada al Cristo de la Victoria. Según esta misma tradición, al llegar la paz de Constantino, a San Marcelo se le construyó una primitiva iglesia en León.

El código XI del archivo de la catedral de León dice que en el siglo IX, el rey Ramiro I de Asturias restauró la antigua iglesia del siglo IV dedicada al mártir en el suburbio de la Puerta Cauriense, fuera de los muros de la ciudad. Junto a esta iglesia, que fue posteriormente destruida por Almanzor, existía un monasterio, en el que vivió San Martín de León, que era canónigo regular de la Orden Agustianiana y que está actualmente sepultado en la colegiata leonesa de San Isidoro y en el siglo XII, se levantó un hospital que también llevó su nombre.

La devoción que los leoneses mostraban por San Marcelo hizo que fuera declarado patrono principal de la ciudad, pero sus restos mortales estaban lejos, en Tánger al norte de Marruecos, por lo que al ser liberada dicha ciudad por parte del rey de Portugal en el siglo XI, León solicitó las reliquias de su conciudadano, aunque también Sevilla y Jerez de la Frontera querían tenerlas. La disputa se zanjó cuando el rey Fernando el Católico las llevó personalmente a León el día 29 de marzo del año 1493. Allí fueron colocadas en una nueva iglesia construida al santo, iglesia que fue reedificada en el año 1588 por los maestros Juan del Ribero y Baltasar Gutiérrez, aunque las obras finalizaron en el año 1628. Como sabes, las reliquias de San Marcelo se encuentran en una urna de plata que está colocada en el altar mayor. En el retablo barroco de Santiago Velasco están las esculturas de San Marcelo, de Santa Nona y de sus doce hijos. Según algunos documentos del siglo XV que se conservan en el archivo del Ayuntamiento, la acogida que tuvieron las reliquias fue la mayor manifestación de júbilo de la ciudad.

En esta iglesia, se conservan además en otras urnas, las reliquias de sus presuntos hijos Claudio, Lupercio y Victorico y las del abad San Ramiro mártir leonés, así como un pergamino en el que se narran los numerosos milagros atribuidos al santo en la época del traslado de las reliquias, otro que atestigua que una reliquia quedó en la iglesia de San Gil de Sevilla y algunas cartas del rey Enrique IV de Castilla y de Isabel la Católica al Papa Sixto IV comentándole el traslado del cuerpo del mártir.

Antiguamente, las reliquias de San Marcelo junto con las de San Froilán eran sacadas en procesión cada vez que la ciudad sufría algún tipo de calamidad pública. Todos los años, el 9 de octubre, el capítulo catedralicio y junta municipal leonesa acudían al templo de San Marcelo para asistir a la misa solemne.

La iconografía es variada y está inspirada en la vida del Santo. La imagen del santo que se conserva en la iglesia es obra del escultor Gregorio Fernández y está en la parte central del altar, aunque rodeada por las de sus hijos y esposa, como ya dije antes y en el Museo provincial de tu ciudad se conserva una pequeña pintura gótica policromada del siglo XIV en la que aparecen él, su esposa e hijos.

Antonio Barrero


Fuente: www.preguntasantoral.com

30/10 - Los Santos Mártires Cenobio y su hermana Cenobia


Estos Santos eran de Egas en Cilicia, y fueron educados en la piedad por sus padres.

Cenobio era médico y curó a muchos gratuitamente por el poder de Dios; debido a su virtud, fue consagrado obispo de Egas.

Junto con su hermana fue apresado por Lisias el Gobernador, y tras sufrir muchas torturas, ambos fueron decapitados hacia el año 290, durante el reinado de Diocleciano.

“Liturgikon (La divina liturgia) de San Juan Crisósotomo, de San Basilio, de los Dones presantificados”. Vasile Bogdan Buda et al (eds.)


Edición bilingüe (rumano-español) preparada por el Rev. Dr. Bogdan Vasile Buda, Rev. Iosif Dumea y Dr. Radu Muresan.


Esta obra ha sido llevada a cabo con el apoyo económico del Fondo de Nueva Evangelización de la Conferencia Episcopal Española.


Hoy existen tres formas de la liturgia bizantina: la de san Juan Crisóstomo, que es la más conocida y celebrada; la de san Basilio el Grande, que se celebra diez veces al año, sobre todo en los domingos de Cuaresma; y la de san Gregorio Magno o la Misa de los Dones Presantificados, que se celebra los miércoles y los viernes de Cuaresma.


La presente edición de la divina liturgia ha sido recomendada por su eminencia, cardenal Lucian Mureşan, arzobispo mayor de la Iglesia Greco-Católica Rumana, y de Mons. Dr. Virgil Bercea, obispo de Oradea y responsable de la pastoral de los fieles greco-católicos presentes en la Comunidad Europea. Su preparación fue realizada por el responsable de los sacerdotes greco-católicos presentes en España, Rev. Dr. Bogdan Vasile Buda, sacerdote greco-católico de la diócesis de Madrid, con la colaboración de Rev. Călin Băgăcian, sacerdote greco-católico de la diócesis de León; de Rev. Iosif Dumea, sacerdote de la archidiócesis de Bucarest en Madrid; de Dr. Radu Mureşan, profesor de Música y Liturgia en la diócesis de Oradea, Rumanía, y de Dr. Mariano Ulla Anes.


FICHA


Editorial: Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.)

Autor: Bogdan VASILE BUDA, Iosif DUMEA y Radu MUREŞAN (eds.)

Código: OL0034

Colección: Obras litúrgicas

Páginas: 214

Edición-Impresión: 1-1 cartoné con sobrecubierta (2016)

ISBN: 978-84-220-1874-2

Materia: Obras litúrgicas

Precio: 28,85€ (sin impuestos)

miércoles, 28 de octubre de 2020

“Filocalía”. Nicodemo el Hagiorita y Macario de Corinto


La Filocalia es una obra de Nicodemo el Hagiorita y Macario de Corinto. Edición crítica de cuatro volúmenes introducida y anotada por M. Benedetta Artioli y M. Francesca Lovato, de la comunidad de Monteveglio, y supervisada por el Dr. Luis Glinka ofm, profesor de Patrología en la Universidad Católica Argentina.

La Filocalia se presenta por primera vez en español en su edición íntegra y crítica. Éste representa un hecho cultural y religioso de significativa importancia para la espiritualidad latinoamericana, pues brinda una valiosa contribución en la búsqueda de respuestas desde los valores espirituales y humanos del hombre del Occidente cristiano que atraviesa una profunda crisis en dicho sentido.

La Filocalia (amor a lo bello o al bien) integra los clásicos de la espiritualidad oriental más importantes y prestigiosos, inmediatamente después de la Sagrada Escritura, en el mundo greco-eslavo. Y sus enseñanzas han ejercido una marcada influencia, lo que explica que aún sea leída en el mundo oriental eslavo y también en el Occidente latino. El influjo que estos escritos han ejercido en el cristianismo oriental puede ser equiparado al de las Confesiones de san Agustín y la Imitación de Cristo en Occidente.

La Filocalia centra la atención, especialmente, en la unión con Dios mediante la práctica de la oración continua o la oración de Jesús. Por ello, es necesario aprender a leer y entender el mensaje de la Filocalia según la acción divina. Asimismo, no se debe limitar a la “letra”, sino que además se debe comprender su espíritu.

En el primer volumen se incluye la edición crítica completa de los textos de Nicodemo el Hagiorita, Antonio el Grande, Isaías el Anacoreta, Evagrio el Monje, Casiano el Romano, Marcos el Asceta, el Presbítero Hesiquio, Nilo el Asceta, Diadoco de Fótice, Juan Carpacio y Teodoro de Edesa. Los escritos de este volumen señalan la actividad espiritual unida a la práctica de los mandamientos, de las virtudes morales y evangélicas, mediante la invocación continua del Nombre de Jesús y el fuego de Dios que devora las pasiones.

El segundo volumen recoge, principalmente, varios trabajos del destacado místico palestino Máximo el Confesor, que representan dos tercios de este libro. A continuación se incluye una serie de escritos breves de otros autores de similar estilo: Talasio Líbico, Juan Damasceno, el Abate Filemón, Teognosto de Alejandría, Filoteo el Sinaíta, Elías el Presbítero y Teófano el Monje. Los textos de Máximo el Confesor tienen como tema central la deificación a través de la gracia santificante, y enseñan que Dios se hizo hombre para que el hombre pueda hacerse Dios, es decir, hijo adoptivo, mediante la gracia divina. El hombre, según la teología espiritual del santo, está llamado a santificarse en Dios, injertándose en Cristo-Dios.

El tercer volumen contiene los textos de Pedro Damasceno, Macario el Egipcio, Simeón el Nuevo Teólogo, Niceta Stethatos, Teolepto de Filadelfia, Nicéforo el Monje y Gregorio Sinaíta. Los temas de espiritualidad en este volumen se centran en la práctica de la oración continua; la ascesis espiritual, bajo la acción divina del Espíritu Santo; la contemplación divina hasta llegar a la sublimidad mística. Aquí, los místicos proponen un método de oración, pero sin imponer la unificación, sino respetando la libertad y el modo particular de cada uno.

El cuarto volumen contiene los escritos de Gregorio Palamas, Calixto e Ignacio Xanthopoulus, Calixto Telicoudes, Calixto Catapugiota, Simeón de Tesalónica, Simeón el Nuevo Teólogo, Gregorio Sinaíta y Máximo Causocaliba.

La publicación integral de la Filocalia es un aporte y un homenaje que Occidente rinde a la sabiduría y el "Amor a la Belleza" (tal es el significado de "filocalia") del cristianismo oriental.


29/10 - Nuestro Justo Padre Abramio


Nuestro Justo Padre Abramio, nacido en Edesa de Mesopotamia en el año 296, adoptó la vida monástica y atrajo a muchos paganos a Cristo.


A la muerte de sus padres, su sobrina María se unió a Abramio en su eremitorio y, bajo la guía de este, avanzó mucho en el amor a Dios. Posteriormente, por culpa de las añagazas del Maligno, la mujer cayó en pecado y, desesperándose por ello, dejó a su tío y se convirtió en prostituta. Cuando Abramio averiguó dónde se encontraba su sobrina, se disfrazó de hombre mundano y fue a visitarla, dirigiéndole numerosas exhortaciones que hicieron que María volviera a su primera esperanza en la misericordia de Dios, fuera rescatada de la prostitución y acabara su vida en gran santidad.


Abramio y María eran amigos de San Efrén el Sirio, que fue quien escribió su historia.


Abramio reposó en el Señor en el año 366.

29/10 - Anastasia la Mártir de Roma


Santa Anastasia, joven que vivía en un convento, fue apresada por los impíos.

Tras confesar abiertamente y con valentía a Cristo y sufrir muchos tormentos, fue decapitada en el año 256, durante el reinado de Valeriano.

martes, 27 de octubre de 2020

“Las liturgias orientales”. Henri-Irénée Dalmais


El cristiano occidental se sorprende, en principio, por la multiplicidad de Iglesias orientales, cada una con su propia liturgia, y más aún por las interferencias que aparecen entre varias de estas Iglesias en el mismo territorio. ¿No existen tres patriarcas católicos titulares de la sede de Antioquía (Grecomelquita, Sirio, Maronita) y dos patriarcados disidentes (Greco-Ortodoxo, Sirio-Jacobita), sin mencionar un título, puramente honorífico, de rito latino? Y en cualquier gran ciudad de Oriente, como el Cairo o Alepo, se pueden contar una decena de obispos de distintos ritos, aunque los cristianos sean una minoría dentro de la población.


Por esto parece indispensable, antes de presentar las liturgias orientales, recorrer rápidamente la historia para comprender los orígenes y las razones profundas de la situación presente.


FICHA


Editorial: DESCLEE DE BROUWER

Año de edición:1991

Materia: Cristianismo

ISBN: 978-84-330-0870-1

Páginas:200

Colección: Biblioteca catecumenal

28/10 - Santos Hermanos Vicente, Sabina y Cristeta, Mártires de Talavera


La Sierra de San Vicente

La comarca de la Sierra de San Vicente la configuran distintos pueblos de la provincia de Toledo ubicados de forma radial en torno a la misma sierra: Almendral de la Cañada, Buenaventura, Cardiel de los Montes, Castillo de Bayuela, Cervera de los Montes, Garciotún, Hinojosa de San Vicente, La Iglesuela, Marrupe, Navamorcuende, Nuño Gómez, Pelahustán, El Real de San Vicente, Sartajada, Segurilla y Sotillo de las Palomas. Así pues, la Sierra de San Vicente es un macizo formado por el pico de San Vicente y el de las Cruces, entre los que discurre un valle de tres kilómetros conocido por el Piélago, en los términos municipales de Hinojosa, Real de san Vicente y Navamorcuende. En la cumbre del cerro de San Vicente se encuentran hoy unas ruinas de lo que fue un célebre eremitorio muy tardío, fundado en el siglo XVII.

La tradición de aquella comarca señala que entre las breñas y peñascos de granito del cerro, estuvieron refugiados durante la persecución e Diocleciano los santos mártires Vicente, Sabina y Cristeta. Allá por 1633 Francisco de Randona creyó ver en una cueva las señales que dejaron los santos mártires y sobre ella labró a sus expensas, una pequeña ermita donde hizo vida de anacoreta junto con otros compañeros, tomando el hábito de san Pablo y más tarde el de la orden carmelita. 

Pero volvamos a los Santos Mártires de Talavera. Esta es su historia

El Prefecto Daciano

Cuenta la historia que cuando los emperadores Diocleciano y Maximiano mandaron a España como Prefecto a Publio Daciano, hombre bárbaro y cruel, tenían el perverso intento de extinguir, si se pudiese, la religión y el nombre cristiano, a cuyo fin Daciano hizo todos cuantos esfuerzos y tentativas le fueron posibles. Antonio Marchamalo y Miguel Marchamalo en su obra “La Iglesia Magistral de Alcalá de Henares” (Alcalá 1990, págs. 34-35) afirman que “todos los indicios hacen suponer que la llegada de Daciano a Barcelona se produjo en julio del año 304, provocando el martirio de san Cucufate y san Félix Africano el 25 de julio y el 1 de agosto, respectivamente. En Gerona, en octubre del mismo año, serían martirizados el obispo Poncio y san Narciso; mientras, que el 6 de noviembre, sufriría martirio el obispo de Barcelona san Severo. Al año siguiente, el 12 de febrero pudo llegarle el martirio a santa Eulalia de Barcelona en presencia del propio Daciano que, al mes siguiente, se dirigió al centro de la Península siguiendo la calzada que por Zaragoza venía a Complutum.

En la propia Zaragoza se martirizó a santa Engracia en el mes de abril junto con sus 18 compañeras y, desde allí, bajando Daciano por la Cartaginense, llegaría a Complutum en agosto de 305 donde dio muerte a Justo y Pastor el día 6 de aquel mes. Desde Complutum iría a Toledo, donde el 9 de diciembre se produce el martirio de santa Leocadia y, desde Toledo, debió de dirigirse Daciano a Valencia, pues la persecución en Lusitania (Portugal), según los martirologios, debió de tener lugar en octubre y estuvo dirigida no por Daciano, sino por su delegado Calfurniano, que tenía su centro de operaciones en Mérida, dando origen a martirios en aquella zona como los de Verísimo, Máxima y Julia el 1 de octubre en Lisboa, el 23 de octubre en Ávila Vicente, Sabina y Cristeta y el 10 de diciembre, de nuevo en Mérida, santa Eulalia. Así pues, esta persecución de los cristianos en España comenzaría en la provincia Tarraconense (Gerona, Barcelona, Zaragoza y Calahorra), para proseguir en la Cartaginense (Alcalá y Toledo) desde donde se irradiaría a la Lusitania (Ávila, Lisboa, Mérida y Braga) y a la Bética (Córdoba, Sevilla y Écija)”.

Los Santos mártires de Talavera

Aunque tardía, se conserva una Passio (documento que narra su martirio o Pasión) y un “Himno” litúrgico que se cree de época visigótica. El Sacramentario mozárabe contiene una misa dedicada a ellos. Las narraciones nunca dieron protagonismo a Calfurniano y, sin embargo, presentan al mismo Daciano en la ciudad de Talavera. En Ebora de la Carpetania (actual Talavera de la Reina, Toledo) nacieron los hermanos Vicente, Sabina y Cristeta, en su antigua calle de Granada, llamada actualmente de Santa Lucía. El joven Vicente, educado en la religión cristiana, era ejemplar en su conducta y su modestia servía de edificación hasta a los mismos paganos. A pesar de las prohibiciones imperiales, practicaba el culto cristiano y adoraba a un solo Dios. Denunciado ante Daciano, éste ordena que le lleven ante una estatua de Júpiter para obligarle a que ofrezca incienso con amenazas de muerte si no obedece. Los guardias lo conducen con este fin y por el camino sucede el primer hecho prodigioso: una piedra se reblandece y Vicente queda materialmente clavado en ella por los pies y el báculo. Los guardias huyen aterrorizados y el joven se dirige a su casa, recoge a sus hermanas Sabina y Cristeta y huyen los tres a través de la Sierra que hoy lleva su nombre. Daciano envía un destacamento para detenerlos. Los tres hermanos serán capturados cerca de Ávila y martirizados cruelmente.

El sepulcro de los Santos Mártires, en la basílica de San Vicente de Ávila, es uno de los más bellos del arte románico español. En las paredes norte y sur del sepulcro se hallan esculpidas las escenas más importantes de la vida y del martirio de los tres jóvenes talaveranos: sus prácticas de piadosos cristianos en Talavera, la cruel persecución de Daciano que pretendía que Vicente honrase a los dioses ofreciéndoles incienso, la negativa de Vicente, la huida de éste con sus hermanas a través de la sierra hacia Ávila y su llegada a la ciudad, su prendimiento y el doble martirio (descoyuntamiento en el potro de tortura y aplastamientos con los bloques de piedra)…

El relicario de Talavera de la Reina

Para preservar las reliquias de los santos mártires Vicente, Sabina y Cristeta de la invasión musulmana, según recoge la “Crónica” de Alfonso X, el Sabio, se transportaron de Ávila al Monasterio de San Pedro de Arlanza en 1063. Después, debido al estado de destrucción de este convento, se trasladaron en 1835 a la iglesia mayor de San Cosme y San Damián de Covarrubias y luego a la capilla de los Mártires de la Catedral burgalesa, donde permanecían hasta que se autorizó el traslado de una parte a Ávila en el año 2002, puesto que el magnífico sepulcro de la Basílica de san Vicente de Ávila permanece vacío. Ildefonso Fernández en su “Historia de Talavera de la Reina”, editada en el año 1896, explica que “al monasterio burgalés de San Pedro de Arlanza acudió la villa de Talavera suplicando, en 1638, que se le concediese alguna parte de tan venerandos recuerdos, a lo cual accedió aquella comunidad… según se detalla al por menor en un pergamino guardado en la misma arquita en que las dichas reliquias se custodian en la Colegial de Talavera”.

Algún historiador, todavía recientemente, ha puesto en duda toda la historia de las reliquias y, hasta la propia existencia de los tres jóvenes mártires, pero no podemos olvidar el valor histórico y religioso de éstas reliquias y su importante significado en la historia de la fe cristiana en España ya que fueron referencia de identidad cristiana de los reinos medievales españoles. Os invitamos a conocer más a estos mártires visitando la iglesia Colegial de Talavera de la Reina. Así como la magnífica Basílica de San Vicente de Ávila donde está el cenotafio y las arquetas con las reliquias de los tres hermanos que reposan bajo el altar mayor. Y, cómo no, el increíble paraje de la Sierra de San Vicente y cada de sus pueblos. 

Jorge López Teulón


Fuente: Archidiócesis de Toledo

28/10 - Nuestro Justo Padre Esteban el Sabaíta


San Esteban pasó su vida en la disciplina ascética en el Monasterio de San Sabas, de donde recibe el apelativo de «Sabaíta».

Fue consagrado obispo y reposó hacia el año 790, dejándole a la Iglesia una serie de troparios melismáticos.

28/10 - Santos Mártires Terencio y Eunice


El lugar y la época del martirio de estos Santos Mártires son desconocidos, pero se sabe que fueron decapitados tras sufrir muchos y amargos tormentos.

28/10 - Protección de la Santa Madre de Dios


Entre las festividades orientales dedicadas a la Santa Madre de Dios es posible distinguir entre las que tienen relación con las acciones de la Santa Virgen durante su vida mortal y su posterior actividad entre los creyentes cristianos. En la primera categoría podemos incluir su Natividad, la Presentación en el Templo, la Anunciación, Natividad de Nuestro Señor y, por supuesto, la Dormición de la Santa Virgen. En la segunda categoría pueden incluirse un número de milagrosas apariciones -como la de la iglesia de Blaquerna de Constantinopla, probablemente en los años 20 del siglo X- o algunos otros milagros como la derrota de los árabes y eslavos que asediaron Constantinopla; y no cabe olvidar diversas curaciones milagrosas, incluso resurrecciones de entre los muertos, milagros que son recordados en algunos himnos dedicados a Ella, como el Akathistos y la Paraclísis de la Madre de Dios.

La fiesta ortodoxa más impresionante en honor de la Virgen María, perteneciente a la segunda categoría, es sin duda la Protección de la Theotokos, celebrada el 1/14 de octubre en la tradición eslava y rumana y el 28 de octubre en las Iglesias griegas. Más conocida como la Pokrov en los países eslavos, Acoperamantul Maicii Domnului en Rumanía o Skepi en Grecia y Oriente, la fiesta trata acerca de la milagrosa aparición de la Santa Madre de Dios en la iglesia bizantina de Blaquerna, pero también tiene que ver con una santa reliquia conocida como el Velo de Nuestra Señora. Además, el vocablo griego skepi lo mismo significa “protección” que “velo”.

La historia de una milagrosa aparición

La fiesta de la Protección se celebra en relación con la extraordinaria vida de un loco por Cristo, San Andrés de Constantinopla. Su biógrafo, el sacerdote Epifanio de la catedral de Santa Sofía, hizo notar que Andrés tenía ascendencia eslava y era esclavo en la corte de un noble de Constantinopla. Una noche él recibió el mandato divino de actuar como un loco para cumplir una misión especial. A partir de ese momento, Andrés vivía en las calles o bajo los pórticos de las iglesias, junto a los mendigos, vagabundos y prostitutas, haciendo a primera vista cosas estúpidas, pero en realidad tratando de devolver a la fe muchos pecadores.

Después de un tiempo viviendo así, se hizo amigo de Epifanio, un sacerdote de la catedral a quien confesó su auténtica identidad y el significado de sus actos. Poco después Epifanio se convirtió en “aprendiz” de Andrés, quien le contó sus visiones y le enseñó el auténtico modo de vida cristiano.

El Sinaxario Griego para la Fiesta de la Protección de Nuestra Señora afirma que San Andrés, junto con Epifanio, participó en una vigilia nocturna el día 1 de octubre, noche del sábado al domingo, en la iglesia de Blaquerna, un importante lugar de peregrinación en Constantinopla, construido en torno a 450 por la emperatriz Pulqueria. La oración especial tenía su razón de ser en la amenazada libertad de la ciudad, sometida a un ataque bárbaro. No queda clara la identidad de los atacantes.

Eso sucedió “en tiempos del emperador León el Sabio” (refiriéndose a León IV, 886-912). Hacia las cuatro de la madrugada, Andrés alzó sus ojos al cielo y vio, junto a su discípulo, que la Virgen María estaba allí, suspendida en el aire, rodeada de luz y orando, su rostro anegado de lágrimas. En la visión, que no era sólo visible para Andrés y Epifanio, sino también para otros que estaban allí en la iglesia, la Santa Virgen estaba rodeada de ángeles, junto con San Juan Evangelista y San Juan Bautista. Su oración está citada en el himno Akathistos de la Protección de la Theotokos. En el Sinaxario dice así: “Padre celestial, recibe a todos los que te glorifican y pronuncian Tu Santo Nombre en todo lugar. Santifica los lugares donde mi nombre es recordado y glorifica a quienes te glorifican y me honran a mí, Tu madre. ¡Recibe todas sus oraciones y promesas y líbralos de todos los males y necesidades!” Después de terminar su oración, Ella caminó hacia el altar y siguió orando. Poco después, el peligro se extinguió y la ciudad se salvó una vez más. Después de un instante, Ella se quitó el velo (omophorion o mandylion) y lo desplegó sobre toda la gente congregada en la iglesia, como signo de su protección. Entonces San Andrés se volvió hacia su discípulo, Epifanio, que estaba junto a él, y le preguntó: “¿Ves, hermano, a la Santa Theotokos rezando por todo el mundo?” y Epifanio respondió, “¡Sí, Santo Padre, la veo y estoy maravillado!”.

La celebración de la Protección de la Theotokos en este día tiene su motivo en algo más que este evento aislado. Se podría decir que está más bien conectada con diversas salvaciones milagrosas de la ciudad de Constantinopla, en peligro debido a muchas invasiones extranjeras. La primera vez que la capital del Imperio Bizantino fue asediada, fue en 626 a manos de los persas y los escitas, durante el reinado de Heraclio. Tras una procesión con los iconos y una reliquia de la Virgen María (probablemente su velo; pues su túnica, velo y parte del cinturón habían sido traídas desde Palestina por orden de León I en 473), una repentina tormenta dispersó la flota enemiga en el Cuerno de Oro, cerca de la iglesia de Blaquerna, y Constantinopla se salvó. En honor a este suceso, el patriarca Sergio (o, según otros, el diácono Jorge Pisida) compuso el famoso himno Akathistos.

Los árabes asediaron la ciudad en 717-718, pero perdieron la batalla de un modo similar, y más tarde la gente de Rus – los ancestros de los rusos -, liderados por Askold y Dir en 860, según las Crónicas Primigenias. El patriarca Focio y el emperador Miguel encabezaron una vigilia nocturna en la iglesia de Nuestra Señora de Blaquerna. El cronista dice que “el tiempo estaba estable, y el mar estaba en calma, pero un fuerte viento se levantó, y cuando grandes olas se alzaron enfrente, confundieron los barcos de los paganos de Rus, los lanzó a la costa y los destruyó, de modo que pocos escaparon a tal destrucción y regresaron a su tierra natal”. Según Néstor, la fiesta de la Protección celebra la destrucción de esta flota en algún momento del siglo IX, lo que no puede ser correcto, ya que San Andrés vivió a principios del siglo X.

En cualquier caso, según la tradición rusa, se cree firmemente que los bárbaros que cercaron Constantinopla en tiempos de San Andrés procedían de Kievan-Rus. Los hechos históricos establecen que en 907 la capital bizantina fue atacada por las tropas de Oleg de Novgorod, quien reclamaba para su gente derechos especiales de comercio con el Imperio. León lo combatió y la ciudad se salvó, pero ellos volvieron a atacar en 911, y entonces el tratado se firmó. El 1 de octubre de 907 era sábado, lo que confirma la información.

Por último, la protección de la Theotokos sobre Constantinopla tiene relación con una potencial invasión búlgara en 926, cuando el zar Simeón fue disuadido de atacar la ciudad después de que le fue mostrado el Santo Velo.

Es interesante hacer notar que la Fiesta de la Protección empezó a ser celebrada en el siglo XII por los rusos, la gente que en aquella época atacó Constantinopla. La celebración se expandió por todo el cristianismo oriental, pero hasta hoy su importancia destaca especialmente en los países ortodoxos de lengua eslava.

La reliquia del Velo Protector

Parece ser que el Velo Protector es un omophorion, similar a una corbata. Su forma está atestiguada por su representación en los iconos. Los obispos ortodoxos llevan un omophorion como símbolo de la plenitud del poder jerárquico.

El Velo de la Theotokos, junto con su cinturón y otras sagradas reliquias, fueron traídos desde Palestina por orden el emperador León I el Tracio (457-474) y permanecieron hasta 473 en la iglesia de Blaquerna, siendo muy popular debido a diversos milagros relacionados con él. Una parte del Velo Protector o quizá su totalidad fueron donados por la emperatriz bizantina Irene como regalo al emperador Carlomagno, como parte de una negociación matrimonial. Carlomagno lo donó a la catedral de Chartres, donde ha permanecido hasta hoy, aunque pequeños trozos del mismo se difundieron por todo Occidente. Como ejemplo, un trozo es conservado hoy en día en la iglesia de San Josafat de Detroit, Estados Unidos.

El Velo continúa jugando su papel en la historia bizantina, aunque más como culto ritual que como veneración física.

Otra venerada reliquia: el cinturón de la Theotokos

En Oriente, la veneración a la Theotokos están relacionada con el “cinturón de la Theotokos”, actualmente conservado en una pequeña caja en el monasterio Vatopedi (monte Athos), hecho de pelo de camello. Según la tradición, el centro del mismo fue bordado con hilo de oro por la emperatriz Zoe de Constantinopla, que fue curada por el santo cinturón.

Yendo atrás, la tradición afirma que esté cinturón fue dado milagrosamente a Santo Tomás Apóstol, que llegó tarde al funeral de la Santa Madre, como prueba de su asunción a los cielos. Primeramente el cinturón se quedó en Jerusalén. El emperador Arcadio (395-408) fue el que lo llevó a Constantinopla, primero a la iglesia de los Santos Apóstoles y más tarde a Blaquerna (durante el reinado de la emperatriz Pulqueria, 450-453), y permaneció allí, junto con otras reliquias (como ya se ha dicho) hasta la época de Justiniano, cuando fue trasladado a Santa Sofía. Como he dicho antes, la emperatriz Zoe, siendo curada al llevar este cinturón, lo hizo bordar con hilo de oro, y lo colocó de nuevo en el relicario. Este evento se marca en el calendario ortodoxo como la Fiesta de la puesta el Cinturón en el relicario (31 de agosto). Finalmente fue tomado por los búlgaros de Ionita Caloian, tras una batalla perdida por Alexios Angelos III (1195-1203) y llegó al monasterio de Vatopedi, entregado por Lazar, el zar de los serbios en 1389.

Después de esto, el santo cinturón fue llevado en largas procesiones durante grandes epidemias, como la peste en Valaquia (1813) y en el Imperio Otomano (1871), o en tiempos actuales, en diferentes países, para su veneración.

El icono de la Santa Protección

El icono de la fiesta representa a la Santa Virgen de pie entre los fieles con los brazos extendidos en oración y envueltos con un velo, rodeada de ángeles y de los doce apóstoles, obispos, santas mujeres, monjes y mártires, que permanecen bajo el velo. Ella lleva en sus brazos extendidos el santo velo, que simboliza la protección de su intercesión.

Bajo esta escena, que representa a la Iglesia celestial, está la Iglesia terrenal, probablemente la misma Blaquerna, donde aparece un joven varón vestido de diácono, que lleva en su mano izquierda un rollo con el texto del Kontakion de la Natividad, que honra a la Madre de Dios (“Hoy, la Virgen da a luz Al que está más allá de la Vida…”). Éste es San Román el Melodista, un himnógrafo celebrado también el 1 de octubre. Aunque no está directamente conectado a esta fiesta, su historia habla de cómo recibió el carisma de escribir melodías en honor a los Santos después que la Santa Madre le dijo en sueños que comiese el rollo que ella le daba. Al hacerlo, él empezó a estar inspirado para escribir.

Junto a él, a la derecha están Andrés y Epifanio, y a la izquierda están también el emperador León el Sabio y la emperatriz Zoe (que fue milagrosamente curada de una enfermedad -probablemente epilepsia- al llevar el cinturón de la Theotokos) y el patriarca de Constantinopla de la época, que fue probablemente Eutimio I (entronizado en marzo de 907).

El icono de la Pokrov podría estar relacionado con la imagen occidental de la Virgen de la Misericordia, en la cual la Virgen extiende su manto para cubrir y proteger un grupo de fieles suplicantes. Esto es conocido en Italia a partir de 1280. Una de estas escenas aparece en la iglesia de San Bonifacio de Fulda, Alemania.

Troparion (himno) de la Fiesta

“Hoy los fieles celebran la fiesta con alegría iluminada por tu venida, oh Madre de Dios.
Contemplando tu pura imagen clamamos fervientemente a ti: rodéanos en torno al precioso velo de tu protección; líbranos de todas las formas de mal, rogándole a Cristo, tu Hijo y Nuestro Dios, que salve nuestras almas”.

Mitrut Popoiu


Fuente: Preguntasantoral

“La urgencia de la unidad cristiana”. Artículo del Archimandrita Demetrio


El 23 de agosto pasado, gracias a la fraternidad ecuménica de Mons. Carmel Zammit, Obispo de la Diócesis Católica de Gibraltar, tuve la gozo de celebrar la Divina Liturgia para la pequeña comunidad ortodoxa de esa ciudad con ocasión de la clausura de la Fiesta de la Dormición de la Madre de Dios. Previamente, estuve presente en la Eucaristía celebrada en la catedral católica de Santa María Coronada.


A pesar de las muestras de respeto mutuo no pudo dejar de dolernos la separación de nuestras Iglesias. Era norma en la antigüedad el definir la verdadera fe como "ortodoxa" y la Iglesia como "católica". El término "ortodoxo" era empleado por todas las Iglesias antiguas para expresar su unión de fe con la Iglesia de los tiempos apostólicos. Las diferencias comenzaron cuando se quiso explicitar lo que esta unión de fe significaba para cada Comunidad.


Si admitimos que Dios ha creado al hombre para divinizarlo, para conducirlo a los esponsales divinos, debemos admitir también una concepción dinámica de la Iglesia. No podemos, simultáneamente, afirmar que Dios existe y, a continuación, cerrarnos a los demás. Aunque exista una división entre los cristianos, en lo profundo de nuestro ser seguimos siendo uno. Cuando en las Comunidades no ortodoxas se celebra una Liturgia Eucarística que nutre a sus santos están dando testimonio de un grado de eclesialidad que debe admitirse como legítima en una teología activa de la Iglesia. La existencia de un santo es suficiente para contestar radicalmente nuestra división en el sentido de que esta santa persona, en cierta manera, ha superado el pecado de división de los cristianos a lo largo de la tormentosa historia de la Iglesia.


Me parece que san Serafín de Sarov o san Francisco de Asís, así como otros grandes siervos de Dios han realizado en sus vidas la idea de la unión de las Iglesias. Estos santos son ya ciudadanos de la Iglesia universal y única y que han, por así decirlo, sobrepasado las divisiones confesionales en su estado superior. En las alturas, con su santidad, han derribado las murallas de las que el metropolita Platón de Kiev decía: "Las murallas de nuestras divisiones no llegan al cielo".


Dios está más allá de lo que podamos pensar o decir. Como hemos sido creados a imagen de Dios, el amor humano y la experiencia que haga el hombre de su libertad para el bien o para el mal, en las ciencias o la técnica, en el arte o la vida diaria, todo esto son "misterios", es decir, realidades sin fondo. De la misma manera, la Iglesia está lejos de reducirse a una mera institución, una realidad del mundo espacio-temporal, un fenómeno sociológico y jurídico; la Santa Iglesia es un "misterio divino-humano" que se sitúa más allá de lo que vemos, decimos o comprendemos. Sólo Dios conoce los límites efectivos de su Iglesia. Debemos rechazar la confusión entre lo que podemos percibir o concebir humanamente y la realidad efectiva de la Iglesia. De la unidad, de la santidad, de la catolicidad y la apostolicidad hay, ciertamente, diversos grados fuera de los límites visibles de nuestras Iglesias. Debemos admitir con alegría y acción de gracias que por y en el Espíritu Santo, la redención de Cristo resucitado espera a todos los hombres y mujeres ¿Cómo podemos pensar que el Espíritu Santo, extendido ampliamente en Pentecostés, no actúa de manera deificante sobre aquéllos que guardan inquebrantable fidelidad a su fe? No debemos pensar en la Iglesia como institución sino como la Esposa virginal del Resucitado conforme a la teología matrimonial de san Pablo (Ef. 5, 29-33), bien entendido que Esposo y Esposa son un mismo cuerpo y que allí donde está Cristo también está su Iglesia.


El ecumenismo, que no pretende hacer una Iglesia más grande y poderosa porque nada es de ella sino de su divino Señor, supone la conversión, el arrepentimiento y la humildad. Es lo contrario al proselitismo: no se trata de convertir a otros, sino a uno mismo. No se trata de vivir y pensar contra el "otro", sino de vivir y pensar hacia "él". En cualquiera de las Confesiones a las que pertenezcamos debemos pasar, onerosa pero saludablemente, por el crisol purificador de una "metanoia", de un arrepentimiento.


Los cristianos orientales han padecido a lo largo de los años una serie de sufrimientos que no han afectado a Occidente. También han vivido en una gran pobreza, lo que ha suscitado entre ellos unos Santos que han brillado con una luz inimaginable. La confianza de los ortodoxos en la gloria de su Iglesia es una necesidad saludable para el resto de la Cristiandad. Cuando los orientales abandonen su recelo contra Occidente descubrirán su propio genio y su fuerza espiritual así como su aportación a la civilización mundial. En ese momento, el diálogo con Roma deberá ser en igualdad, sereno, lejos de toda polémica y libre de autodefensas. Quizás entonces los ortodoxos otorguen al Obispo de Roma las prerrogativas necesarias para ayudar a "la prosperidad de las santas Iglesias de Dios" en todo lo que sea necesario. Lo único que piden los cristianos orientales es estar enteramente presentes, tomando parte en todo lo que concierne a la acción y al testimonio común.


Gracias a la bondad de nuestro Dios, proclamamos el mismo Evangelio; celebramos los sacramentos; en la diversidad de nuestras Liturgias nos dirigimos al Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo; recibimos los siete Concilios ecuménicos; veneramos a la Santísima Virgen María y gran número de santos comunes. Todo ello son señales que nos llaman a la comunión "sin absorción ni fusión, sino un reencuentro en la verdad y el amor".


En ese diálogo Dios nos hará descubrir sus "maravillas. Él, que hizo de nosotros una sola Iglesia durante mil años, será capaz de hacernos considerar mutuamente a nuestras Iglesias, bajo la inspiración del Espíritu Santo, como: "Iglesias hermanas, responsables juntas de conservar a la Iglesia de Dios en su fidelidad a la voluntad divina".



Archimandrita Demetrio

27/10 - Néstor el Mártir de Tesalónica


Tal y como queda mencionado en la historia de San Demetrio (ver el 26 de octubre), este Santo luchó por la fe durante el reinado de Maximiano, en el año 290.

lunes, 26 de octubre de 2020

Homilía del Archimandrita Demetrio para el día de su onomástica


San Demetrio, originario de Tesalónica, vivió en la época de los emperadores Diocleciano y Maximiano y sufrió martirio por Cristo a principios del siglo IV. Su muerte fue así: un celebra gladiador de origen pagano y favorito del emperador, llamado Lyaios, se presentó en el estadio de Tesalónica retando a la población a que luchara contra él. El joven soldado Néstor, compañero de san Demetrio que ha había sido arrestado por su condición de cristiano, aceptó el reto no sin antes acercarse a la cárcel a pedir la bendición y oraciones de san Demetrio. En la lucha, san Néstor mató al gigante gladiador dejándolo tendido en la arena. Maximiano montó en cólera y averiguando donde estaba la causa de la victoria ordenó matar a Demetrio y a Néstor. Este hecho es el que se resume en el himno que cantamos cada 26 de octubre: " La cristiandad ha encontrado en ti un gran aliado en los momentos de peligro, oh atleta victorioso de las naciones paganas. Tú que has humillado la insolencia de Lyaios alentando a Néstor en el estadio, ruega a Cristo Dios, oh gran mártir Demetrio, que nos conceda su gran misericordia".


¿Qué significa para nosotros, cristianos del siglo XXI, este hecho heroico, este martirio ocurrido hace 1700 años?


El martirio ha sido situado y ha sido celebrado por la Iglesia antigua como el grado más alto de la vida espiritual y el culto a los santos fue, en sus comienzos, el culto a los mártires. El misterio de la sangre voluntariamente derramada transforma al hombre en "eucaristía": el mártir no es solamente "amigo" de Cristo, sino que se convierte también en "partícipe" de la vivificante Cruz del divino Salvador. Así como la Cruz de Cristo se identifica con su resurrección, también la sangre vertida por el mártir se contempla, al mismo tiempo, como vino eucarístico y como vino de embriaguez espiritual. En el punto álgido de su "pasión" el mártir experimenta la alegría inefable de Pascua. El mártir no tiene miedo a la muerte porque Cristo ha vencido a la muerte y la ha cambiado por resurrección. No es un estoico, ni necesariamente un asceta ni, con frecuencia, menos aún un combatiente voluntario; por lo general es una persona humilde que, no obstante, en lugar de volverse insensible o rebelarse en el momento de la prueba, se abandona totalmente a Cristo con infinita confianza. Entonces Cristo los libra del dolor sustituyéndolo por alegría. Así. por ejemplo, en el martirio de las santas Perpetua y Felicidad. vemos a ésta última gemir en prisión por los dolores de parto de su hija y mientras el carcelero se burla de ella, Felicidad encuentra la fuerza para responderle: "Ahora soy yo sola la que debe soportar lo que soporto, pero has de saber que en la arena será otro el que soportará en mi lugar lo que yo sufra por Él". Y tal como figura en el relato de su martirio, la santa apareció durante el tormento en un estado de éxtasis.


¡Qué lección para todos nosotros! Ante estos hombres y mujeres que recibían la muerte pronunciando palabras de amor, la sociedad romana de la época y sus dirigentes empezaron a adquirir una cierta toma de conciencia y a interesarse poco a poco por los nuevos valores que proponían estos adeptos a Cristo. La no sumisión en nombre de la conciencia y de la fe, es decir, en nombre de la más alta libertad personal, esta extraña conducta de oposición "no por odio, sino por amor", terminó por demostrar durante los primeros siglos de la era cristiana, que el poder del hombre se encuentra limitado por el misterio de la persona. Así, en el año 313, el poder romano  tuvo que reconocer oficialmente la libertad religiosa para los cristianos, y con ello para todos, bajo la forma de decreto imperial conocido como el Edicto de Milán. Este hecho fue verdaderamente obra, junto a otros, de san Demetrio.


Bien es verdad que la sociedad cristiana traicionó con frecuencia, más tarde, su lucha por la libertad. Nuestra Iglesia Ortodoxa ha continuado constantemente aplicando el principio de "lo único necesario" con un asombroso ejemplo: la continuidad de sus mártires. No sólo de los mártires de los emperadores paganos o heréticos, sino también de la época de la ocupación otomana, con numerosos mártires griegos bajo el poder turco, así como los casos ocurridos bajo los regímenes totalitarios del siglo pasado, mártires torturados o ejecutados en los gulags u otros lugares de detención.


La enseñanza de los mártires es que Dios, y sólo Dios, es la verdadera libertad del hombre. El cristiano, aún estando en el mundo, no es del mundo y, por tanto, lo puede cambiar. La presencia de la Iglesia entre los hombres de todos los tiempos, su capacidad de independencia, la fuerza del testimonio de "lo único necesario" es que Cristo resucitado libera al mundo de su fatalidad y le ofrece una salida por el poder del Espíritu Santo actuando en todo el universo. Añadamos también que junto a los mártires de la sangre se encuentra el martirio "blanco" de los monjes, esos hombres que con su oración y su silencio, su transparencia y su paz, permiten a las energías divinas fecundar misteriosamente la historia. Aún más, junto a los mártires y los monjes hay que situar a todos nuestros fieles, conocidos o desconocidos, que cada día dan testimonio de una vida más fuerte que la muerte a pesar de las pruebas y de las burlas que han de soportar de quienes les rodean.


"¡Da tu sangre y recibe el Espíritu!" En la santa persona de nuestro Gran Mártir Demetrio el Myroblita el tiempo queda suspendido. Con él vivimos tanto el ayer como el presente. A través de él vemos desplegarse siglo tras siglo la cadena indisoluble de los mártires y los testigos de Cristo. San Demetrio ofrece sus sangre por su divino Maestro y, a cambio, recibe el Espíritu de Dios. Roguemos para que por su intercesión se nos conceda el Espíritu vivificante, el "agua viva" que su gracia irrigue sin cesar toda la creación y de la que tanta necesidad tenemos hoy día para saciar nuestra propia sed.



+ Arch. Demetrio