jueves, 31 de marzo de 2016

Шевченківські Дні у Авейро / Dia de Shevchenko em Aveiro


Começaram os trabalhos do Secretariado do Santo e Grande Concílio da Igreja Ortodoxa


No Centro Ortodoxo do Patriarcado Ecumênico em Chambesy, próximo a Genebra, sob a presidência do Metropolita Jeremias da Suíça (Patriarcado Ecumênico), teve lugar no 29 de março de 2016 a primeira reunião dos membros do secretariado do Santo e Grande Concílio da Igreja Ortodoxa.

O secretariado panortodoxo foi estabelecido em conformidade com as decisões da Synaxe dos Primazes das Igrejas Ortodoxas, realizada entre 21 e 28 de janeiro deste ano em Chambesy. É constituída por um representante de cada uma das Igrejas Autocéfalas (comunhão canônica). De acordo com a decisão da Synaxe dos Primazes, as atribuições da Secretaria incluem:

* A publicação em um site na web, especialmente criado para esta finalidade, do conteúdo dos documentos aprovados por unanimidade nas Conferências Pré-conciliares e na Synaxe dos Primazes, bem como a agenda do Concílio;

* Informar, sob a orientação de consultores especiais, os meios de comunicação sobre o trabalho e os objetivos do Concílio;

* A partir da recomendação das Igrejas Ortodoxas, prestar a orientação e a assistência necessárias aos profissionais dos meios de comunicação interessados em credenciamento para a cobertura dos trabalhos do Concílio.

* Outras questões relacionadas com o apoio do secretariado do Concílio.

Participam no Secretariado Panortodoxo os seguintes representantes das Igrejas Ortodoxas locais:

* Patriarcado Ecumênico: Bispo Dom Job de Telmessus
* Patriarcado de Alexandria: Metropolita Alexander de Nigéria
* Patriarcado de Antioquia: Metropolita Silvanus de Buenos Aires
* Patriarcado de Jerusalém: Professor Theodore Giagkou
* Patriarcado russo: Arcipreste Nicholas Balasof e Pe. Anatoly Tsouriakof
* Patriarcado da Sérvia: Bispo bispo Irinej de Backa
* Patriarcado romeno: Arcebispo Nifon de Targovishte
* Patriarcado búlgaro: Metropolita Ioannis de Varna
* Patriarcado da Geórgia: Metropolitan de Gori e Ateni
* Igreja de Chipre: (Metropolita Konstantiysky de Basil[1]) Bispo Vasilios de Constantia
* Igreja da Grécia: Metropolita Crisóstomo de Messinia
* Igreja da Polônia: Bispo George de Siematitse/ Semyatychsky
* Igreja da Albânia: Metropolita Ioannis de Korce/Korchinskiy
* Igreja da República Tcheca e Eslováquia: Arcebispo Michael de Praga.


Fotografia: Mons. Job de Telmessos

miércoles, 30 de marzo de 2016

Donación de un icono para nuestra Catedral de Madrid


Ayer, 29 de marzo de 2016, la Santa Iglesia Catedral de los Santos Andrés y Demetrio de Madrid, Iglesia Madre de nuestra Metrópolis, recibió un regalo personal del P. Archimandrita Gregorio, Hegúmeno del Santo Monasterio de Dojiaríu (Δοχειαρίου), situado en la costa suroeste del Monte Athos: una copia en gran tamaño del icono milagroso de la Madre de Dios de la Pronta Escucha o del Pronto Socorro (Παναγία Γοργοεπήκοος), uno de los más venerados de la Sagrada Montaña y por el pueblo cristiano ortodoxo en general.

Para nuestra Catedral es una gran bendición poseer este icono, que tiene pegados en el vidrio que lo protege algodones con miro brotado del original y aceite de su lámpara que perfuman todo el templo hasta la calle.

El icono ha sido colocado justo debajo del de la Madre de Dios del iconostasio, y puede ser venerado por todos los fieles que lo deseen.

¡Gloria a Dios por todo!

Matrimonio y nuevo matrimonio en la Iglesia Ortodoxa


1. El misterio del Matrimonio - "Pequeño Pentecostés" en la "ecclesia minor"

La imagen de la Trinidad en la persona se ve también en el hecho de que esta no ha sido creada sola, sino hombre y mujer en comunión de naturaleza. Así se explica también el mayor sufrimiento del hombre en este mundo y más allá: la soledad. Porque la soledad conduce a la muerte total, del cuerpo y del alma. El hombre no puede tener una existencia feliz mientras esté separado de sus semejantes y, sobre todo, separado de Dios, ya que Dios tampoco está solo, sino que es una comunión de Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

A menudo, cuando hablamos sobre la persona, nos referimos al hombre o a la mujer, pero, desde el punto de vista teológico, tenemos que comprender a ambos. Dicho de otro modo, la persona en su plenitud no puede ser entendida si no es "juntos".

De este "juntos" constitutivo de la persona ha nacido la familia como expresión primera e inalienable de la comunión. La importancia de la familia como manifestación del amor trinitario y comunitario en el acto de la creación se ve también en el hecho de que todos los acontecimientos principales de la historia de la Salvación están ligados a la familia: en familia ha tenido lugar la caída, mediante la familia se perpetúa la raza humana y se transmite también el pecado ancestral, en familia empieza la restauración de la comunión degradada por el pecado. Por eso el Santo Apóstol Pablo llama a la familia "ecclesia domestica (minor)" (Rom 16,5) que está en la base de la "ecclesia major". Ambas Iglesias tienen una continuidad y un vínculo indestructibles.

Mediante el descenso del Espíritu Santo queda fundada la Iglesia grande, lugar de salvación del hombre por Cristo en el amor de Dios Padre. La Iglesia pequeña, la familia, también queda fundada mediante un descenso de la gracia del Espíritu Santo, es decir, mediante el Sacramento del Matrimonio; por eso este Sacramento puede ser llamado "el Pentecostés de la Iglesia pequeña".

El Sacramento del matrimonio es un nuevo Pentecostés, un descenso de la gracia del Espíritu Santo sobre los novios, acto que conduce a la fundación de la familia cristiana, donde la gracia une a los esposos en una vida nueva que es un anticipo de la vida eterna. Así como Pentecostés, mediante el descenso del Espíritu Santo, da comienzo a la Iglesia grande, el Sacramento del Matrimonio, mediante su gracia, funda la Iglesia pequeña, que rehace en Cristo la unidad ontológica entre hombre y mujer.

Del mismo modo que la familia es la célula básica de la sociedad, también las Iglesias pequeñas son las células básicas de la Iglesia grande, y entre ellas existe un estrecho vínculo de interdependencia.

"La unidad que se realiza en el acto del Matrimonio no es una unidad del mundo de abajo, sino del de arriba. Es una unidad a la que el Espíritu Santo le confía una vocación y una misión. [...] La llamada a la unidad de arriba, a la plenitud de la "ecclesia doméstica", es la llamada a la comunión en el amor, no solo en el sentido de que los novios, luego esposos, entran en un nuevo vínculo de reencuentro y amor, sino mucho más: mediante este amor del uno hacia el otro, ellos mismos descubren en el otro a Cristo. En los matrimonios que pertenecen al mundo caído, es decir, de la unidad de abajo, domina la desunión, separación que se manifiesta en diferentes tipos de degradación de las costumbres que no son suprimidos por el amor "natural", sino que más bien este los favorece, provocando así la desorganización del matrimonio y la familia. Lo propio del matrimonio cristiano, guiado por los valores bautismales de los que está dotada la "ecclesia doméstica", es el descubrimiento y la presencia en el mundo del amor como vida y de la vida como amor. Realizándose en el amor, los esposos son poseedores de poder capaz de curar las heridas de la caída, produciendo así los frutos de la obra divina por la que están dominados, y estos tienen una influencia benéfica en toda la comunidad.

El Sacramento del Matrimonio no es, por tanto, un acto estático. Es un acto mediante el cual, por un lado, se reparte la gracia como energía divina y, por otro lado, es un acto mediante el cual los dos esposos la desarrollan de un modo activo toda la vida. Si no fuera por esta gracia, la familia caería en una relación biológica simple que llevaría al aburrimiento y se deshilacharía. Sin embargo, la gracia alimenta y sostiene el amor entre los dos en un estado vivo, activo, inagotable.

Mediante el amor y la entrega mutua, sostenidos por la gracia del Espíritu Santo, cada uno de los esposos ve en el otro la imagen de Cristo y conserva la unidad también mediante Cristo.

En este contexto se desarrolla también el amor erótico entre ambos esposos, que los hace un solo cuerpo (Mt. 19,6). El cristianismo no desprecia la unión corporal entre hombre y mujer, que tiene un doble papel: el de la satisfacción natural de las inclinaciones sensuales y, mediante esta, la procreación. Entre los dos aspectos existe una interdependencia responsable, y no se pueden excluir mutuamente. La relación entre el placer corporal y la procreación es un misterio delicado de la familia, pero la gracia del Sacramento del Matrimonio ayuda a la conservación del equilibrio en esta relación.

El paralelo entre la Iglesia grande y la Iglesia pequeña puede continuar bajo muchos aspectos; por ejemplo, la confesión de fe que se recita en la Iglesia grande tiene como correspondiente la fidelidad en la Iglesia pequeña; sobre todo los atributos de la Iglesia grande pueden encontrarse también en los de la Iglesia pequeña. Así, confesamos que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Pero, cuando afirmamos esto no nos referimos solo a la Iglesia grande, sino también a la pequeña.

Así, la familia es una en el sentido de que se funda para toda la vida, es decir, es indisoluble y monógama, y compromete a los esposos en una unidad de vida en el mismo Cristo. La gracia del Sacramento del Matrimonio fortalece la unidad de los esposos entre sí y con Cristo, defendiendo su vocación de indisolubilidad del mismo modo como Pentecostés une a todos en una sola comuni´n. Una es la Iglesia de Cristo, su cuerpo, y así tiene que ser también en la familia, en la que los esposos son un solo cuerpo hasta la muerte.

La familia es santa, igual que la Iglesia, mediante sus objetivos de santificación y salvación de sus miembros. Los miembros de la familia, igual que los de la Iglesia, no son santos, pero el objetivo principal de la familia, al que sirve la gracia del matrimonio, es la obtención de la santidad. El punto de partida de la santidad de la Iglesia es Pentecostés, que llega hasta hoy también mediante el Sacramento del Matrimonio, punto de partida de la santidad de la familia.

La familia es católica porque abraza a toda la humanidad, y mediante ella se perpetúa esta humanidad. Así como Pentecostés fundó la Iglesia para la santificación universal de los hombres y del cosmos, también la gracia del Matrimonio funda la familia para la santificación de la humanidad entera. 

La familia es apostólica en el sentido de que es fundada por el Sacramento del Matrimonio instituido por el Salvador Jesucristo y transmitido por los Santos Apóstoles y mediante la sucesión apostólica hasta nuestros días. La verdadera sacramentalidad se descubre en la continuidad apostólica ininterrumpida, que une Pentecostés con cada Sacramento del matrimonio. En esta apostolicidad se celebra el Matrimonio de cada familia, porque solo mediante la apostolicidad se perpetúa Pentecostés.

El Sacramento del Matrimonio es, pues, el que lleva a la Iglesia al seno de la familia y, a la inversa, integra a la familia en el seno de la Iglesia. La gracia invocada en el Sacramento del Matrimonio sobre los novios es la que desarrolla este doble movimiento.

El acto de fundación de la Iglesia pequeña mediante el descenso de la gracia del Sacramento del matrimonio sobre la nueva familia, "el Pentecostés pequeño", revela en modo claro el sentido teológico ortodoxo de este Misterio, sentido que se aparta de cualquier concepción juridicista o juridizante del matrimonio y la familia cristiana. Todas los disposiciones canónicas que la Iglesia ha elaborado en el curso de su historia no son más que reflejos y concretizaciones de la enseñanza ortodoxa acerca del matrimonio y la familia cristiana, disposiciones que no solo son totalmente distintas de las concepciones precristianas, sino que también preservan a la Iglesia de todas las influencias negativas que de ellas se derivan.

De este modo, la doctrina canónica de la Iglesia en general, y la referente al matrimonio en particular, surge directa e inevitablemente de la enseñanza dogmática de la Iglesia. El mayor y más fácil error a la hora de afrontar los santos cánones es el de confundirlos o asemejarlos a previsiones jurídicas formales, ajenas a la fe cristiana.

El derecho canónico ortodoxo intenta extender la justicia del Reino de Dios en las realidades históricas de la Iglesia, y mediante ella sostener y proteger la verdadera fe. Nació de la tensión escatológica en la que se encuentra la Iglesia, de la tensión de los que se encuentra entre el "ahora" y el "siempre" y tienen necesidad de un camino, de cánones, para cumplir la Ley de Cristo. Todas las disposiciones canónicas referentes al Sacramento del Matrimonio y a la familia, que son el objeto del derecho matrimonial ortodoxo, siguen el mismo objetivo: fortalecer y proteger la fe ortodoxa y al mismo tiempo la elevación espiritual de los que, mediante la fundación de una familia cristiana, anhelan el Reino de los Cielos.

2. La indisolubilidad del Sacramento del Matrimonio

La Iglesia Ortodoxa enseña que el Sacramento del Matrimonio es un sacramento indisoluble: se celebra sobre los novios de una vez y para siempre. La indisolubilidad es en la práctica consecuencia de la unión entre hombre y mujer, no solo como unión en el plano humano, fisiológico, sino también en el plano espiritual, para lo cual los esposos reciben una gracia especial repartida mediante el Sacramento del Matrimonio. "Pero esta gracia no tiene que ser recibida de forma pasiva, sino desarrollada activamente entre ambos. Así, la indisolubilidad inherente a la naturaleza y rehecha mediante la gracia también es obra de la voluntad de ambos". Si la unión se hace solo en el plano humano, ambos se pueden aburrir rápidamente el uno del otro, pero si la unión tiene lugar en un nivel espiritual, las personas se revelan mutuamente en un amor inagotable, sostenido por la gracia del Sacramento del Matrimonio.

Por consiguiente, según las enseñanzas de los Santos Padres, el Sacramento del matrimonio no es un acto de un momento, que se cierra como un contrato, de una vez par siempre, sino un acto de crecimiento continuo, de responsabilidad recíproca, de fortalecimiento y salvación de todas las situaciones críticas mediante la ayuda y la colaboración con la gracia del Matrimonio.

Del mismo modo hay que entender también la indisolubilidad del Matrimonio, no como un acto estático que se sostiene en el pasado y que aprieta hasta ahogar, sino como un acto dinámico, vivo, como blanco que atrae y al que se llega mediante una lucha espiritual sostenida por la gracia del Sacramento del Matrimonio.

El mayor don que el hombre ha recibido de Dios es la libertad, y por eso la Iglesia no puede sofocar la libertad del hombre aunque esta pueda conducir al pecado o a la negación de Dios. Mucho más la indisolubilidad, como un trazo del Matrimonio, no puede sofocar la libertad de los esposos, incluso cuando conduce al fracaso.

Dios nos a dado una libertad plena, sin restricciones, incluso la libertad de negarlo a Él, sin que esta existencia suya sea puesta en peligro por nosotros. Del mismo modo la indisolubilidad tiene que manifestarse en una libertad plena, sin coacciones, incluso en la libertad de los esposos que la niegan, separándose, sin que esta indisolubilidad, como objetivo y trazo de la familia cristiana, se deshaga. Los esposos que se separan se niegan a ellos mismos, reconociendo el fracaso y el pecado, pero no niegan la indisolubilidad que no han alcanzado. Los que no coronan el Everest no pueden negar que este monte exista. En otras palabras, la indisolubilidad del matrimonio es vocación, no condición.

La indisolubilidad de la Iglesia pequeña es como el atributo de la santidad de la Iglesia grande, que es santa por su objetivo aunque se componga de fieles pecadores. Del mismo modo, también la Iglesia pequeña es indisoluble por su vocación, no por la voluntad de los esposos, sometida siempre al pecado. Así como nadie puede coaccionar a la santidad, tampoco nadie puede coaccionar para conservar la indisolubilidad. La indisolubilidad tiene valor solo mientras sea libremente asumida.

3. El divorcio

La verdad de lo que hasta ahora se ha dicho se ve también en el hecho de que el divorcio ha sido y es una realidad indiscutible de la vida humana. Nadie puede negar la realidad trágica del divorcio.

El divorcio es un pecado y una tragedia. Nadie lo quiere, nadie lo asume de manera libre, nadie lo defiende. Pero existe y no puede ser negado. El aspecto más interesante es que el divorcio no puede ser tampoco prohibido. Podemos prohibir los pecados asumidos de modo consciente, pero no los errores que intervienen de un modo imprevisible y no deseado. Prohibir el divorcio es un sinsentido, es como si se prohibieran los terremotos, o los incendios, o las inundaciones, o las enfermedades...

Una familia sana es indisoluble. La enfermedad más grave de la familia es el divorcio, mediante el cual la indisolubilidad no es anulada, sino solo abandonada. Los pecados de los fieles no deshacen el atributo de la santidad de la Iglesia; al contrario, acentúan el dolor de una santidad incumplida.

Todo médico quiere la salud y repudia la enfermedad. Pero al mismo tiempo el médico no puede prohibir la enfermedad, lo que sería absurdo. Por ese motivo la Iglesia Ortodoxa no puede ser absurda prohibiendo el divorcio, porque este no puede ser prohibido. La Iglesia solo puede advertir, prevenir o tratar la enfermedad del divorcio. La Iglesia puede de la mejor manera posible dirigir espiritualmente a los esposos para que estos, en un acto de amor responsable y sacrificial, colaboren con la gracia del Matrimonio y prevenir así todo fracaso.

No pocas veces se ha dicho de manera equivocada que la Iglesia Ortodoxa acepta el divorcio. ¡No! La Iglesia Ortodoxa no acepta el divorcio, como no puede aceptar el pecado, sino que consiente, tolera o reconoce el divorcio como una realidad dolorosa indiscutible. La curación de una enfermedad no empieza con su aceptación o negación impasible, sino con su reconocimiento, con su comprensión y con compasión hacia los enfermos para encontrar la medicina adecuada. Nadie ama la enfermedad, pero sí a los enfermos que tienen necesidad de un amor sin fisuras. Así se explica por qué la Iglesia Ortodoxa no está de acuerdo con el divorcio, pero lo reconoce sin aceptarlo en vista a la salvación de los que han sido alcanzados por esta tragedia. La Iglesia Ortodoxa no ama, sino que condena el divorcio, pero al mismo tiempo no condena a los divorciados, sino que los ama, no por su fracaso, sino porque la Iglesia siente que tiene una misión justo donde el drama es mayor.

Otro error es el de creer que la Iglesia Ortodoxa divorcia a los esposos o que deshace el Sacramento del Matrimonio. La Iglesia no deshace un sacramento, no deshace lo que Dios ha unido. La Iglesia solo hace una cosa: reconoce la realidad destructiva del pecado, y por tanto también del divorcio. Así pues, el llamado "divorcio eclesiástico" tiene un carácter de constatación, administrativo, pasivo, no litúrgico-sacramental, es decir, activo.

Si la Iglesia pudiera "deshacer" el Sacramento del Matrimonio, podría "deshacer" todos los demás Sacramentos; por ejemplo, podría "devolver" la Comunión a la realidad de pan y vino que tenía antes de la Liturgia, cosa que es más que absurda. La Iglesia no puede hacer algo "por el dorso", es decir, en contra de lo que hizo inicialmente. Solo los receptores de los actos sagrados, pero no la Iglesia, pueden obrar contra la gracia que se les ha entregado mediante los sacramentos, no como algo normal, sino como una anormalidad nacida del pecado.

Por ejemplo, nadie puede "deshacer" o anular el Bautismo realizado a un fiel. El Bautismo permanece indeleble. Pero, aun así, la persona bautizada puede caer de la gracia, puede dejar de colaborar con la gracia del Bautismo e incluso abandonar la Iglesia cuando pierde la fe. Pero el Bautismo no se le puede quitar a nadie, permanece presente mediante su gracia, aunque se vuelve ineficaz por la falta de colaboración. Por eso la Iglesia Ortodoxa no conoce la práctica de la "anulación" de ningún sacramento, y por tanto tampoco la práctica de la "anulación" del Matrimonio en ninguna situación.

Los esposos que se encuentran en una crisis espiritual -y no solo- pueden perder el amor mutuo y sacrificial, dejando de colaborar con la gracia del Matrimonio, se pueden separar, pero no pueden deshacer el carácter indisoluble del sacramento. La gracia del Matrimonio permanece, aunque en una ineficacia dolorosa, mediante el rechazo a colaborar con ella. Este estado se asemeja al icono de Cristo que llama a una puerta que ya no quiere abrirse. Este es el gran drama del divorcio.

4. El nuevo matrimonio

En un matrimonio infeliz seguido de divorcio, la tragedia de los esposos separados le plantea a la Iglesia una pregunta muy complicada: ¿qué hacer ante tales situaciones? ¿Cómo ayudar a la salvación de ambos?

Desde el principio hay que decir que la tragedia de los esposos separados es también una tragedia de la Iglesia. Ante estas situaciones, la Iglesia no puede permanecer impasible ni inmutable. La respuesta a la pregunta arriba planteada se encuentra en la práctica de la Iglesia primitiva, antes de la división.

Así, según el principio de economía, la Iglesia ha escogido entre dos situaciones indeseadas: o rechazar a los esposos divorciados como quienes han perdido la salvación, o reintegrarlos en la Iglesia tolerando o consintiendo un nuevo matrimonio. Entre estas dos opciones, la Iglesia ha escogido el mal menor, es decir, tolerar el nuevo matrimonio de los divorciados.

El primer caso, el mar mayor, no se podía aceptar, porque la Iglesia no puede cerrar la puerta de la salvación a nadie. Dicho de otro modo, en la Iglesia no se puede decir nunca: "¡No existe posibilidad alguna!". Algo así no se puede oír más que en la prisión, donde la libertad del hombre está totalmente limitada.

Cuando los esposos no pueden reconciliarse definitivamente, sino que el divorcio se ha convertido en una enfermedad incurable desde el punto de vista humano, la Iglesia debe encontrar una nueva vía de salvación. Por eso la Iglesia ha tolerado el nuevo matrimonio, como remedio amargo para situaciones límite, basándose en el principio de economía.

El principio de economía es un principio fundamental de la Iglesia, mediante el cual la autoridad eclesial tiene la libertad de "pisar" un canon o una disposición eclesial, solo cuando el respeto de estos produciría un gran mal. La economía no es una regla en sí misma, sino de hecho una disposición mediante la cual se puede recurrir a excepciones con el objetivo evidente de la salvación de los fieles. La excepción no puede conducir a la destrucción de la ley, sino a evitar ahogar la libertad de los fieles cuando la letra mata. El principio de economía puede llamarse también principio de la aplicación en espíritu de las leyes eclesiales, o principio de la libertad y de la responsabilidad pastoral.

Por este motivo, la excepción no puede ser admitida más que una vez, o como mucho dos, pues, de lo contrario, su repetición ilimitada la transforma en una regla contraria a la inicial. Por eso el nuevo matrimonio es aceptado una vez o, como mucho, dos, para que no se convierta en una regla sin límites, sobre todo porque eso significaría el alejamiento consciente del espíritu de la Iglesia. Este es el sentido teológico-canónico del Concilio de Constantinopla del año 920, mediante el cual se prohibió la tetragamia.

El principio de economía está bien reflejado en la Sagrada Escritura, pues el mismo Salvador lo siguió muchas veces; por ejemplo, cuando escogió la salvación del endemoniado a costa de una gran pérdida material (el ahogo de los cerdos) o cuando muestra a las vírgenes sabias que no tienen compasión a la hora de negar el aceite de las lámparas para evitar que se malgastara o se perdiera totalmente, etc. En cuanto al matrimonio, el Salvador defiende su indisolubilidad, pero no podemos ignorar las palabras "excepta fornicationis causa" (Mt. 5,32), que son la base del principio de economía, como excepción a la regla.

El principio de economía está bien presente en los Santos Padres y puesto de relieve en toda la historia de la Iglesia, sobre todo en el I Concilio Ecuménico (Nicea, 325), donde los cátaros o puritanos exclusivistas son rechazados por la Iglesia (canon 8). La Iglesia no puede ser exclusivista, sino misericordiosa. La tolerancia de un nuevo matrimonio tiene que ser vista como excepción a la regla de la indisolubilidad del matrimonio en base a la misericordia sin fin de Dios. La excepción fortalece la regla, la indisolubilidad sigue siendo un atributo esencial de un matrimonio verdadero, aunque la Iglesia tolera el mal menor del nuevo matrimonio.

La Iglesia tolera porque no puede obligar a actos que lesionan la libertad del hombre. La Iglesia tiene que amar con el amor sin fin de Dios, porque el amor de Dios hacia el mayor de los pecadores sobrepasa con creces el amor del mayor de los santos hacia Dios.

Hay que añadir que el principio de economía no es un favor ni una recompensa, sino una solución de necesidad; por eso la Iglesia Ortodoxa no ha utilizado nunca el término "privilegium" tomado del derecho romano. Nadie puede ser privilegiado en la Iglesia, nadie puede verse favorecido en la obra de la salvación. Este hecho se ve también en que el oficio eclesiástico del segundo Matrimonio tiene un carácter de arrepentimiento que se lleva a cabo tras un período de arrepentimiento o una "penitencia" determinada, y que no es un "sacramento", sino una "hierurgia" con un carácter enormemente penitencial.

Permítanme que concluya con una pregunta sincera (espero no ser mal entendido): ¿El año 2016, año de la misericordia, no podría traer mucha más misericordia hacia los vueltos a casar? Si los que han cometido un aborto pueden ser perdonados, ¿no pueden participar también del perdón los vueltos a casar? ¡Roguemos a Dios que nos ayude!

Dr. Irimie Marga

lunes, 28 de marzo de 2016

Encíclica patriarcal e sinodal sobre a convocação do Santo e Grande Concílio da Igreja Ortodoxa


+ B A R T O L O M E U
 PELA GRAÇA DE DEUS,
ARCEBISPO DE CONSTANTINOPLA, NOVA ROMA,
E PATRIARCA ECUMÊNICO
A TODO O PLEROMA DA IGREJA
A GRAÇA E PAZ DE DEUS

A nossa Santa Igreja Ortodoxa, «revestida de púrpura e fino linho», adornada com o sangue dos mártires, com as lágrimas de seus santos, os sacrifícios dos confessores da sua fé, festeja hoje o dia de seu onomástico. Este foi justamente chamado e estabelecido como o «Domingo da Ortodoxia», dia em que, após séculos de duros conflitos, a verdade resplandeceu e se impôs sobre a mentira, através da restauração da veneração aos santos ícones como portadores da pessoal presença e da divina graça do santo ícone do Filho e Verbo de Deus encarnado e dos seus santos. Deste modo, uma vez mais foi reconhecida e proclamada a verdade de que «o Verbo se fez carne e habitou entre nós, e vimos a sua glória, glória como do unigênito do Pai, cheio de graça e de verdade» (Jo 1, 14), honrando assim e santificando a criação material e o nosso corpo, por torna-los «participantes da natureza divina» (1 Pd 4) e nos comunicar a graça e a vida divina.

Nesta grande verdade salvífica, que esses que negavam a veneração aos sagrados ícones combatiam, o modo para fazer prevalecer a verdade sobre a mentira foi, também nesta circunstância, o mesmo que igreja tem seguido desde o princípio e ao longo de todo o curso de sua história, ou seja, o da sinodalidade. O discernimento entre verdade e mentira, entre a ortodoxia e heresia, nem sempre é fácil. Até mesmo os hereges acreditavam e acreditam que seguem a verdade e sempre haverá os que qualificam como «hereges», aqueles que não concordam com suas opiniões ou seus pontos-de-vista. A Igreja Ortodoxa, neste caso, reconhece um e somente um o critério de autenticidade: o Sínodo dos Bispos canônicos. Sem decisão sinodal é impossível distinguir ortodoxia de heresia. Todos os dogmas da Igreja e seus sagrados cânones são marcados com o selo da sinodalidade. A Ortodoxia é a Igreja da sinodalidade. A Igreja Ortodoxa sempre deu grande ênfase a este princípio eclesiológico e o tem fielmente aplicado em seu plano local. Isto tem sido assim por muitos séculos, ainda que no plano ecumênico e panortodoxo tenha sido, por um longo tempo, interrompido em razão de circunstâncias históricas.

Hoje nos encontramos na feliz posição de anunciar oficialmente, a partir desta sagrada cátedra ecumênica que, graças a Deus e a sinfonia de todos os Primazes da Santíssima Igreja Ortodoxa, será realizado o Santo e Grande Sínodo de toda a Igreja Ortodoxa, após mais de cinquenta desde a decisão de sua convocação, e terá lugar na ilha de Creta no período de 18 a 27 de junho deste ano de 2016, cujos trabalhos terão início com a Divina Liturgia Panortodoxa na Igreja de São Mena, em Iráklion, durante o grande e augusto dia de Pentecostes, prosseguindo na Academia Ortodoxa em Kolimbari, Porto de Chania. A nossa humildade, rodeada pelos demais Primazes da Igreja Ortodoxa, irá presidir a este Santo e Grande Sínodo, do qual também tomarão parte os membros das representações dos Episcopados de todas estas Igrejas.

O principal objetivo e a importância deste Sínodo Panortodoxo é demonstrar que a Igreja Ortodoxa é Una, Santa, Católica e Apostólica, unida nos mistérios (sacramentos) e, naturalmente, na divina Eucaristia e na Fé ortodoxa, mas também em sinodalidade. Para tanto, foi preparado durante um longo período de tempo, através de uma série de Comissões Preparatórias e Conferências Pré-sinodais, certificando-se de que os documentos das suas decisões resultassem sempre da unanimidade de pensamento, para que sua mensagem seja expressada e transmitida «a uma só voz e um só coração».

Os temas que ocuparão o Santo e Grande Sínodo, claramente definidos de modo panortodoxo no momento da decisão de sua convocação, dizem respeito, principalmente, às questões de estrutura e da vida externa da Igreja Ortodoxa, que precisa de uma reorganização imediata, tais como questões relacionadas com as relações da ortodoxia com o resto do mundo cristão e a missão da igreja em nosso tempo. Mas sentiu-se que era necessário que a Igreja Ortodoxa reorganizasse antes as coisas da sua própria casa, para depois então poder dirigir a sua palavra ao mundo, fato que não deixou de ser considerado seu dever. Claro que sabemos que o mundo espera ouvir a voz da Igreja Ortodoxa em muitas questões candentes que preocupam as pessoas em nossa contemporaneidade. O fato de a Ortodoxia, após tantos séculos passados, seguir expressando a sua sinodalidade em nível mundial, constitui o primeiro e decisivo passo a partir do qual se espera, pela graça de Deus, que após a realização deste Grande e Santo Sínodo, outros sejam convocados, igualmente panortodoxos e não muito tempo depois.

Amados Irmãos e Filhos diletos no Senhor:

Os grandes fatos históricos são guiados pela graça de Deus, na verdade, pelo Senhor da História. Os grandes eventos históricos são dirigidos pela graça de Deus, Nós plantamos e regamos, mas o que faz nascer, crescer e frutificar é o Senhor (1 Cor 3,8). O grande e Santo Sínodo da Igreja Ortodoxa é, verdadeiramente, um evento histórico, e em Deus e somente a Ele confiamos o seu bom êxito. Conclamamos a todos os fiéis ortodoxos em todo o mundo, clero e povo, para que, em prece ao Deus Triúno, implorem para que coroe com as suas bênçãos este evento, pois através dele a sua Igreja é edificada e glorificado o seu santo nome.
Os tempos são críticos, e a unidade da Igreja deve ser exemplo da unidade de toda a humanidade, dilacerada por divisões e conflitos. O bom êxito do Grande e Santo Sínodo envolve todos os membros da igreja, que também são chamados a demonstrar o seu interesse por este tema.

Portanto, os documentos aprovados de modo panortodoxo e que serão submetidos ao Santo e Grande Sínodo já foram publicados e disponibilizados a todos os fiéis de boa vontade, não só para que estejam devidamente informados e atualizados, mas também para que possam expressar seus pontos-de-vista e dizer o que esperam do Santo e Grande Sínodo.

Anunciando estas coisas a todo Pleroma da Igreja Ortodoxa em todo o mundo, durante este grandioso dia, pedimos ao Senhor da paz que conceda a sua igreja e a todos vós abundantes graças e bênçãos, e ao mundo inteiro «a paz em todo o tempo e em todas as circunstâncias» (2 Ts 3,16).

No ano da Salvação de 2016, durante o mês de março (20) na 9ª indicção.

† Bartolomeu de Constantinopla, fervoroso suplicante a Deus
† João de Pérgamo, suplicante a Deus
† Isaías de Denver, suplicante a Deus
† Alessio de Atlanta, suplicante a Deus
† Giacomo da Ilha dos Principes, suplicante a Deus
† Giuseppe de Priconeso, suplicante a Deus
† Meltone da Filadelfia, suplicante a Deus
† Emanuel de França, suplicante a Deus
† Nikita de Dardanelli, suplicante a Deus
† Nicola de Detroit, suplicante a Deus
† Gerasimo de San Francisco, suplicante a Deus
† Massimo de Sylivria, suplicante a Deus
† Amfilochio de Adianoupoli, suplicante a Deus


Fonte: www.ecclesia.com.br
Tradução do italiano: Pe. André Sperandio

Божественная Литургия в Кордове



Дорогие братья и сестры!

Приглашаем вас на Божественную Литургию в субботу, 9 апреля, в 10 часов.

Константинопольский патриархат.

Parroquia de la Inmaculada (c/ San Diego de Alcalá, 10 - 14005 Córdoba)

ВНИМАНИЕ! ТЕПЕРЬ МЫ НАХОДИМСЯ НА 2 ЭТАЖЕ! ПОСТОЯННО!


¡Queridos hermanos y hermanas!

Les invitamos a la Divina Liturgia el sábado 9 de abril a las 10:00.

Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.

Parroquia de la Inmaculada (c/ San Diego de Alcalá, 10 - 14005 Córdoba)

¡ATENCIÓN! ¡AHORA ESTAMOS PERMANENTEMENTE EN LA 2ª PLANTA!

domingo, 27 de marzo de 2016

O Patriarca Ecuménico visitou o pequeno Asya, ferido em ataque terrorista


Num ato profundamente simbólico, o Patriarca Ecumênico Bartolomeu I visitou, nesta quarta-feira, no Hospital Etfal, em Sisli, o pequeno Asya, gravemente ferido, assim como os seus pais e a sua irmã mais velha, no mais recente ataque terrorista que matou cinco outras pessoas e feriu trinta e seis. Com este gesto, Bartolomeu I quis expressar a todas as vítimas do terrorismo a sua preocupação, interesse e simpatia.

Asya, de dois anos e meio, é o menor dos feridos e internados na unidade de terapia intensiva. O Patriarca Bartolomeu levou seus melhores votos de rápida recuperação ao pequeno Asya e a todos os feridos internados naquela unidade de saúde.

Com esta visita, além de manifestar seu amor paternal por todas as crianças do mundo, o Patriarca Ecumênico chama a atenção para a necessidade de que todas as pessoas de boa vontade permaneçam unidas diante desses fenômenos da violência do terrorismo em nosso tempo.

Fonte: www.amen.gr,através de www.ecclesia.com.br
Fotografia: Nikos Manginas

sábado, 26 de marzo de 2016

O Metropolita Tikhon da Igreja Ortodoxa na América (OCA) visitou o Patriarcado Ecuménico no Domingo da Ortodoxia


O Metropolita Tikhon da Igreja Ortodoxa da América (OCA) atendeu a um convite de S.S. o Patriarca Ecumênico Bartolomeu de Constantinopla para concelebrar na Divina Liturgia na Igreja Patriarcal de São Jorge, no «Domingo da Ortodoxia» celebrado em 20 de março de 2016. Acompanhado do padre João Jillions, o Arcebispo Tikhon chegou a Istambul no sábado, 19 de março, pouco depois de um atentado terrorista ter matado e ferido mais de 30 pessoas na zona turística da cidade. 

Na noite de sábado, participaram das Vésperas presididas pelo Patriarca Bartolomeu na Igreja Patriarcal de São Jorge, do Fanar. Em seguida, o Metropolita Tikhon e Pe. John foram convidados a um encontro com o Patriarca Bartolomeu em seu escritório. Após saudar o Patriarca Ecumênico em nome dos Bispos do Santo Sínodo da Igreja Ortodoxa na América, o Metropolita conversou com S. Santidade sobre temas relacionados ao próximo Grande e Santo Concílio, bem como sobre as perspectivas de diálogo com o Patriarcado no que diz respeito à unidade ortodoxa e a regularização da situação canônica da igreja na América do Norte, entre outros. Por sua vez, o Patriarca Bartolomeu dirigiu a palavra saudando os visitantes e, ao final, após a troca de presentes, encorajou o Metropolita Tikhon a visitar novamente o Patriarcado no futuro. Após o encontro, o Metropolita e Pe. João jantaram na companhia do Patriarca Bartolomeu e de alguns dos membros do Santo Sínodo do Patriarcado Ecumênico, incluindo Sua Eminência, o Metropolita João de Pérgamo [Zizioulas].

No domingo, 20 de março, Domingo da Ortodoxia, S. S. Bartolomeu I presidiu a Divina Liturgia festiva na qual concelebraram o Metropolita Tikhon e hierarcas membros do Santo Sínodo do Patriarcado Ecumênico. Após a Liturgia na Igreja Patriarcal, teve lugar um serviço memorial por aqueles que sofreram e morreram por causa da fé e a  tradicional procissão com ícones.


Fr. Ivan Moody's sermon on the Annunciation / Homilia do Pe. Ivan Moody sobre a Anunciação



25 March 2016

In the name of the Father, the Son and the Holy Spirit.

“Be it unto me according to Thy word”. These are the words that Mary utters in response to the perplexing greeting of the Archangel Gabriel. Mary is an unmarried virgin, engaged to Joseph, confronted suddenly by this visitation of God in the form of a winged angel. The angel is God's messenger, utterly unlike the kind of sugary, sentimental image we may bring away from a Christmas card. The poet Rilke reminds us correctly that “every angel is terrifying”. Mary asks how such a thing may come to pass, since she knows not a man, and the angel explains that she will be overcome by the Holy Spirit in order to bear the Son of God. 

How many would respond in such a situation, “Be it unto me according to Thy word”? How many would say “yes”? But it is precisely Mary's intuitive understanding of what is happening that enables her to respond in this way. Initially awestruck, she is told by Gabriel not to be afraid, and informed of God's plan for her and consequently, for mankind, of her role in the history of salvation. Nothing, he says, is impossible with God. To this cosmic plan she assents. And in that moment of assent, a window opens that transforms the world. It is a window through which God enters in the most literal way possible into the fallen world. God is incarnate in the womb of the Virgin, and becomes man. In Christ, God and man are simultaneously and completely present, which is why Mary, the Mother of God, is a perfectly normal human being. Christ is thereby both fully God and fully man, subject to the same temptations that we are. Only Christ, however, remains sinless in the face of these temptations. What sets Mary apart is her complete acceptance of God's message, her “yes” – “Be it unto me according to Thy word”. She is completely aware of her unworthiness, but trusts in God's plan for her and rejoices in it, and it is upon that “yes” that the course of the universe turns.

Let us also not be afraid. Let us be attentive to those moments in which an angel of God visits us, in which a window opens and we have an opportunity to fulfil our role in the divine economy.  Those moments are certainly more frequent than we realize. Let us, like Mary, not only accept God's word, but rejoice in it wholeheartedly, for nothing is impossible with God.

Amen.


25 de Março de  2016


Em nome do Pai, do Filho e do Espírito Santo.

“Seja feito em mim segundo a Tua palavra”. Estas são as palavras de Maria em resposta à saudação desconcertante do Arcanjo Gabriel. Maria é uma virgem não casada, prometida a José, confrontada repentinamente com esta visitação de Deus sob a forma de um anjo alado. O anjo é o mensageiro de Deus, totalmente diferente do tipo de imagem adocicada, sentimental, que podemos ver em postais de Natal. O poeta Rilka lembra-nos correctamente que “cada anjo é aterrador”. Maria pergunta como tal coisa pode vir a acontecer, pois não conhece varão, e o anjo responde que será visitada pelo Espírito Santo para dar à luz ao Filho de Deus.

Quantos responderiam numa tal situação, “Seja feito em mim segundo a Tua palavra”? Quantos diriam “sim”? Mas é precisamente a compreensão intuitiva de Maria do que se está a passar que a torna capaz de responder desta maneira. Ela está inicialmente apavorada, mas Gabriel diz-lhe que não tenha medo, e informa-a do plano que Deus tem para ela e, consequentemente, para os homens. A este plano cósmico ela dá o seu consentimento. E nesse momento de consentimento, abre-se uma janela que transforma o mundo. É uma janela através da qual Deus entra da forma mais literal possível dentro do mundo caído. Deus encarna no seio da Virgem e faz-se homem. Em Cristo, Deus e homem estão simultaneamente e completamente presentes, e é por isso que Maria, a Mãe de Deus, é um ser humano perfeitamente normal. Cristo é portanto plenamente Deus e plenamente homem, sujeito às mesmas tentações que nós. Porém, só Cristo permanece sem pecado perante estas tentações. O que diferencia Maria é a sua aceitação completa da mensagem de Deus, o seu “sim” - “Seja feito em mim segundo a Tua palavra”. Está completamente consciente da sua indignidade, mas confia no plano de Deus para ela e rejubila no mesmo, e é sobre esse “sim” que gira o curso do universo.

Não temamos então. Estejamos atentos àqueles momentos em que somos visitados por um anjo de Deus, em que se abre uma janela e temos uma oportunidade para cumprir o nosso papel na economia divina. Esses momentos são certamente mais frequentes do que nos apercebemos. Que possamos, como Maria, não só aceitar a palavra de Deus, mas rejubilar nela de pleno coração, pois com Deus nada é impossível.


Amen.

jueves, 24 de marzo de 2016

Βαρκελώνη - Κυριακή της Ορθοδοξίας (Α’ Νηστειών)


Η πρώτη Κυριακή των Νηστειών ονομάζεται και Κυριακή της Ορθοδοξίας σε ανάμνηση της νίκης της αληθινής πίστης και της ανα...
Posted by Sacra Metrópolis de España y Portugal - Patriarcado Ecuménico on Jueves, 24 de marzo de 2016

miércoles, 23 de marzo de 2016

VI Encuentro Nacional de Iconografía de Cáceres (Extremadura) con participación de nuestra Metrópolis


Cáceres 1-3 de Abril de 2016

Este VI Encuentro Nacional de Iconografía tendrá como referencia nuevamente el Palacio Episcopal, de modo que el entorno del casco histórico de Cáceres se sumará con su encanto a la convocatoria.

En los diferentes actos programados se busca unir espiritualidad y arte, conocimiento y diálogo, dando espacio a la participación de los iconógrafos e iconógrafas que acuden al encuentro desde lugares tan diversos de nuestra geografía.

Nuestra Sacra Metrópolis de España y Portugal estará representada por el P. Archimandrita Demetrio (Sáez), que impartirá la conferencia "Imagen y espiritualidad" el viernes 1 de abril a las 20:00.

El lugar de la exposición de los Iconos y de la inauguración y charlas es: Palacio Episcopal, Plaza de Santa María 1, Cáceres.

Para acceder al formulario de inscripción, hacer clic aquí.


Fuente: Diócesis de Coria-Cáceres
Adaptación propia

Encíclica patriarcal y sinodal en la convocatoria del Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa


Prot. N°.: 314

† B A R T O L O M É  
POR LA GRACIA DE DIOS ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA,
NUEVA-ROMA, Y PATRIARCA ECUMÉNICO  
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA,
GRACIA Y PAZ DE DIOS

Nuestra Santa Iglesia ortodoxa, “vestida de púrpura y lino fino” de la sangre de sus mártires, las lágrimas de los santos y las luchas y los sacrificios de sus confesores de la fe, celebra hoy el día de su onomástica. Después de un período de un siglo de duras luchas, este día fue identificado de manera apropiada como "Domingo de la Ortodoxia" señalando el día en el cual brilló la verdad y venció la mentira por la veneración de los iconos sagrados como portadores de la presencia personal y la gracia divina del Hijo encarnado y Verbo de Dios y Sus santos. De este modo  fue reconocido y proclamado para siempre  que "la Palabra se hizo carne y habitó en nosotros" (Jn. 1.14) honrando y santificando la creación material y nuestro cuerpo, para convertirlos en "participantes de la naturaleza divina" (2 Ped. 1.4).

En esta gran verdad salvífica, que combatieron los que niegan la veneración de las imágenes sagradas, el camino hacia la victoria de la verdad contra la falsedad, que siguió la Iglesia desde el principio a lo largo de toda su historia, es decir la verdad de la de conciliaridad. La distinción entre la verdad y la falsedad, la ortodoxia y la herejía, no siempre es perceptible. Incluso, los herejes creían y creen que poseen la verdad, y siempre existirán los que señalarán como "herejes" a los no están de acuerdo con sus puntos de vista. La Iglesia ortodoxa en este caso reconoce una sola autoridad: el Sínodo de sus Obispos canónicos. Sin decisión sinodal, la distinción entre la ortodoxia y la herejía no es posible. Todas las doctrinas de la Iglesia y sus sagrados cánones llevan el sello de la conciliaridad. La ortodoxia es la Iglesia de la conciliaridad.  

Este principio eclesiológico siempre lo ha recalcado la Iglesia ortodoxa, y lo aplica fielmente a nivel local. Regía durante muchos siglos a nivel ecuménico o pan-ortodoxo, pero fue interrumpido durante bastante tiempo debido a circunstancias históricas. Hoy nos encontramos en la posición agradable para anunciar oficialmente desde  nuestra sagrada cátedra ecuménica que por la gracia de Dios, y de acuerdo con todos los Primados de las Santas Iglesias Ortodoxas, celebraremos el Santo Gran Sínodo de toda la Iglesia Ortodoxa, decidido hace más de cincuenta años, en la isla de Creta del 18 al 27 Junio de este año, cuyas actividades se iniciarán con la Divina Liturgia Pan-ortodoxa en la Iglesia de San Minas de Heracleo el gran día de Pentecostés, y continuarán en la Academia ortodoxa en Kolimbari, La Canea . Este Santo y Gran   Sínodo será presidido por nuestra humildad, acompañado de los demás primados de las Iglesias ortodoxas, y participarán como miembros representantes de los prelados de todas estas iglesias.

El propósito principal e importante de este Sínodo panortodoxo  será enseñar que la Iglesia Ortodoxa es la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, unida no sólo en los sacramentos y especialmente la Eucaristía, y la fe ortodoxa, sino también en la conciliaridad. Este sínodo ha sido organizdo durante este largo período de tiempo por una serie de comités preparatorios y Conferencias Presinodales para que los textos de las decisiones sean unánimes, y su manifiesto sea "de una boca y un corazón".

Los temas que ocuparán el Santo y Gran Sínodo, predeterminados panortodoxos durante el desarrollo de las decisiones de la reunión tratan, en primer lugar, principalmente, problemas relacionados con la estructura interna y la vida de la Iglesia ortodoxa, que requieren una decisión inmediata, y que están relacionados con problemas en las composiciones de las relaciones con el mundo de la ortodoxia cristiana en nuestra epoca. Sabemos, por supuesto, que el mundo está a la espera de escuchar la voz de la Iglesia ortodoxa sobre los principales problemas que preocupan a las personas actuales.  Sin embargo, se consideró necesario que la Iglesia ortodoxa,  primero, tiene que ordenar su casa antes de dirigir la palabra al mundo, cosa que no va a dejar, porque es su deber. El hecho de que, después del paso de tantos siglos, la Ortodoxia exprese su conciliaridad a nivel internacional, constituye el primer paso decisivo, y se espera que por la gracia de Dios y, con la ayuda de Dios, otros sínodos panortodoxos se convoquen pronto.

Hermanos queridos y amados hijos en el Señor,

Los grandes acontecimientos históricos son impulsados ​​por la gracia de Dios, que es el Señor de la historia. Sembramos y cosechamos pero sólo Dios multiplica (I Cor. 3,8). El Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa es de hecho un acontecimiento histórico y por lo tanto ponemos nuestra esperanza en Dios para realizarlo. Llamamos a todos los fieles ortodoxos de todo el mundo, clero y laicos, que supliquen a Dios Trino para que corone este acontecimiento con sus bendiciones, fortaleciendo su Iglesia y glorificando su santísimo nombre. Los tiempos son críticos, y la unidad de la Iglesia debe ser un modelo adecuado de unidad de la humanidad desgarrada por divisiones y conflictos . El éxito del Santo y Gran Sínodo es un asunto de  todos los miembros de la Iglesia, los cuales están llamados a mostrar interés en el mismo. Ya los textos panortodoxos acordados y presentados al Santo Sínodo se han publicado y están a disposición de todos los fieles, no sólo para su información, sino también para expresar su opinión y sus expectativas del Santo Gran Sínodo.

Habiendo anunciado esto a todos los integrantes de la Iglesia ortodoxa en este día espléndido, pedimos que el Señor Dios done a Su Iglesia y a todos vosotros Su abundante gracia y bendición, y al mundo "la paz para todos en todos los sentidos" (II Tes. 3.16).

20 de marzo, en el año de salvación 2016 

+ Bartolomé de Constantinopla, ferviente suplicante ante Dios
+ Juan de Pérgamo, suplicante en Cristo
+ Isaías de Denver, suplicante en Cristo 
+ Alejo de Atlanta, suplicante en Cristo 
+ Jacobo de las islas de los Príncipes, suplicante en Cristo 
+ José de Proikonissos, suplicante en Cristo
+ Melitón de Filadelfia, suplicante en Cristo 
+ Emanuel de Francia, suplicante en Cristo 
+ Nicetas de los Dardenelos,suplicante en Cristo
+ Nicolás de Detroit, suplicante en Cristo 
+ Gerásimo de San Francisco, suplicante en Cristo
+ Máximo de Selimbria, suplicante en Cristo
+ Anfiloquio de Adrianópolis, suplicante en Cristo

martes, 22 de marzo de 2016

"Los Himnos de Romano el Cantor"


Romano el Cantor nace en la ciudad de Emesa (Siria) hacia 490; es ordenado diácono hacia el año 515 en Berito –hoy Beirut–, desde donde se traslada años más tarde a la capital del Imperio, Constantinopla.

En esta ciudad recibe el don de la poesía y el talento melódico, que no lo abandonarán hasta su muerte, ocurrida después de 555 y antes de 562. 

Su obra constituye un particular género literario propio de los cristianos orientales. En efecto, los kontakion (himnos breves), homilías cantadas en verso, constituyen una literatura utilizada durante los primeros siglos del Oriente cristiano y expresa una espiritualidad de altos vuelos, difícilmente superable. 

En otras palabras, Romano transmite la verdad cristiana de una forma sencilla y profunda a la vez que incita al diálogo del auditorio con Dios.

Se trata de la verdad vivida; es decir, de la verdad dogmática que termina en emoción mística o contemplación amorosa, como se prefiera. 

Siguiendo la liturgia bizantina, para la que Romano compuso sus himnos, éstos se dividen en dos grupos: los elaborados para las fiestas fijas del calendario religioso de Constantinopla, que son los que se ofrecen en este volumen, y los preparados para las solemnidades que se mueven en torno a la Pascua de Resurrección, más numerosos, y que ocuparán un segundo libro. 

La mayoría de estos himnos se traducen por primera vez al castellano.

FICHA TÉCNICA

Preparado por: Marcelo Merino Rodríguez 
Publicado por: Editorial Ciudad Nueva
Edición: 19/12/2012
Primera edición: 26/11/2012
ISBN: 978-84-9715-263-1
Páginas: 240
Formato: 13,5 X 20,5
Peso: 283 gr.


lunes, 21 de marzo de 2016

Imágenes de la ordenación del Hno. Víctor García


Imágenes de la ordenación al diaconado (19/03/2016) y al presbiterado (20/03/2016) del Hno. Víctor García, de nuestra Parroquia de Sevilla, en la Catedral de Madrid.
Posted by Sacra Metrópolis de España y Portugal - Patriarcado Ecuménico on Lunes, 21 de marzo de 2016

Final de la primera semana de Cuaresma en la Catedral de Madrid


El viernes 18 de marzo por la tarde fue celebrado en la Iglesia Catedral de los SS. Andrés y Demetrio el Oficio Sagrado del Himno Acátisto a la SSma. Madre de Dios, presedido por Su Eminencia Rvdma., nuestro Metropolita Policarpo, que leyó la 1ª Salutación a la Virgen SSma.

El Sábado 19 de marzo por la mañana Su Eminencia celebró la Divina Litrugia Pontifical con ocasión de la Fiesta de Conmemoración del Milagro del Santo Gran Mártir Teodoro el Recluta, en el curso de la cual ordenó al Lector Sr. Víctor Gracía Liétor, como Subdiácono y Diácono. Al final de la Liturgia Su Eminencia presidió a la celebración del Oficio Sagrado de la Gran Conmemoración de los Difuntos. Por la tarde presidió la celebración de las Grandres Vísperas Solemnes por el Primer Domingo de Cuaresma, Domingo de la Ortodoxia.

El domingo 20 de marzo, Domingo I de Cuaresma, presidió la celebración del Oficio de Maitines y seguidamente celebró la Divina Liturgia Pontifical de San Basilio Magno. Durante la Divina Liturgia ordenó al Diácono Víctor como Presbítero, destinado para la Parroquia de nuestra Sacra Metrópolis en Sevilla, dedicada a los SS. Leando e Isidoro, obispos de Sevilla. Al final de la Liturgia tuvo lugar alrededor de la Catedral la procesión de los iconos sagrados y la proclamación de parte del Metropolita del Sinodicón de la Otrodoxia. Después, Su Eminencia presidió desde el Trono Episcopal la celebración en la Catedral de la Divina Litrugia, a las h. 13:00, de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de los SS. Apóstoles Pedro y Pablo de Madrid, y a su término la procesión de los iconos sagrados alrededor de la Catedral. En su homilía el Metropolita, tanto en la primera liturgia tanto en la segunda, se ha referido a los iconos sagrados y su importancia en la vida del fiel ortodoxo y a la fe ortodoxa católica, la fe de los Santos Profetas, Apóstoles, Mártires y Padres que "ha vencido al mundo".