sábado, 28 de septiembre de 2019

II Domingo de Lucas. Lecturas de la Divina Liturgia


2 Cor 11,31-12,9: Dios, el Padre del Señor Jesús –bendito sea eternamente– sabe que no miento. En Damasco, el etnarca del rey Aretas hizo custodiar la ciudad para apoderarse de mí, y tuvieron que bajarme por una ventana de la muralla, metido en una canasta: así escapé de sus manos. ¿Hay que seguir gloriándose? Aunque no esté bien, pasaré a las visiones y revelaciones del Señor. Conozco a un discípulo de Cristo que hace catorce años –no sé si con el cuerpo o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– fue arrebatado al tercer cielo. Y sé que este hombre –no sé si con el cuerpo o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– fue arrebatado al paraíso, y oyó palabras inefables que el hombre es incapaz de repetir. De ese hombre podría jactarme, pero en cuanto a mí, sólo me glorío de mis debilidades. Si quisiera gloriarme, no sería un necio, porque diría la verdad; pero me abstengo de hacerlo, para que nadie se forme de mí una idea superior a lo que ve o me oye decir. Y para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero él me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad». Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo.

Lc 6,31-36: Hagan por lo demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.

viernes, 27 de septiembre de 2019

27/09 - Santos Adolfo y Juan, Mártires


Hermanos sevillanos martirizados en Córdoba.

Su padre era un noble musulmán y su madre, Artemia, era cristiana. Entre ellos había buena convivencia aunque profesaban religiones distintas, pero los hijos eran musulmanes, condición impuesta por el marido. Cuando murió su marido, ella con sus hijos Adolfo y Juan y su hija Aurea se fueron a Córdoba porque allí había más tolerancia con los cristianos que en Sevilla.

Y es precisamente en Córdoba donde los dos hermanos se convierten al cristianismo y son denunciados por sus parientes paternos ante el califa Abd-el-Rhaman II. Por eso, fueron arrestados y condenados, sufriendo el martirio el día 27 de septiembre del año 824, al inicio del reinado de este califa y antes de iniciarse la persecución contra los mozárabes del año 850.

Su madre entró en el convento de Cuteclara, llegando a ser su abadesa, y su hermana Áurea, siguiendo el ejemplo de sus hermanos, abrazó también la fe en Cristo y entró en el monasterio de su madre. Áurea fue también martirizada el día 10 de julio del año 856.

Los cuerpos de Adolfo y Juan fueron sepultados en la iglesia de San Cipriano de Córdoba, y allí, en el año 858, fueron visitados por Usuardo, el autor de uno de los martirologios antiguos más famosos. Fue precisamente Usuardo el que los introdujo en su martirologio, y de éste pasó al Martirologio Romano. El abad Speraindeo ("Espera en Dios"), que era contemporáneo de los dos hermanos y maestro de San Eulogio, escribió la vida de estos mártires, pero este documento se ha perdido.


Fuente: Preguntasantoral

martes, 24 de septiembre de 2019

Visita pastoral de S.E. Policarpo a la Provincia de Málaga (Andalucía)

Ronda, 21/09/2019


Marbella, 22/09/2019

24/09 - San Silvano (Siluan) del Monte Atos


San Siluan se llamaba Simeón Antonov. Nació en el año 1866 en una aldea en Rusia. Llegó al Monte Athos en 1892, fue tonsurado monje en 1896 con lo que se le cambió el nombre a “Siluan o Silvano” y tomó la “Sjima” en el año 1911 (en la Iglesia Ortodoxa el monje recibe una nueva prenda llamada “sjima” con la cual sus votos de vida son mucho más severos). Cumplía su obediencia en el molino del monasterio del Viejo Rusik, y estaba a cargo de la economía. Falleció el 24 de septiembre de 1938, hace 70 años.


Simeón en su juventud trabajó como carpintero en una estancia en donde rezaba mientras trabajaba. Sintió el deseo de ser monje y entregar su vida a Cristo. Le pidió a su padre permiso para ingresar en el Monasterio de Lavra en Kiev, pero este se lo negó. Simeón cayó en el desanimo y siguió su vida como cualquier otro joven.



Su familia era grande: vivía con sus padres, 5 hermanos y 2 hermanas. Los hermanos mayores trabajaban con el padre. Siluan rápidamente ingresó en el bullicio de la vida y comenzó a desaparecer de su alma el primer llamado de Dios a la vida monacal. Pero Dios lo llamó de nuevo por medio de una visión. Una vez, después de pasar un tiempo indecentemente, se durmió y vio cómo una serpiente penetraba por la boca su interior. Sintió un fuerte asco, se despertó y al mismo tiempo escuchó las palabras: “Tú te tragaste en el sueño la serpiente y te dio asco; así a Mí no Me gusta ver lo que estás haciendo.” Simeón no vio a nadie, solo oyó la voz, que por su hermosura era totalmente singular. Según la indudable convicción de San Siluan en los años de su madurez esta fue la voz de la Madre de Dios. Hasta el fin de sus días, le dio gracias por haberlo visitado personalmente para salvarlo de la caída.

Este segundo llamado, ocurrido poco antes del servicio militar, decidió la elección de su futuro camino. Un cambio radical sucedió en su vida. Simeón sintió una profunda vergüenza por su pasado y empezó a arrepentirse ante Dios. La decisión de entrar en un monasterio, después del servicio militar, se duplicó. Y empezó a cambiar su pensamiento y su conducta.

Simeón, como lo había decidido su padre, ingresó al servicio militar en la Guardia Imperial. Llegó allí con mucha fe y arrepentimiento y no dejaba de pensar en Dios. En el ejército lo querían mucho como a un soldado cumplidor, tranquilo, de buena conducta, y los compañeros como a un fiel y agradable amigo.

Poco tiempo antes de terminar su servicio militar en la Guardia, Simeón con otro amigo fueron a ver al padre Juan de Kronstadt, para pedirle su bendición y rezos. Como no lo encontraron, le dejaron escritas sus cartas. El amigo de Siluan dejó una carta larga, escrita con hermosa letra. Pero Siluan escribió pocas palabras: “Padre, quiero hacerme monje, rece para que el mundo no me retenga.” Regresaron a San Petersburgo, al cuartel. Y al otro día, según las palabras de San Siluan, sintió, que a su alrededor “lo cubría una llama de fuego.” Regresó a su casa y permaneció ahí solo una semana. Rápidamente juntó algunos regalos para el monasterio, se despidió de todos y viajó a Athos. Pero, desde el día en que el padre Juan de Kronstadt empezó a rezar por él, “la llama de fuego” resonaba alrededor suyo sin parar, en todo lugar al que iba.

San Siluan empezó su nueva vida de sacrificios y vigilias. Fue introducido, para su desarrollo espiritual, en la vida del monasterio, con el continuo recuerdo de Dios, la oración en la celda solo, largos oficios en el templo, los ayunos y vigilias, frecuentes confesiones, lecturas, trabajos y obediencia. Pronto aprendió “la oración a Jesús” con el rosario. Pasó poco tiempo, cerca de tres semanas y una vez al atardecer, durante la oración delante del icono de la Virgen, la oración entró en su corazón y empezó a realizarse ahí de día y de noche, pero todavía no comprendía la grandeza del don recibido de la Madre de Dios.

El hermano Simeón era paciente, bondadoso, obediente: en el monasterio lo amaban, lo elogiaban por los trabajos bien hechos y por su buen carácter. Pero comenzó a pensar: “vivo sin pecar, me arrepentí, estoy perdonado, rezo continuamente y cumplo bien mis obligaciones.” Debido a su inexperiencia, no comprendía qué estaba sucediendo. Una noche su celda se llenó con una luz extraña, el demonio le decía: “ahora eres un santo”. Las insinuaciones demoníacas de llevarlo al “cielo” se repetían a diario. Y él rezaba a Dios con un fervor excesivo pero comprendía que el demonio quería convencerlo de que ya lo había conseguido todo.

Pasaban meses, pero las agresiones demoníacas se hacían cada vez más fuertes. Las fuerzas espirituales del novicio empezaron a ceder y su ánimo decaía. Ya no soportaba más. Estando sentado en su celda, al atardecer, pensó: “No se puede implorar a Dios.” Con este pensamiento él sintió completo abandono y su alma se hundió en la oscuridad y la tristeza.

En el mismo día, durante el servicio vespertino, en la iglesia del Santo Profeta Elías, a la derecha de la puerta central del Iconostasio, vio a Cristo vivo y todo su ser se llenó con el fuego de Gracia del Espíritu Santo. Fue el momento en que nacía por segunda vez. Más adelante, en sus escritos, repite constantemente que conoció a Dios y lo vio por intermedio del Espíritu Santo.

El joven monje Siluan gradualmente aprende los más perfectos hechos ascéticos, los cuales parecen imposibles a la mayoría. Su sueño sigue entrecortado (varias veces duerme solo 15 minutos). No se acuesta, duerme sentado en un banco. De día trabaja como un obrero, se dedica a la obediencia, renunciando a su propia voluntad. Aprende a guiarse por la voluntad Divina, se abstiene en la comida, se aleja de las conversaciones. Durante largas horas reza la oración de Jesús. Y a pesar de todos sus esfuerzos, frecuentemente la luz de la gracia lo abandona y los demonios lo rodean de noche.

Pasaron 15 años desde el día de la aparición de Cristo. Una vez, cuando luchaba con los demonios, cuando a pesar de todos los esfuerzos no podía rezar con pureza, Siluan se sienta e inclinando la cabeza con el corazón dolorido dice la oración: “Señor, Tu ves, que yo trato de rezar con la mente pura, pero los demonios me lo impiden. Enséñame, ¿que debo hacer para que ellos no me molesten?” Y recibió la respuesta en su alma: “los orgullosos siempre sufren así a los demonios”. “Señor, dice Siluan, “¿enséñame, que debo hacer para que mi alma sea humilde?”.

Desde entonces le es abierta el alma, que la raíz de todos los pecados, la semilla de la muerte es el orgullo, y que Dios es humildad. Por eso, el que quiere llegar a Dios debe tener humildad. Comprendió, que aquella enorme humildad de Cristo es parte del amor Divino. Ahora comprende con claridad que todo el esfuerzo debe ser dirigido a tener humildad.

“El hermano nuestro es nuestra vida” decía San Siluan. A través del amor Divino toda persona se percibe como una parte inseparable de nuestra existencia eterna. El mandamiento de “amar al prójimo como a sí mismo” empieza a comprenderlo no solamente como una norma ética, sino como su misma existencia.

Hasta el fin de su vida, a pesar de su debilidad y enfermedades, conservó la costumbre de dormir a ratos. Le quedaba mucho tiempo para la oración solitaria y siempre rezaba, cambiando según las circunstancias, la forma de oración. Pero su oración se hacia mas fuerte sobre todo en las horas de la noche, antes de los matutinos. Rezaba por los vivos y los muertos, por los amigos y enemigos y por todo el mundo.


Fuente: J.C.M.

lunes, 23 de septiembre de 2019

23/09 - Concepción del Santo Profeta, Precursor y Bautista Juan


Esta era la profecía de Isaías para el precursor: “Una voz proclama: «Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la estepa un sendero para nuestro Dios. (Isaías 40: 3)".

Esta voz era la del Precursor San Juan el bautista, nacido en forma milagrosa; su padre Zacarías era sacerdote, y en el momento que estaba incesando en el templo vio un ángel del Señor que le anunció de la llegada de un hijo y que lo llamaría Juan.

La alegría desbordaba en Zacarías, pero dudó un instante porque su mujer tenía una edad avanzada; entonces el ángel le dijo que por su desconfianza quedaría mudo hasta que la palabra de Dios se cumpliera.

Así fue: a los nueve meses Isabel tuvo a su hijo. Luego de ocho días, en la circuncisión del niño, los parientes quisieron poner el nombre de su padre al niño, pero Zacarías escribió en una pizarra el nombre de Juan, e inmediatamente volvió a hablar, y la alegría retornó a todos.


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico)

sábado, 21 de septiembre de 2019

I Domingo de Lucas. Lecturas de la Divina Liturgia



2 Cor 9,6-11: Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente. Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría. Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras. Como dice la Escritura: "El justo ha prodigado sus bienes: dio a los pobres y su justicia permanece eternamente". El que da al agricultor la semilla y el pan que lo alimenta, también les dará a ustedes la semilla en abundancia, y hará crecer los frutos de su justicia. Así, serán colmados de riquezas y podrán dar con toda generosidad; y esa generosidad, por intermedio nuestro, se transformará en acciones de gracias a Dios.

Lc 5,1-11: En una ocasión, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes». Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres». Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Mensaje del Patriarca Ecuménico para el acto ‘Paz sin Fronteras’ 2019 y participación de nuestra Metrópolis


MENSAJE DE SU SANTIDAD BARTOLOMÉ I,
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
Y PATRIARCA ECUMÉNICO,
A LOS ORGANIZADORES Y PARTICIPANTES
EN LA 33ª EDICIÓN DEL ENCUENTRO
“RELIGIONES Y CULTURAS EN DIÁLOGO POR LA PAZ”
DE LA COMUNIDAD DE SANT´EGIDIO
(Madrid, 15 – 17 de septiembre de 2019)

Queridos hermanos y hermanas:

Ερήνη/Irene/Paz, diosa de los antiguos griegos, era la personificación del estado pacífico de las cosas. Era hija de Δίας/Zeus y de Θέμις (Themis), diosa de la Justicia, y hermana de Ενομία/Eunomia (Legalidad) y de Δίκη (Juicio). Los antiguos griegos, después de cada guerra, construían altares a Ερήνη, a quien también le aplicaban los epítetos "Γλυκεία" (Dulce), "Βαθύπλουτος" (Profundamente Rica), "Πλουτοδότειρα" (Dadora de Riquezas), etc. El escritor trágico Eurípides y el cómico Aristófanes presentan a Ερήνη en sus obras teatrales como portadora de euforia, prosperidad y riqueza.

En la Sagrada Escritura Dios es caracterizado como “Dios de la paz” (Rom 15,33) y también como “el Príncipe de la paz”, cuya paz no tiene límites (Is 9, 6-7). Según el Salmista, el lugar de la paz es siempre Dios. Por eso, cuando Dios dirige su rostro hacia su creación, todo se apacigua, mientras que cuando lo oculta, todo se ve turbado (cfr. Sal 104 (103), 29-30).

Nuestro gran predecesor, San Gregorio el Teólogo, escribe que el bien de la paz procede de la Santísima Trinidad, cuya característica principal es un estado pacífico. El hombre fue creado por el Dios de la paz con una naturaleza pacífica, y su relación con su Creador en el paraíso fue absolutamente pacífica. Pero a partir del momento de su rebeldía contra Él, la paz huyó del corazón del hombre. El restablecimiento de la paz en el corazón del hombre caído lo ha realizado Cristo Jesús, “el Señor de la paz” (2 Tes 3,16). “Él es nuestra paz; el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad” (Ef 2, 14). “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9), dice Jesús en su famoso Sermón de la Montaña. "Ερηνοποιός" en lengua griega no es solo el que trabaja por la paz, sino también -y sobre todo- el que la proporciona a su alrededor. Y, naturalmente, uno no puede proporcionar a otro lo que él mismo no posee.

En la Nueva Roma, Constantinopla, los cristianos edificaron una majestuosa iglesia (que se yergue aún hoy al lado de Santa Sofía) que dedicaron a la Paz de Dios y llamaron de Santa Irene. Los grandes Padres de la Iglesia han hablado y escrito mucho sobre la paz, “esta dulce cosa y nombre”, según San Gregorio el Teólogo. Las palabras de San Serafín de Sarov, santo contemporáneo, son de rabiosa actualidad: “Encuentra tu propia paz interior y miles de hombres hallarán descanso cerca de ti”.

A pesar del fortísimo deseo del hombre de vivir en paz y de sus esfuerzos por conseguirla, este sacrosanto anhelo permanecerá para siempre inalcanzable si, para satisfacerlo, acude lejos de su fuente. Y la fuente de la paz verdadera y auténtica es solamente Dios. En la persona divino-humana de Cristo Jesús el hombre descubre y encuentra nuevamente la posibilidad de su reconexión con su Creador-Fuente de la paz. El Señor de la paz viene en toda época y ofrece la paz a los hombres, pero no una paz genérica de este mundo, sino su propia paz, “la paz que supera toda mente”, como dicen los Santos Padres. “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde” (Juan 14, 27).

Después lo que hemos expuesto arriba, huelga subrayar el importantísimo papel de las Iglesias, Confesiones, Religiones y Culturas en el ámbito vital de la paz. Esto lo ha comprendido muy bien la Comunidad de Sant´Egidio, muy querida y estimada por nosotros, que trabaja incesantemente en esta dirección en el espíritu del inolvidable Encuentro de Asís del año 1986, culminando en los Encuentros Internaciones Iterreligiosos e Interculturales por la paz mundial celebrados cada año bajo el título genérico de: “Religiones y Culturas en Diálogo” y que este año de la salvación de 2019 tiene lugar en la capital española, Madrid, con el tema específico: “Paz sin fronteras”, organizado conjuntamente con la Archidiócesis Católica Romana local. Congratulándonos con dichos organizadores -es decir, la Comunidad de Sant´Egidio y la Archidiócesis Católica Romana de Madrid en las personas de su Fundador, el Prof. Andrea Riccardi y su Presidente Prof. Marco Impagliazzo por parte de la primera y de su Arzobispo Metropolitano el Eminentísimo Sr. Cardenal Carlos Osorro Sierra por parte de la segunda respectivamente-, deseamos desde lo más profundo de nuestro corazón un buen y fructífero éxito en las labores del Encuentro de este año e invocamos sobre todos los participantes la rica gracia y la infinita misericordia del Señor y Fuente de la Paz sin fronteras, Jesucristo. ¡Amén!

En El Fanar, a 9 de Septiembre de 2019

Bartolomé I,
Arzobispo de Constantinopla-Nueva Roma y Patriarca Ecuménico,
querido hermano en Cristo y ferviente intercesor ante Dios.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Fotos - Exaltació de la Santa Creu 2019 a Barcelona (Catalunya)

16/09 - Eufemia la Megalomártir, Patrona de nuestra Sacra Metrópolis


Santa Eufemia era de Calcedonia, y vivió en virginidad.

Según algunos, sufrió el martirio durante el reinado de Diocleciano, en el año 303; según otros, en el 307.

Sus santas reliquias se custodian en el Patriarcado de Constantinopla.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Domingo posterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Lecturas de la Divina Liturgia



Gal 2,16-20: Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley. Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser, porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, me declaro a mí mismo transgresor de la Ley. Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

Mc 8,34-9,1: Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles». Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder».

viernes, 13 de septiembre de 2019

14/09 - Exaltación de la Venerable y Vivificadora Cruz


La fiesta del 14 de septiembre lleva como título en los libros litúrgicos de la tradición bizantina "Universal Exaltación de la Preciosa y Vivificante Cruz". Es una fiesta relacionada con la ciudad de Jerusalén y con la dedicación de la basílica de la Resurrección edificada sobre la tumba del Señor en el año 335, y también se celebra el hallazgo de la reliquia de la Cruz por parte de la emperatriz Elena y del obispo Macario.

La cruz tiene un lugar relevante en la liturgia bizantina: todos los miércoles y viernes del año se la conmemora con el canto de un tropario; además, se conmemora también el tercer domingo de Cuaresma y los días 7 de mayo y 1 de agosto. En los textos litúrgicos bizantinos la Cruz es presentada siempre como lugar de victoria: de victoria de Cristo sobre la muerte, de victoria de la vida sobre la muerte, lugar de derrota y muerte de la muerte. La celebración litúrgica del 14 de septiembre en la tradición bizantina está precedida por un día de pre-fiesta el 13, en el cual se celebra la dedicación de la basílica de la Resurrección, y se extiende con una octava hasta el 21 del mismo mes de septiembre.

El icono de la fiesta de la exaltación de la Cruz presenta la figura del obispo Macario elevando la santa Cruz, con diáconos a su alrededor; algunos iconos introducen también entre los personajes a la emperatriz Elena. El icono representa la misma celebración litúrgica del día con la gran bendición y veneración de la Cruz preciosa y vivificante. El icono, por tanto, hace presente el misterio que se celebra en este día y la liturgia misma que la Iglesia celebra. La ostensión y la exaltación de la cruz lleva, en primer lugar, a toda la creación a la alabanza de Aquel que en ella ha sido elevado, y a su victoria sobre la muerte: "La cruz exaltada de Aquel que en ella ha sido elevado induce a toda la creación a celebrar la inmaculada pasión: ya que fue matado con ella Aquel que nos había matado, Él nos ha dado vida de nuevo a los que estábamos muertos, nos ha dado belleza y nos ha hecho dignos, en su compasión, por su suma bondad, de obtener la ciudadanía en los cielos... Cruz venerabilísima que las huestes angélicas rodean gozosas, hoy, en tu exaltación, por el divino querer, levanta a todos aquellos que, por el engaño de aquel fruto, habían sido expulsados y habían sido precipitados en la muerte... Nosotros, por tanto, aclamamos: Exaltad a Cristo, Dios bondadosísimo, y postraos al estrado de sus pies...

En uno de los largos troparios de Vísperas se reseña casi toda la teología de la cruz y cómo la misma Iglesia la profesa y la vive. Poniendo en paralelo el árbol del paraíso con el árbol de la cruz, esta es presentada y mostrada como lugar de la salvación y de la vida; el engaño del primer árbol se convierte en vida en el segundo árbol: "Venid, naciones todas, adoremos el leño bendito por el cual se ha realizado la eterna justicia: ya que aquel que con el árbol ha engañado al progenitor Adán es alimentado en la cruz, y cae envuelto en una funesta caída, él, que se había adueñado tiránicamente de una criatura real...". El veneno de la serpiente es anulado por la sangre vivificante de Cristo en la cruz: "Con la sangre de Dios es lavado el veneno de la serpiente, y es anulada la maldición de la justa condena por la injusta condena infligida al justo: ya que con un árbol necesitaba sanarse el árbol, y con la pasión del impasible destruir en el árbol las pasiones del condenado...".

En esta fiesta la tradición bizantina da a la cruz de Cristo títulos que la relacionan directamente, como la liturgia misma lo hace también, con la Madre de Dios, con el misterio de la salvación obrado por Cristo mismo a través de la cruz. Y, al igual que en otras liturgias orientales, también la tradición bizantina da a la cruz como primer título el de puerta o llave que abre de nuevo el paraíso: "Alégrate, cruz vivificante, puerta del paraíso, sostén de los fieles, muro fortificado de la Iglesia: por ti es aniquilada la corrupción, destruido y engullido el poder de la muerte, y nosotros hemos sido elevados de la tierra al cielo. Arma invencible, enemiga de los demonios, gloria de los mártires, verdadero ornamento de los santos, puerto de salvación, tú das al mundo la gran misericordia".

La cruz es presentada, por tanto, como lugar y fuente de la salvación que nos viene por Cristo: "Alégrate, cruz del Señor, por la cual ha sido desatado de la maldición el género humano; eres señal del verdadero gozo, fortaleza de los reyes, vigor de los justos, decoro de los sacerdotes, tú que, siendo impresa, libras de graves males; cetro de poder con el cual somos pastoreados; arma de paz, que los ángeles veneran con temor; divina gloria del Cristo... Guía de los ciegos, médico de los enfermos, resurrección de todos los muertos... Cruz preciosa, por la cual la corrupción ha sido disuelta, la incorruptibilidad ha florecido, nosotros los mortales hemos sido deificados... Viéndote hoy alzada por las manos de los pontífices, nosotros exultamos a  Aquél que en ti ha sido alzado y te veneramos, viendo abundantemente la gran misericordia".

La liturgia de la exaltación de la cruz desarrolla toda la tipología veterotestamentaria que la tradición patrística ha comentado siempre como prefiguración de la cruz de Cristo y de la salvación que por ella viene al género humano. Dos son los textos veterotestamentarios que encontramos presentes en la liturgia de la fiesta: en primer lugar, Ex. 15, que es también la primera de las lecturas de Vísperas, que narra el encuentro con las aguas amargas de Mará, sanadas por el leño echado en ella por Moisés; y esto es recordado en la tradición bizantina cuando el sacerdote, para la consagración de las aguas bautismales, sumerge por tres veces la cruz en el recipiente de agua. En segundo lugar Ex. 17, donde se narra la victoria del pueblo de Israel contra Amalec por la oración de Moisés con las manos alzadas en forma de cruz, prefiguración de Cristo alzado en la cruz: "Teniendo las manos alzadas, Moisés te ha prefigurado, oh cruz preciosa, orgullo de los creyentes, sostén de los luchadores mártires, decoro de los apóstoles, defensa de los justos, salvación de todos los santos... Lo que Moisés prefiguró un tiempo en su persona, derrotando a Amalec y abatiéndolo, lo que el cantor David ordenó venerar como escabel de tus pies, tu cruz preciosa, oh Cristo Dios, esta que nosotros pecadores besamos hoy con labios indignos, celebrándote, que te has dignado dejarte clavar, y a ti te gritamos: Señor, al igual que al ladrón, haznos  a nosotros dignos también de tu reino".

P. Manuel Nin


Fuente: L'Osservatore Romano

jueves, 12 de septiembre de 2019

‘El Credo comentado por los Padres de la Iglesia, 2. Creo en un solo Señor, Jesucristo’


Libro especialmente apropiado para esta época que anhela una vuelta a las fuentes y a un conocimiento profundo para entender por qué el CREDO tomó la forma que hoy tiene.

Del mismo editor-coordinador que ‘La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia’. Y un equipo internacional, multidisciplinar y ecuménico de patrólogos, filólogos y teólogos.

A partir de los textos originales de los Padres de la Iglesia en latín, griego, copto y siríaco, desde el año 95 d. C. al 750 d. C. del Credo niceno-constantinopolitano.

FICHA TÉCNICA

Preparado por: McGuckin, John A. 
Publicado por: Editorial Ciudad Nueva
Primera edición: 10/09/2019
ISBN: 978-84-9715-442-0
Precio: 43€
Páginas: 336
Formato: 24,5x17,5
Peso: 780 gr.


12/09 - Autónomo el Mártir


Este santo era Obispo en Italia.

Huyendo de la persecución de Diocleciano en el año 298, se dirigió a Bitinia, donde fue de un lado a otro convirtiendo a muchos de los ídolos al verdadero Dios.

A causa de ello, un día, mientras celebraba la Divina Liturgia en la Iglesia de los Arcángeles, los que adoraban a la madera y a la roca se abalanzaron sobre él y lo golpearon con palos y piedras hasta la muerte.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Fotos - Participación de nuestra Metrópolis en la Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación

El sábado 7 de septiembre de 2019 se celebró en Madrid la ya tradicional Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. Nuestra Metrópolis estuvo presente en la persona de S.E. Policarpo y del Archimandrita Demetrio. Antes de la oración, celebrada en el cerro de la Torrecilla de la Casa de Campo, hubo una mesa redonda en el colegio Cristo Rey.

Fotografías: Vicaría para el Desarrollo Humano Integral del Arzobispado de Madrid

Reflexión de S.E. Policarpo en la Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación 2019


Breve reflexión de Su Eminencia Rvdma. Policarpo, Arzobispo Metropolitano Ortodoxo de España y Portugal, durante la Plegaria Ecuménica por la protección de la creación (Madrid, 7 de septiembre de 2019)

Queridos hermanos obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos:

El 1 de septiembre de 2019 se ha cumplido el 30º aniversario desde que el Patriarcado Ecuménico estableció la fiesta de la Indicción y el primer día del año eclesiástico como “el día de la protección del medio ambiente”, dirigiéndose no solamente a los fieles ortodoxos ni a los otros cristianos o incluso a los representantes de otras religiones, sino también a los líderes políticos, sociales, científicos, intelectuales y a toda persona de buena voluntad.

El interés por la protección de la creación no debe surgir como reacción o como resultado de la crisis ecológica contemporánea. El fundamento de la preocupación por el medio ambiente natural reside en la identidad y la teología de la Iglesia. El respeto y el cuidado por la creación son una dimensión de nuestra fe cristiana, el contenido de nuestra vida en la Iglesia y como Iglesia. La vida misma eclesiástica es “una ecología experimentada”, un respeto aplicado y cuidado por la creación. En esencia, la cuestión vital de la protección del medio ambiente es para la Iglesia una extensión de la Divina Eucaristía en todas las dimensiones de su relación con el mundo. La vida litúrgica de la Iglesia, el espíritu ascético, el servicio pastoral y la experiencia de la cruz y la resurrección por parte de los fieles, el deseo insaciable de la eternidad: todo esto comprende una comunión de personas para las cuales la realidad natural no puede reducirse a un objeto o materia útil para satisfacer las necesidades de un individuo o de una sociedad; al contrario, esta realidad es considerada obra del Dios Trino, que nos llama a respetarla y protegerla, convirtiéndonos así en sus “compañeros de trabajo”, “mayordomos”, “guardianes” y “sacerdotes” de la creación para cultivar una relación eucarística con ella.

El cuidado del medio ambiente no es una actividad adicional, sino una expresión esencial de la vida de la Iglesia. No tiene un carácter secular, sino más bien puramente eclesiástico. Es un “misterio litúrgico”. La ecología teológica no se refiere simplemente al desarrollo de una conciencia ecológica o a la respuesta a problemas ecológicos sobre la base de los principios de la antropología y cosmología cristianas; por el contrario, implica la renovación de toda la creación en Cristo, tal y como se realiza y experimenta en la Santa Eucaristía, que es imagen y anticipo de la plenitud escatológica de la Economía Divina en la totalidad doxológica y el esplendor luminoso del Reino celestial.

La crisis ecológica revela que nuestro mundo es un todo, que nuestros problemas son globales y compartidos. Es inconcebible que la humanidad reconozca la gravedad del problema y, sin embargo, siga respondiendo con el olvido. Prevalece ampliamente la idea pasiva de que “no hay otra alternativa” frente a la velocidad frenética de la economía mundial contemporánea globalizada; por lo tanto, cualquier forma alternativa de desarrollo que comprenda los principios de la solidaridad social y la justicia es sofocada. Por eso debemos prestar especial atención a la formación cristiana de nuestra juventud, para que pueda funcionar como caldo de cultivo y desarrollo de un espíritu ecológico y solidario. La lucha por la protección del medio ambiente y la lucha por la promoción de la paz y la justicia son inseparables. No existe un progreso genuino cuando la creación, que es “muy buena”, y la persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios, sufren.

¡Muchísimas gracias!

En el templo ortodoxo


Cuando un cristiano occidental entra en el templo ortodoxo para la Liturgia Divina se encuentra en otro mundo. 

Al principio, entra en la iglesia, cuya forma, decoración y ornamentos no sólo están sometidos a una tradición, sino que también tienen un significado propio. Tras haber pasado por el nártex, se encuentra en la nave, que no tiene la forma rectangular a la que está habituado, sino la del cuadrado, y que está completamente vacía, a excepción de algunos asientos, destinados a los enfermos y débiles. Alza la cabeza y allí está el Cristo Pantocrátor, que lo mira con majestad desde lo alto de la cúpula central. Alrededor del tambor que sostiene la cúpula están los profetas, los apóstoles, los confesores semejantes a los ángeles, y en las bóvedas en torno a la cúpula se encuentran los querubines y serafines, los cuatro evangelistas y algunas escenas de la vida de Cristo; de ellas suelen surgir las escenas que se recuerdan en los calendarios litúrgicos. Más abajo, sobre los muros, vemos las figuras de monjes y ascetas, de mártires, confesores y maestros; la hilera de los santos es como un marco que envolviera a toda la asamblea orante.

Detrás, en el muro occidental de la nave, se presenta la Asunción de la Virgen María (la Dormición); en el muro oriental, en cambio, se alza una barrera, adornada de iconos: el iconostasio, que separa la nave del santuario. Esta barrera puede ser baja o también llegar hasta el arco. En el centro se encuentra una puerta con dos hojas; a los lados, otras dos puertas con una sola hoja. Sobre el iconostasio alto suelen reproducirse los ornamentos de la nave, pintados al fresco o hechos en mosaico. A la derecha de la puerta central de dos hojas, también llamada “puertas santas”, se encuentra la imagen del Cristo Pantocrátor; a la izquierda, la de la Virgen María con el Niño. Sobre las puertas santas se reproduce la Anunciación, y sobre las dos puertas laterales de una sola hoja, llamadas también "septentrional" y "meridional", los arcángeles Miguel y Gabriel o bien los santos diáconos. Directamente encima de las puertas santas se reproduce la Última Cena. La segunda fila de iconos (u orden de las festividades) está formada por los iconos que representan acciones salvíficas de Cristo en su vida terrenal, en los que se recuerdan las más importantes festividades del calendario litúrgico. Sobre ellos, en la tercera fila (u orden de la Déesis), se representan los apóstoles, vueltos -en actitud de oración- hacia el centro, donde aparece Cristo sentado en el trono y, a sus lados, los dos principales intercesores de la humanidad: la Virgen María y Juan el Bautista. A veces existe una cuarta fila (u orden de los profetas) en la que se encuentran los profetas, situados a ambos lados de la Virgen con el Niño, y todo el iconostasio abraza la cruz con la imagen pintada del Señor crucificado (en el templo no hay imágenes tridimensionales) con la Virgen María y el apóstol Juan a sus lados. 

Cuando las puertas santas están abiertas, en el centro del santuario (que habitualmente tiene forma de ábside semicircular), los que están allí rezando pueden ver el altar, ricamente adornado, de forma cúbica; sobre él se encuentra la cruz, los lampadarios y el arca, muchas veces con forma de templo, en el que se preserva el pan consagrado durante la Eucaristía. Se pueden observar también las pinturas del santuario. En la parte más baja, dos filas de obispos, revestidos para la liturgia y vueltos hacia el altar. Sobre ellos, Cristo dando la comunión a los apóstoles: con una mano distribuye el pan consagrado y con la otra da el cáliz. Desde la cúpula semiesférica del ábside, por encima del santuario, la Virgen mira hacia la nave (su imagen puede verse muchas veces desde la misma nave, por encima del iconostasio). Pero quienes están allí rezando probablemente no verán el otro altar sobre el que se preparan el pan y el vino eucarísticos, cuyo acceso se abre a través de la puerta septentrional del iconostasio. Tampoco verán las pinturas que hay encima, que representan el nacimiento, la muerte y la sepultura de Cristo. Ni podrán ver la parte meridional del ábside, que sirve de sacristía.

Un típico templo ortodoxo, con todas sus lámparas y velas y el olor del incienso que lo penetra todo, se diferencia mucho de la atmósfera de la celebración a la cual está habituado un hombre occidental. El templo es algo más que un lugar donde se reune una asamblea en oración: es la imagen del cielo sobre la tierra. Si las partes bajas de la nave presentan el mundo visible, la cúpula, y también mucho más la parte en la que se encuentra el santuario, son símbolos del cielo, donde los ángeles, los arcángeles y todas las fuerzas celestiales rinden culto al Dios Trino y Uno. El cristiano occidental observa que el templo bizantino suscita en él un santo temor; los bizantinos, sin embargo, se sienten en él más a gusto que el cristiano occidental en el suyo, cuya disposición es más sencilla. Cuando los bizantinos entran en el templo, dan una vuelta alrededor de él, besan los iconos, encienden velas ante ellos, rezan. Pueden llevar hasta la puerta septentrional del iconostasio un pequeño pan de forma redonda, llamado “prosfora”, es decir, “ofrenda”, y dárselo al diácono o ministro junto con una lista donde se recuerda a los vivos y a los muertos. La atmósfera en el templo bizantino está llena de devoción, pero al mismo tiempo no es formal, sobre todo gracias a que en estos templos no hay bancos puestos en batallón. Una disposición de ese tipo raramente se encuentra en las iglesias occidentales, en las que suele haber bancos o sillas.

11/09 - Teodora de Alejandría


Esta santa vivió en el siglo V.

Sintiendo remordimientos por el adulterio que había cometido con otro hombre, huyó de la casa de su marido, se cambió el nombre, se vistió de hombre y, fingiendo ser un eunuco, entró en un monasterio masculino. Su identidad de mujer solo se descubrió tras su muerte.

lunes, 9 de septiembre de 2019

09/09 - Los Santos y Justos Ancestros de Dios Joaquín y Ana


Al día siguiente del nacimiento de la Purísima Virgen María, la Iglesia conmemora el día de sus padres — los justos Joaquín y Ana.

Joaquín provenía del rey David. Muchos descendientes de David vivían con la esperanza de que en la familia iba a nacer el Mesías, porque Dios le prometió a David que en su generación iba a nacer el Salvador del mundo. Ana descendía por parte de padre del sacerdote Aarón y por parte de madre del ramal de Judas.

Los esposos pasaron toda su vida en la ciudad de Galilea , Nazaret. Sobresalían por su vida virtuosa y buenas obras. Su mayor pena era la falta de hijos. Como dicen las profecías, Joaquín llevó sus ofrendas al templo de Jerusalén, pero el sumo pontífice se negó a recibirlo escudándose en la ley que no permitía recibir ofrendas de personas que no dejasen descendencia en Israel.

Muy duro fue soportar en el templo esta ofensa a los esposos, donde esperaban encontrar alivio para sus penas. Pero ellos, a pesar de su edad madura, sin rencor continuaban pidiendo a Dios que hiciera un milagro y les enviara un niño. Al fin el Señor oyó sus oraciones y envió al arcángel Gabriel para avisar a Ana de que iba a concebir un niño. Y prontamente Ana concibió y nació una niña. Alegrándose los padres, la llamaron María. De esta forma el generoso Dios gratificó la fe y paciencia de los esposos y les dio una Hija que trajo la bendición a todo el género humano.

Tres años educaron en su casa a su Hija. Cumpliendo la promesa de ofrecerla a Dios, la enviaron al templo de Jerusalén. Allí había un orfanato para niños huérfanos, quedando María allí para vivir y estudiar. Joaquín falleció a los 80 años, y Ana comenzó a habitar cerca del templo, y así visitó a su Hija durante unos dos años.


Fuente: www.crkvenikalendar.com, a través de Pravoslavie.cl

domingo, 8 de septiembre de 2019

Domingo anterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Lecturas de la Divina Liturgia


Gal 6,11-18: ¿Ven estas letras grandes? ¡Les estoy escribiendo con mi propia mano! Los que quieren imponerles la circuncisión sólo buscan quedar bien exteriormente, y evitar ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo. Porque tampoco aquellos que se hacen circuncidar observan la Ley; sólo pretenden que ustedes se circunciden para gloriarse de eso. Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: lo que importa es ser una nueva criatura. Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios. Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús. Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.

Jn 3,13-17: Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

sábado, 7 de septiembre de 2019

08/09 - Mare de Déu de Meritxell, Patrona d'Andorra


Diu la tradició que un dia de Reis al segle XI, un pastor que es dirigia a Canillo per assistir a la missa d’una diada tan assenyalada, en passar per on avui s’aixeca el santuari de la Mare de Déu de Meritxell va veure una gavernera florida en ple hivern, sota la qual hi havia una bella imatge de la Verge.

Arran d’aquesta troballa, se la van endur a l’església de Canillo i la van posar a l’altar major tot prometent construir una església per aixoplugar-la.

L’endemà, el sagristà de la parròquia, en obrir la porta de l’església, va trobar a faltar la imatge de la Verge, que va aparèixer novament al peu de la gavernera florida, prop de Meritxell. Els vilatans d’Encamp van decidir que, si la Verge no s’havia quedat a Canillo, és perquè no s'hi volia estar, i que potser preferia estar a Encamp. Els encampadans la van tancar a l’església amb pany i clau, tot prometent bastir en honor seu una bella església. L’endemà el fet es va repetir: la Verge havia desaparegut. Els vilatans d’Encamp van tornar a Meritxell i un altre cop van trobar la Verge al peu de la gavernera. A més, tot al voltant de l’arbust estava net de neu per més que la nit abans havia caigut una grossa nevada.

De nou, els presents van cridar el miracle i van entendre que aquell era l’emplaçament on la Verge volia quedar-se; reunits els habitants de Canillo i d’Encamp, van construir la capella exactament en aquest lloc: l’actual Santuari de Meritxell.


08/09 - Natividad de la Santa Madre de Dios


En la montañosa provincia del norte de Jerusalén, en la pendiente de una de las montañas cerca del valle Esdrelón, se ubicaba Nazaret. Era un pueblito pequeño, que históricamente no sobresalía en nada, por lo cual los hebreos se referían a él hasta con cierto desprecio, diciendo: "¿Podrá haber algo bueno de Nazaret?"

En este pueblito vivía la piadosa pareja, Joaquín y Ana, a quiénes el Señor eligió como antecesores del Salvador del mundo. Joaquín provenía de la casa del rey David, y Ana — era de la clase sacerdotal. La sobrina de Ana, la justa Elizabet, después fue la madre de Juan el Bautista y era prima hermana de la futura Virgen María.

El justo Joaquín era un hombre que estaba en una acomodada situación económica, y tenía mucha cantidad de ganado. A pesar de la abundancia, toda la vida de esta justa pareja, estaba impregnada por el espíritu de un devoto amor a Dios y por la caridad hacia el prójimo. Por estas cualidades ellos gozaban del respeto y el amor de todos. Los mortificaba, sin embargo, una pena: no tenían descendencia, lo cual entre los hebreos se consideraba como indicio de castigo Divino. Ellos pedían incesantemente a Dios que les enviare un hijo para su alegría, aunque hacia la vejez tenían ya poca esperanza de ello. Joaquín estaba muy apesadumbrado por la falta de hijos y una vez, trayendo sus ofrendas a Dios, escuchó de cierto Rabí un duro reproche: "¿Por qué razón quieres ofrecer tus dones a Dios antes que otros? ¡Pues tú no eres digno, por no tener descendencia (ser estéril)!" Por causa de tan grande aflicción el justo Joaquín se alejó al desierto para ayunar y rezar.

Al conocer esto, la justa Ana, considerándose a si misma culpable por la falta de descendencia, se angustió también y comenzó a orar a Dios todavía con mayor fervor, para que Él la escuchara y le mandara un niño. En uno de estos estados de oración, se le apareció un Ángel de Dios y le dijo: "Tu oración ha sido escuchada por Dios, y tu concebirás y de ti nacerá una hija bendita, superior a todas las hijas de la tierra. Por causa de Ella se bendecirán todas las razas de la tierra. Ponle por nombre María."

Habiendo escuchado estas dichosas palabras, la justa Ana inclinándose ante el Ángel le dijo: "¡Vive el Señor Mi Dios! ¡Si realmente naciera de mí un niño, lo entregaré al Señor para que esté a Su servicio! ¡Que Lo sirva, glorificando Su nombre durante toda su vida!"

Ese mismo Ángel del Señor se le apareció también al justo Joaquín, diciéndole: "Dios aceptó tus oraciones con benevolencia. Tu esposa Ana concebirá y alumbrará una hija, por Quien todo el mundo se regocijará. He aquí también la señal de la veracidad de mis palabras: ve a Jerusalén, y allí encontrarás a tu esposa en las puertas doradas."

San Joaquín se dirigió sin demora a Jerusalén, llevando consigo presentes para ofrecerlos a Dios, y también para los sacerdotes.

Llegado a Jerusalén, encontró a su esposa Ana, como lo predijo el Ángel, y relataron el uno al otro, todo lo que les fue anunciado, y, después de pasar un tiempo más en Jerusalén regresaron a su casa, en Nazaret. Pasado el tiempo establecido de su embarazo, la justa Ana dio a luz una hija, a la Cual llamó María, como lo ordenó el Ángel.

Después de pasado un año, Joaquín organizó un banquete, para el cual invitó a los sacerdotes, ancianos y a todos sus conocidos. Durante el banquete alzó a su Bendita Hija y, mostrándola a todos, pidió a los sacerdotes que La bendijeran.

El nacimiento de la Madre de Dios es para nosotros un día especialmente gozoso, porque con él se hizo realidad toda una serie de importantísimas profecías y pronósticos del Antiguo Testamento. Precisamente a Ella Dios La eligió para que fuera Aquella Virgen, Quien de acuerdo a las predicciones de Isaías, tenía que concebir sin semen del Espíritu Santo y dar a luz al Hijo-Emanuel, destinado a salvar al género humano de la maldición y muerte que pendían sobre él. Ella se convirtió en la misteriosa "escalera" que unió al Cielo con la tierra, vista en sueños por el patriarca Jacob (Hechos 28:12). Ella se hizo también "la puerta cerrada" quien según la visión del profeta Ezequiel (Ez. 44:2) traspasó el Señor Dios de Israel para visitar y liberar a su gente. Es también Ella la creación de la casa de la sabiduría de Dios (Prov. 9:1), que alumbra a todo hombre, que viene a este mundo (Juan 1:9), y que disipa las tinieblas de la incredulidad y el extravío.

En una palabra, el nacimiento de la Santísima Virgen María es para nosotros el comienzo del cumplimiento de todas las promesas Divinas, con las cuales vivió y se consoló la humanidad durante muchos milenios, — la manifestación al mundo de Aquel misterio oculto por siglos y generaciones, que estaba preparado desde la eternidad para la salvación y gloria del caído género humano.

Es por eso, que esta celebración, como enseña San Andrés de Creta es, "el principio de las festividades y sirve como puerta hacia la gracia y la verdad." San Juan Damasceno dijo: "el día de la natividad de la Madre de Dios es festividad de alegría universal, pues a través de Ella se renovó todo el género humano, y la aflicción de la madre Eva se convirtió en alegría." 


Troparion Tono 4:

Tu nacimiento oh Madre de Dios Virgen, anunció la alegría a todo el universo. Porque de Ti resplandeció el sol de verdad, Cristo nuestro Dios, destruyendo la maldición, Él nos concedió la bendición y destruyendo la muerte, nos otorgó la vida eterna.

Contaquio Tono 4:

Joaquín y Ana fueron liberados del reproche de la esterilidad, Adán y Eva de la corrupción de la muerte, oh Purísima, por Tu santa Natividad, por eso Tu pueblo celebra este acontecimiento, por haber sido redimido de la culpa del pecado, celebra exclamándote: la estéril da a luz a la Madre de Dios, nutridora de nuestra vida.