domingo, 26 de enero de 2020

XV Domingo de Lucas. Evangelio de la Divina Liturgia


Lc 19,1-10: Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador». Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más». Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombres es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

sábado, 25 de enero de 2020

Intervención del P. Archimandrita Demetrio en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2020 en Valladolid (Castilla y León)


El problema del extranjero es tan viejo como la historia del hombre. Es inútil que cerremos los ojos. La realidad está ahí, crudamente establecida en la actualidad cotidiana. Nuestro cerebro está lleno de imágenes de lo que ocurre alrededor del mundo. Nuestra existencia cotidiana se encuentra con mil y un problemas que los medios nos presentan causados por refugiados, por el flujo de inmigrantes, por el encuentro con expatriados y las dificultades que acarrean. Esta locura del rechazo al “otro” simplemente porque es extranjero, hunde sus raíces, con independencia de cualquier análisis sociológico, en el corazón del hombre.

El problema del extranjero se hace cada día más presente y crucial. Cuestiones, dificultades, dramas surgen en cada momento sobre este asunto. Inmigrantes permanentes aquí huyendo de situaciones cada vez más difíciles. Refugiados incesantes allá, empujados a buscar una manera digna de vivir. Todo un mundo de excluidos se levanta ante nuestros ojos con un reto para nuestros gobiernos y nuestra sociedad, en la que, aunque no se diga, está latente una especie de “racismo popular” que puede dar lugar a un “racismo de principios”. Racismo que se inscribe en las cabezas y en los corazones, suscitando burlas y envidias, cuando no desprecios y enfrentamientos.

La Biblia, experta en humanismo, nos proporciona múltiples ejemplos del hombre que tiene que abandonar su casa, su familia, su patria y marchar lejos, confiando en Dios y esperando una buena acogida. También la Sagrada Escritura nos ilumina al respecto, y si esta iluminación, si esta enseñanza, es poco conocida y malamente aplicada en nuestros días tenemos la explicación de por qué Abraham, Moisés, veinte siglos después de Cristo, sigue siendo un asunto mal abordado y trágicamente vivido.

Dos lecciones podemos sacar de la Escritura. La primera, que hay que saber acoger al extranjero sin molestarle, sin malmeterle, sin oprimirle, todo lo contrario, compartiendo con él, respetando sus derechos, sin causarle mal. La segunda lección es mantenerse realista. Amar no es soñar. El otro sigue siendo el otro, y la Escritura no duda en aconsejar prudencia.

Podemos comenzar en cambiar nuestra mentalidad, pero sin creer que ya estamos dispuestos; es una obra a largo plazo. Incluso para el cristiano que cree en la primacía de la caridad, las cosas no son tan sencillas. Podemos comenzar por promover la acogida, en lugar del rechazo; el compartir, en lugar del egoísmo; la comprensión, en lugar del desprecio; el amor, en lugar del odio. Quizás lleguemos a actuar con largueza, con espíritu de apertura, tolerancia y generosidad y también a respetar su identidad, sin que pierdan su fe ni sus valores y riquezas interiores. Esto es librar el buen combate, no solamente de la fe, sino también de la caridad. Podemos compartir las diferencias, enriquecernos con lo complementario, asombrarnos con la diversidad, porque en todo hombre hay un tesoro escondido.

Tomemos el ejemplo de Cristo: alaba al centurión romano, cura a la sirofenicia, acoge a la cananea, conversa con la samaritana, felicita al leproso extranjero, el único que volvió a darle las gracias. El mismo Señor terminará por identificarse en la persona del otro, del diferente, del separado, del sospechoso, del excluido diciendo la frase sublime: “fui extranjero, y me acogisteis”.

Siempre habrá hombres y mujeres, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, unos que viven aquí y otros que viven allá. Pero para que el otro sea un hermano no es suficiente con vivir juntos: hace falta que unos y otros se vean como hijos del mismo Dios.

Así, el ideal cristiano no es negar la alteridad, ni las diferencias, ni siquiera nuestro antagonismo, sino reconocerlos para aceptarlos mejor, para superarlos y vivirlos con caridad, con benevolencia, con humildad, con dulzura, con paciencia. Bajo estas perspectivas podremos entrever algo del Reino de los Cielos, en el que los elegidos no serán fotocopias unos de otros, al contrario, incluso con sus blancas túnicas, todas las razas, pueblos, lenguas y naciones se reunirán en alabanza única ante el trono de Dios y “el Cordero, que está en medio del Trono, será su pastor y los conducirá a manantiales de agua viva” (Ap. 7, 17).

Funeral y sepultura del Monje Ioan

Cena ecuménica en Madrid

jueves, 23 de enero de 2020

23/01 - San Ildefonso, Obispo de Toledo


Vida

Para reconstruir su biografía, además de los datos contenidos en sus obras, disponemos principalmente del Beati Ildephonsi Elogium de San Julián de Toledo, contemporáneo suyo y segundo sucesor en la sede toledana, escrita como apéndice al De viris illustribus (PL 96,43-44). La Vita vel gesta S. Ildephonsi Sedis Toletanae Episcopi, atribuida a Cixila, obispo de Toledo ca. 774-783 (PL 96,44-88; Flórez, V,501-520), donde se mencionan por primera vez los milagros de su vida y la Vita Ildephonsi Archiepiscopi Toletani de fray Rodrigo Manuel Cerratense, s. XIII (Flórez V,521-525), añaden al Elogium tradiciones posteriores con tinte legendario.

Nacido en el 607, durante el reinado de Witerico en Toledo, de estirpe germánica, era miembro de una de las distintas familias regias visigodas. Según una tradición que recoge Nicolás Antonio (Bibliotheca Hispana Vetus, PL 96,11), fue sobrino del obispo de Toledo San Eugenio III, quien comenzó su educación. Por el estilo de sus escritos y por los juicios emitidos en su De viris illustribus sobre los personajes que menciona, se deduce que recibió una brillante formación literaria. Según su propio testimonio fue ordenado de diácono (ca. 632-633) por Eladio, obispo de Toledo (De vir. ill. 7: PL 96,202). En un pasaje interpolado del Elogium, se dice que siendo aún muy niño, ingresó en el Monasterio de Agali o agaliense, en los arrabales de Toledo, contra la voluntad de sus padres. Más adelanté se afirma que «se deleitaba con la vida de los monjes», frase que debe interpretarse siguiendo a Flórez (V,276) en el sentido de que desde niño se inclinó al estado religioso. Ildefonso estuvo muy vinculado a este monasterio, como él mismo recuerda al hablar de Eladio, y como se deduce del De vir. ill. con el que pretende exaltar la sede toledana y quizá mostrar el papel privilegiado que correspondía al monasterio Agaliense. Estando ya en el monasterio, funda un convento de religiosas dotándolo con los bienes que hereda, y en fecha desconocida (650?), es elegido abad. Firma entre los abades en los Concilios VIII y IX de Toledo, no encontrándose su firma, en cambio, en el X (656). Muerto el obispo Eugenio III es elegido obispo de Toledo el a. 657, y según el Elogium obligado a ocupar su sede por el rey Recesvinto. En la correspondencia mantenida con Quirico, obispo de Barcelona, se lamenta de las dificultades de su época. A ellas atribuye el Elogium que dejase incompletos algunos escritos. Muere el 667, siendo sepultado en la iglesia de Santa Leocadia de Toledo, y posteriormente trasladado a Zamora.

Milagro del encuentro con la Virgen

La noche del 18 de diciembre del 665 San Ildefonso junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Ildefonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la Virgen María, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María al ir hizo una seña con la cabeza para que se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor.

Esta aparición y la casulla fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición. La importancia que adquiere este hecho milagroso sucedido en plena Hispania Ghotorum y transmitido ininterrumpidamente a lo largo de los siglos ha sido muy grande para Toledo y su catedral. Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María a quien se venera en el Corán. Esta circunstancia permite afirmar que el milagro era conocido antes de la invasión musulmana y que no se trata de una de las muchas historias piadosas medievales que brotaron de la fantasía popular. En la catedral los peregrinos pueden aún venerar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.

Obras

De las reseñadas en el Elogium se conservan las siguientes:

Sobre la virginidad perpetua de Santa María contra tres infieles (De virginitate Sanctae Mariae contra tres infideles), su obra principal y más estimada, de estilo muy cuidado y llena de entusiasmo y devoción marianos (fue llamado el Capellán de la Virgen en la comedia que, con ese mismo título, escribió Lope de Vega). Los tres herejes a que se refiere son Joviniano y Elvidio, refutados ya por San Jerónimo, y un judío anónimo. Esto da pie a pensar que intenta refutar a algunos de su época, que, quizá por influencia judía, resucitaban los mismos errores. Consta de una oración inicial y de 12 capítulos. En el primero defiende contra Joviniano la virginidad de María en la concepción y en el parto; en el segundo mantiene contra Elvidio que María fue siempre virgen; a partir del tercero muestra que Jesucristo es Dios y la integridad perpetua de María. Depende estrechamente de San Agustín y San Isidoro, y constituye el punto de arranque de la teología mariana en España. Fue traducida por el Arcipreste de Talavera.

Comentario sobre el conocimiento del bautismo (como reseña San Julián) o Anotaciones sobre el conocimiento del bautismo (Liber de cognitione baptismi unus), descubierto por E. Baluze y publicado en el libro VI de su Miscelánea (París 1738). Es de sumo interés para la historia del bautismo en España. Escrito con finalidad pastoral, expone al pueblo sencillo la doctrina de la Tradición sobre este sacramento. Dividido en 142 capítulos, en los 13 primeros trata de la creación del hombre y de la caída original; en los cap. 14-16, del bautismo de Juan y del bautismo de Cristo, afirmando que sólo el último perdona los pecados; en 17-35, expone cómo se ha de recibir el bautismo y explica las ceremonias; en 36-95, explica el Credo, que ha de aprenderse de memoria (es un valioso documento para el estudio de la historia del Símbolo en España); en 9.6-131, vuelve sobre las ceremonias bautismales; en 131-137, explica el Padrenuestro; en 138-140 trata de la Comunión, y en 141-142 explica la liturgia del lunes y martes de Pascua como coronación de las ceremonias de la iniciación cristiana. Las fuentes principales son: las Enarrationes in psalmos de San Agustín, las Moralia de San Gregorio Magno y las Etimologías de San Isidoro.

Sobre el progreso del desierto espiritual (De progressu spiritualis deserti), prolongación de la obra precedente. Tras el bautismo, simbolizado por el paso del mar Rojo, el alma camina por el Evangelio, como los israelitas por el desierto. Utiliza excesivamente la alegoría.

Sobre los varones ilustres (De viris illustribus), continuación del de San Isidoro. A diferencia de éste, enumera no sólo a escritores, sino a eclesiásticos ilustres por su santidad o dotes de gobierno. De los 13 personajes que en ella figuran, 7 son toledanos. En cambio, autores tan importantes como Braulio de Zaragoza o Isidoro de Sevilla, son apenas destacados. En el estilo y noticias depende de San Jerónimo, Genadio y San Isidoro. Aunque no está reseñada esta obra en el Elogium, dada la atribución manuscrita que se la atribuye unánimemente, puede darse por auténtica.

Finalmente, se conservan dos Cartas dirigidas a Quirico de Barcelona. No se conservan las siguientes: Liber prosopopejae imbecillitatis propriae, Opusculum de proprietate personarum Patris et Filii et Spiritus Sancti, Opusculum adnotationum actionis propriae, Opusculum adnotationum in sacris. El Elogium habla de misas compuestas por Ildefonso, himnos y sermones; la tradición manuscrita le atribuye algunos, que la mayor parte de los críticos toman como apócrifos.

Doctrina

El Elogium dice de Ildefonso que fue notable por su elocuencia. Muy enraizado en la tradición patrística, su esfuerzo principal estriba en dar al pueblo en forma asequible «la doctrina de los antiguos». Su teología es fundamentalmente mariana y sacramentaria. Merece destacarse la claridad con que afirma su fe en el parto virginal: «No quiero que alegues que la pureza de nuestra Virgen ha sido corrompida en el parto... no quiero que rompas su virginidad por la salida del que nace, no quiero que a la Virgen la prives del título de madre, no quiero que a la madre la prives de la plenitud de la gloria virginal» (Sobre la virg., cap. I), y la insistencia con que la proclama Madre de todos los hombres. En la doctrina sacramentaria, recomienda la comunión diaria («Pedimos en esta oración del padrenuestro que este pan, el mismo Cristo, se nos dé cada día», Anot., cap. 136), defiende que el bautismo administrado por los herejes es válido y no debe iterarse (ib. 121), y que no es válido, en cambio, si se omite en la fórmula alguna de las tres divinas Personas. El bautismo sólo pueden conferirlo los sacerdotes, excepto en los casos de grave necesidad (ib. 115). Después habla de la Confirmación, relacionándola con el sacerdocio de los fieles: «Puesto que somos raza de elección y sacerdocio real, somos ungidos después del bautismo del agua con el crisma» (ib. 123) y de la infusión del Espíritu por la imposición de las manos (ib. 128).

Las posibles aportaciones ildefonsianas a la Liturgia Hispana

La fiesta de Santa María: En un contexto de afianzamiento de la fe católica frente a un arrianismo que no terminaba de superarse del todo particularmente en algunos ambientes visigodos relacionados tal vez económica y organizativamente con grupos judíos, se perfila una remodelación del antiguo calendario que permita un contexto más favorable para celebrar el misterio de la Encarnación del Verbo a la celebración de la maternidad virginal de María.El arrianismo caló fuertemente en los visigodos, no por una convicción, sino por la sintonía de este con las concepciones religiosas bastante simples de un pueblo guerrero y no muy dado a al distinción sutil.El abad Ildefonso, autor del canon 1º del X Concilio de Toledo (656), que fija la fiesta de la Encarnación (25 de marzo) o de Santa María en la fecha adventicia del 18 de diciembre a ocho días de la Navidad (25 de diciembre). A el también se le atribuyen la Misa y el Oficio de esta fiesta así como algunos posibles retoques en la Misa de Navidad.

Alusiones a la Virgen María en otros lugares de la liturgia: En España a Santa María, la Madre del Señor, se la conoce como “La Virgen”, tal y como en Francia es “Nuestra Señora” o en Italia “La Señora”. Se debe a San Ildefonso y a como caló en el pueblo cristiano su teología.

Con todo esto se puede percibir hasta que punto el siglo de Ildefonso (589-711) es un siglo apasionante en la vida de la Iglesia española y que se refleja fuertemente en su impronta sobre la Liturgia, la Teología y la Espiritualidad.


Fuente: Wikipedia

miércoles, 22 de enero de 2020

Dormición en el Señor del Monje Ioan


Con sentimientos entremezclados de tristeza y alegría, la Sacra Metrópolis Ortodoxa de España y Portugal anuncia la dormición en el Señor de la vida y de la muerte a los 89 años de edad de su primer monje, Ioan (nombre secular Jen Lissitzky), hijo del famoso pintor judeorruso Lázar (El) Márkovich Lissitzky y de Sofía, de origen alemán.

De profesion era arquitecto mecánico, y trabajó en la Unión Soviética (Novosibirsk y Moscú) y en Alemania. Desde allí llegó a Ronda (Málaga) como jubilado hace más de 20 años.

El difunto fue fundador del Santuario Ortodoxo Panibérico de la Santísima Madre de Dios de la Pronta Escucha en Ronda. Fue bautizado ortodoxo ya siendo anciano, y recibió el hábito y el nombre monástico de Ioan (Juan) hace 4 años de manos de nuestro Metropolita. Fue un monje ejemplar y fiel a la Metrópolis y al Metropolita.

El próximo viernes tendrá lugar su funeral y sepultura en el Santuario que con tanto amor hizo construir.

¡Eterna memoria! ¡Buen Paraíso, muy querido padre Ioan!

martes, 21 de enero de 2020

21/01 - Santos Fructuoso, Augurio y Eulogio, Mártires



En Tarragona, año 259

Siendo emperadores Valeriano y Galieno, y Emiliano y Baso cónsules, el diecisiete de las calendas de febrero (el 16 de enero), un domingo, fueron prendidos Fructuoso, obispo, Augurio y Eulogio, diáconos. Cuando el obispo Fructuoso estaba ya acostado, se dirigieron a su casa un pelotón de soldados de los llamados beneficiarios, cuyos nombres son: Aurelio, Festucio, Elio, Polencio, Donato y Máximo. Cuando el obispo oyó sus pisadas, se levantó apresuradamente y salió a su encuentro en chinelas. Los soldados le dijeron:

- Ven con nosotros, pues el presidente te manda llamar junto con tus diáconos.

Respondióles el obispo Fructuoso:

- Vamos, pues; o si me lo permitís, me calzaré antes. Replicaron los soldados:

- Cálzate tranquilamente.

Apenas llegaron, los metieron en la cárcel. Allí, Fructuoso, cierto y alegre de la corona del Señor a que era llamado, oraba sin interrupción. La comunidad de hermanos estaba también con él, asistiéndole y rogándole que se acordara de ellos.

Otro día bautizó en la cárcel a un hermano nuestro, por nombre Rogaciano.

En la cárcel pasaron seis días, y el viernes, el doce de las calendas de febrero (21 de enero), fueron llevados ante el tribunal y se celebró el juicio.

El presidente Emiliano dijo:

- Que pasen Fructuoso, obispo, Augurio y Eulogio. Los oficiales del tribunal contestaron:

- Aquí están.

El presidente Emiliano dijo al obispo Fructuoso:

- ¿Te has enterado de lo que han mandado los emperadores?

FRUCTUOSO — Ignoro qué hayan mandado; pero, en todo caso, yo soy cristiano.

EMILIANO — Han mandado que se adore a los dioses.

FRUCTUOSO— Yo adoro a un solo Dios, el que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene.

EMILIANO — ¿Es que no sabes que hay dioses?

FRUCTUOSO — No lo sé.

EMILIANO — Pues pronto lo vas a saber.

El obispo Fructuoso recogió su mirada en el Señor y se puso a orar dentro de sí.

El presidente Emiliano concluyó:

— ¿Quiénes son obedecidos, quiénes temidos, quiénes adorados, si no se da culto a los dioses ni se adoran las estatuas de los emperadores?

El presidente Emiliano se volvió al diácono Augurio y le dijo: - No hagas caso de las palabras de Fructuoso.


Augurio, diácono, repuso:

- Yo doy culto al Dios omnipotente.

El presidente Emiliano dijo al diácono Eulogio:

- ¿También tú adoras a Fructuoso?


Eulogio, diácono, dijo:

- Yo no adoro a Fructuoso, sino que adoro al mismo a quien adora Fructuoso.

El presidente Emiliano dijo al obispo Fructuoso:

- ¿Eres obispo?

FRUCTUOSO — Lo soy.

EMILIANO — Pues has terminado de serlo.

Y dio sentencia de que fueran quemados vivos.

Cuando el obispo Fructuoso, acompañado de sus diáconos, era conducido al anfiteatro, el pueblo se condolía del obispo Fructuoso, pues se había captado el cariño, no sólo de parte de los hermanos, sino hasta de los gentiles. En efecto, él era tal como el Espíritu Santo declaró debe ser el obispo por boca de aquel vaso de elección, el bienaventurado Pablo, doctor de las naciones. De ahí que los hermanos que sabían caminaba su obispo a tan grande gloria, más bien se alegraban que se dolían.

De camino, muchos, movidos de fraterna caridad, ofrecían a los mártires que tomaran un vaso de una mixtura expresamente preparada; mas el obispo lo rechazó, diciendo:

- Todavía no es hora de romper el ayuno. Era, en efecto, la hora cuarta del día; es decir, las diez de la mañana. Por cierto que ya el miércoles, en la cárcel, habían solemnemente celebrado la estación. Y ahora, el viernes, se apresuraba, alegre y seguro, a romper el ayuno con los mártires y profetas en el paraíso, que el Señor tiene preparado para los que le aman.

Llegados que fueron al anfiteatro, acercósele al obispo un lector suyo, por nombre Augustal, y, entre lágrimas, le suplicó le permitiera descalzarle. El bienaventurado mártir contestó:

- Déjalo, hijo; yo me descalzaré por mí mismo, pues me siento fuerte y me inunda la alegría por la certeza de la promesa del Señor.

Apenas se hubo descalzado, un camarada de milicia, hermano nuestro, por nombre Félix, se le acercó también y, tomándole la mano derecha, le rogó que se acordara de él. El santo varón Fructuoso, con clara voz que todos oyeron, le contestó:

- Yo tengo que acordarme de la Iglesia, extendida de Oriente a Occidente.

Puesto, pues, en el centro del anfiteatro, como se llegara ya el momento, digamos más bien de alcanzar la corona inmarcesible que de sufrir la pena, a pesar de que le estaban observando los soldados beneficiarios de la guardia del pretorio, cuyos nombres antes recordamos, el obispo Fructuoso, por aviso juntamente e inspiración del Espíritu Santo, dijo de manera que lo pudieron oír nuestros hermanos:

- No os ha de faltar pastor ni es posible falte la caridad y promesa del Señor, aquí lo mismo que en lo por venir. Esto que estáis viendo, no es sino sufrimiento de un momento.

Habiendo así consolado a los hermanos, entraron en su salvación, dignos y dichosos en su mismo martirio, pues merecieron sentir, según la promesa, el fruto de las Santas Escrituras. Y, en efecto, fueron semejantes a Ananías, Azarías y Misael, a fin de que también en ellos se pudiera contemplar una imagen de la Trinidad divina. Y fue así que, puestos los tres en medio de la hoguera, no les faltó la asistencia del Padre ni la ayuda del Hijo ni la compañía del Espíritu Santo, que andaba en medio del fuego.

Apenas las llamas quemaron los lazos con que les habían atado las manos, acordándose ellos de la oración divina y de su ordinaria costumbre, llenos de gozo, dobladas las rodillas, seguros de la resurrección, puestos en la figura del trofeo del Señor, estuvieron suplicando al Señor hasta el momento en que juntos exhalaron sus almas.

Después de esto, no faltaron los acostumbrados prodigios del Señor, y dos de nuestros hermanos, Babilán y Migdonio, que pertenecían a la casa del presidente Emiliano, vieron cómo se abría el cielo y mostraron a la propia hija de Emiliano cómo subían coronados al cielo Fructuoso y sus diáconos, cuando aún estaban clavadas en tierra las estacas a que los habían atado. Llamaron también a Emiliano diciéndole:

—Ven y ve a los que hoy condenaste, cómo son restituidos a su cielo y a su esperanza.

Acudió, efectivamente, Emiliano, pero no fue digno de verlos.

Los hermanos, por su parte, abandonados como ovejas sin pastor, se sentían angustiados, no porque hicieran duelo de Fructuoso, sino porque le echaban de menos, recordando la fe y combate de cada uno de los mártires.

Venida la noche, se apresuraron a volver al anfiteatro, llevando vino consigo para apagar los huesos medio encendidos. Después de esto, reuniendo las cenizas de los mártires, cada cual tomaba para sí lo que podía haber a las manos […]

¡Oh bienaventurados mártires, que fueron probados por el fuego, como oro precioso, vestidos de la loriga de la fe y del yelmo de la salvación; que fueron coronados con diadema y corona inmarcesible, porque pisotearon la cabeza del diablo! ¡Oh bienaventurados mártires, que merecieron morada digna en el cielo, de pie a la derecha de Cristo, bendiciendo a Dios Padre omnipotente y a nuestro Señor Jesucristo, hijo suyo!

Recibió el Señor a sus mártires en paz por su buena confesión, a quien es honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

(BAC 75, 788-794)

domingo, 12 de enero de 2020

12/01 - San Victorián (Victoriano), Confesor


Victorián o Victoriano, santo de origen italiano, compañero y discípulo de San Benito, santo patrón de Europa y del monaquismo occidental. Victorián murió como abad del Monasterio de San Martín de Asán después del año 551, año en que ordenó al obispo de Osca Vicente (557-576), como diácono, y Victorián fue testigo del testamento donde el futuro obispo legó sus bienes al monasterio.

Probable seguidor de San Benito en las primeras fundaciones eremíticas de éste en Subiaco, pronto marchó a Francia con otros compañeros para propagar las enseñanzas monacales benedictinas, donde alcanzó fama de santidad y de notorio sanador. Huyendo de dicha fama, cruzó los Pirineos y se refugió en la agreste Sierra de Guara, donde desde muchos años antes vivían varios cenobitas, cristianos que huían del mundo para encontrar la perfección espiritual en la soledad, cobijados entre las abundantes cuevas cársticas características del mencionado macizo calizo de Guara.

Así, Victorián habitó su pequeño cenobio, (hoy conocido como La Espelunca, situado en una pequeña cueva, dedicado al santo provenzal San Ginés de Arles). Pero las gentes del lugar, atraídos por su saber, cultura y fortaleza espiritual, quisieron que bajara de la Peña para estar más accesible al pueblo, y le ofrecieron una pequeña propiedad en Arasarre (Isarre, Santa Eulalia la Mayor, actualmente un despoblado -desde el siglo XVIII- en el barranco de Vadiello, un afluente del río Guatizalema), en la vertiente sur de la Sierra de Guara.

Su fama, cimentada por su adscripción a las enseñanzas de San Benito, se extendió tanto que fue elegido abad por los monjes del principal y más antiguo monasterio de la región, de origen y rito visigodo y foco monástico de toda la región oscense, el Monasterio de San Martín de Asán. Allí reformó el rito proponiendo una regla para sus monjes que, desafortunadamente, no ha llegado hasta nosotros. Murió con edad avanzada (circa 561). San Venancio lo cita en sus Carmina miscellanea, comentando sus virtudes y milagros en un epitafio unos 30-40 años después de su muerte.

Su monasterio, antes de la invasión árabe, se convirtió con la regla de San Victorián en un verdadero seminario episcopal de la Diócesis de Huesca y de la Provincia Eclesiástica Tarraconense: los obispos oscenses como el mencionado Vicente (557-576) o Audeberto (683, 693) fueron antes monjes o abades de Asán, así como los obispos San Gaudioso de Tarazona (527-541), Aquilino de Narbona, Tranquilino de Tarragona y Eufrónimo de Zamora.

Las reliquias de San Victorián recibieron culto en su Monasterio de San Martín de Asán, que tras la Invasión musulmana de la Península Ibérica, y sobre todo, tras el impulso reconquistador del Condado de Aragón, fue casi desmantelado y trasladó su primacía (y las santas reliquias) al Castillo-Monasterio de Montearagón, junto a Huesca y al Real Monasterio de San Victorián de Sobrarbe, que recogió la tradición victoriana. El culto fue impulsado por los primeros condes y reyes de Aragón y Sobrarbe, hasta el punto de acompañar sus reliquias al campo de batalla. En el siglo XI aparecen los primeros documentos que citan el Real Monasterio de San Victorián. El rey Sancho Ramírez en 1077 dona a este Monasterio todos los beneficios que en Ribagorza contaba el Monasterio de Obarra, más de 60 km² de propiedades, con granjas en el Turbón o la villa y castillo de Graus.


Fuente: Wikipedia

martes, 7 de enero de 2020

Oficios del resto del mes de enero de 2020 en la Catedral de Madrid


SÁBADO 11/01
Vísperas del Domingo ………………...........….……….. 18:30

DOMINGO   12/01
DOM. DESPUÉS DE LA SANTA TEOFANÍA; S. Tatiana gran mártir; S. Saba arzob. de Serbia taum.
Maitines ….…………………...………….……………. 09:30
Liturgia ….…..….....….……...…………...…………… 10:45

SÁBADO 18/01
Vísperas del Domingo ………………………………..... 18:30

DOMINGO 19/01
XII DE LUCAS; TEOFANÍA DEL SEÑOR (viejo cal.); S. Macario de Egipto; S. Marcos de Éfeso
Maitines …………...………………………………….. 09:30
Liturgia ……...……...………………………………… 10:45
Gran Santificaciόn de las Aguas ……………….................................. 12:00

VIERNES 24/01
Sacramento del Óleo Santo …………..………..……. 19:00  

SÁBADO 25/01
Vísperas del Domingo …………...…......………….….. 18:30

DOMINGO 26/01
DOM. XV DE LUCAS; SS. Jenofonte y Amonas taum.
Maitines ………....………………...………………….. 09:30
Liturgia ……….…...………………………………….. 10:45

JUEVES 30/01
SS. TRES JERARCAS (Basilio Magno, Gregorio el Teólogo; Juan Crisóstomo)
Liturgia ………...…...………………………..……….. 10:15

ADEMÁS, DIVINA LITURGIA EN UCRANIANO CADA DOMINGO A LAS 13:00

viernes, 3 de enero de 2020

Memoria de actividades de S.E. Policarpo en el mes de diciembre de 2019


01/12: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines, seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo XIV de Lucas. Al término de la Liturgia celebró el Oficio Sagrado de Artoclasia con motivo de la Fiesta de su Santo Patrono, el Apóstol Andrés (30/11). Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid.

04/12: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta de Santa Bárbara Gran Mártir y de la Entrada de la Ssma. Madre de Dios en el Templo según el calendario juliano.

05/12: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas Solemnes por la Fiesta de San Nicolás.

06/12: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral del Oficio de Maitines y de la Divina Liturgia por la Fiesta de San Nicolás, Arzobispo de Mira, el Taumaturgo.

07/12: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo.

08/12: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines, seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo X de Lucas y de la Fiesta de la Concepción de la Ssma. Virgen María (09/12). Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid.

11/12: Participó en la cena ofrecida por la Excma. Sra. Embajadora de Chipre en España a los miembros de la Delegación oficial de la República de Chipre para la Cumbre Internacional de la ONU sobre Cambio Climático (Madrid, 09-15.12.2019).

12/12: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta de San Espiridión obispo taumaturgo y del Santo Apóstol Andrés según el calendario juliano (13/12).

13/12: Concedió en su despacho una entrevista a un equipo del canal griego de televisión “E” que se encontraba de paso en Madrid por motivos de trabajo.

15/12: Celebró la Divina Liturgia del Domingo XI de Lucas (SS. Progenitores de Cristo) en el Templo de nuestra Parroquia Ortodoxa Griega de Valencia, al final de la cual escuchó villancicos, cantos y poesías navideñas tradicionales griegas interpretadas por los niños griegos presentes en la Liturgia. Seguidamente participó en el almuerzo festivo comunitario prenavideño.

17/12: Se reunió en su despacho de Madrid con los Excmos. y Rvdmos. Obispos Timoteo de la Iglesia Ortodoxa Rumana y Néstor de la Iglesia Ortodoxa Rusa, a iniciativa del primero, para examinar conjuntamente la situación actual de la Iglesia Ortodoxa en España. Por la noche participó en la recepción ofrecida por la Excma. Sra. Embajadora de Chipre en España con motivo de la Fiesta Nacional de este país de la Unión Europea.

19/12: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta de San Nicolás Taumaturgo según el calendario juliano.

20/12: Junto con los clérigos de la Catedral celebró el Sacramento del Óleo Santo del mes de diciembre.

21/22: A mediodía celebró en la Catedral el Oficio Sagrado de Gran Conmemoración por nuestro difunto hermano Andrés, hijo de antiguos inmigrantes políticos rusos en Madrid. Por la tarde asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo.

22/12: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines, seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo antes de la Navidad. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, al término de la cual tuvo lugar la fiesta tradicional ucraniana de los niños de la parroquia con cantos, poesías y regalos con motivo la reciente fiesta de San Nicolás el Taumaturgo según el calendario juliano (19/12).

24/12: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral de los Oficios Sagrados de las Grandes y Reales Horas y de las Grandes Vísperas de la Navidad, seguidos por la Divina Liturgia de San Basilio Magno de la Vigilia de la Santa Natividad.

25/12: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines, seguido por la Divina Liturgia Pontifical de la gran Fiesta de la Natividad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Seguidamente participó en la Sala de la Catedral en el Ágape comunitario y festivo de varios parroquianos con tal ocasión.

26/12: Asistió en la catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta de la Sinaxis de la Ssma. Madre de Dios.

27/12: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta del Santo Protomártir y Archidiácono Esteban.

28/12: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo.

29/12: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines, seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo después de la Navidad. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, al término de la cual tuvo lugar la fiesta navideña de los niños de la Parroquia con cantos y poesías tradicionales ucranianos.

31/12: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas Solemnes por la Fiesta de la Circuncisión del Señor y de San Basilio Magno.