miércoles, 30 de septiembre de 2020

Memoria de actividades de S.E. Policarpo en el mes de septiembre de 2020


05/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo.


06/09: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines, seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo XIII de Mateo, en el curso de la cual ordenó al Diaconado al Subdiácono de nuestra Parroquia Ortodoxa de los SS. Joaquín y Ana de Valladolid, D. Alejandro-Millán Herguedas, dándole el nombre del Profeta Elías, destinado como Diácono para dicha parroquia nuestra. Al término de la Liturgia presidió el Oficio Sagrado de Santificación del Nuevo Año Eclesiástico, que según la tradición ortodoxa comienza el 1 de septiembre. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid.


07/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas por la Fiesta de la Natividad de la SSma. Virgen María.


08/09: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral de la Divina Liturgia por la gran Fiesta litúrgica de la Natividad de la SSma. Madre de Dios, al término de la cual presidió el Oficio Sagrado de Artoclasía (Bendición de los 5 panes, del trigo, del vino y del aceite) con motivo de tal importante Fiesta.


09/09: Grabó en su despacho un mensaje grabado para el responsable de la organización del Día por la Salvaguardia de la Creación, que cada año organizan conjuntamente a principios de septiembre la Archidiócesis Católica Romana de Madrid y la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal; este año se celebró el sábado 11 de septiembre telemáticamente a causa de la pandemia de coronavirus.


12/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo.


13/09: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines, seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo anterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid. Por la tarde asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas por la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.


14/09: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral del Oficio de Maitines y de la Divina Liturgia por la grandísima Fiesta litúrgica de la Exaltación Universal de la SSma. Cruz, al término de la cual presidió el Oficio Sagrado de Exaltación de la Santa Cruz.


19/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo, al término de las cuales celebró el Oficio Sagrado de Gran Conmemoración por el descanso del alma de nuestro hermano Víctor, proveniente de Chipre.


20/09: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral del Oficio de Maitines y de la Divina Liturgia del Domingo posterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, al término de la cual presidió un pequeño Oficio de Súplica a la SSma. Madre de Dios con motivo de la Fiesta de su Natividad según el calendario juliano (21/09).


25/09: Junto con los clérigos de la Catedral celebró el Sacramento del Óleo Santo del mes de septiembre.


26/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo.


27/09: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral del Oficio de Maitines y de la Divina Liturgia del Domingo I de Lucas. A continuación presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, que ese domingo coincidió con la gran Fiesta litúrgica de la Exaltación Universal de la SSma. Cruz según el calendario juliano. Al término de la Liturgia presidió la celebración del Oficio Sagrado de Exaltación de la Santa Cruz.

Homilía del Archimandrita Demetrio en la fiesta de la Protección de la Santísima Madre de Dios


En el calendario bizantino son numerosas las fiestas votivas de la Santísima Virgen María, no  sólo en memoria de su vida, desde su concepción hasta su dormición y tránsito a la vida eterna, sino también a su intercesión maternal, como se atestigua en las composiciones himnográficas y las oraciones a Ella dirigidas. Ahora bien, la intercesión de la Madre de Dios no se añade a la de Cristo. Ni la teología bizantina ni la Iglesia ortodoxa han tenido nunca a la Virgen María como "Corredentora". La intercesión, la mediación, la protección de la Santísima Virgen se ejercen dentro de las de Cristo, igual que ocurre con los santos.


El himno más antiguo dedicado a la Virgen, "Bajo tu Amparo", que data del siglo IV y quizás se remonte al siglo III, atestigua que desde los primeros tiempos los cristianos reconocían e imploraban la protección de Nuestra Señora ante su divino Hijo. La Iglesia siempre ha admitido que las oraciones de los justos pueden obtener para los cristianos la misericordia y la ayuda divinas, como aquellos hombres de Cafarnaum que, llenos de fe, llevaron a los pies de Jesús a un paralítico obteniendo su curación. De la misma manera que los vivos pueden rezar por otros, también, y por el poder de la Resurrección de Cristo, quienes están ya en la otra vida pueden orar por los vivos. La Santísima Virgen, que intervino ante Jesús es las bodas de Caná consiguiendo el primer milagro de su Hijo ¿dejará de hacerlo ahora?


Los Menologios están repletos de referencias a la intercesión milagrosa de la Virgen, a sus apariciones, a las manifestaciones de su extraordinario poder por medio de los iconos particularmente venerados de la Madre de Dios y que han dado lugar a numerosas fiestas y devociones como la que hoy celebramos: la Protección de la Madre de Dios ( en eslavo "Pokrov", en griego "Hagia Skepi", trasladada en Grecia al 28 de octubre después de la II Guerra Mundial). Ni la muerte ni el sepulcro pudieron quitarle a la Santísima Virgen su poder de interceder y proteger a los de aquí abajo. Ella es la Protectora por excelencia, la Muralla invencible, la Fortaleza inexpugnable, la que nunca desoye a los fieles que ponen en Ella su confianza.


En su intercesión, la Virgen María actúa como una madre. Ella es la Madre de Cristo, pero es también la Madre de sus fieles después del encargo que, desde la Cruz, hizo el Señor al apóstol san Juan. Por la Redención, la humanidad se convierte en hijos adoptivos de Dios y la que fuera Madre en la carne del Hijo de Dios, se convierte en Madre por adopción de aquéllos por los que Cristo murió. Aunque estas dos adopciones se realizan en planos diferentes, ambas son posibles por la obra de Cristo en la Cruz.


Para algunos cristianos el lugar que la Virgen María ocupa en la Iglesia les parece privilegiado, pero no es así. Su estatus es único a causa de que sólo hay una Madre de Dios porque sólo hay un Cristo. En realidad estas opiniones han aparecido desde el siglo pasado, pero anteriormente no era así. No olvidemos la gran ley del Reino: "El más grande en el Reino debe ser el servidor de todos" (Mt, 20, 26-27). Ella, que es bendita entre todas las mujeres es también la sierva, la Sierva del Señor y, por tanto, la más amada por Dios de entre toda la humanidad. Y así sigue igual de amada en la gloria, donde sigue intercediendo por su plegaria, como en Cana, o por su compasión, como en la Cruz.


¿No es Ella la puerta del cielo que abre la salvación a la humanidad? ¿No es Ella la escala mística por la cual descendió el Hijo de Dios para hacerse hombre? Pues por esa misma escala asciende el creyente al cielo.


La Santísima Virgen es la abogada de los que acuden a su intercesión; el socorro de los cristianos porque Ella no rechaza la voz suplicante de los pecadores que a Ella acuden; el puerto seguro de los que son golpeados por la tempestad, socorro de los indigentes, soberana de los angustiados. En las bodas de Caná, aún a pesar de las palabras de su Hijo, "Aún no ha llegado mi hora", la Santísima Virgen consigue el milagro, lo que nos muestra el inmenso poder de intercesión y mediación, haciendo incluso que se puedan desplazar los límites del tiempo concedido por Dios.


Contando con esa seguridad, la Iglesia Ortodoxa dirige sus plegarias a la Santísima Virgen pidiéndole su protección para el pueblo cristiano porque, como cantábamos el 15 de agosto, "Con tu Dormición, no has abandonado al mundo, ¡oh Madre de Dios!"


+ Arch. Demetrio

lunes, 28 de septiembre de 2020

Participación de nuestra Metrópolis en un ciclo interreligioso de Valladolid (Castilla y León)


“CONOCE LA DIVERSIDAD RELIGIOSA DE LA CIUDAD DE VALLADOLID”


Este ciclo consta de cuatro visitas - de forma online y retransmitidas en directo por YouTube, a causa de la crisis social y sanitaria – a lugares de culto de confesiones y tradiciones distintas, representativas de la diversidad religiosa en la capital vallisoletana: Iglesia Filadelfia, Centro Budista Kadampa Lamrim, Iglesia Ortodoxa Griega y Comunidad Islámica de Valladolid.


Las visitas correrán cargo de una persona representante de la confesión religiosa, acompañada de dos miembros de las entidades organizadoras. Durante los encuentros, los/as asistentes podrán interactuar con los anfitriones y plantear sus preguntas a través del chat habilitado durante la emisión en directo. En el caso de nuestra Parroquia de los Santos Joaquín y Ana, la visita estará guiada por el Archimandrita Demetrio (Sáez) el jueves 08/10/2020 a las 18:30.


Estos encuentros comparten el objetivo de acercar a la sociedad a la realidad de la diversidad religiosa y combatir los posibles prejuicios y estereotipos, a través del conocimiento directo y el diálogo entre personas de distintas religiones.

sábado, 26 de septiembre de 2020

I Domingo de Lucas. Lecturas de la Divina Liturgia


2 Cor 6,1-10: Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación. En cuanto a nosotros, no damos a nadie ninguna ocasión de escándalo, para que no se desprestigie nuestro ministerio. Al contrario, siempre nos comportamos como corresponde a ministros de Dios, con una gran constancia: en las tribulaciones, en las adversidades, en las angustias, al soportar los golpes, en la cárcel, en las revueltas, en las fatigas, en la falta de sueño, en el hambre. Nosotros obramos con integridad, con inteligencia, con paciencia, con benignidad, con docilidad al Espíritu Santo, con un amor sincero, con la palabra de verdad, con el poder de Dios; usando las armas ofensivas y defensivas de la justicia; sea que nos encontremos en la gloria, o que estemos humillados; que gocemos de buena o de mala fama; que seamos considerados como impostores, cuando en realidad somos sinceros; como desconocidos, cuando nos conocen muy bien; como moribundos, cuando estamos llenos de vida; como castigados, aunque estamos ilesos; como tristes, aunque estamos siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como gente que no tiene nada, aunque lo poseemos todo.

Lc 5,1-11: En una ocasión, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes». Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres». Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Domingo posterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Lecturas de la Divina Liturgia



Gal 2,16-20: Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley. Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser, porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, me declaro a mí mismo transgresor de la Ley. Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

Mc 8,34-9,1: Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles». Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder».

miércoles, 16 de septiembre de 2020

16/09 - Santa Megalomártir Eufemia de Calcedonia, Copatrona de nuestra Metrópolis


Santa Eufemia era hija de un matrimonio cristiano devoto de la ciudad de Calcedonia. Su ambiente familiar le permitió, desde muy joven, tomar la decisión de dedicar su vida al Novio de su alma, nuestro Señor Jesucristo. Unos años después, se emprendió la persecución del emperador Diocleciano; la joven, comprometida con su Señor, rechazó definitivamente negar a Cristo; ni los azotes ni la cárcel la pudieron cambiar. Así que el jefe de la ciudad mandó quemarla en vida. Fue martirizada en el año 304, y la Iglesia recuerda el martirio de santa Eufemia el día 16 de septiembre.

Unos años después, cuando el emperador Constantino llegó a Macedonia, y viendo la veneración que los macedonios tenían hacia la Santa, construyó una iglesia dedicada a su nombre; desde entonces Macedonia recibía muchos peregrinos que procuraban besar sus reliquias.

En el año 451 fue convocado el IV Concilio Ecuménico en la misma Calcedonia: obispos de todo el orbe cristiano se reunieron en la ciudad para discutir la nueva corriente que había surgido últimamente; unos obispos defendían la recta fe en que “Cristo es perfecto Dios y perfecto hombre”, es decir, que tiene dos naturalezas que están juntas en una sola Persona. En tanto que el otro grupo decía que Cristo tiene nada más que una naturaleza divina.

Mientras estaban en plena discusión, se propuso exponer la causa a la intercesión de la Patrona de la ciudad. Entonces ambos equipos editaron sus enseñanzas y las pusieron junto a las reliquias de santa Eufemia; durante tres días todos oraron insistentemente para que Dios por su intercesión revelara la verdad. Cuando abrieron el sepulcro encontraron el libro de los herejes ante los pies de la Santa, mientras el de recta fe estaba en sus manos. Los Ortodoxos glorificaron a Dios ofreciendo agradecimientos a su Santa, y muchos de los que antes eran defensores del Monofisismo (una naturaleza) aceptaron de nuevo la recta fe. Este milgro de la santa se conmemora por separado cada 10 de julio.


Fuente: Arquidiócesis de México, Centroamérica y El Caribe (Patriarcado de Antioquía y todo el Oriente)

lunes, 14 de septiembre de 2020

Homilía del Archimandrita Demetrio sobre la Santa Cruz


La Cruz que veneramos hoy es el centro del misterio de nuestra salvación. Es la revelación suprema del amor de Dios hacia sus criaturas, la revelación suprema, también, de nuestro proceso de aprendizaje del amor a Dios y del amor al prójimo.

La Cruz es el lugar de nuestra existencia y, sin embargo, san Pablo la llama locura: "La palabra de la Cruz es locura para los que se pierden, pero para los que se salvan, esto es, nosotros, es poder de Dios" (1 Co. 1, 18)La palabra de la Cruz es locura para el mundo. Hay un abismo infranqueable, humanamente hablando, entre la sabiduría de Dios y la sabiduría del hombre, de manera que quien es  sabiduría y amor de Dios es locura para el mundo y viceversa. Debemos penetrar en este misterio, en esta revelación crucificante del amor de Dios, del amor trinitario, del amor infinito, del amor que es la vida y el ser mismo de Dios, del amor que se extiende como un perfume sobre el mundo y sobre los corazones que lo quieran acoger.


Dios escogió el instrumento de la Cruz, instrumento de tortura, de sufrimiento, de total humillación para hacernos comprender el grado de humildad y postración que representa su descenso a nosotros. Alejándose de Dios por la desobediencia, el primer Adán y sus herederos se han alejado a una distancia infinita de su Creador. Sólo Dios podía recorrer esa distancia descendiendo hasta nosotros. Venir a nosotros implica para Dios un descenso que llamamos "Kenosis" y que quiere decir la voluntad divina de despojarse de su gloria, o al menos de ocultarla. El descender de Dios significa que el Hijo de Dios se hace también Hijo del hombre, manifestando, no sólo su propio amor, sino también el amor del Padre. En el diálogo de Jesús con Nicodemo le dice: "Tanto amó Dios al mundo (hay que insistir en esa palabra "tanto") que envió a su Hijo unigénito para que todo aquél que crea en Él noperezca, sino que tanga vida eterna" (Jn. 3, 16)


El Hijo de Dios que llega a nosotros nos conduce a la luz, como nos enseña el icono del Descenso al Hades (o de la Resurrección). Cristo nos rescata del infierno por la fuerza de su mano poderosa, por la fuerza de su amor. Rescata a Adán y Eva, y todos sus descendientes, del infierno en que ahora nos encontramos. El infierno no es propiamente un lugar, sino el estado de ausencia de Dios, del rechazo de Dios, Cada vez que caemos en el mal o en connivencia con el mal, estamos anticipando lo que podría ser nuestro infierno. Hoy se habla poco de esto, sin embargo es necesario decir que el infierno existe y añadir a continuación que Cristo descendió a ese infierno para sacarnos de él rompiendo sus puertas.


Mientras tanto ¿hacia dónde vamos nosotros? Somos las ovejas perdidas del salmo (118, 176) "Anduve errante como oveja descarriada, ven a buscar a tu siervo". Para que este encuentro entre Dios y el hombre caído pudiera realizarse era necesario que el Señor descendiera a través de la Cruz. La Cruz es la señal de la perfecta obediencia del Hijo al Padre, de la unidad de las voluntades divina y humana en Jesús. En la medida en que se acomoda plena y totalmente la voluntad humana de Jesús con la voluntad del Padre ("Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" Lc.22, 42), en esa medida nuestra voluntad humana puede también acomodarse a la voluntad de Dios y hacerse una con ella.


Siendo así que a través de la Cruz se desciende a los infiernos, se abre para todos un camino infinito de vida nueva y de ascenso a Dios. De la misma manera que la Cruz constituye el camino necesario del descenso y del amor de Dios revelado a los hombres para nuestra salvación, así también no hay para nosotros otro camino de vida divina y de obediencia a la voluntad de Dios que el de la Cruz y el sufrimiento que ello implica. En la medida en que rechacemos a Dios y nos revolvamos contra Él, así nos entregamos a las enfermedades del alma y del cuerpo, porque las enfermedades, sobre todo las del alma son una señal de nuestro rechazo a la gracia de Dios. Sólo la gracia divina es fuente de vida verdadera. Sólo el poder del Espíritu Santo es vivificante; sólo Él nos da la vida a nuestra alma y nuestro cuerpo. Es el Espíritu el que obra en nosotros ese profundo cambio que es la "metanoia", el arrepentimiento, conversión de vida que nos lleva al pie de la Cruz de Cristo con la Santísima Madre de Dios, con el discípulo amado, con Nicodemo y Juan de Arimatea, con las santas mujeres que miraban desde lejos. También nosotros estamos llamados a mantenernos al pie de la Cruz y a desear que esta Cruz se inscriba en nuestra propia existencia, a no conocer, como dice san Pablo, más que a Cristo, y a éste crucificado.


Esta conversión implica que toda nuestra voluntad se comprometa a gloriarnos de la Cruz de Cristo, como dice san Pablo: "por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo" (Gal. 6,14) Es participando de la Cruz de Cristo como recorremos el camino de la victoria pascual contra todas las fuerzas del mal que nos asaltan y nos rodean buscando destruirnos y alejarnos de Dios. Estamollamados a cooperar en la obra de Cristo participando de sus sufrimientos para poder participar de su victoria y poder así ser coronados como vencedores, tal como promete el Espíritu a la Iglesia de Esmirna en el Apocalipsis; "Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida" (Ap. 2, 10).


Que cada signo de la Cruz que hagamos sea un gesto de apropiarnos de la Cruz de Cristo, de dar testimonio del poder y la sabiduría de Dios y de llevar a todos los que nos rodean la buena nueva de la Cruz y la Resurrección a la vida divina. Amén


Arch. Demetrio

14/09 - Exaltación de la Venerable y Vivificadora Cruz


La fiesta del 14 de septiembre lleva como título en los libros litúrgicos de la tradición bizantina "Universal Exaltación de la Preciosa y Vivificante Cruz". Es una fiesta relacionada con la ciudad de Jerusalén y con la dedicación de la basílica de la Resurrección edificada sobre la tumba del Señor en el año 335, y también se celebra el hallazgo de la reliquia de la Cruz por parte de la emperatriz Elena y del obispo Macario.

La cruz tiene un lugar relevante en la liturgia bizantina: todos los miércoles y viernes del año se la conmemora con el canto de un tropario; además, se conmemora también el tercer domingo de Cuaresma y los días 7 de mayo y 1 de agosto. En los textos litúrgicos bizantinos la Cruz es presentada siempre como lugar de victoria: de victoria de Cristo sobre la muerte, de victoria de la vida sobre la muerte, lugar de derrota y muerte de la muerte. La celebración litúrgica del 14 de septiembre en la tradición bizantina está precedida por un día de pre-fiesta el 13, en el cual se celebra la dedicación de la basílica de la Resurrección, y se extiende con una octava hasta el 21 del mismo mes de septiembre.

El icono de la fiesta de la exaltación de la Cruz presenta la figura del obispo Macario elevando la santa Cruz, con diáconos a su alrededor; algunos iconos introducen también entre los personajes a la emperatriz Elena. El icono representa la misma celebración litúrgica del día con la gran bendición y veneración de la Cruz preciosa y vivificante. El icono, por tanto, hace presente el misterio que se celebra en este día y la liturgia misma que la Iglesia celebra. La ostensión y la exaltación de la cruz lleva, en primer lugar, a toda la creación a la alabanza de Aquel que en ella ha sido elevado, y a su victoria sobre la muerte: "La cruz exaltada de Aquel que en ella ha sido elevado induce a toda la creación a celebrar la inmaculada pasión: ya que fue matado con ella Aquel que nos había matado, Él nos ha dado vida de nuevo a los que estábamos muertos, nos ha dado belleza y nos ha hecho dignos, en su compasión, por su suma bondad, de obtener la ciudadanía en los cielos... Cruz venerabilísima que las huestes angélicas rodean gozosas, hoy, en tu exaltación, por el divino querer, levanta a todos aquellos que, por el engaño de aquel fruto, habían sido expulsados y habían sido precipitados en la muerte... Nosotros, por tanto, aclamamos: Exaltad a Cristo, Dios bondadosísimo, y postraos al estrado de sus pies...

En uno de los largos troparios de Vísperas se reseña casi toda la teología de la cruz y cómo la misma Iglesia la profesa y la vive. Poniendo en paralelo el árbol del paraíso con el árbol de la cruz, esta es presentada y mostrada como lugar de la salvación y de la vida; el engaño del primer árbol se convierte en vida en el segundo árbol: "Venid, naciones todas, adoremos el leño bendito por el cual se ha realizado la eterna justicia: ya que aquel que con el árbol ha engañado al progenitor Adán es alimentado en la cruz, y cae envuelto en una funesta caída, él, que se había adueñado tiránicamente de una criatura real...". El veneno de la serpiente es anulado por la sangre vivificante de Cristo en la cruz: "Con la sangre de Dios es lavado el veneno de la serpiente, y es anulada la maldición de la justa condena por la injusta condena infligida al justo: ya que con un árbol necesitaba sanarse el árbol, y con la pasión del impasible destruir en el árbol las pasiones del condenado...".

En esta fiesta la tradición bizantina da a la cruz de Cristo títulos que la relacionan directamente, como la liturgia misma lo hace también, con la Madre de Dios, con el misterio de la salvación obrado por Cristo mismo a través de la cruz. Y, al igual que en otras liturgias orientales, también la tradición bizantina da a la cruz como primer título el de puerta o llave que abre de nuevo el paraíso: "Alégrate, cruz vivificante, puerta del paraíso, sostén de los fieles, muro fortificado de la Iglesia: por ti es aniquilada la corrupción, destruido y engullido el poder de la muerte, y nosotros hemos sido elevados de la tierra al cielo. Arma invencible, enemiga de los demonios, gloria de los mártires, verdadero ornamento de los santos, puerto de salvación, tú das al mundo la gran misericordia".

La cruz es presentada, por tanto, como lugar y fuente de la salvación que nos viene por Cristo: "Alégrate, cruz del Señor, por la cual ha sido desatado de la maldición el género humano; eres señal del verdadero gozo, fortaleza de los reyes, vigor de los justos, decoro de los sacerdotes, tú que, siendo impresa, libras de graves males; cetro de poder con el cual somos pastoreados; arma de paz, que los ángeles veneran con temor; divina gloria del Cristo... Guía de los ciegos, médico de los enfermos, resurrección de todos los muertos... Cruz preciosa, por la cual la corrupción ha sido disuelta, la incorruptibilidad ha florecido, nosotros los mortales hemos sido deificados... Viéndote hoy alzada por las manos de los pontífices, nosotros exultamos a  Aquél que en ti ha sido alzado y te veneramos, viendo abundantemente la gran misericordia".

La liturgia de la exaltación de la cruz desarrolla toda la tipología veterotestamentaria que la tradición patrística ha comentado siempre como prefiguración de la cruz de Cristo y de la salvación que por ella viene al género humano. Dos son los textos veterotestamentarios que encontramos presentes en la liturgia de la fiesta: en primer lugar, Ex. 15, que es también la primera de las lecturas de Vísperas, que narra el encuentro con las aguas amargas de Mará, sanadas por el leño echado en ella por Moisés; y esto es recordado en la tradición bizantina cuando el sacerdote, para la consagración de las aguas bautismales, sumerge por tres veces la cruz en el recipiente de agua. En segundo lugar Ex. 17, donde se narra la victoria del pueblo de Israel contra Amalec por la oración de Moisés con las manos alzadas en forma de cruz, prefiguración de Cristo alzado en la cruz: "Teniendo las manos alzadas, Moisés te ha prefigurado, oh cruz preciosa, orgullo de los creyentes, sostén de los luchadores mártires, decoro de los apóstoles, defensa de los justos, salvación de todos los santos... Lo que Moisés prefiguró un tiempo en su persona, derrotando a Amalec y abatiéndolo, lo que el cantor David ordenó venerar como escabel de tus pies, tu cruz preciosa, oh Cristo Dios, esta que nosotros pecadores besamos hoy con labios indignos, celebrándote, que te has dignado dejarte clavar, y a ti te gritamos: Señor, al igual que al ladrón, haznos  a nosotros dignos también de tu reino".

P. Manuel Nin


Fuente: L'Osservatore Romano

sábado, 12 de septiembre de 2020

Domingo anterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Lecturas de la Divina Liturgia


Gal 6,11-18: ¿Ven estas letras grandes? ¡Les estoy escribiendo con mi propia mano! Los que quieren imponerles la circuncisión sólo buscan quedar bien exteriormente, y evitar ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo. Porque tampoco aquellos que se hacen circuncidar observan la Ley; sólo pretenden que ustedes se circunciden para gloriarse de eso. Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: lo que importa es ser una nueva criatura. Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios. Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús. Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.

Jn 3,13-17: Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

12/09 - Autónomo el Mártir


Este santo era Obispo en Italia.

Huyendo de la persecución de Diocleciano en el año 298, se dirigió a Bitinia, donde fue de un lado a otro convirtiendo a muchos de los ídolos al verdadero Dios.

A causa de ello, un día, mientras celebraba la Divina Liturgia en la Iglesia de los Arcángeles, los que adoraban a la madera y a la roca se abalanzaron sobre él y lo golpearon con palos y piedras hasta la muerte.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Participación de nuestra Metrópolis en la JMOCC 2020


El sábado 12 de septiembre, la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal y el Arzobispado de Madrid (Iglesia católica romana), celebran la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación (JMOCC 2020) invitando a la ciudadanía madrileña a reflexionar sobre la importancia de ser Custodios de la Vida.

Aunque estaba previsto celebrar un acto presencial a las 12:00 horas, finalmente será online por precaución en este tiempo de pandemia. En el encuentro, que podrá seguirse por los canales de YouTube de la Comisión Diocesana de Ecología Integral y del Movimiento Católico Mundial por el Clima, participarán el arzobispo católico de Madrid, cardenal Carlos Osoro Sierra, el Metropolitano monseñor Policarpo de España y Portugal (Patriarcado Ecuménico), y monseñor Timoetei, obispo ortodoxo rumano.

Motivados por la actual situación, y en memoria del elevado número de víctimas que han padecido la pandemia del virus COVID-19, este acto busca aunar el esfuerzo por concienciar a la ciudadanía de la relación que existe entre la destrucción de los hábitats naturales y el aumento de pandemias relacionadas con coronavirus (de origen animal). El cuidado de la vida (la vida humana y la biodiversidad en la naturaleza) forma parte, según subrayan, del «compromiso como cristianos para asegurar la habitabilidad del planeta y el desarrollo sostenible de los pueblos, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y salvaguardando las obras vivas del Creador».

De acuerdo con los organizadores, «hay que aprender a valorar la importancia de cuidar y preservar la vida humana, en todas sus etapas, sin olvidar que el cuidado de la naturaleza es un paso necesario e importante para favorecer la continuidad de la vida».


Por este motivo, animan «a participar en esta jornada centrada en dar gracias por el don de la vida», organizada por la Comisión Mixta Ortodoxo-Católica Romana para la JMOCC en Madrid, y enmarcada en el periodo denominado Tiempo de la Creación (del 1 de septiembre al 4 de octubre).


Más información en el 619 285 243 y el mail cdei@archimadrid.es.

09/09 - Los Santos y Justos Ancestros de Dios Joaquín y Ana


Al día siguiente del nacimiento de la Purísima Virgen María, la Iglesia conmemora el día de sus padres — los justos Joaquín y Ana.

Joaquín provenía del rey David. Muchos descendientes de David vivían con la esperanza de que en la familia iba a nacer el Mesías, porque Dios le prometió a David que en su generación iba a nacer el Salvador del mundo. Ana descendía por parte de padre del sacerdote Aarón y por parte de madre del ramal de Judas.

Los esposos pasaron toda su vida en la ciudad de Galilea , Nazaret. Sobresalían por su vida virtuosa y buenas obras. Su mayor pena era la falta de hijos. Como dicen las profecías, Joaquín llevó sus ofrendas al templo de Jerusalén, pero el sumo pontífice se negó a recibirlo escudándose en la ley que no permitía recibir ofrendas de personas que no dejasen descendencia en Israel.

Muy duro fue soportar en el templo esta ofensa a los esposos, donde esperaban encontrar alivio para sus penas. Pero ellos, a pesar de su edad madura, sin rencor continuaban pidiendo a Dios que hiciera un milagro y les enviara un niño. Al fin el Señor oyó sus oraciones y envió al arcángel Gabriel para avisar a Ana de que iba a concebir un niño. Y prontamente Ana concibió y nació una niña. Alegrándose los padres, la llamaron María. De esta forma el generoso Dios gratificó la fe y paciencia de los esposos y les dio una Hija que trajo la bendición a todo el género humano.

Tres años educaron en su casa a su Hija. Cumpliendo la promesa de ofrecerla a Dios, la enviaron al templo de Jerusalén. Allí había un orfanato para niños huérfanos, quedando María allí para vivir y estudiar. Joaquín falleció a los 80 años, y Ana comenzó a habitar cerca del templo, y así visitó a su Hija durante unos dos años.


Fuente: www.crkvenikalendar.com, a través de Pravoslavie.cl

martes, 8 de septiembre de 2020

08/09 - Mare de Déu de Meritxell, Patrona d'Andorra


Diu la tradició que un dia de Reis al segle XI, un pastor que es dirigia a Canillo per assistir a la missa d’una diada tan assenyalada, en passar per on avui s’aixeca el santuari de la Mare de Déu de Meritxell va veure una gavernera florida en ple hivern, sota la qual hi havia una bella imatge de la Verge.

Arran d’aquesta troballa, se la van endur a l’església de Canillo i la van posar a l’altar major tot prometent construir una església per aixoplugar-la.

L’endemà, el sagristà de la parròquia, en obrir la porta de l’església, va trobar a faltar la imatge de la Verge, que va aparèixer novament al peu de la gavernera florida, prop de Meritxell. Els vilatans d’Encamp van decidir que, si la Verge no s’havia quedat a Canillo, és perquè no s'hi volia estar, i que potser preferia estar a Encamp. Els encampadans la van tancar a l’església amb pany i clau, tot prometent bastir en honor seu una bella església. L’endemà el fet es va repetir: la Verge havia desaparegut. Els vilatans d’Encamp van tornar a Meritxell i un altre cop van trobar la Verge al peu de la gavernera. A més, tot al voltant de l’arbust estava net de neu per més que la nit abans havia caigut una grossa nevada.

De nou, els presents van cridar el miracle i van entendre que aquell era l’emplaçament on la Verge volia quedar-se; reunits els habitants de Canillo i d’Encamp, van construir la capella exactament en aquest lloc: l’actual Santuari de Meritxell.


08/09 - Natividad de la Santa Madre de Dios


En la montañosa provincia del norte de Jerusalén, en la pendiente de una de las montañas cerca del valle Esdrelón, se ubicaba Nazaret. Era un pueblito pequeño, que históricamente no sobresalía en nada, por lo cual los hebreos se referían a él hasta con cierto desprecio, diciendo: "¿Podrá haber algo bueno de Nazaret?"

En este pueblito vivía la piadosa pareja, Joaquín y Ana, a quiénes el Señor eligió como antecesores del Salvador del mundo. Joaquín provenía de la casa del rey David, y Ana — era de la clase sacerdotal. La sobrina de Ana, la justa Elizabet, después fue la madre de Juan el Bautista y era prima hermana de la futura Virgen María.

El justo Joaquín era un hombre que estaba en una acomodada situación económica, y tenía mucha cantidad de ganado. A pesar de la abundancia, toda la vida de esta justa pareja, estaba impregnada por el espíritu de un devoto amor a Dios y por la caridad hacia el prójimo. Por estas cualidades ellos gozaban del respeto y el amor de todos. Los mortificaba, sin embargo, una pena: no tenían descendencia, lo cual entre los hebreos se consideraba como indicio de castigo Divino. Ellos pedían incesantemente a Dios que les enviare un hijo para su alegría, aunque hacia la vejez tenían ya poca esperanza de ello. Joaquín estaba muy apesadumbrado por la falta de hijos y una vez, trayendo sus ofrendas a Dios, escuchó de cierto Rabí un duro reproche: "¿Por qué razón quieres ofrecer tus dones a Dios antes que otros? ¡Pues tú no eres digno, por no tener descendencia (ser estéril)!" Por causa de tan grande aflicción el justo Joaquín se alejó al desierto para ayunar y rezar.

Al conocer esto, la justa Ana, considerándose a si misma culpable por la falta de descendencia, se angustió también y comenzó a orar a Dios todavía con mayor fervor, para que Él la escuchara y le mandara un niño. En uno de estos estados de oración, se le apareció un Ángel de Dios y le dijo: "Tu oración ha sido escuchada por Dios, y tu concebirás y de ti nacerá una hija bendita, superior a todas las hijas de la tierra. Por causa de Ella se bendecirán todas las razas de la tierra. Ponle por nombre María."

Habiendo escuchado estas dichosas palabras, la justa Ana inclinándose ante el Ángel le dijo: "¡Vive el Señor Mi Dios! ¡Si realmente naciera de mí un niño, lo entregaré al Señor para que esté a Su servicio! ¡Que Lo sirva, glorificando Su nombre durante toda su vida!"

Ese mismo Ángel del Señor se le apareció también al justo Joaquín, diciéndole: "Dios aceptó tus oraciones con benevolencia. Tu esposa Ana concebirá y alumbrará una hija, por Quien todo el mundo se regocijará. He aquí también la señal de la veracidad de mis palabras: ve a Jerusalén, y allí encontrarás a tu esposa en las puertas doradas."

San Joaquín se dirigió sin demora a Jerusalén, llevando consigo presentes para ofrecerlos a Dios, y también para los sacerdotes.

Llegado a Jerusalén, encontró a su esposa Ana, como lo predijo el Ángel, y relataron el uno al otro, todo lo que les fue anunciado, y, después de pasar un tiempo más en Jerusalén regresaron a su casa, en Nazaret. Pasado el tiempo establecido de su embarazo, la justa Ana dio a luz una hija, a la Cual llamó María, como lo ordenó el Ángel.

Después de pasado un año, Joaquín organizó un banquete, para el cual invitó a los sacerdotes, ancianos y a todos sus conocidos. Durante el banquete alzó a su Bendita Hija y, mostrándola a todos, pidió a los sacerdotes que La bendijeran.

El nacimiento de la Madre de Dios es para nosotros un día especialmente gozoso, porque con él se hizo realidad toda una serie de importantísimas profecías y pronósticos del Antiguo Testamento. Precisamente a Ella Dios La eligió para que fuera Aquella Virgen, Quien de acuerdo a las predicciones de Isaías, tenía que concebir sin semen del Espíritu Santo y dar a luz al Hijo-Emanuel, destinado a salvar al género humano de la maldición y muerte que pendían sobre él. Ella se convirtió en la misteriosa "escalera" que unió al Cielo con la tierra, vista en sueños por el patriarca Jacob (Hechos 28:12). Ella se hizo también "la puerta cerrada" quien según la visión del profeta Ezequiel (Ez. 44:2) traspasó el Señor Dios de Israel para visitar y liberar a su gente. Es también Ella la creación de la casa de la sabiduría de Dios (Prov. 9:1), que alumbra a todo hombre, que viene a este mundo (Juan 1:9), y que disipa las tinieblas de la incredulidad y el extravío.

En una palabra, el nacimiento de la Santísima Virgen María es para nosotros el comienzo del cumplimiento de todas las promesas Divinas, con las cuales vivió y se consoló la humanidad durante muchos milenios, — la manifestación al mundo de Aquel misterio oculto por siglos y generaciones, que estaba preparado desde la eternidad para la salvación y gloria del caído género humano.

Es por eso, que esta celebración, como enseña San Andrés de Creta es, "el principio de las festividades y sirve como puerta hacia la gracia y la verdad." San Juan Damasceno dijo: "el día de la natividad de la Madre de Dios es festividad de alegría universal, pues a través de Ella se renovó todo el género humano, y la aflicción de la madre Eva se convirtió en alegría." 


Troparion Tono 4:

Tu nacimiento oh Madre de Dios Virgen, anunció la alegría a todo el universo. Porque de Ti resplandeció el sol de verdad, Cristo nuestro Dios, destruyendo la maldición, Él nos concedió la bendición y destruyendo la muerte, nos otorgó la vida eterna.

Contaquio Tono 4:

Joaquín y Ana fueron liberados del reproche de la esterilidad, Adán y Eva de la corrupción de la muerte, oh Purísima, por Tu santa Natividad, por eso Tu pueblo celebra este acontecimiento, por haber sido redimido de la culpa del pecado, celebra exclamándote: la estéril da a luz a la Madre de Dios, nutridora de nuestra vida.