sábado, 31 de agosto de 2019

XI Domingo de Mateo. Lecturas de la Divina Liturgia


1 Cor 9,2-12: Quizás otros no me reconozcan como apóstol, pero vosotros sí tenéis que reconocerme como tal, porque el hecho de que seáis creyentes en el Señor prueba que en verdad lo soy. Esta es mi respuesta a los que me critican: Yo también tengo el derecho de recibir comida y bebida,  y de llevar conmigo una esposa cristiana, como los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas. ¿O acaso Bernabé y yo somos los únicos que no tenemos derecho a ser mantenidos por la comunidad?  ¿Quién que sirve como soldado corre con sus propios gastos? ¿Quién que cultiva un viñedo no come de sus uvas? ¿Quién que cuida las ovejas no toma de la leche que ordeña?  Y no vayáis a creer que esta es solo una opinión humana, porque la ley de Moisés también lo dice.  Pues está escrito en el libro de la ley: “No pongas bozal al buey que trilla.” Y esto no significa que Dios se preocupe de los bueyes, sino que se preocupa de nosotros, porque la ley se escribió por causa nuestra, pues tanto el que ara la tierra como el que trilla el grano deben hacerlo con la esperanza de recibir su parte de la cosecha.  Así que, si hemos sembrado en vosotros una semilla espiritual, no es mucho pedir que cosechemos de vosotros algo de lo material. Si otros tienen tal derecho sobre vosotros, con mayor razón nosotros. Sin embargo, no hemos hecho uso de ese derecho, sino que hemos venido soportándolo todo por no estorbar el anuncio del evangelio de Cristo. 

Mt 18,23-35: “Por eso, el reino de los cielos se puede comparar a un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios.  Había comenzado a hacerlas, cuando le llevaron a uno que le debía muchos millones. Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, a fin de saldar la deuda.  El funcionario cayó de rodillas delante del rey, rogándole: ‘Señor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’  El rey tuvo compasión de él, le perdonó la deuda y lo dejó ir en libertad. Pero al salir, aquel funcionario se encontró con un compañero que le debía una pequeña cantidad. Lo agarró del cuello y lo ahogaba, diciendo: ‘¡Págame lo que me debes!’  El compañero se echó a sus pies, rogándole: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’ Pero el otro no quiso, sino que le hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.  Esto disgustó mucho a los demás compañeros, que fueron a contar al rey todo lo sucedido.  El rey entonces le mandó llamar y le dijo: ‘¡Malvado!, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste.  Pues también tú debiste tener compasión de tu compañero, del mismo modo que yo tuve compasión de ti.’  Tanto se indignó el rey, que ordenó castigarle hasta que pagara toda la deuda". Jesús añadió: –Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.

miércoles, 28 de agosto de 2019

29/08 - Decapitación del Santo Profeta y Precursor Juan el Bautista


El Profeta San Juan el Bautista es considerado después de la Virgen María el santo más honrado. Era hijo del sacerdote Zacarías, casado con Santa Isabel (descendiente de Aarón). Sus padres vivían cerca de Hebrón (en una región montañosa) al sur de Jerusalén. Por parte de su madre él era pariente de Nuestro Señor Jesucristo y nació seis meses antes que el Señor.

Como lo narra el Evangelista San Lucas, el Arcángel Gabriel, se apareció a su padre Zacarías en el Templo y le anunció el nacimiento de su hijo. Y así estos devotos esposos, de edad avanzada, privados del consuelo de tener descendencia, tuvieron por fin un hijo, el cual ellos pidieron en sus oraciones.

Por misericordia de Dios él se liberó de la muerte entre miles de niños que fueron matados en Belén y sus alrededores. San Juan creció en un desierto salvaje, y se preparaba para la gran labor, llevando una forma de vida severa -ayunando, rezando y meditando en su destino preparado por Dios. Llevaba una vestimenta tosca, sujeta con un cinto de cuero, se alimentaba con miel silvestre y langostas. Él siguió una vida de ermitaño hasta el momento en el que el Señor lo llamó a los 30 años de edad para profetizar al pueblo hebreo.

Obedeciendo a este llamado, el Profeta san Juan, llegó a las orillas del río Jordán para preparar a la gente a recibir al esperado Mesías (Cristo). Ante la festividad de la Purificación mucha gente concurría al río para el lavado religioso. Aquí San Juan se dirigía a ellos, proclamando que se confiesen y se bauticen para el perdón de los pecados. La esencia, de su prédica se refería a que, antes de recibir la purificación externa, la gente debía purificarse moralmente, y de esta manera prepararse para la recepción del Evangelio. Claro es, que el bautismo de Juan no era todavia un sacramento bendito, como el bautismo cristiano. Su sentido era el de preparar (convertir) espiritualmente hacia el próximo bautismo con agua y Espíritu Santo. Según la expresión de una oración de la Iglesia, el Profeta san Juan, era la luminosa estrella matutina, la cual desprendía un brillo que era superior a la luminosidad de todas las estrellas y anunciaba la mañana del bendito día, iluminado por Cristo el Sol espiritual (Malaquias 4:2) Cuando la espera del Mesías llegó a su culminación, el Mismo Salvador del mundo, Nuestro Señor Jesucristo llegó al Jordán a bautizarse con San Juan. El bautismo de Cristo fue acompañado de anuncios milagrosos - el descenso del Espíritu Santo que bajó en forma de paloma sobre Él y la voz de Dios Padre que provenía de los cielos, diciendo: "Este es Mi Hijo amado..." Al recibir esta revelación, el Profeta San Juan le decía a la gente sobre El "Aquí esta el Cordero de Dios, que toma sobre Sí los pecados del mundo." Al escuchar esto, dos de los discípulos de Juan siguieron a Jesús. Ellos eran los Apóstoles Juan el Teólogo y Andrés, hermano de Simón, llamado Pedro. Con el bautismo del Salvador el Profeta San Juan concluyó como rubricando su servicio de profeta. Con severidad y sin temor acusaba los vicios tanto de las personas comunes, como la de los poderosos de este mundo. Por ello pronto él padeció.

El rey Herodes Antipas (hijo del rey Herodes el Grande) ordenó encarcelar al Profeta San Juan por acusarlo del abandono de su legítima esposa (hija del rey Aretas de Arabia), y por su unión ilegitima con Herodías, la mujer de su hermano Felipe.

El día de su cumpleaños Herodes hizo un banquete, al cual fueron invitadas personas muy conocidas. Salomé, hija de la pecadora Herodías, con su baile impúdico complació de tal manera al rey Herodes y sus invitados en el banquete, que el rey le prometió bajo juramento darle todo lo que ella le pidiese, aun hasta la mitad de su reino. La bailarina por instigación de su madre, pidió que se le entregue la cabeza de San Juan el Bautista sobre una bandeja. Herodes respetaba a Juan como profeta, por ello, él se disgustó ante ese pedido. Pero le dio vergüenza quebrantar la promesa por el dada, envió entonces al guardia a la prisión, el cual decapitó a san Juan el Bautista y entregó su cabeza a Salomé, quien se la llevó a su madre. Después de insultar Herodia sobre la santa cabeza del profeta, la tiró en un sucio lugar. Los discípulos de San Juan el Bautista le dieron santa sepultura a su cuerpo en Sebastia, una ciudad de Samaria.

Por su crueldad Herodes recibió su castigo en el año 38 después de Cristo. Sus tropas fueron derrotadas por Aretas, que fue contra él, por el deshonor causado a su hija, a la cual él abandonó para convivir con Herodías, y al año siguiente el emperador Calígula lo envió al exilio.

Según las narraciones de la tradición, el Evangelista San Lucas, al visitar distintas ciudades y pueblos con las prédicas de Jesús, desde Sebastia llevó a Antioquía una parte de los santos restos del gran Profeta - la mano derecha. En el año 959, cuando los musulmanes se apoderaron de Antioquía (durante el imperio de Constantino Porfirocente), el diácono Job, de Antioquía se llevó la mano del profeta a Calcedonia, desde allí fue trasladada a Constantinopla, donde se conservó hasta que los turcos tomaron la ciudad. Después la mano derecha del Profeta se encontraba en la Iglesia "De La Imagen Del Salvador" en el Palacio de Invierno de San Petersburgo.

La santa cabeza de San Juan el Bautista fue hallada por la piadosa Juana y sepultada adentro de una vasija en el monte de Olivos. Un asceta devoto, al realizar una zanja para hacer el fundamento de un templo, encontró este tesoro y lo guardó consigo, pero ante su muerte, temiendo que la reliquia fuese profanada por los no creyentes, la escondió en la tierra en el mismo lugar que la encontró. Durante el reinado de Constantino el Grande, dos monjes fueron a Jerusalén para venerar el Santo Sepulcro, y a uno de ellos se le presentó el Profeta San Juan el Bautista y le indicó, en donde estaba enterrada su cabeza. Desde ese momento los cristianos comenzaron a celebrar el Primer hallazgo de la santa cabeza de San Juan el Bautista.

El Señor Jesucristo dijo sobre el Profeta San Juan el Bautista "De todos los nacidos de mujer ninguno (profeta) superó a Juan el Bautista."

San Juan el Bautista es glorificado por la Iglesia como un "Ángel, Apóstol, Mártir, Profeta, Intercesor de la gracia antigua y nueva, de los nacidos honorabilísimo y ojo luminoso de la Palabra".


Fuente: Arquidiócesis de Santiago y Todo Chile (Patriarcado de Antioquía y Todo el Oriente)

martes, 27 de agosto de 2019

Σεπτόν Πατριαρχικόν Μήνυμα ἐπί τῇ ἡμέρᾳ προσευχῆς ὑπέρ τῆς Προστασίας τοῦ Φυσικοῦ Περιβάλλοντος (2019)


† Β Α Ρ Θ Ο Λ Ο Μ Α Ι Ο Σ
ΕΛΕΩι ΘΕΟΥ ΑΡΧΙΕΠΙΣΚΟΠΟΣ ΚΩΝΣΤΑΝΤΙΝΟΥΠΟΛΕΩΣ
ΝΕΑΣ ΡΩΜΗΣ ΚΑΙ ΟΙΚΟΥΜΕΝΙΚΟΣ ΠΑΤΡΙΑΡΧΗΣ
ΠΑΝΤΙ Τῼ ΠΛΗΡΩΜΑΤΙ ΤΗΣ ΕΚΚΛΗΣΙΑΣ ΧΑΡΙΝ, ΕΙΡΗΝΗΝ ΚΑΙ ΕΛΕΟΣ
ΠΑΡΑ ΤΟΥ ΔΗΜΙΟΥΡΓΟΥ ΠΑΣΗΣ ΤΗΣ ΚΤΙΣΕΩΣ
ΚΥΡΙΟΥ ΚΑΙ ΘΕΟΥ ΚΑΙ ΣΩΤΗΡΟΣ ΗΜΩΝ ΙΗΣΟΥ ΧΡΙΣΤΟΥ

Προσφιλεῖς ἀδελφοί Ἱεράρχαι καί τέκνα ἐν Κυρίῳ ἀγαπητά,

Εὐδοκίᾳ καί χάριτι τοῦ πανδώρου Θεοῦ συμπληροῦνται σήμερον 30 ἔτη ἀπό τῆς καθιερώσεως ὑπό τῆς Ἁγίας τοῦ Χριστοῦ Μεγάλης Ἐκκλησίας τῆς ἑορτῆς τῆς Ἰνδίκτου καί πρώτης ἡμέρας τοῦ ἐκκλησιαστικοῦ ἔτους ὡς «Ἡμέρας προστασίας τοῦ περιβάλλοντος». Ἡ εὐλογημένη αὕτη πρωτοβουλία ἔσχε δαψιλῆ καρποφορίαν. Δέν ἀπηυθύνθημεν μόνον πρός τούς ὀρθοδόξους πιστούς, οὔτε μόνον πρός τούς χριστιανούς ἤ τούς ἐκπροσώπους ἄλλων θρησκειῶν, ἀλλά καί πρός πολιτικάς προσωπικότητας, πρός περιβαλλοντολόγους καί ἄλλους ἐπιστήμονας, πρός τούς διανοουμένους καί κάθε ἄνθρωπον καλῆς θελήσεως, ἐπιζητοῦντες τήν συμβολήν των.

Αἱ περιβαλλοντικαί δράσεις τοῦ Οἰκουμενικοῦ Πατριαρχείου ἐλειτούργησαν ὡς ἔναυσμα διά τήν θεολογίαν, νά προβάλῃ μέ ἔμφασιν τήν ἀλήθειαν τῆς χριστιανικῆς ἀνθρωπολογίας καί κοσμολογίας, τήν εὐχαριστιακήν θεώρησιν καί χρῆσιν τῆς δημιουργίας καί τό πνεῦμα τοῦ ὀρθοδόξου ἀσκητισμοῦ ὡς βάσιν διά τήν κατανόησιν τῶν αἰτίων καί ἀντιμετώπισιν τοῦ οἰκολογικοῦ προβλήματος. Ἡ σχετική μέ τήν θεολογικήν οἰκολογίαν ἤ οἰκολογικήν θεολογίαν βιβλιογραφία εἶναι ἐκτενεστάτη καί συγκροτεῖ ἐν τῷ συνόλῳ της ἀξιόλογον ὀρθόδοξον μαρτυρίαν ἔναντι μιᾶς ἐκ τῶν μεγαλυτέρων προκλήσεων διά τήν σύγχρονον ἀνθρωπότητα καί τήν ζωήν ἐπί τῆς γῆς. Ἡ ἐνασχόλησις μέ τό οἰκολογικόν πρόβλημα καί τάς κοσμολογικάς διαστάσεις καί ἐπιπτώσεις τῆς ἁμαρτίας, αὐτῆς τῆς ἀλλοτριωτικῆς ἐσωτερικῆς «ἀνατροπῆς ἀξιῶν» εἰς τόν ἄνθρωπον, ἔφερεν εἰς τό προσκήνιον τήν συνάφειαν περιβαλλοντικῶν καί κοινωνικῶν προβλημάτων καί τήν ἀνάγκην κοινῆς προσεγγίσεώς των. Στράτευσις διά τήν προστασίαν τῆς ἀκεραιότητος τῆς δημιουργίας καί διά τήν κοινωνικήν δικαιοσύνην εἶναι δράσεις ἀλληλένδετοι καί ἀδιαίρετοι.

Τό ἐνδιαφέρον τοῦ Οἰκουμενικοῦ Πατριαρχείου διά τήν προστασίαν τῆς κτίσεως δέν ἐγεννήθη ὡς ἀντίδρασις εἰς τήν σύγχρονον οἰκολογικήν κρίσιν, δέν εἶναι δημιούργημά της. Αὐτή ἦτο ἁπλῶς ἡ ἀφορμή καί ἡ εὐκαιρία διά νά ἐκφράσῃ, νά ἀναπτύξῃ, νά διακηρύξῃ καί νά προβάλῃ ἡ Ἐκκλησία τάς οἰκοφιλικάς ἀρχάς της. Θεμέλιον τῆς ἀδιαπτώτου μερίμνης τῆς Ἐκκλησίας διά τό φυσικόν περιβάλλον εἶναι αὐτή αὕτη ἡ ἐκκλησιολογική ταυτότης καί ἡ θεολογία της. Ὁ σεβασμός καί ἡ προστασία τῆς κτίσεως εἶναι διάστασις τῆς πίστεώς μας, περιεχόμενον τῆς ζωῆς μας ἐν Ἐκκλησίᾳ καί ὡς Ἐκκλησίας. Ἡ ἰδία ἡ ζωή τῆς Ἐκκλησίας εἶναι «βιωμένη οἰκολογία», ἔμπρακτος σεβασμός καί μέριμνα διά τήν δημιουργίαν καί πηγή τῶν οἰκολογικῶν δραστηριοτήτων της. Κατ᾿ οὐσίαν, τό ἐνδιαφέρον τῆς Ἐκκλησίας διά τήν προστασίαν τῆς κτίσεως εἶναι προέκτασις τῆς Θείας Εὐχαριστίας εἰς ὅλας τάς διαστάσεις τῆς σχέσεώς της μέ τόν κόσμον. Ἡ λειτουργική ζωή τῆς Ἐκκλησίας, τό ἀσκητικόν ἦθος, ἡ ποιμαντική διακονία, ἡ σταυροαναστάσιμος βιοτή τῶν πιστῶν, ὁ ἄσβεστος πόθος τῆς αἰωνιότητος, συγκροτοῦν μίαν κοινωνίαν προσώπων διά τήν ὁποίαν ἡ φυσική πραγματικότης δέν εἶναι ἀντικείμενον, χρηστικόν ὑλικόν διά τήν κάλυψιν τῶν ἀναγκῶν τοῦ ἀτόμου καί τῆς ἀνθρωπότητος, ἀλλά ἐνέργημα, πεπραγμένον, δημιούργημα τοῦ προσωπικοῦ Θεοῦ, ὁ ὁποῖος μᾶς καλεῖ νά τό σεβασθῶμεν καί νά τό προστατεύσωμεν, καθιστάμενοι «συνεργοί» αὐτοῦ, «οἰκονόμοι», «φύλακες», καί «ἱερεῖς» τῆς δημιουργίας, νά καλλιεργήσωμεν εὐχαριστιακήν σχέσιν μέ τήν κτίσιν.

Ἡ μέριμνα διά τό φυσικόν περιβάλλον δέν εἶναι μία πρόσθετος δραστηριότης εἰς τήν ἐκκλησιαστικήν ζωήν, ἀλλά οὐσιαστική ἔκφρασις αὐτῆς. Δέν ἔχει κοσμικόν, ἀλλά ἀμιγῆ ἐκκλησιαστικόν χαρακτῆρα, εἶναι «λειτουργική διακονία». Ὅλαι αἱ πρωτοβουλίαι καί αἱ δράσεις τῆς Ἐκκλησίας εἶναι «ἐφηρμοσμένη ἐκκλησιολογία». Ἐν τῷ πνεύματι τούτῳ, ἡ θεολογική οἰκολογία δέν ἀναφέρεται μόνον εἰς τήν ἀνάπτυξιν οἰκολογικῆς εὐαισθησίας καί εἰς τήν ἀντιμετώπισιν τῶν περιβαλλοντικῶν προβλημάτων ἐπί τῇ βάσει τῶν ἀρχῶν τῆς χριστιανικῆς ἀνθρωπολογίας καί κοσμολογίας, ἀλλά ἐπεκτείνεται εἰς τήν ἐν Χριστῷ ἀνακαίνισιν συμπάσης τῆς κτίσεως, ὅπως αὐτή πραγματώνεται καί βιοῦται ἐν τῇ Θείᾳ Εὐχαριστίᾳ, ὡς εἰκόνι καί προγεύσει τῆς ἐσχατολογικῆς πληρώσεως τῆς Θείας Οἰκονομίας ἐν τῇ δοξολογικῇ πληρότητι καί φωτοχυσίᾳ τῆς Βασιλείας τοῦ Θεοῦ.

Τιμιώτατοι ἀδελφοί καί προσφιλέστατα τέκνα ἐν Κυρίῳ,

Τό οἰκολογικόν πρόβλημα ἀποκαλύπτει ὅτι ὁ κόσμος μας ἀποτελεῖ ἑνότητα, ὅτι τά προβλήματά μας εἶναι παγκόσμια καί κοινά. Διά τήν ἀντιμετώπισιν τῶν κινδύνων ἀπαιτεῖται πολύπλευρος κινητοποίησις, σύγκλισις, συμπόρευσις, σύμπραξις. Εἶναι ἀδιανόητον, ἡ ἀνθρωπότης νά γνωρίζῃ τήν σοβαρότητα τοῦ προβλήματος καί νά συνεχίζῃ νά συμπεριφέρεται ὡς νά μή ἐγνώριζεν. Ἐνῷ κατά τάς τελευταίας δεκαετίας, τό κυρίαρχον πρότυπον οἰκονομικῆς ἀναπτύξεως ἐν τῷ πλαισίῳ τῆς παγκοσμιοποιήσεως, μέ πρόσημον τόν φετιχισμόν τῶν οἰκονομικῶν δεικτῶν καί τήν μεγιστοποίησιν τοῦ κέρδους, ὤξυνε τά οἰκολογικά καί κοινωνικά προβλήματα, ἐξακολουθεῖ νά κυριαρχῇ εὐρέως ἡ ἄποψις ὅτι «δέν ὑπάρχει ἄλλη ἐναλλακτική ἐπιλογή» καί ὅτι ἡ μή συμμόρφωσις πρός τήν ἄτεγκτον νομοτέλειαν τῆς οἰκονομίας θά ὁδηγήσῃ εἰς ἀνεξελέγκτους κοινωνικάς καί οἰκονομικάς καταστάσεις. Τοιουτοτρόπως, ἀγνοοῦνται καί δυσφημίζονται αἱ ἐναλλακτικαί μορφαί ἀναπτύξεως καί ἡ ἰσχύς τῆς κοινωνικῆς ἀλληλεγγύης καί τῆς δικαιοσύνης.

Ἡμεῖς ὀφείλομεν νά δραστηριοποιηθῶμεν ἔτι περαιτέρω διά τήν ἐφαρμογήν ἐν τῇ πράξει τῶν οἰκολογικῶν καί κοινωνικῶν συνεπειῶν τῆς πίστεώς μας. Εἶναι ἐξόχως σημαντικόν ὅτι αἱ καθ᾿ ἡμᾶς ἀρχιεπισκοπαί καί μητροπόλεις, πολλαί ἐνορίαι καί ἱεραί Μοναί, ἔχουν ἀναπτύξει οἰκολογικάς πρωτοβουλίας καί πρακτικάς διά τήν προστασίαν τοῦ περιβάλλοντος, καί ποικίλα προγράμματα περιβαλλοντικῆς ἀγωγῆς. Πρέπει νά δοθῇ ἰδιαιτέρα ἔμφασις εἰς τήν ἐν Χριστῷ διαπαιδαγώγησιν τῶν νέων, ὥστε αὕτη νά λειτουργῇ ὡς χῶρος καλλιεργείας καί ἀναπτύξεως οἰκολογικοῦ ἤθους καί ἀλληλεγγύης. Ἡ παιδική καί ἡ ἐφηβική ἡλικία ἀποτελοῦν ἰδιαιτέρως εὐνοϊκάς περιόδους τῆς ζωῆς τοῦ ἀνθρώπου δι᾿ οἰκολογικήν καί κοινωνικήν εὐαισθητοποίησιν. Τό Οἰκουμενικόν Πατριαρχεῖον, ἐν ἐπιγνώσει τῆς σπουδαιότητος τῆς περιβαλλοντικῆς ἐκπαιδεύσεως, συνεχίζον τήν σειράν τῶν σχετικῶν σεμιναρίων, ἀφιέρωσε τήν ἐν τῇ Ἕδρᾳ αὐτοῦ ὀργανωθεῖσαν Γ’ διεθνῆ «Διάσκεψιν τῆς Χάλκης διά τήν Θεολογίαν καί τήν Οἰκολογίαν» (31 Μαΐου – 4 Ἰουνίου 2019), εἰς τό θέμα τῆς ἐντάξεως εἰς τά προγράμματα τῶν Θεολογικῶν Σχολῶν μαθημάτων καί προγραμμάτων σχετικῶν μέ τήν οἰκολογίαν καί τήν οἰκολογικήν παιδείαν. Ἡ λύσις τῶν μεγάλων προβλημάτων τῆς ἀνθρωπότητος εἶναι ἀνέφικτος χωρίς πνευματικόν προσανατολισμόν.

Περαίνοντες τόν λόγον, εὐχόμεθα πᾶσιν ὑμῖν αἴσιον καί εὐλογημένον ἐκκλησιαστικόν ἔτος, πλούσιον ἐν ἔργοις θεαρέστοις, καλοῦντες δέ τά ἀνά τήν οἰκουμένην φωτόμορφα τέκνα τῆς Μητρός Ἐκκλησίας νά προσεύχωνται διά τήν ἀκεραιότητα τῆς δημιουργίας, νά ζοῦν οἰκοφιλικῶς καί φιλαδέλφως εἰς ὅλας τάς διαστάσεις τῆς ζωῆς των, νά ἀγωνίζωνται διά τήν προστασίαν τοῦ φυσικοῦ περιβάλλοντος καί διά τήν προαγωγήν τῆς εἰρήνης καί τῆς δικαιοσύνης, καί διατρανοῦντες ἅπαξ ἔτι τήν ἀλήθειαν ὅτι δέν ὑπάρχει ἀληθής πρόοδος, ὅταν θίγεται ἡ «καλή λίαν» δημιουργία καί ὁ κατ᾿ εἰκόνα καί καθ᾿ ὁμοίωσιν Θεοῦ πλασθείς ἄνθρωπος, ἐπικαλούμεθα ἐφ᾿ ὑμᾶς, μεσιτείᾳ τῆς Ἁγιοπρώτου Παναγίας τῆς Παμμακαρίστου, τήν ζωοπάροχον χάριν καί τό ἄπειρον ἔλεος τοῦ Δημιουργοῦ καί Προνοητοῦ πάσης τῆς κτίσεως.                     

,βιθ’ Σεπτεμβρίου α’

Ὁ Κωνσταντινουπόλεως

διάπυρος πρός Θεόν εὐχέτης πάντων ὑμῶν

Patriarchal Encyclical for the Indiction 2019


+ BARTHOLOMEW

By God’s Mercy

Archbishop of Constantinople-New Rome and Ecumenical Patriarch

To All the Plenitude of the Church

Grace, Peace and Mercy from the Maker of All Creation
Our Lord, God and Savior Jesus Christ

Dearest brother Hierarchs and beloved children in the Lord,

With the goodness and grace of the all-bountiful God, today marks the 30th anniversary since the Holy Great Church of Christ established the feast of Indiction and first day of the ecclesiastical year as “the day of environmental protection.” We did not only address our Orthodox faithful, nor again just Christian believers or even representatives of other religions, but also political leaders, environmentalists and other scientists, as well as intellectuals and all people of good will, seeking their contribution.

The ecological activities of the Ecumenical Patriarchate served as the inspiration for theology to advance prominently the truth of Christian anthropology and cosmology, the Eucharistic worldview and treatment of creation, along with the spirit of Orthodox asceticism as the basis for understanding the reason for and response to the ecological crisis. The bibliography related to theological ecology or ecological theology is extensive and on the whole constitutes an admirable Orthodox witness before the major challenges of contemporary humanity and earthly life. Concern for the ecological crisis and for the global dimensions and consequences of sin – of this alienating internal “reversal of values” in humankind – brought to the surface the connection between ecological and social issues as well as for the need to address them jointly. Mobilizing forces for the protection of the integrity of creation and for social justice are interconnected and inseparable actions.

The interest of the Ecumenical Patriarchate for the protection of creation did not arise as a reaction to or as a result of the contemporary ecological crisis. The latter was simply the motivation and occasion for the Church to express, develop, proclaim and promote its environmentally-friendly principles. The foundation of the Church’s undiminished concern for the natural environment lies in its ecclesiological identity and theology. Respect and care for creation are a dimension of our faith, the content of our life in the Church and as the Church. The very life of the Church is “an experienced ecology,” an applied respect and care for creation, and the source of its environmental activities. In essence, the interest of the Church for the protection of the environment is the extension of the Holy Eucharist in all dimensions of its relationship to the world. The liturgical life of the Church, the ascetic ethos, pastoral service and experience of the cross and resurrection by the faithful, the unquenchable desire for eternity: all of these comprise a communion of persons for which the natural reality cannot be reduced to an object or useful matter to meet the needs of an individual or humanity; by contrast, this reality is considered as an act, deed the handiwork of a personal God, who calls us to respect and protect it, thereby rendering us His “coworkers,” “stewards,” “guardians,” and “priests” of creation in order to cultivate a Eucharistic relationship with it.

Care for the natural environment is not an added activity, but an essential expression of church life. It does not have a secular, but rather a purely ecclesiastical character. It is a “liturgical ministry.” All of the initiatives and activities of the Church are “applied ecclesiology.” In this sense, theological ecology does not merely refer to the development of an ecological awareness or the response to ecological problems on the basis of the principles of Christian anthropology and cosmology. On the contrary, it involves the renewal of the whole creation in Christ, just as this is realized and experienced in the Holy Eucharist, which is an image and foretaste of the eschatological fullness of the Divine Economy in the doxological wholeness and luminous splendor of the heavenly kingdom.

Most honorable brothers and most precious children in the Lord,

The ecological crisis reveals that our world comprises an integral whole, that our problems are global and shared. In order to meet these challenges, we require a multilayered mobilization, a common accord, direction and action. It is inconceivable for humankind to recognize the severity of the problem and yet continue to behave in oblivion. While in recent decades the dominant model of economic development in the context of globalization – highlighting the fetishism of financial markers and magnification of financial profit – has exacerbated ecological and economic problems, the notion still prevails widely that “there is no other alternative” and that not conforming to the rigid validity logic of the world’s economy will lead to unbridled social and financial situations. Thus, any alternative forms of development, along with the power of social solidarity and justice, are overlooked and undermined.  

For our part, however, we are obliged to assume greater measures for the application of the ecological and social consequences of our faith. It is extremely vital that our archdioceses and metropolises, as well as many of our parishes and sacred monasteries, have fostered initiatives and activities for the protection of the environment, but also various programs of ecological education. We should pay special attention to the Christian formation of our youth, so that it may function as an area of cultivation and development of an ecological ethos and solidarity. Childhood and adolescence are particularly susceptible life phases for ecological and social responsiveness. Aware of the urgency of environmental education, the Ecumenical Patriarchate devoted the Third in its series of international Halki Summits to the subject of “Theological Education and Ecological Awareness” (Istanbul, 31 May to 4 June 2019) with a view to incorporating ecology and environmental awareness into programs and curricula of theological schools and seminaries. The solution to the great challenges of our world is unattainable without spiritual orientation.

In conclusion, then, we wish all of you a favorable and blessed ecclesiastical year, filled with works pleasing to God. We invite the radiant children of the Mother Church throughout the world to pray for the integrity of creation, to be sustainable and charitable in every aspect of their lives, to strive for the protection of the natural environment, as well as the promotion of peace and justice. And we proclaim once more the truth that there can be no genuine progress, when the “very good” creation and the human person made in the image and likeness of God suffer. Finally, through the intercession of the first-among-the-saints Theotokos Pammakaristos, we invoke upon you the life-giving grace and boundless mercy of the Creator and Provider of all.

1 September 2019

Bartholomew of Constantinople
Your fervent supplicant before God

27/08 - San Osio de Córdoba, Obispo


El obispo Osio de Córdoba es venerado como Santo por la Iglesia Ortodoxa, aunque no por la Iglesia Católica. Su nombre es griego (Όσιος), pero su procedencia es hispana – cosa que sabemos por nuestra historia – pero que además lo confirman San Atanasio y Simeón Metaphastes. Nació en Córdoba, probablemente en el año 256, deduciéndose esta fecha del hecho incontestable de que se sabe que murió en el año 357 en Sirmio con 101 años de edad. San Atanasio sigue diciendo que en el año 355 llevaba unos sesenta años como obispo de Córdoba, luego debió ser elegido alrededor del año 294. Participó en el Concilio de Nicea y según las actas del mismo, como era hispano y no conocía el griego, tuvo que explicarse mediante intérpretes.

Durante la persecución de Diocleciano fue torturado como confesor de la fe en Cristo y desterrado. Las huellas de esos tormentos eran aún visibles cuando participó en el Concilio de Nicea, conforme lo dice Nicéforo, en el capítulo XIV de su octavo libro. Sobre los tormentos a los que se vio sometido habla el mismo Osio en su carta al emperador Constancio: “He completado la tarea de la confesión, primero en la persecución promovida por tu abuelo Maximiano”.

Asistió también al concilio de Iliberis (Elvira), pues su firma aparece en las actas del mismo en el undécimo puesto y si las actas se firmaban por orden de antigüedad en el episcopado, esto nos da a entender que llevaba relativamente poco tiempo como obispo. Llamado por el emperador Constantino, dejó Hispania y marchó con él a Milán. Muy probablemente influyó en la conversión del emperador, ya que éste lo tenía en gran estima y solicitaba sus consejos, sobre todo cuando estaba confuso entre abrazar el cristianismo, como quería su madre Elena, o continuar en el paganismo. El historiador pagano griego Zósimo, que vivió en el siglo V, llega a decir que el emperador se convirtió “gracias a un egipcio de Hispania”, por lo que los historiadores, dándole a la palabra “egipcio” el significado de “mago, sacerdote o sabio” identifican a Osio como el “egipcio hispano” que en aquellas fechas vivía en la corte del emperador Constantino y tenía influencias sobre él.

Cuando los donatistas africanos depusieron al obispo Ceciliano de Cartago acusándolo de traidor y eligieron a Mayorino, la noticia llegó hasta el Papa San Melquíades, quien habiendo oído a Ceciliano, lo confirmó en su sede. Los donatistas apelaron al emperador Constantino, el cual confirmó la decisión del Papa y los amenazó. Entonces los donatistas acusaron al obispo Osio, que era consejero del emperador, y al Papa Melquíades, como traidores y cómplices del obispo Ceciliano. Dijeron que los obispos hispanos habían declarado a Osio como traidor, pero que éste había sido absuelto por los obispos de las Galias, por lo cual había podido acceder hasta el emperador, a quien instigó en contra de los donatistas. San Agustín, en su libro Primero “Contra Parmeniano” dice que estas acusaciones son falsas, añadiendo que precisamente Osio fue quien suavizó los ánimos del emperador.

Cuando Osio fue enviado a Alejandría para poner calma entre Arrio y San Atanasio, viendo que era imposible hacer cambiar de opinión a Arrio, propuso la celebración de un concilio. Éste se celebró en Nicea en el año 325, asistiendo trescientos dieciocho obispos, presididos por el mismo Osio que firmó el primero después de los legados enviados por el Papa. En su firma dice: “Yo, Osio, obispo de la ciudad de Córdoba en la provincia de Hispania, digo que creo lo que anteriormente se dice. Víctor y Vicente, presbíteros de la ciudad de Roma enviados por nuestro venerable Papa y Obispo Silvestre, subscribimos”. El concilio condenó las tesis de Arrio, confirmó la divinidad del Verbo (Λόγος) y Osio subscribió las tesis del Concilio, luego es absolutamente falso acusar a Osio de Córdoba como obispo arriano.

El Concilio de Nicea – ya lo hemos dicho anteriormente en alguna ocasión – confirmó la consustancialidad del Verbo tal y como se menciona en el primer capítulo del Evangelio de San Juan: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios”. El Hijo es consustancial al Padre, de su misma naturaleza y esto fue definido en el Credo Niceno, en cuya confección Osio había colaborado muy activamente. Osio redactó nuestra profesión de fe, que fue suscrita por todos los obispos presentes, a excepción de cinco arrianos. Previamente, Osio había asistido también al Concilio Gangrense, celebrado en Paflagonia en el año 324, aunque los cánones de este concilio, que no se considera Ecuménico, fueron todos de carácter disciplinario, no dogmático.

Cuando el emperador Constantino murió – que por cierto, fue bautizado por Eusebio de Nicomedia, que era un obispo arriano – Osio volvió a Hispania. Hay quienes afirman que en los últimos años de su reinado, Constantino se inclinó hacia el arrianismo y de hecho, desterró a San Atanasio, que era el patriarca de Alejandría, hasta las tierras germánicas de Tréveris, pero hay que decir también que en su testamento, el emperador revocó esta orden anterior suya. San Atanasio volvió a su sede alejandrina, pero allí fue duramente atacado por los arrianos e incluso se vio perseguido por el emperador Constancio. Para apoyar a San Atanasio se convocó el concilio de Sardis (Sárdica) en el año 347, asistiendo trescientos obispos griegos y setenta y seis latinos. También Osio presidió este concilio y redactó la mayor parte de sus cánones, todos los cuales, apoyaban las tesis de San Atanasio a quién se le restituyó su sede. Posteriormente, ya en Córdoba, Osio convocó un concilio provincial reiterando todos los acuerdos del concilio de Sardis.

El emperador Constancio se había puesto abiertamente al lado de los arrianos y en el año 355 desterró al Papa Liborio por no querer firmar la condena a San Atanasio; y no satisfecho con esto, pensando que Osio tenía una gran influencia sobre todos los obispos que profesaban la fe ortodoxa, arremetió contra él. A las amenazas del emperador respondió Osio, que ya tenía cien años de edad, con esta carta: “Yo fui confesor de la fe cuando la persecución de tu abuelo Maximiano. Si tú la reiteras, estoy dispuesto a padecerlo todo antes que a derramar sangre inocente ni ser traidor a la verdad. Haces mal al escribir tales cosas y en amenazarme. Acuérdate que eres mortal y debes temer al día del juicio. Consérvate puro para ese día y no te mezcles en cosas eclesiásticas ni aspires a enseñarme, puesto que eres tu quién debes recibir lecciones de mi. Dios te confió el imperio y a nosotros nos confió la Iglesia… Te digo esto porque me preocupa tu salvación. Ni estoy ni estaré de acuerdo con los arrianos ni les ayudo, sino que anatematizo esa herejía y por eso, no puedo suscribir la condenación de Atanasio, a quienes la Iglesia romana y un concilio, ha declarado inocente”. Por estas letras, podemos deducir que San Osio tenía muy clara la división de poderes entre Iglesia y estado.

Cuando el emperador recibió la carta se enfureció y ordenó que se presentara en Sirmio, ciudad de Panonia (la actual Sremska Mitrovica, en Serbia). Allí nuevamente se negó a condenar a San Atanasio, aunque fue azotado y sometido a tormentos por los verdugos del emperador. Bajo tormento, tuvo la debilidad de comulgar con los arrianos Ursacio y Valente, pero como indica el propio San Atanasio, inmediatamente se arrepintió de este acto: “Por lo tanto, a tal fin, tuvo una ligera debilidad: pero antes de morir, en su testamento, tuvo la autoridad de condenar la herejía arriana, prohibiendo aprobarla o recibirla”. Y en Sirmio murió, con 101 años de edad, conforme lo testifica Sócrates Escolástico en su Libro Segundo, capítulo XXXI.

Viendo cuál fue su trayectoria a lo largo de toda su vida, parece increíble que se le haya acusado de no ser fiel a la ortodoxia. Redactó el Credo de Nicea, absolvió a San Atanasio y con cien años de edad tuvo la valentía de escribirle al emperador en los términos descritos más arriba. Sometido a tormento, es verdad que tuvo la debilidad de comulgar con dos arrianos, pero inmediatamente se arrepintió. Por eso, sus detractores, principalmente católicos, dicen que claudicó al final de su vida, cosa que no es cierta. Han llegado a acusarle de que firmó un documento profesando la fe arriana y que incluso volvió a Hispania para propagarla, cosa que es absolutamente falsa. Es verdad que en la Iglesia Latina no recibe veneración, pero en las Iglesias de Oriente, tanto en las Iglesias Ortodoxas como en la Iglesia Católica de rito bizantino, sí que se le venera como Santo.

Se le acusa de tratar con herejes excomulgados, cosa que estaba prohibida en los antiguos cánones, pero es que Osio cedió porque lo estaban atormentando, y de inmediato se arrepintió amargamente. Hizo algo parecido a lo que hizo San Martín de Tours – cuya santidad no ponemos en duda – cuando consintió en comulgar con los obispos itacianos para salvar de los rigores del emperador a los priscilianistas. Y al igual que Osio, San Martín se arrepintió. El caso de Osio es exactamente igual, como lo cuenta el mismísimo San Atanasio, pero se le aplica distinto rasero de medir.

Se le acusa de firmar en Sirmio una profesión de fe arriana y eso, San Atanasio, que debía estar mejor informado que nadie, no lo menciona en absoluto, aunque los arrianos así lo propagaran. San Atanasio – que es la mejor defensa de Osio – llega a escribir: “Osio murió protestando contra la violencia, condenando la herejía arriana y prohibiendo que nadie la siguiese ni amparase. ¿Para qué he de alabar a este viejo santo, confesor insigne de Jesucristo? No hay nadie en el mundo que ignore que Osio fue desterrado y perseguido por la fe. ¿Qué Concilio hubo que él no presidiese? ¿Cuando habló delante de los obispos sin que todos le dieran la razón? ¿Qué Iglesia no fue defendida y amparada por él? ¿Qué pecador se le acercó que no recobrase aliento o salud? ¿A qué enfermo o menesteroso no favoreció y ayudó en todo?” (Apología “De fuga sua”).

Además, si la firma hubiese existido, habría sido conseguida bajo tortura, lo que la hace inválida. Otros se basan en la obra “De viris illustribus” de San Isidoro de Sevilla que habla de la “muerte del sacrílego Osio” que quiso imponer el arrianismo en la Bética, pero es que esta afirmación se cae por su peso, ya que San Isidoro no lo escribe “de motu proprio”, sino refiriéndose a un escrito de Marcelino, que era un sacerdote prisciliano. O sea, que no lo escribe como cosa que él sabe, sino como cosa que otro dice. Además, hay que recordar que después del episodio de Sirmio, Osio jamás volvió a Hispania, conforme lo confirma el Menologio griego: “Acabó la vida en el destierro”.

Todo esto queda confirmado aun más por los acontecimientos tal y como ocurrieron: Constancio salió de Roma hacia Sirmio el día 14 de las Kalendas de junio del año 357. Tardaría cierto tiempo en llegar a Sirmio. Allí convocó a varios obispos arrianos y torturó a Osio para que comulgase con Ursacio y Valente. Según escribe San Atanasio, Osio murió ese mismo año e incluso el Menologio griego afirma que fue el 27 de agosto. En pleno siglo IV, en un mes escaso, era muy difícil, y más para un anciano de cien años, ir de Sirmio a Hispania (desde la actual Serbia hasta la actual Andalucía, en España). Osio no volvió a Hispania.

Se conocen algunos escritos de San Osio obispo de Córdoba: en primer lugar, el “Credo de Nicea” en cuya redacción contribuyó activamente, una carta escrita al emperador Constantino y otra escrita al emperador Constancio, una carta escrita al Papa Julio, los cánones del concilio de Sardis, un tratado sobre la “interpretación de las vestiduras de los sacerdotes” en la Ley Antigua y una carta escrita a su hermana, de la que habla San Isidoro de Sevilla diciendo de ella que “está escrita en un apacible y hermoso estilo”. ¿Se puede deducir de esta frase de San Isidoro que tenía mala opinión de Osio? Yo creo que no. Hoy se conmemora su festividad en Oriente y yo estoy convencido de que algún día, la Iglesia Latina reconocerá su santidad. Con él se está cometiendo una injusticia, mayor incluso que la que se cometió con Galileo.

Antonio Barrero


Fuente: Preguntasantoral

lunes, 26 de agosto de 2019

26/08 - San Geroncio, primer Obispo de Itálica


Parece probado que en la ciudad romana de Itálica, cerca de la actual Sevilla, vivió un obispo llamado Geroncio, porque en el siglo VII ahí existía un templo a él dedicado en el que se dice que estaba su sepulcro. En la vida de San Fructuoso de Braga se hace mención a este templo, porque se dice que San Fructuoso lo visitó cuando misionó por tierras andaluzas. Además, en el Rito Mozárabe existe un oficio propio para este santo en el que se incluye un himno en el que se dice que, por haber predicado la fe en esas tierras andaluzas, murió de pena en la cárcel. Además, su inclusión en los martirologios es muy anterior a aquellas fechas.

Este himno del oficio mozárabe dice textualmente: “Hic fertur apostolico, vates fulsisse tempore”, o sea, que vivió en los tiempos de los apóstoles, luego que era del siglo I. Es el propio himno el que cita la noticia como una tradición oral: “fertur”, luego es curioso como Usuardo, que generalmente estaba muy bien informado, dice en su martirologio únicamente: “En la ciudad de Itálica, en Hispania, San Geroncio obispo que murió en la cárcel”. Usuardo dice que San Geroncio fue obispo de Itálica, que no derramó su sangre, sino que murió debido a las calamidades a las que fue sometido en la cárcel, pero no hace mención al hecho de que viviera en tiempo de los apóstoles, como dice el himno mozárabe.

Fue el cardenal Baronio el que, al incluirlo en el Martirologio Romano, sí hace caso al texto mozárabe y dice el día 25 de agosto: “En Itálica de España, San Geroncio obispo, que en tiempo de los apóstoles, predicando el evangelio en aquella provincia, al cabo de muchos trabajos murió en la cárcel”. Recordemos que precisamente el cardenal Baronio no se distinguió por su simpatía hacia las tradiciones provenientes de España, y prueba de ello es el enfado que cogió Felipe II cuando Baronio puso en duda la venida del apóstol Santiago a las tierras gallegas; luego está claro que, aunque Usuardo, que estaba muy bien informado, no dice nada de esto, Baronio sí hace caso al himno mozárabe e incluye ese dato en el martirologio. Aun así, también hay que decir que jamás la sede de Itálica se atribuyó un origen apostólico.

Habiendo sido suprimido el Rito Mozárabe por el Papa Gregorio VII, y habiendo desaparecido ya más de una antigua sede episcopal andaluza, no nos debe extrañar que el recuerdo de este santo cayera en el olvido incluso en la propia Andalucía. Fue en tiempos del cardenal arzobispo de Sevilla, Don Rodrigo de Castro (siglo XVI), cuando se decidió recuperar su memoria en la diócesis hispalense, memoria que aún se mantiene viva. Resumiendo: podemos afirmar que en Itálica existió un obispo mártir llamado Geroncio y que muy probablemente vivió en tiempo de los apóstoles, o sea, en el siglo I.


Fuente: Preguntasantoral

sábado, 24 de agosto de 2019

X Domingo de Mateo. Lecturas de la Divina Liturgia


1 Cor 4,9-16: Pues me parece que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha puesto en el último lugar, como a condenados a muerte. Hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres. Nosotros, por causa de Cristo, pasamos por tontos, mientras que vosotros, gracias a Cristo, pasáis por inteligentes. Nosotros somos débiles y vosotros sois fuertes. A nosotros se nos desprecia y a vosotros se os respeta. Hasta hoy mismo no hemos dejado de sufrir hambre, sed y desnudez; la gente nos maltrata, no tenemos hogar propio y nos cansamos trabajando con nuestras propias manos. A las maldiciones respondemos con bendiciones; somos perseguidos y lo soportamos. Se habla mal de nosotros y contestamos con bondad. Nos tratan como a basura del mundo, como a desperdicio de la humanidad. Y así hasta el día de hoy. No os escribo esto para avergonzaros sino para daros un consejo, como a mis propios hijos, porque os amo; pues aunque tengáis diez mil instructores que os hablen de Cristo, padres no tenéis muchos. Padre vuestro en cuanto a la fe en Cristo Jesús lo soy yo, porque yo soy quien os ha anunciado el evangelio. Así pues, os ruego que sigáis mi ejemplo.

Mt 17,14-23: Cuando llegaron a la multitud, un hombre se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él. Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo. ¡Ah, generación incrédula y perversa! respondió Jesús. ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme acá al muchacho. Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquel momento. Después los discípulos se acercaron a Jesús y, en privado, le preguntaron: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?.- Porque ustedes tienen tan poca fe —les respondió—. Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: "Trasládate de aquí para allá" y se trasladará. Para ustedes nada será imposible. Estando reunidos en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Lo matarán, pero al tercer día resucitará.» Y los discípulos se entristecieron mucho.

jueves, 22 de agosto de 2019

22/08 - Santa Eulalia de Barcelona, Virgen y Mártir



Eulalia nació en la inmediaciones de la ciudad de Barcelona, probablemente hacia los últimos años del siglo tercero. Descendía, a lo que parece, de noble familia; sus padres, con quienes vivía en una quinta de su propiedad, más que amarla la mimaban cariñosísimamente, impelidos por la humildad, la sabiduría y la prudencia que resplandecían en ella de una manera impropia de su tierna edad. Por encima de todo brillaba en aquella virtuosa niña un acendrado amor a Dios Nuestro Señor; su piedad la llevaba a encerrarse cotidianamente en una pequeña celda de su casa con un grupo de amiguitas que había reunido junto a sí para pasar buena parte del día en el servicio del Señor, rezando oraciones que alternaban con el canto de himnos. Habiendo llegado a la pubertad, hacia los doce o trece años, llegó a los oídos de los barceloneses la noticia de que la persecución contra los cristianos volvía a arder de nuevo en todo el Imperio, de manera que quienquiera que se obstinara en negarse a sacrificar a los ídolos era atormentado con los más diversos y espantosos suplicios.

Los emperadores romanos Diocleciano y Maximiano, que hablan oído contar la rápida y maravillosa propagación de la fe cristiana en las lejanas tierras de España, donde hasta entonces había sido tan rara aquella fe, mandaron al más cruel y feroz de sus jueces, llamado Daciano, para que acabara de una vez con aquella "superstición".

Al entrar en Barcelona hizo, con todo su séquito, públicos y solemnes sacrificios a los dioses, y dio orden de buscar cautelosamente todos los cristianos para obligarles a hacer otro tanto. Con inusitada rapidez divulgose entre los cristianos de Barcelona y su comarca la noticia de que la ciudad era perturbada por un juez impío e inicuo como hasta entonces no se había conocido otro. Oyéndolo contar Santa Eulalia se regocijaba en su espíritu y se le oía repetir alegremente: "Gracias os doy, mi Señor Jesucristo, gloria sea dada a vuestro nombre porque veo muy cerca lo que tanto anhelé, y estoy segura de que con vuestra ayuda podré ver cumplida mi voluntad".

Sus familiares estaban vivamente preocupados por la causa de aquel deseo tan vehemente que Eulalia les ocultaba, ella que precisamente no les escondía ningún secreto, sino que siempre les explicaba con la prudencia y circunspección debidas cuanto Dios Nuestro Señor le revelaba. Pero Santa Eulalia seguía sin contar a nadie lo que iba meditando en su corazón, ni a sus padres, que tan tiernamente la amaban, ni a alguna de sus amigas o de sus servidoras que la querían más que a su propia vida; hasta que un día, a la hora de mayor silencio, mientras los suyos dormían, emprendió sigilosamente el camino de Barcelona, al rayar el alba. Llevada de las ansias que la enardecían y la hacían infatigable, hizo todo el trayecto a pie, a pesar de que la distancia que la separaba de la ciudad fuese tal como para no poder andarla una niña tan delicada como ella.

Llegado que hubo a las puertas de la ciudad, y así que entró, oyó la voz del pregonero que leía el edicto, y se fue intrépida al foro. Allí vio a Daciano sentado en su tribunal y, penetrando valerosamente por entre la multitud, mezclada con los guardianes, se dirigió hacia él, y con voz sonora le dijo: "Juez inicuo, ¿de esta manera tan soberbia te atreves a sentarte para juzgar a los cristianos? ¿Es que no temes al Dios altísimo y verdadero que está por encima de todos tus emperadores y de ti mismo, el cual ha ordenado que todos los hombres que Él con su poder creó a su imagen y semejanza le adoren y sirvan a Él solamente? Ya sé que tú, por obra del demonio, tienes en tus manos el Poder de la vida y de la muerte; pero esto poco importa".

Daciano, pasmado de aquella intrepidez, mirándola fijamente, le respondió, desconcertado: "Y ¿quién eres tú, que de una manera tan temeraria te has atrevido, no sólo a presentarte espontáneamente ante el tribunal, sino que, además, engreída con una arrogancia inaudita, osas echar en cara del juez estas cosas contrarias a las disposiciones imperiales?".

Mas ella, con mayor firmeza de ánimo y levantando la voz, dijo: "Yo soy Eulalia, sierva de mi Señor Jesucristo, que es el Rey de los reyes y el Señor de los que dominan: por esto, porque tengo puesta en Él toda mi confianza, no dudé siquiera un momento en ir voluntariamente y sin demora a reprochar tu necia conducta, al posponer al verdadero Dios, a quien todo pertenece, cielos y tierra, mar e infiernos y cuanto hay en ellos, al diablo, y lo que es peor, que quieres obligar a hacer lo mismo a aquellos hombres que adoran al Dios verdadero y esperan conseguir así la vida eterna. Tú les obligas inicuamente, bajo la amenaza de muchos tormentos, a sacrificar a unos dioses que jamás existieron, que son el mismo demonio, con el cual todos vosotros que le adoráis vais a arder otro día en el fuego eterno".

Oyendo Daciano tales requerimientos, mandó que la detuvieran y que inmediatamente la azotaran sin piedad. 'Mientras, sin compasión, se ejecutaba el suplicio, decíale Daciano, en son de burla: "Oh miserable doncella: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué no te libra de esta tortura? ¿Cómo te has dejado llevar por esta imprudencia que te hizo ejecutar un acto tan atrevido? Di que lo hiciste por ignorancia, que desconocías mi poder, y te perdonaré enseguida, pues hasta a mí me duele que una persona nobilísima como tú, ya que vienes, según me han dicho, de rancio abolengo, sea tan atrozmente atormentada". A cuyas palabras repuso Santa Eulalia: "Esto no será jamás; y no me aconsejes que mienta confesando que desconocía tu poderío; ¿quién ignora que toda potestad humana es pasajera y temporal como el mismo hombre que la tiene, que hoy existe y mañana no? En cambio, el poder de mi Señor Jesucristo no tiene ni tendrá fin, porque es el mismo que es eterno. Por esto, no quiero ni puedo decir mentiras, porque temo a mi Señor, que castiga a los mentirosos y sacrílegos con fuego, como a todos los que obran la iniquidad. Por otra parte, cuanto más me castigas, me siento más ennoblecida; nada me duelen las heridas que me abres, porque me protege mi Señor Jesucristo, que, cuando sea Él quien juzgue, mandará castigarte por lo que habrás hecho con penas que serán eternas".

Enfurecido y rabioso, Daciano mandó traer el potro. La extienden en él, y mientras unos esbirros la torturaban con garfios, otros le arrancaban las uñas. Pero Santa Eulalia, con cara sonriente, iba alabando a Dios Nuestro Señor, diciendo: "Oh Señor mío Jesucristo, escuchad a esta vuestra inútil sierva; perdonad mis faltas y confortadme para que sufra los tormentos que me infligen por vuestra causa, y así quede confuso y avergonzado el demonio con sus ministros".

Díjole Daciano: "¿Dónde está este a quien llamas e invocas? Escúchame a mí, oh infeliz y necia muchacha. Sacrifica a los dioses, si quieres vivir, pues se acerca ya la hora de tu muerte y no veo todavía quién venga a librarte".

Mas he aquí que Santa Eulalia, gozosa, le respondió: "Nunca vas a tener prosperidad, sacrílego y endemoniado perjuro, mientras me propongas que reniegue de la fe de mi Señor. Aquel a quien invoco está aquí junto a mí; y a ti no es dado el verle porque no lo mereces por culpa de tu negra conciencia y la insensatez de tu alma. Él me alienta y conforta, de manera que ya puedes aplicarme cuantas torturas quieras, que las tengo por nada".

Desesperado ya y rugiendo como un león ante aquel caso de insólita rebeldía, Daciano mandó a los soldados que, extendida todavía sobre el potro, aplicaran hachones encendidos a sus virginales pechos para que pereciera envuelta en llamas. Al oír aquella decisión judicial, Santa Eulalia, contenta y alegre, repetía las palabras del salmo: "He aquí que Dios me ayuda y el Señor es el consuelo de mi alma. Dad, Señor, a mis enemigos lo que merecen, y confundidles; voluntariamente me sacrificaré por Vos y confesaré vuestro nombre, pues sois bueno, porque me habéis librado de toda tribulación y os habéis fijado en mis enemigos". Y habiendo dicho esto, las llamas empezaron a volverse contra los mismos soldados. Viendo lo cual Santa Eulalia, levantando la vista al cielo, oraba con voz más clara todavía, diciendo: "Oh Señor mío Jesucristo, escuchad mis ruegos, compadeceos misericordiosamente de mí y mandad ya recibirme entre vuestros escogidos en el descanso de la vida eterna, para que, viendo vuestros creyentes la bondad que habéis obrado en mí, comprueben y alaben vuestro gran poder".

Luego que hubo terminado su oración se extinguieron aquellos hachones encendidos que, empapados como estaban en aceite, debían haber ardido por mucho tiempo, no sin antes abrasar a los verdugos que los sostenían, los cuales, amedrentados, cayeron de hinojos, mientras Santa Eulalia entregaba al Señor su espíritu, que voló al cielo saliendo de su boca en forma de blanca paloma. El pueblo que asistía a aquel espectáculo, al ver tantas maravillas, quedó fuertemente impresionado y admirado, en especial los cristianos, que se regocijaban por haber merecido tener en los cielos como patrona y abogada una conciudadana suya.

Pero Daciano, al ver que después de aquella enconada controversia y que, a pesar de tantos suplicios, nada había aprovechado, descendió del tribunal, mientras, enfurecido, daba la orden de que fuera colgada en una cruz y vigilada cautelosamente por unos guardianes: "Que sea suspendida en una cruz hasta que las aves de rapiña no dejen siquiera los huesos". Y he aquí que al punto de ejecutarse la orden cayó del cielo una copiosa nevada que cubrió y protegió su virginidad. Los guardas, aterrorizados, la abandonaron para seguir vigilándola a lo menos desde lejos, según se les había ordenado.

Tan pronto se divulgó lo acaecido por los poblados circunvecinos de la ciudad, muchos quisieron ir a Barcelona para ver las maravillas obradas por Dios. Sus mismos padres y amigas corrieron enseguida con gran alegría, pero lamentando al propio tiempo no haber conocido antes lo sucedido.

Después de tres días que Santa Eulalia pendía de la cruz, unos hombres temerosos de Dios la descolgaron con gran sigilo, sin que se dieran cuenta los soldados o guardianes; y habiéndosela llevado, la embalsamaron con fragantes aromas y amortajaron con purísimos lienzos. Entre ellos había uno que dicen se llamaba Félix, que con ella había también sufrido confesando a Cristo, el cual con gran alegría dijo al cuerpo de la Santa: "Oh señora mía, ambos confesamos juntos, pero vos merecisteis la palma del martirio antes que yo". Y he aquí que la Santa le contestó con una sonrisa. Los demás, mientras la llevaban a enterrar, alegrábanse entonando cánticos e himnos al Señor: "Los justos os invocarán, oh Señor, y Vos los habéis escuchado. mientras les librabais de cualquier tribulación". Al oírse aquellos cantos, fue asociándose a la comitiva una gran multitud, hasta que con gran regocijo le dieron sepultura.

ANGEL FÁBREGA GRAU, PBRO.


domingo, 18 de agosto de 2019

IX Domingo Mateo. Lecturas de la Divina Liturgia


1 Cor 3,9-17: Ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. ¡Mire cada cual cómo construye! Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego. ¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque el santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario.

Mt 14,22-34: Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.» Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.» «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!» Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.» Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.

jueves, 15 de agosto de 2019

Vídeo - Lamentaciones de la Dormición de la Santísima Madre de Dios

La Dormición de la Madre de Dios en la tradición bizantina


Una tumba que se convierte en escala para el cielo

Todas las liturgias de las Iglesias cristianas tienen un sentido pedagógico- o, mejor, mistagógico - muy claro. Este aspecto está subrayado claramente en las liturgias del Oriente cristiano: para los creyentes la liturgia es un maestro que instruye sobre la verdad de la fe.

De modo particular esta mistagogía/catequesis de la liturgia la encontramos en las celebraciones de la Madre de Dios, aquella que acogió en su vientre al Verbo eterno de Dios. La presencia de María articula los diversos momentos del año litúrgico de las Iglesias de tradición bizantina: la primera gran fiesta del ciclo litúrgico es la del 8 de septiembre, es decir, la Natividad de la Madre de Dios, y se cierra con la fiesta del 15 de Agosto, su Dormición. Todo el misterio de Cristo que se celebra a lo largo del año litúrgico comienza con la Natividad de María y se cierra con su tránsito y su plena glorificación.

El amor y la veneración por la Madre de Dios es el alma de la piedad de los Iglesias cristianas de Oriente y el corazón que vivifica la comunidad cristiana. El Oriente cristiano, desde sus comienzos, siempre ha contemplado a la Virgen inseparablemente insertada en el misterio del Verbo encarnado. Las Iglesias de Oriente, dirigiéndose a la Madre de Dios, saben que se dirigen a Aquella que intercede ante su Hijo.

La fiesta del 15 de agosto, que en los libros litúrgicos bizantinos lleva el título de "Dormición" de la Madre de Dios, celebra su tránsito y su plena glorificación encuadrándolos en el misterio pascual de Cristo, y es también una de las fiestas más populares entre los fieles. De hecho, es precedida por la llamada "pequeña cuaresma de la Madre de Dios", periodo de oración y de ayuno que comienza el uno de agosto; en estas dos semanas, mientras se llega al día de la fiesta, por la tarde se celebra el oficio de la Paráklisis ("súplica", "invocación", "consolación"), una oración a la Madre de Dios, muy popular y amada por los fieles. En ésta María es invocada como Madre de Dios, Virgen, Madre del Verbo encarnado, Virgen y Madre divina; títulos en relación a su divina maternidad, u otros relacionados a su función en el misterio de la redención: “poderosa en la intercesión, baluarte inexpugnable, fuente de misericordia, causa de alegría, fuente de incorruptibilidad, torre de seguridad”.

En la liturgia del 15 de Agosto, los textos del Oficio y de la Divina liturgia (troparios, kontákia) subrayan el gozo y la alegría. No el luto, el llanto por la muerte, sino la celebración, en su sentido más fuerte y más litúrgico del término, del tránsito de la Madre de Dios. Los textos de la fiesta se centran en todo el misterio de María en la economía de la redención: “protectora, fuente de Vida, trono del Altísimo, Madre de la eterna Luz, Madre de Dios”; Ésta está, como las demás criaturas, sometida a la muerte, pero la Vida que por Ella nació la hace nacer a la verdadera vida.

La liturgia de este día, con expresiones poéticas con frecuencia contrastantes, manifiesta y confiesa a Aquella que es la fe de la Iglesia: "La fuente de la vida es colocada en un sepulcro; la tumba se convierte en escala para el cielo". La profesión de fe de los primeros concilios de la Iglesia se refleja en la liturgia de hoy: "Esposa toda inmaculada y Madre del beneplácito del Padre, aquella que es elegida por Dios como lugar de su unión sin confusión, entrega hoy el alma inmaculada a Dios creador".

La liturgia eucarística ofrece a los fieles dos textos neotestamentarios: El primero (Filipenses, 2, 5-11) es el canto de la humildad de Dios; para glorificar a su creatura, es decir, al hombre, el Verbo de Dios se abaja y se hace hombre; para glorificar, para llevar al hombre a la primitiva gloria, belleza, el Verbo se hace hombre. Es como si la Liturgia Bizantina, concluyendo el año litúrgico – estamos en la última gran fiesta del calendario – entregase a la Iglesia y a cada cristiano estas palabras del Evangelio: Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica.

Finalmente, el icono de la Dormición de la Madre de Dios nos propone casi una “celebración” de la muerte de la Madre de Dios. Cristo en el centro de un semicírculo, con los ángeles entorno, tiene en sus brazos el alma de su Madre. María - muerta, o mejor dicho, adormecida - está colocada en el centro del icono sobre un lecho. Alrededor de Ella están los Apóstoles y unas mujeres llorando. Entre ellos, Pedro y Pablo, es decir, toda la Iglesia. En este icono el lecho de María es también el altar sobre el cual se celebra la liturgia: los Apóstoles que están celebrando alrededor de él, Cristo al fondo, en el ábside, que preside, Pedro que inciensa en el instante de la Gran Entrada.

En la celebración de la Dormición, María se convierte así en prototipo, es decir, en modelo, de la salvación para la Iglesia y para cada uno de los cristianos. María, la Madre de Dios, junto al Verbo encarnado, junto al misterio de la Iglesia, junto al misterio del hombre. El hombre atormentado y perdido conducido por María al puerto que es Cristo mismo; el hombre, objeto de la misericordia divina por medio de la Madre de Dios; el hombre alegrado por Aquella que engendra a Aquél que es la alegría del mundo, Cristo. El hombre es salvado por Dios gracias a la Encarnación del Verbo en el seno de María.

Publicado por Manuel Nin en l’Osservatore Romano el 15 de Agosto de 2008; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López


Fuente: https://lexorandies.blogspot.com