domingo, 29 de mayo de 2016

Visita pastoral de S.E. Policarpo a Sevilla (Andalucía)


Invitamos a todos a participar el próximo domingo 5 de junio de 2016 en los Oficios que se celebrarán en nuestra Parroquia de Sevilla (c/ Doctor Relimpio, 2) con motivo de la visita pastoral de Su Eminencia Policarpo, Arzobispo-Metropolita de España y Portugal y Exarca del Mar Mediterráneo.

A las 10:30 empezaremos con el rezo de las Horas Tercia y Sexta, y a las 11:00 comenzará la Divina Liturgia. Después de la ceremonia habrá un ágape fraterno en la iglesia.

¡Todos son bienvenidos!

jueves, 26 de mayo de 2016

ΑΝΤΙΠΡΟΣΩΠΕΙΑ ΤΟΥ ΟΙΚΟΥΜΕΝΙΚΟΥ ΠΑΤΡΙΑΡΧΕΙΟΥ ΕΙΣ ΤΗΝ ΑΓΙΑΝ ΚΑΙ ΜΕΓΑΛΗΝ ΣΥΝΟΔΟΝ


Ἀνακοινοῦται ὅτι ἡ σύνθεσις τῆς Ἀντιπροσωπείας τοῦ Οἰκουμενικοῦ Πατριαρχείου εἰς τήν Ἁγίαν καί Μεγάλην Σύνοδον τῆς Ὀρθοδόξου Ἐκκλησίας ἔχει ὡς ἑξῆς:

Α. Θ. Παναγιότης, Οἰκουμενικός Πατριάρχης κ. κ. Βαρθολομαῖος, Πρόεδρος τῆς Ἁγίας καί Μεγάλης Συνόδου
1. Σεβ. Ἀρχιεπίσκοπος Καρελίας καί πάσης Φιλλανδίας κ. Λέων
2. Σεβ. Μητροπολίτης Ταλλίνης καί πάσης Ἐσθονίας κ. Στέφανος
3. Σεβ. Μητροπολίτης Γέρων Περγάμου κ. Ἰωάννης
4. Σεβ. Ἀρχιεπίσκοπος Γέρων Ἀμερικῆς κ. Δημήτριος
5. Σεβ. Μητροπολίτης Γερμανίας κ. Αὐγουστῖνος
6. Σεβ. Ἀρχιεπίσκοπος Κρήτης κ. Εἰρηναῖος
7. Σεβ. Μητροπολίτης Ντένβερ κ. Ἠσαΐας
8. Σεβ. Μητροπολίτης Ἀτλάντας κ. Ἀλέξιος
9. Σεβ. Μητροπολίτης Πριγκηποννήσων κ. Ἰάκωβος
10. Σεβ. Μητροπολίτης Προικοννήσου κ. Ἰωσήφ
11. Σεβ. Μητροπολίτης Φιλαδελφείας κ. Μελίτων
12. Σεβ. Μητροπολίτης Γαλλίας κ. Ἐμμανουήλ
13. Σεβ. Μητροπολίτης Δαρδανελλίων κ. Νικήτας
14. Σεβ. Μητροπολίτης Ντητρόϊτ κ. Νικόλαος
15. Σεβ. Μητροπολίτης Ἁγίου Φραγκίσκου κ. Γεράσιμος
16. Σεβ. Μητροπολίτης Κισάμου καί Σελίνου κ. Ἀμφιλόχιος
17. Σεβ. Μητροπολίτης Κορέας κ. Ἀμβρόσιος
18. Σεβ. Μητροπολίτης Σηλυβρίας κ. Μάξιμος
19. Σεβ. Μητροπολίτης Ἀδριανουπόλεως κ. Ἀμφιλόχιος
20. Πανιερ. Μητροπολίτης Διοκλείας κ. Κάλλιστος
21. Πανιερ. Μητροπολίτης Ἱεραπόλεως κ. Ἀντώνιος, ἐπί κεφαλῆς τῶν Οὐκρανῶν Ὀρθοδόξων ἐν ΗΠΑ
22. Πανιερ. Ἀρχιεπίσκοπος Τελμησσοῦ κ. Ἰώβ, Μόνιμος Ἀντιπρόσωπος τοῦ Οἰκουμενικοῦ Πατριαρχείου παρά τῷ Παγκοσμίῳ Συμβουλίῳ Ἐκκλησιῶν
23. Πανιερ. Ἀρχιεπίσκοπος Χαριουπόλεως κ. Ἰωάννης, ἐπί κεφαλῆς τῆς Πατριαρχικῆς Ἐξαρχίας τῶν ἐν τῇ Δυτικῇ Εὐρώπῃ Ὀρθοδόξων Παροικιῶν Ρωσσικῆς Παραδόσεως
24. Θεοφ. Ἐπίσκοπος Νύσσης κ. Γρηγόριος, ἐπί κεφαλῆς τῶν Καρπαθορώσσων Ὀρθοδόξων ἐν ΗΠΑ

Εἰδικοί Σύμβουλοι:

25. Θεοφ. Ἐπίσκοπος Χριστουπόλεως κ. Μακάριος (Ἐσθονία)
26. Πανοσιολ. Ἀρχιμανδρίτης κ. Τύχων, Καθηγούμενος Ἱερᾶς Μονῆς Σταυρονικήτα Ἁγίου Ὄρους
27. Αἰδεσιμολ. Πρωτοπρεσβύτερος τοῦ Οἰκουμενικοῦ Θρόνου κ. Κωνσταντῖνος Μύρων (Γερμανία)
28. Ὁσιωτάτη Μοναχή Θεοξένη, Καθηγουμένη τῆς Ἱερᾶς Μονῆς Ζωοδόχου Πηγῆς-Χρυσοπηγῆς Χανίων
29. Ἐντιμολ. κ. Παντελεήμων Βίγκας, Ἄρχων Μ. Χαρτοφύλαξ τῆς Ἁγίας τοῦ Χριστοῦ Μεγάλης Ἐκκλησίας (ΚΠολις)
30. Ἐλλογιμωτάτη κυρία Ἐλισάβετ Προδρόμου, Καθηγήτρια (Η.Π.Α.)

Πανοσιολ. Ἀρχιμανδρίτης κ. Βαρθολομαῖος Σαμαρᾶς, Ἀρχιγραμματεύς τῆς Ἁγίας καί Ἱερᾶς Συνόδου, Γραμματεύς τοῦ Προέδρου

Ἐν τοῖς Πατριαρχείοις, τῇ 26ῃ Μαΐου 2016
Ἐκ τῆς Ἀρχιγραμματείας τῆς Ἁγίας καί Ἱερᾶς Συνόδου

viernes, 20 de mayo de 2016

O Patriarca Ecuménico celebrou São João o Teólogo nas ruínas de uma basílica a ele dedicada em Éfeso


O Patriarca Ecumênico Bartolomeu I celebrou no domingo 08 de maio a Divina Liturgia por ocasião da festa de São João o Teólogo nas ruínas da basílica dedicada a este santo em Éfeso.

Visitando a região de Ionia, constava na agenda patriarcal a inauguração da Igreja de São João, recentemente restaurada, em Sirince, perto de Izmir, bem como presidir o serviço litúrgico de Vésperas na antiga Basílica onde aconteceu o Terceiro Concílio Ecumênico de Éfeso em 431, e, finalmente, celebrar uma Liturgia na segunda-feira 09 de maio na Igreja dos Santos Constantino e Helena, em Menemen, ainda na região de Izmir.



jueves, 19 de mayo de 2016

"El icono de la Santísima Trinidad"


San Sergio de Rádonezh (1313-92) no legó tratado alguno de teología, pero su vida toda estuvo consagrada por entero a la Santísima Trinidad. A solo siete años de su muerte, ya uno de sus discípulos, san Nicono, encargaba al famoso Andrés Rublev pintarla en memoria suya.

Puesto manos a la obra, logró transmitir en su celebérrimo icono (1425) el ritmo mismo de la vida trinitaria, su diversidad única y el movimiento de amor que identifica las Personas sin confundirlas. Icono de los iconos, el Concilio de los Cien capítulos lo erige siglo y medio más tarde en modelo pictórico de la Trinidad adorable.

Es su fuente Juan 17,21: «para que todos sean uno». Y el trasfondo, la historia salutis. Y su inspiración, la «teofanía de Mambré» u «hospitalidad de Abraham» (Gn 18,1-10a). «Hospitalidad» en griego da filoxenía, amor al extranjero, antónimo de xenofobia. Leemos en Heb 13,2: «No os olvidéis de la hospitalidad (filoxenía); gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a ángeles». Es decir, a Dios. Junto a la encina de Mambré ofreció Abraham, en efecto, una cena de acogida a unos viajeros desconocidos.

Es idea común en Oriente que tanto el que acoge como el acogido participan de una bendición. Abraham y Sara son bendecidos por sus huéspedes, y dicha bendición hará florecer el desierto de su esterilidad. Nada volverá a ser como antes. Algunos Padres de la Iglesia, san Agustín por ejemplo, llegaron a detectar en estos tres personajes una prefiguración trinitaria. Los tres tienen el mismo rostro. Los tres, teología sublime. Los tres, comunión divina y repercusión ecuménica.

El del centro representa a Cristo, cuyo color marrón de la túnica es signo de su humanidad. Una tira, estola dorada, sobre su hombro derecho muestra que es el Mesías rey. Viene de un largo camino de cruz. De ahí que el cuello de la túnica esté ligeramente descolocado. El árbol a sus espaldas no es sino la encina de Mambré convertida en árbol de vida: el del conocimiento del bien y del mal del que comieron Adán y Eva. La liturgia juega con los árboles del Edén y del Calvario: «el que venció en un árbol fuera en un árbol vencido» (Prefacio de la Exaltación de la Santa Cruz).

La mano se apoya sobre la mesa: los dos dedos extendidos muestran que en Él se unen lo humano y lo divino. Cabeza y mirada se dirigen hacia su derecha. Llevados de este movimiento también nosotros somos conducidos al Padre. Que Cristo no solo no nos retiene, sino que nos muestra el rostro del Padre: «Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras» (Jn 14,10). Su mano derecha reproduce el gesto del Padre: la bendición.

El de la izquierda es el Padre. Un manto de color indefinible cubre la túnica azul. Origen sin origen y Dios inefable, está en postura de reposo. Sus manos sostienen el bastón, símbolo de serena autoridad. La casa sobre su cabeza: morada de Dios, de la que Jesús dice: «En la casa de mi Padre hay muchas mansiones..., voy a prepararos un lugar» (Jn 14,2). «Si alguno me ama, guardará mi Palabra; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Jn 14,23). El poder de su amor se refleja en la mirada del ángel del centro: «Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6).

Las líneas del lado derecho del ángel central se amplifican conforme se acercan al de la izquierda. En el lenguaje simbólico de líneas las curvas convexas designan siempre la palabra, el despliegue, la revelación. Las cóncavas, por contra, denotan obediencia, abnegación, receptividad. El Padre está vuelto hacia el Hijo. Le habla. El movimiento que recorre su ser es el éxtasis. Se expresa enteramente en el Hijo: «Todo lo que tiene el Padre es mío» (Jn 16,15).

El ángel de la derecha representa al Espíritu Santo. Sobre la túnica azul, signo de su divinidad, lleva un manto verde yerba que simboliza su poder para renovar la vida sobre la tierra. Detrás, una montaña, lugar del encuentro con Dios: Moisés, en el Sinaí. Elías, en el Horeb. Jesús en el Tabor. Su mano toca la mesa, y comunica a la Tierra la divina santidad. Parece buscar apoyo en la mesa como para levantarse. Está como inclinado en medio del Padre y del Hijo: es el Espíritu de la comunión. El movimiento parte de él.

El Padre inclina su cabeza hacia el Hijo. La posición vertical del Hijo traduce toda su atención, su rostro está como cubierto por la sombra de la cruz; pensativo, manifiesta su acuerdo con el mismo gesto de la bendición. Si la mirada infinita del Padre contempla el único camino de salvación, la elevación apenas perceptible de la mirada del Hijo traduce su consentimiento. El Espíritu Santo se inclina hacia el Padre; está sumergido en la contemplación del misterio, su brazo tendido hacia el mundo muestra el movimiento descendente, Pentecostés.

De las dos copas, una es visible sobre la mesa. La otra, visualizada siguiendo los perfiles de los personajes que representan al Padre y al Espíritu. Ambas, signo del cáliz eucarístico. La rodean los tres y está ubicada en el corazón de otra más grande que dibujan los dos ángeles laterales. El tema de la conversación no puede ser sino la copa eucarística. En ella está el cordero que Abraham ofreció a los ángeles. Es el Cordero de Dios. A través del amor de Cristo, que se nos ofrece en la Eucaristía, se realiza la nueva creación, tiempo de salvación y apertura a la eternidad de Dios.

Compartir la copa eucarística es adentrarse en el misterio del amor que mana de Cristo, el salvador que viene de un largo camino de muerte, simbolizado por el cuello descolocado de su túnica, pero también de resurrección y de gloria reflejas en la estola dorada que luce. La invitación de Dios en la Eucaristía es un exhorto a hacernos hijos en el Hijo: no sólo compartimos la copa, sino que nos hacemos parte de ella, el sacrificio y el triunfo de Cristo son también nuestro sacrificio y nuestro triunfo.

Las miradas denotan la relación interna de las tres divinas personas. Las manos, su participación en la historia salutis. Hay cruce de miradas entre el Padre y el Hijo en cuyo centro se introduce la del Espíritu Santo: es la vida interna de la Trinidad de Dios, incesante generación de amor entre el Padre y el Hijo e infinita presencia de amor en el Espíritu. Divino amor que, lejos de estar destinado a permanecer encerrado en Dios, se derrama en el mundo. La mesa en el centro es el altar. El mundo entero se convierte así en el ara y relicario de celebración cuando compartimos. La Santísima Trinidad es misteriosa comunión. Pero este círculo, si bien se nota en la tercera foto, no está cerrado. Se abre para incluir un cuarto personaje. ¡Ese personaje eres tú, soy yo, somos los redimidos, invitados todos al banquete de la boda mística!

Al practicar la acogida, Dios mismo nos acoge en la comunión del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios, que está a punto de levantarse y salir a nuestro encuentro. Ahora se dirige a nuestra vida para colmarla de divinidad. Si al contemplar el Misterio nos adentrábamos en su Vida, es ahora Dios mismo quien quiere posesionarse de la nuestra. Podríamos concluir la escena, bajar el telón y marcharnos, señal en dicho supuesto de habernos sentado a la mesa como convidados de piedra. También cabe, sin embargo, la posibilidad de abrir nuestra historia -¡ojalá!- y dejar que el Unitrino se llegue a ella, la envuelva y plenifique en sus pliegues más íntimos hasta reposarse y regalarnos con su infinita misericordia.

Los colores iconográficos poseen su propio lenguaje. En Rublev alcanzan una riqueza inigualable. El púrpura oscuro (amor divino) y el denso azul (verdad celeste) con el oro rutilante de las alas (abundancia divina) forman armonía perfecta que se perpetúa y se vuelve a encontrar en una tonalidad dulcificada como una revelación con los matices rosa pálido y lila claro a la izquierda, azul más suave y verde plateado a la derecha. El llamado «azul de Rublev» traduce el color del cielo de la Trinidad y del Paraíso.

En clave de «economía divina», los tres forman «el consejo eterno» y el paisaje entonces cambia de significado: la tienda de Abraham se convierte en palacio-templo; la encina de Mambré, en árbol de la vida. El ternero ofrecido como alimento hace sitio a la copa eucarística. Los tres muestran cuerpos muy alargados, de alada contextura que lleva a lo inmaterial. Conversan entre sí, quizás sobre el texto de Juan: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único» (Jn 3,16).

Detrás del Padre se alza un edificio que simboliza la casa de Dios. Aparecen los ángeles con la cabeza ligeramente inclinada, serenos ellos y concordes: suaves, aplacientes. Cuesta diferenciarlos, pues tienen el mismo rostro, como si nos invitaran a meditar sobre el misterio trinitario. No faltan especialistas para quienes el personaje del centro no sería Cristo sino el Padre. Sea quien fuere, el propio Rublev, en todo caso, nunca quiso identificarlos: su voluntad era, más bien, que el alma, lejos de pararse sobre ninguno en concreto, se adentrase a la vez en los tres dejándose abismar en la Trinidad Santísima: Icono de los iconos en alabanza al Misterio de los misterios.

Icono, en resumen, de gran belleza y armonía, modélico para la iconografía bizantina rusa de las épocas posteriores a san Sergio de Rádonezh y hasta san Serafín de Sarov, el san Francisco de Asís ortodoxo del siglo XIX. Sublime compendio pictórico de teología oriental, a menudo tan diversa ella de la occidental en sus manifestaciones iconográficas, aunque siempre idéntica en la realidad misma de los misterios.

Pedro Langa


Video - "The Holy and Great Council: a Gift from God"

"Acoger al prójimo". Intervención del Archimandrita Demetrio en la X Vigilia Ecuménica de Pentecostés


No deja de ser oportuno que se haya confiado a un ortodoxo exponer el punto de vista de los Padres de la Iglesia y de los monjes en la acogida a los emigrantes. No sólo porque el parecer de los Padres ocupa un lugar central en la tradición eclesial, sino también porque en Occidente la comunidad ortodoxa, en su diversidad, es el fruto de muchas migraciones y para nosotros, los ortodoxos de España, la migración es parte de nuestra existencia comunitaria y eclesial.

Quiero hacer dos reflexiones preliminares. La primera es que para los ortodoxos los Padres de la Iglesia, esos testigos luminosos de la fe y la vida cristiana, no desparecieron en la Edad Media sino que han seguido existiendo, reconociendo en ellos a las autoridades doctrinales, espirituales y morales de cada momento: por ejemplo, san Gregorio Palamás que vivió en el s. XIV; san Filarete de Moscú que vivió en el s. XIX o san Silvano del Monte Athos que vivió en el s. XX.

La segunda reflexión es que los Padres fueron en su mayor parte emigrantes. Pensemos en san Atanasio de Alejandría o san Hilario de Poitiers, que pasaron la mayor parte de su vida en el destierro; en san Agustín de Hipona, que vivió entre África e Italia; en san Jerónimo en Belén, san Juan Casiano, san Máximo el Confesor y otros. Sin embargo, estos Padres peregrinos no se interesaron específicamente por la inmigración como tal; su preocupación no era reflexionar sobre sociología o economía de los flujos migratorios, sino velar por el bienestar y la salvación de las personas en la jurisdicción que se les confiaba, fueran inmigrantes o locales. Predicaban que Cristo, revelando el misterio de un Dios personal, proclamó la dignidad eminente de cada persona, con independencia de su sexo, origen o estatus social, porque cada una de ellas es amada por Dios, que los creó a su imagen y semejanza.

El fenómeno que conmueve hoy a la humanidad no es nuevo. Hasta el s. X hubo incesantes migraciones producidas por la penuria, la miseria, la carencia de trabajo, las incursiones de los bandidos o las guerras. Algunas de estas migraciones eran temporales, pero la mayoría eran definitivas. Los caminos de Oriente se llenaban, no sólo de mercaderes, peregrinos o monjes, sino también de bandidos, de marginados y de personas que, solas o en grupo, dejaban su tierra para poder sobrevivir.

Para un emigrante conseguir el estatuto de ciudadano era casi imposible, vinieras de donde vinieras. La situación de extranjero era consustancial a todo emigrante, cualquiera que fuera la edad en que llegara o el tiempo que permaneciera en el lugar de adopción. Tenemos, pues, que guardarnos de idealizar la disposición de acogida en el mundo antiguo. Existía una desconfianza general hacia todo lo extranjero, un rechazo espontáneo, y es interesante constatar que, en latín, Hospes (huesped) y Hostes (enemigo) tienen la misma raíz que designa al extranjero con su significado ambivalente de fascinante e inquietante. En nuestro contexto del s. XXI no tenemos más que fijarnos en como el que emigra de su pueblo a la capital de la provincia adquiere el estatuto de xenos (forastero), con la vulnerabilidad que eso implica.

Sabemos que la acogida era ya practicada antes del cristianismo, en particular por las comunidades judías y los pueblos nómadas del Próximo Oriente. También en Grecia y menos en Roma. Isócrates decía que Atenas era "el asilo más seguro para el extranjero que había sufrido un revés de fortuna en su patria" , y si nos fijamos en la literatura clásica recordaremos en la Odisea las diversas acogidas de Ulises.

Los cristianos recogieron esta tradición dándole un sentido nuevo basado en dos razones:

a) La condición de extranjero es constitutiva de nuestra identidad eclesial: todo emigrante es, pues, figura de la condición del cristiano ​en este mundo.

b) La hospitalidad cristiana nace de dos principios teológicos: expresa la ​hospitalidad de Cristo y, a la vez, la acogida que Cristo dispensa a los ​emigrantes.

El mensaje central del Nuevo Testamento es que los cristianos están en el mundo sin ser del mundo (Jn. 17, 11-16), o como dice san Pedro en su 1ª Carta "xenous kai parepidimous" ("extranjeros y advenedizos"). Esta visión bíblica de la que participaba la Iglesia antigua nos hace comprender que los emigrantes nos son cercanos porque nos hablan de algo esencial en cuanto a nuestra identidad cristiana y humana. Los Padres estaban convencidos de que la acogida ofrecida por Abraham a los tres ángeles era una consecuencia de su propia extranjería. Admitir que nosotros somos fundamentalmente emigrantes en este mundo reduce, en gran medida, la alteridad con que nuestra sociedad recibe a los emigrantes.

Si los cristianos hemos recibido y desarrollado la acogida de la tradición bíblica y oriental, es porque esta práctica se inscribe en el plan de salvación del mundo: un plan que parte de la creación y que culminó en la Encarnación y la victoria sobre el mal y la muerte. La vida cristiana es imitación de la bondad divina; no servil y exterior, sino imaginativa e interior por la gracia del Espíritu Santo. Un texto sirio del s. III, la 12ª homilía del Pseudo-Clemente dice: "La grandeza del amor a los demás (filantropía) reside en que se trata de un afecto para todo hombre, cualquiera que sean sus convicciones, sólo por el hecho de ser hombre". Este amor a los demás toma en los emigrantes la forma de acogida, en griego "filoxenía" (amor al forastero).

Otra razón del fundamento teológico de la acogida son las propias palabras de Cristo: "Fui extranjero y me acogisteis" (Mt. 25,35). En la parábola del Juicio Final, Cristo se identifica misteriosamente con los pequeños, frágiles, abandonados y con los emigrantes que no tienen donde cobijarse. San Gregorio Magno cuenta la historia de un buen hombre que invitaba a su mesa a los extranjeros de paso por su ciudad y un día vio que un extranjero al que servía desaparecía súbitamente. A la noche siguiente oyó que Cristo le decía: "Los otros días me has recibido en mis miembros, pero ayer me recibiste a mí mismo". San Clemente de Alejandría atribuye a Cristo  un hermoso "ágrafon":  "¿Has visto bien a tu hermano? Pues has visto a Dios".

El Oriente ha visto en Cristo el prototipo del huesped por excelencia en el doble sentido del que hospeda y del que es hospedado. En los maitines del Sábado Santo, la Liturgia bizantina entona un canto que  expresa la petición de José de Arimatea a Pilatos reclamando el cuerpo de Jesús: "Dame ese extranjero, que desde niño ha recibido en el mundo la hospitalidad que se da a un forastero...Dame ese extranjero, a quien sus compatriotas dan muerte como si fuera un extraño...Dame ese extranjero que sabía recibir a los pobres y a los de fuera...Dame ese extranjero, para que le oculte en el sepulcro, pues él, como extranjero, no tiene donde reclinar su cabeza..." (Tropario tono 6). Al emigrante, pues, se le debe acoger con doble título: es imagen de Cristo y, a la vez, nos permite manifestar con nuestros actos la hospitalidad de Cristo. En estas relaciones fraternas es donde se puede contemplar nuestra semejanza con Dios.

Por todo lo que acabamos de exponer, los Padres de la Iglesia exhortaban a acoger a los extranjeros en todas circunstancias.

San Gregorio de Nazianzo llamaba a sus fieles a practicar la acogida para poder conservar lo recibido en el bautismo: "¿Que sabes de un extranjero sin alojamiento que está de paso? Recíbelo y, por medio de él, recibes a Aquél que por ti se hizo extranjero entre los suyos, que halló acogida en ti por la gracia y que te ha llamado a su morada". Vemos que esta acogida no responde a una simple moral voluntarista, sino que es un prolongación de la vida sacramental y eclesial.

San Ambrosio de Milán nos pone en guardia: "Si hemos sido duros y negligentes en la acogida de los extranjeros, cuando haya terminado el curso de nuestra vida terrestre, pudiera ser que, a su vez, los santos rechacen acogernos".

San Juan Crisóstomo dice: "Nosotros que somos extranjeros respecto al cielo, nosotros mismos, no ofrecemos acogida a los extranjeros". Este santo Padre exhortaba insistentemente a practicar la acogida y tomaba como ejemplo a Abraham que, siendo también él extranjero, acogió a los ángeles: "Cuanto menor es vuestro hermano, con más facilidad viene Cristo con él. Si recibís a una persona importante, con frecuencia lo hacéis por vanidad, pero el que recibe a un menesteroso, lo hace por Cristo. ¿No es vergonzoso que no tengáis un rincón donde acoger a un extranjero? Cristo viaja, desnudo y forastero, y con necesidad de cobijarse. ¡Ofrécele al menos eso, no seas cruel e inhumano! El santo obispo de Constantinopla no se para sólo en ofrecer techo, sino también en las atenciones de los necesitados, y lo hace con duras palabras: "¿Qué le aprovecha al Señor que su mesa (el altar) esté llena de vasos de oro si Él se muere de hambre? Saciad primero su hambre y luego, de lo que sobre, adornad también su mesa. ¿Haces un vaso de oro y no le ofreces un vaso de agua fresca? ¿Y qué provecho hay en que recubráis su altar de paños recamados de oro si a Él no le procuráis el necesario abrigo?...Si viendo a un desgraciado falto de sustento le dejaras a Él que se consumiera de hambre y tú te dedicaras a cubrir de oro su mesa ¿es qué te agradecería el beneficio o se irritaría contra ti? ¿Si viéndolo vestido de harapos y aterido de frío no le alargaras un vestido y te entretuvieras en levantar unas columnas de oro diciéndole que aquello era en su honor, no te diría que le estás tomando el pelo y lo tendría por el mayor insulto? Pues piensa todo esto sobre Cristo. El anda errante, peregrino, necesitado de techo...Al hablar así, repito, no es que prohíba que también en el ornato del templo no se ponga empeño; a lo que os exhorto es a que juntamente con eso o, más bien, antes que eso, se procure el socorro de los pobres. De no hacer lo primero a nadie se le culpó jamás, pero de omitir lo segundo se nos amenaza con el infierno. Mientras adornas el templo, no abandones a tu hermano en la tribulación, pues él es templo más precioso que el otro".

San Jerónimo escribe que "el laico recibiendo a uno o más extranjeros cumple con su deber de acogida, pero si el obispo no los recibe es inhumano". En su correspondencia con Nepotius le dice: "Que tu mesa sea frugal, pero que sea conocida por los pobres y extranjeros y que siempre cuente a Cristo por convidado".

San Gregorio Magno hace referencia a los discípulos de Emaús que convidaron a cenar y pasar la noche a un desconocido que encontraron en el camino: "No acogieron a Cristo como Dios, sino a un peregrino y, de esta manera, acogieron a Cristo mismo".

A primera vista parecería que si los Padres insistían tanto en la acogida es que, quizás, las cosas no andaban muy bien. Sin embargo, su predicación no se tomaban como quimeras, sino que, desde el principio, se llevaron a cabo. San Juan el Teólogo alaba en su tercera carta al presbítero Gayo por la acogida que dispensó a unos extranjeros que habían tenido que salir precipitadamente sin nada. San Justino el Filósofo relata como el "proestos" (quien preside) de la asamblea eucarística tomaba bajo su cuidado a los necesitados, citando textualmente la "acogida a los extranjeros". Juliano el Apóstata se queja en una carta que los cristianos socorrían a todos los necesitados, fueran cristianos o paganos.

Para atender a los necesitados, la Iglesia multiplicó los edificios especializados. San Basilio mandó edificar, cerca de Cesarea de Capadocia, un vasto complejo que san Gregorio llamó "Ciudad Nueva" y en otras fuentes aparece como "Basilópolis". Igual pasó en Ancira, Alejandría, Roma...etc. que se mantenían con los donativos de los fieles, incluso los más modestos, ofrecidos al principio de cada liturgia eucarística.

Imaginando a los monjes ocupados en la oración y la ascesis, podríamos inclinarnos a pensar que no se preocupaban de acoger a peregrinos. Sin embargo, tanto en el monacato de Oriente como de Occidente, la acogida es un acto sagrado. Desde las primeras fundaciones monásticas en Egipto y Asia menor, los monasterios incluían una hospedería, un lugar de acogida para forasteros. De san Pafnucio se cuenta que una noche oyó una voz que le decía: "Te pareces al alcalde del pueblo de al lado". Inmediatamente se puso en camino para conocerlo y tan pronto llamó a su puerta apareció aquel hombre que le lavó los pies y lo convidó a su mesa. San Daniel de Sceta cuenta que, yendo de viaje por Egipto, llegó a una ciudad en la que un buen anciano de nombre Eulogio recorría las calles, antorcha en mano, llevando a su casa a los extranjeros que hallaba sin hospedaje. Abba Apolo decía que "hay que saludar con veneración a los hermanos que nos visitan, porque no son a ellos, sino a Dios al que saludas". En el centro de Constantinopla, san Teodoro y sus monjes del monasterio Studion, se volcaban en acoger a los extranjeros que no conocían a nadie en la ciudad.

San Isaac de Nínive escribía: "En cuanto esté de tu parte, considera a todos los hombres dignos de bien...También nuestro Señor ha compartido su mesa con publicanos y prostitutas sin hacer distinción de dignos o indignos...Por eso has de considerar que todos los hombres son dignos de bien y de honor, y has de pensar de esta manera, sobre todo, porque se trata de tus hermanos, de hijos de tu misma naturaleza....".

Seamos francos, nunca hemos traspasado la barrera entre "Hostes" y "Hospes"  y hasta en las sociedades más abiertas aparece el temor ante lo que viene de fuera. Sin embargo el carácter de una civilización auténticamente humana se demuestra en el hecho de reconocer en todo extranjero a un hermano en la humanidad. En el cristianismo no es sólo el reconocer al hermano, sino, a través de esa persona, al Dios hecho hombre, a Cristo que recrea, reconcilia y unifica místicamente a toda la humanidad. Por eso, la acogida de aquellos cuya condición está marcada por la precariedad y la incertidumbre no es una simple prescripción moral, sino un acto central de la vida eclesial, "el sacramento del hermano" como lo llama san Juan Crisóstomo.

A la luz de su fe en Cristo, los santos Padres nos enseñan que tenemos necesidad de los inmigrantes para recordarnos que , también nosotros, estamos de paso en la tierra y que la acogida del otro permanecerá siempre como una dimensión fundamental de nuestra humanidad.


P. Archimandrita Demetrio
X Vigilia Ecuménica de Pentecostés
Madrid, 14 de mayo de 2016

miércoles, 18 de mayo de 2016

Mensagem do Patriarca Ecuménico sobre o Santo e Grande Concílio da Igreja Ortodoxa


Sua Santidade Bartolomeu I, Patriarca Ecumênico de Constantinopla, enviou uma mensagem a todos os membros da Igreja Ortodoxa sobre Santo e Grande Concílio, que se reunirá de 16 a 27 de junho deste ano de 2016 na ilha grega de Creta. Sua Santidade exorta a todos os fiéis, clérigos e leigos, homens e mulheres, jovens e velhos, a que rezemos por este grande evento da ortodoxia:

"Com a graça de Deus, que instituiu a Santa Igreja e a tem inspirado ao longo dos tempos, guiada e iluminada pelos Santos Padres e pelos Santos Concílios Locais e Ecumênicos, convocamos este Santo e Grande Concílio da Igreja Ortodoxa para o próximo mês de junho, em Creta.

Todos os Primazes das 14 Igrejas Ortodoxas Locais, bem como as Delegações de bispos e assessores, reunir-se-ão para manifestar e e expressar a unidade do Corpo de Cristo, proclamando à uma só voz uma mensagem de amor e esperança a um mundo que anseia pela alegria e a vida do Evangelho de Cristo.

O objetivo mais importante deste Concílio Pan-ortodoxo é confessar que a Igreja Ortodoxa é Una, Santa, Católica e Apostólica, unida através dos Sacramentos, dos Santos Cânones e dos Concílios Ecumênicos.

Reconhecemos que as pessoas esperam uma palavra da Igreja acerca dos muitos e prementes desafios de nossa contemporaneidade, ao mesmo tempo em que sentimos a necessidade de abordar alguns aspectos pastorais da nossa Santa Igreja. Que a Ortodoxia, após tantos séculos, siga exercitando a sinodalidade.

Suplicamos à plenitude da Igreja, clérigos e leigos, homens e mulheres, velhos e jovens, para orar por este singular e histórico evento. Que peçamos a Deus, em particular, para que fortaleça e inspire os líderes da Igreja a manifestar unidade em um mundo atormentado por conflitos e divisões.

Que Deus abençoe este Santo e Grande Concílio, e que a Sua Graça seja abundante entre todos vós!".


“Juan XXIII y las Iglesias Ortodoxas". Andrés Avelino Esteban y Romero


Nos hemos ceñido al mundo ortodoxo por varios y válidos motivos, que dan a su actitud y reacciones ante el movimiento unionista promovido por las llamadas de Juan XXIII, una especial significación y valor.

En primer lugar, por la innegable proximidad eclesial existente entre la Ortodoxia y Roma, reconocida constantemente por las más altas representaciones de una y otra Iglesia. Esta proximidad acentuada, si no tendría fuerza de consecuencias para enjuiciar las posibilidades de otros grupos cristianos más distantes de Roma que lo está la Ortodoxia, sí tiene valor para ponderar las dificultades y resistencias, ya que si los que tienen más puntos de contacto y comunión aún mantienen vivos los obstáculos más profundos a través de la historia de la separación y desunión cristianas, no será ilógico suponer que otras comunidades con diferencias y oposiciones no sólo más numerosas, sino también mucho más profundas, en la doctrina y en la vida eclesial, han de ofrecer muchas menos posibilidades de acercamiento.

En segundo término, por el especial momento unionista interno que vive la Ortodoxia. El padre Guillou, O. P., se hace eco en el último número de "Vers l'Unité Chretienne" de esta realidad de las Iglesias Ortodoxas, de todo el mundo ortodoxo en un momento de prometedora vitalización de su conciencia ecuménica, no sólo ya en un plano que podríamos llamar doméstico por referirse a las mismas Iglesias Orientales, sino porque lleva consigo la perspectiva inmediata de un diálogo directo con el mundo católico. Recoge a este propósito el citado P. Guillou una valiosa serie de testimonios de los mismos ortodoxos en los cuales se reconoce y ratifica esta realidad prometedora, concretada de un modo directo en la Sede Patriarcal Ecuménica, ante la cual se abre, en el sentir de los escritores y publicaciones de más autoridad, una nueva época histórica. Abogan estos testimonios por la reunión de toda la Ortodoxia en torno al Trono Ecuménico, si no para hacer del mismo el centro ideal, sí, al menos, su verdadera cabeza. Aducen, en urgencia de esta aspiración, el doble hecho de cómo el Catolicismo se une fuertemente en torno a la colina vaticana y el mismo Protestantismo se afana ansiosamente por crear una situación de mutuos reconocimientos que le preste una fuerte consistencia. Es justo reconocer, como subraya el P. Guillou, que ha sido la perspectiva del anunciado Concilio Católico la que ha acelerado este movimiento hacia el universalismo y la toma de conciencia ecuménica que caracteriza a la Ortodoxia en este momento. «La Ortodoxia se ha dado cuenta que la Iglesia Católica se interesa formalmente por ella. No se trata ya de una iniciativa de este o aouel teólogo, sino de la Iglesia Católica toda ella». («Vers l'Unité Chretienne», juillet-aout 1960, 37).

Tal vez pueda parecer, a primera vista, que este aglutinamiento interno de la Ortodoxia pueda resultar un reforzamiento exterior frente a la Iglesia Católica. Sin negar totalmente que el prestigio de la Sede Ecuménica pueda darle en algunos aspectos cierta mayor exigencia frente a Roma, lo que es un bien en sí mismo, no puede producir, en resumidas cuentas, sino un resultado en favor del bien. Y así lo esperamos, siempre estando Dios y su gracia por medio, en el problema de la reunión de las Iglesias cristianas.

Por último, este volumen forma parte de una obra de mayor extensión, a la que corresponde el título general de «Cristianos desunidos y esfuerzos unionistas»; y en ella figurarán otros voliimenes dedicados a Anglicanos y Reformados, así como a la actitud del Magisterio ante el problema.

lunes, 16 de mayo de 2016

Representación de nuestra Metrópolis en la consagración de la Iglesia de Santa María Magdalena de Madrid


El 15 de mayo de 2016, Domingo de las Mirróforas, el P. Archimandrita Demetrio (Sáez), Provicario, Penitenciario y Canciller de nuestra Metrópolis y Vicario Arzobispal para España Central y del Norte, Gibraltar y las Islas Canarias, asistió en representación de S.E. Policarpo, Arzobispo-Metropolita de España y Portugal y Exarca del Mar Mediterráneo -que se encontraba de visita pastoral en el Algarve- a la consagración del templo de la Parroquia de Santa María Magdalena, perteneciente a la Diócesis de Quersoneso (Patriarcado de Moscú y Toda Rusia).

Las ceremonias estuvieron encabezadas por Mons. Néstor (Sirotenko), Obispo de Quersoneso, y Mons. Antonio (Sevryuk), Obispo del Vicariato de la Madre de Dios y responsable de las Instituciones en el Exterior del Patriarcado de Moscú. A él asistieron igualmente representantes de varias Iglesias ortodoxas con comunidades en España y de otras confesiones.


Fotografía: Vasiliy Nioradze

"Las Iglesias apostólicas de Oriente". Juan Nadal Cañellas


Se hacía sentir en España la falta de un libro que explicase el origen y la historia de las Iglesias del Oriente cristiano, tan lejanas espacial y espiritualmente de nuestro país. 

La presente obra, publicada primeramente en Italia ha merecido los elogios unánimes de la crítica, hasta el punto de ser calificada de "indispensable para quien quiera acercarse a este argumento" (Il Sole-24 ore, 19.12.99, pág. 44). 

A propósito del autor, el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Florencia, Prof. Jean-Claude Marie Vigueur, escribe:

"El editor ha tenido la óptima idea de confiar al español Juan Nadal Cañellas, la tarea de escribir un compendio de las divisiones en la Iglesia y de la historia de cada una de las varias Iglesias, los principales hilos de una historia extremamente compleja y convulsa que las tiene expuestas (quizás incluso hoy) a continuos conflictos internos y persecuciones externas. En su género, este libro es una auténtica obra de arte" (Medioevo 28 [1999], 13).

FICHA TÉCNICA

Publicado por: Editorial Ciudad Nueva
Edición: 14/09/2012
Primera edición: 12/05/2000
ISBN: 978-84-89651-82-1
Páginas: 216 
Formato: 22x15 
Peso: 280 gr.
Precio: 12€


jueves, 12 de mayo de 2016

"El Misterio de la Fe". Metropolita Hilarión Alféyev


El libro El misterio de la fe se caracteriza por un enfoque integral y holístico. Para su autor no existe separación entre teología y espiritualidad, entre dogma y experiencia personal, entre fe y oración; juntos forman, al contrario, un todo indivisible.

El Metropolita Hilarión comparte la sentencia de los Santos Padres de que “el teólogo es aquel que reza”. No le interesa solamente describir, a la manera abstracta y “escolástica”, la creencia de los cristianos ortodoxos; quiere mostrar la enseñanza ortodoxa en términos personales, prácticos y dinámicos; como una forma de vida.

Un destacado Metropolita de Moscú del siglo XIX, San Filaret, solía decir que el Credo pertenece solo a los que lo viven. El presente libro sigue esta línea. La verdadera teología, insiste el Metropolita Hilarión, es imposible sin el sentido del asombro. Según dijo Albert Einstein, “el hombre que ha perdido la capacidad de maravillarse es como un hombre muerto”. Que este libro despierte en muchos lectores la capacidad de maravillarse frente a Dios.

El Metropolita Hilarión (Alfeyev) nació en Moscú en 1966. Dirige el Departamento de Relaciones Exteriores Eclesiásticas del Patriarcado de Moscú y es Rector de la Escuela de Posgrado y Doctorado Santos Cirilo y Metodio Iguales a los Apóstoles. Estudió violín y composición. Tomó los hábitos en 1987. Cursó teología en Moscú. En 1995 terminó la carrera en la Universidad de Oxford con el grado de Doctor en Filosofía.

Como Obispo de Viena y Austria se encargó de dirigir la Diócesis de Budapest y Hungría, así como de representar a la Iglesia Ortodoxa Rusa ante los organismos internacionales europeos en Bruselas.

Entre sus varios centenares de publicaciones destacan Misterio de la fe. Introducción en la teología dogmática (1996), Vida y enseñanza de San Gregorio el Teólogo (1998), Mundo espiritual de San Isaac el Sirio (1998), San Simeón el Nuevo Teólogo y la Tradición Ortodoxa (1998), Teología ortodoxa en el umbral de las épocas (1999), Misterio sagrado de la Iglesia. Introducción en la historia y problemática de debates acerca la onomatolatría (en dos volúmenes, 2002), En lo que creen los cristianos ortodoxos. Conversaciones catequísticas (2004), La Ortodoxia (en dos volúmenes, 2008-2009), El Patriarca Cirilo. La vida y el modo de ver el mundo (2009).

También es autor de varias composiciones musicales.

Nº de Páginas: 334
Medidas: 155 x 215 cm
Lengua: Castellano
Encuadernación: Rústica
ISBN13: 978-84-940525-9-0
Traducción: P. Mariano José Sedano, cmf. y P. José María Vegas, cmf.
Precio: 16,00 €.

"Viviendo la fe ortodoxa en España". Artículo del P. Víctor García


Por la gracia de Dios soy ortodoxo y por el amor de Nuestro Señor Jesucristo nací en España, país eminentemente católico romano que adolece de ciertos problemas que derivan en un estado cada vez menos creyente y por qué no decirlo, casi anti-cristiano y anti-iglesia, según se mire.

No es una mentira decir que actualmente el mundo cristiano vive en una crisis continua de Fe. Cada vez hay menos sacerdotes, menos  monjes y monjas, menos cristianos y menos creyentes. Esto no es nuevo sino una “evolución” de la sociedad hacia el individualismo y hacia el “yo me lo guiso, yo me lo como” sin rendirles cuentas a nadie ni a nada.

Esa crisis de Fe se hace patente en mi pequeña ciudad, tan llena de iglesias católicas romanas por su devenir histórico y que salvando algunos barrios, los domingos se encuentran vacías, con sacerdotes nonagenarios y misas que han perdido todo su carácter sacramental, litúrgico y espiritual.

Una ciudad que salvo una semana al año, no ve ni recibe a Cristo (a no ser que sea alguna fiesta de esas que van ligadas al buen comer y al buen beber) y es en esta ciudad donde en una humilde parroquia de confesión ortodoxa se encuentra un servidor, luchando contra todos los molinos en defender la ortodoxia en un país católico romano, en una ciudad católica romana y con un público cada vez más alejado de la iglesia, sea de la índole que sea.

La ortodoxia no es conocida más allá de las grandes ciudades de este país y en círculos muy pequeños, casi todos extranjeros, y eso se acentúa en esta ciudad, donde casi se relaciona la ortodoxia con el protestantismo por el desconocimiento general. A eso le sumamos que los fieles, en un 95% provienen de países de la ex-URSS o que han sido satélites de la misma, con una cultura distinta, una tradición distinta y una forma de ser distinta que en el fondo lo que hace es aumentar la reticencia de, al menos, conocer qué es la Iglesia Ortodoxa y los dos mil años de su historia ininterrumpida al creer los españoles que es una fe ajena a su cultura y a su historia. (¡Qué gran equivocación!)

Cuando un español se acerca por curiosidad a las puertas de la parroquia creen ver a mujeres por regla general mayores, con velos en la cabeza, cantando y haciendo la señal de la cruz repetidas veces junto a una liturgia incomprendida y a su juicio larguísima (¡Nunca hay tiempo largo para adorar a la Trinidad Indivisible!), lo primero que hacen es alejarse sin estar seguros de qué es lo que les va a pasar si entran dentro de la iglesia.

¿Cómo acercar nuestra pequeña parroquia a los españoles? ¿Cómo mostrar que existe otra forma de ver a Cristo, más cercano a los Padres Apostólicos, a los primeros cristianos y concilios ecuménicos.

Es sabida la dificultad que nos encontramos para poder contestar a estas preguntas en un lugar donde el arraigo católico romano es tan fehaciente hasta el punto de no mirar hacia mundo ortodoxo tan ignorado en occidente de forma que no se puedan romper con ideas preconcebidas, con el desconocimiento general y con la idea de que el cristianismo ortodoxo es una forma “radical” de cristianismo, con más leyes, más estricto y más prohibiciones...

Yo me pregunto ¿El problema es que la mayoría de los españoles tiene clara su fe católica romana o es más bien que han perdido gran parte de esa fe y sistema de creencias que por comodidad no buscan dentro del propio cristianismo? Quizás sí que buscan, pero renegando del  propio sentido cristiano y buscando las respuestas fuera de la Iglesia, potenciando tantas y tantas asociaciones de “New age” que crecen como champiñones en nuestras ciudades.

Es más fácil buscar fuera, muy fuera, lo que no se quiere ver dentro, muy dentro.

Así es más fácil romper sin ser visto. Esto último es lo que hace que la Iglesia Ortodoxa no se vea, ni se sienta fuera de los propios cristianos ortodoxos. ¿Cómo es posible dar a conocer la ortodoxia, si no se profundiza en el cristianismo y por voluntad propia se decide renegar del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y de la Madre de Dios?

La respuesta sigue estando en los Padres del desierto que por desgracia en el mundo occidental casi han dejado de tener presencia. ¿Por qué no volver hacia el cristianismo y buscar dentro de él Nuestra Iglesia, sigue viviendo la fe del Espíritu Santo en cada acto de nuestra vida mundana, cristalizando la razón cristiana en la Divina Liturgia cada domingo.

Oremos para que el mundo dé la espalda a su individualismo y orgullo  de forma que se pueda conocer la espiritualidad del oriente cristiano para que no se pierda de forma irreversible a Cristo en pos de una sociedad en la que prima pisotear al prójimo y no amarlo. Eso, sin duda nos aleja de Dios de la Iglesia y de cualquier buena cualidad del ser humano.

P. Víctor García
Parroquia de los Santos Isidoro y Leandro, Obispos de Sevilla

Memoria de actividades de S.E. Policarpo en el mes de abril de 2016


01/04: Asistió en la Catedral a la celebración de la 3ª Estación del Himno Acátisto a la SSma. Madre de Dios.

02/04: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia del 3º Sábado de los Difuntos de la Santa y Gran Cuaresma y seguidamente presidió la celebración del Oficio Sagrado de Gran Conmemoración de los Difuntos. Por la tarde, asistió en la Catedral a la celebración de las Vísperas del Domingo.

03/04: Celebró en la Catedral la Divina Liturgia Pontifical del 3º Domingo de la Santa y Gran Cuaresma, Domingo de la Veneración de la Santa Cruz, al término de la cual presidió la celebración del Oficio Sagrado de Veneración de la Santa Cruz. Seguidamente, presidió desde el Trono Episcopal (jorostasía) la celebración en la Catedral, a las h. 13:00, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, al término de la cual presidió la celebración del Oficio Sagrado de Veneración de la Santa Cruz.

06/04: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia de los Dones Presantificados.

07/04: Estuvo representado por el Rvdmo. Archimandrita Demetrio, Vicario Metropolitano, en la reunión en el Arzobispado católico de Madrid con el objeto de establecer en la Archidiócesis madrileña el Día de Oración para la protección y la salvaguardia del Medio Ambiente.

08/04: Estuvo representado por el Rvdmo. Archimandrita Demetrio, Vicario Metropolitano, en la conferencia del escritor y académico turco Karim Balçi, organizada por Arco Forum y Casa Turca de Madrid, en la sede de esta última. Asistió en la Catedral a la celebración de la 4ª Estación del Himno Acátisto a la SSma. Madre de Dios.

09/04: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia del 4º Sábado de los Difuntos de la Santa y Gran Cuaresma y seguidamente presidió la celebración del Oficio Sagrado de Gran Conmemoración de los Difuntos.

10/04: Celebró la Divina Liturgia del 4º Domingo de la Santa y Gran Cuaresma, dedicado a San Juan Clímaco, en el Templo de nuestra Parroquia de los SS. Jorge y Vicente en Valencia.

11/04: Estuvo representado por el Rvdmo. Archimandrita Demetrio, Vicario Metropolitano, en la firma en el Obispado de Segovia del contrato de concesión por parte de este último de una iglesia para las necesidades de nuestra parroquia local de San Jorge.

13/04: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia de los Dones Presantificados.

15/04: Presidió desde el Trono Episcopal (jorostasía) la celebración en la Catedral del Oficio Sagrado del Himno Acátisto a la SSma. Madre de Dios, durante la cual ha leído las 1ª y 4ª Estaciones de este Himno.

16/04: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta del Sábado del Himno Acátisto a la SSma. Madre de Dios y seguidamente presidió la celebración del Oficio Sagrado de Gran Conmemoración de los Difuntos. Por la tarde, asistió en la Catedral a la celebración de la Vísperas del Domingo.

17/04: Celebró en la Catedral la Divina Liturgia Pontifical del 5º Domingo de la Santa y Gran Cuaresma, dedicado a la Santa María de Egipto. Seguidamente, asistió en la Catedral a la celebración, a las h. 13:00, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid.

18/04: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio Sagrado de Gran Conmemoración de nuestra parroquiana Ecaterina Orfanides, con ocasión del 1º aniversario de su fallecimiento.

20/04: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia de los Dones Presantificados.

22/04: Asistió en la Catedral a la celebración de las Vísperas del Sábado de la resurrección de Lázaro.

23/04: Llegó s Zaragoza, donde se encontró en su despacho con el Excmo. Arzobispo de Zaragoza, D. Vicente. Seguidamente, celebró la Divina Liturgia Pontifical en el Templo de nuestra Parroquia de S. Jorge y de la Virgen del Pilar, al término de la cual instituyó como Lector de nuestra Sacra Metrópolis a nuestro parroquiano el Sr. Emilio. Seguidamente participó en el ágape parroquial. Por la tarde, asistió en la Catedral a la celebración de las Vísperas del Domingo de Ramos.

24/04: Celebró en la Catedral la Divina Liturgia Pontifical del Domingo de Ramos, al término de la cual ha bendecido y distribuido a los fieles los ramos de olivo. Seguidamente, presidió desde el Trono Episcopal (jorostasía) la celebración en la Catedral, a las h. 13:00, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, al término de la cual ha bendecido y distribuido a los fieles los ramos de olivo. Por la tarde, presidió desde el trono Episcopal (jorostasía) la celebración en la Catedral del Oficio del Esposo (Maitines del Lunes Santo).

25/04: Asistió en la Catedral a la celebración del Oficio del Esposo (Maitines del Martes Santo).

26/04: Presidió desde el Trono Episcopal (jorostasía) la celebración en la Catedral del Oficio del Esposo (Maitines del Miércoles Santo).

27/04: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia de los Dones Presantificados del Gran y Santo Miércoles. Por la tarde, junto con los clérigos de la Catedral, celebró el Sacramento del Óleo Santo.

28/04: Presidió desde el Trono Episcopal (jorostasía) la celebración en la Catedral de las Grandes Vísperas y de la Divina Liturgia de San Basilio Magno con ocasión del Gran y Santo Jueves. Por la tarde, presidió desde el trono Episcopal (jorostasía) la celebración en la Catedral del Oficio Sagrado de la Santa Pasión, durante el cual ha leído los 1º, 5º y 12º Evangelios.

29/04: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes y Reales Horas del Gran y Santo Viernes. Seguidamente, presidió desde el trono Episcopal (jorostasía) la celebración en la Catedral de las Grandes Vísperas Solemnes de la Deposición o Enterramiento de Cristo. Por la tarde, presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines del Gran y Santo Sábado u Oficio del Epitafio, durante el cual, junto a los clérigos y cantores de la Catedral, cantó el Himno Fúnebre a Nuestro Señor y salvador, seguido por la procesión alrededor de la Catedral del Epitafio de Cristo.

30/04: Celebró en la Catedral la Divina Liturgia Pontifical del Gran y Santo Sábado (El Descenso al Hades o Primera Resurrección).