miércoles, 30 de septiembre de 2020

Memoria de actividades de S.E. Policarpo en el mes de septiembre de 2020


05/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo.


06/09: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines, seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo XIII de Mateo, en el curso de la cual ordenó al Diaconado al Subdiácono de nuestra Parroquia Ortodoxa de los SS. Joaquín y Ana de Valladolid, D. Alejandro-Millán Herguedas, dándole el nombre del Profeta Elías, destinado como Diácono para dicha parroquia nuestra. Al término de la Liturgia presidió el Oficio Sagrado de Santificación del Nuevo Año Eclesiástico, que según la tradición ortodoxa comienza el 1 de septiembre. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid.


07/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas por la Fiesta de la Natividad de la SSma. Virgen María.


08/09: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral de la Divina Liturgia por la gran Fiesta litúrgica de la Natividad de la SSma. Madre de Dios, al término de la cual presidió el Oficio Sagrado de Artoclasía (Bendición de los 5 panes, del trigo, del vino y del aceite) con motivo de tal importante Fiesta.


09/09: Grabó en su despacho un mensaje grabado para el responsable de la organización del Día por la Salvaguardia de la Creación, que cada año organizan conjuntamente a principios de septiembre la Archidiócesis Católica Romana de Madrid y la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal; este año se celebró el sábado 11 de septiembre telemáticamente a causa de la pandemia de coronavirus.


12/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo.


13/09: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines, seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo anterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid. Por la tarde asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas por la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.


14/09: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral del Oficio de Maitines y de la Divina Liturgia por la grandísima Fiesta litúrgica de la Exaltación Universal de la SSma. Cruz, al término de la cual presidió el Oficio Sagrado de Exaltación de la Santa Cruz.


19/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo, al término de las cuales celebró el Oficio Sagrado de Gran Conmemoración por el descanso del alma de nuestro hermano Víctor, proveniente de Chipre.


20/09: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral del Oficio de Maitines y de la Divina Liturgia del Domingo posterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, al término de la cual presidió un pequeño Oficio de Súplica a la SSma. Madre de Dios con motivo de la Fiesta de su Natividad según el calendario juliano (21/09).


25/09: Junto con los clérigos de la Catedral celebró el Sacramento del Óleo Santo del mes de septiembre.


26/09: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas del Domingo.


27/09: Presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral del Oficio de Maitines y de la Divina Liturgia del Domingo I de Lucas. A continuación presidió desde el Trono Episcopal (corostasía) la celebración en la Catedral, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, que ese domingo coincidió con la gran Fiesta litúrgica de la Exaltación Universal de la SSma. Cruz según el calendario juliano. Al término de la Liturgia presidió la celebración del Oficio Sagrado de Exaltación de la Santa Cruz.

Homilía del Archimandrita Demetrio en la fiesta de la Protección de la Santísima Madre de Dios


En el calendario bizantino son numerosas las fiestas votivas de la Santísima Virgen María, no  sólo en memoria de su vida, desde su concepción hasta su dormición y tránsito a la vida eterna, sino también a su intercesión maternal, como se atestigua en las composiciones himnográficas y las oraciones a Ella dirigidas. Ahora bien, la intercesión de la Madre de Dios no se añade a la de Cristo. Ni la teología bizantina ni la Iglesia ortodoxa han tenido nunca a la Virgen María como "Corredentora". La intercesión, la mediación, la protección de la Santísima Virgen se ejercen dentro de las de Cristo, igual que ocurre con los santos.


El himno más antiguo dedicado a la Virgen, "Bajo tu Amparo", que data del siglo IV y quizás se remonte al siglo III, atestigua que desde los primeros tiempos los cristianos reconocían e imploraban la protección de Nuestra Señora ante su divino Hijo. La Iglesia siempre ha admitido que las oraciones de los justos pueden obtener para los cristianos la misericordia y la ayuda divinas, como aquellos hombres de Cafarnaum que, llenos de fe, llevaron a los pies de Jesús a un paralítico obteniendo su curación. De la misma manera que los vivos pueden rezar por otros, también, y por el poder de la Resurrección de Cristo, quienes están ya en la otra vida pueden orar por los vivos. La Santísima Virgen, que intervino ante Jesús es las bodas de Caná consiguiendo el primer milagro de su Hijo ¿dejará de hacerlo ahora?


Los Menologios están repletos de referencias a la intercesión milagrosa de la Virgen, a sus apariciones, a las manifestaciones de su extraordinario poder por medio de los iconos particularmente venerados de la Madre de Dios y que han dado lugar a numerosas fiestas y devociones como la que hoy celebramos: la Protección de la Madre de Dios ( en eslavo "Pokrov", en griego "Hagia Skepi", trasladada en Grecia al 28 de octubre después de la II Guerra Mundial). Ni la muerte ni el sepulcro pudieron quitarle a la Santísima Virgen su poder de interceder y proteger a los de aquí abajo. Ella es la Protectora por excelencia, la Muralla invencible, la Fortaleza inexpugnable, la que nunca desoye a los fieles que ponen en Ella su confianza.


En su intercesión, la Virgen María actúa como una madre. Ella es la Madre de Cristo, pero es también la Madre de sus fieles después del encargo que, desde la Cruz, hizo el Señor al apóstol san Juan. Por la Redención, la humanidad se convierte en hijos adoptivos de Dios y la que fuera Madre en la carne del Hijo de Dios, se convierte en Madre por adopción de aquéllos por los que Cristo murió. Aunque estas dos adopciones se realizan en planos diferentes, ambas son posibles por la obra de Cristo en la Cruz.


Para algunos cristianos el lugar que la Virgen María ocupa en la Iglesia les parece privilegiado, pero no es así. Su estatus es único a causa de que sólo hay una Madre de Dios porque sólo hay un Cristo. En realidad estas opiniones han aparecido desde el siglo pasado, pero anteriormente no era así. No olvidemos la gran ley del Reino: "El más grande en el Reino debe ser el servidor de todos" (Mt, 20, 26-27). Ella, que es bendita entre todas las mujeres es también la sierva, la Sierva del Señor y, por tanto, la más amada por Dios de entre toda la humanidad. Y así sigue igual de amada en la gloria, donde sigue intercediendo por su plegaria, como en Cana, o por su compasión, como en la Cruz.


¿No es Ella la puerta del cielo que abre la salvación a la humanidad? ¿No es Ella la escala mística por la cual descendió el Hijo de Dios para hacerse hombre? Pues por esa misma escala asciende el creyente al cielo.


La Santísima Virgen es la abogada de los que acuden a su intercesión; el socorro de los cristianos porque Ella no rechaza la voz suplicante de los pecadores que a Ella acuden; el puerto seguro de los que son golpeados por la tempestad, socorro de los indigentes, soberana de los angustiados. En las bodas de Caná, aún a pesar de las palabras de su Hijo, "Aún no ha llegado mi hora", la Santísima Virgen consigue el milagro, lo que nos muestra el inmenso poder de intercesión y mediación, haciendo incluso que se puedan desplazar los límites del tiempo concedido por Dios.


Contando con esa seguridad, la Iglesia Ortodoxa dirige sus plegarias a la Santísima Virgen pidiéndole su protección para el pueblo cristiano porque, como cantábamos el 15 de agosto, "Con tu Dormición, no has abandonado al mundo, ¡oh Madre de Dios!"


+ Arch. Demetrio

lunes, 28 de septiembre de 2020

Participación de nuestra Metrópolis en un ciclo interreligioso de Valladolid (Castilla y León)


“CONOCE LA DIVERSIDAD RELIGIOSA DE LA CIUDAD DE VALLADOLID”


Este ciclo consta de cuatro visitas - de forma online y retransmitidas en directo por YouTube, a causa de la crisis social y sanitaria – a lugares de culto de confesiones y tradiciones distintas, representativas de la diversidad religiosa en la capital vallisoletana: Iglesia Filadelfia, Centro Budista Kadampa Lamrim, Iglesia Ortodoxa Griega y Comunidad Islámica de Valladolid.


Las visitas correrán cargo de una persona representante de la confesión religiosa, acompañada de dos miembros de las entidades organizadoras. Durante los encuentros, los/as asistentes podrán interactuar con los anfitriones y plantear sus preguntas a través del chat habilitado durante la emisión en directo. En el caso de nuestra Parroquia de los Santos Joaquín y Ana, la visita estará guiada por el Archimandrita Demetrio (Sáez) el jueves 08/10/2020 a las 18:30.


Estos encuentros comparten el objetivo de acercar a la sociedad a la realidad de la diversidad religiosa y combatir los posibles prejuicios y estereotipos, a través del conocimiento directo y el diálogo entre personas de distintas religiones.

domingo, 27 de septiembre de 2020

27/09 - Santos Adolfo y Juan, Mártires


Hermanos sevillanos martirizados en Córdoba.

Su padre era un noble musulmán y su madre, Artemia, era cristiana. Entre ellos había buena convivencia aunque profesaban religiones distintas, pero los hijos eran musulmanes, condición impuesta por el marido. Cuando murió su marido, ella con sus hijos Adolfo y Juan y su hija Aurea se fueron a Córdoba porque allí había más tolerancia con los cristianos que en Sevilla.

Y es precisamente en Córdoba donde los dos hermanos se convierten al cristianismo y son denunciados por sus parientes paternos ante el califa Abd-el-Rhaman II. Por eso, fueron arrestados y condenados, sufriendo el martirio el día 27 de septiembre del año 824, al inicio del reinado de este califa y antes de iniciarse la persecución contra los mozárabes del año 850.

Su madre entró en el convento de Cuteclara, llegando a ser su abadesa, y su hermana Áurea, siguiendo el ejemplo de sus hermanos, abrazó también la fe en Cristo y entró en el monasterio de su madre. Áurea fue también martirizada el día 10 de julio del año 856.

Los cuerpos de Adolfo y Juan fueron sepultados en la iglesia de San Cipriano de Córdoba, y allí, en el año 858, fueron visitados por Usuardo, el autor de uno de los martirologios antiguos más famosos. Fue precisamente Usuardo el que los introdujo en su martirologio, y de éste pasó al Martirologio Romano. El abad Speraindeo ("Espera en Dios"), que era contemporáneo de los dos hermanos y maestro de San Eulogio, escribió la vida de estos mártires, pero este documento se ha perdido.


Fuente: Preguntasantoral

sábado, 26 de septiembre de 2020

I Domingo de Lucas. Lecturas de la Divina Liturgia


2 Cor 6,1-10: Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación. En cuanto a nosotros, no damos a nadie ninguna ocasión de escándalo, para que no se desprestigie nuestro ministerio. Al contrario, siempre nos comportamos como corresponde a ministros de Dios, con una gran constancia: en las tribulaciones, en las adversidades, en las angustias, al soportar los golpes, en la cárcel, en las revueltas, en las fatigas, en la falta de sueño, en el hambre. Nosotros obramos con integridad, con inteligencia, con paciencia, con benignidad, con docilidad al Espíritu Santo, con un amor sincero, con la palabra de verdad, con el poder de Dios; usando las armas ofensivas y defensivas de la justicia; sea que nos encontremos en la gloria, o que estemos humillados; que gocemos de buena o de mala fama; que seamos considerados como impostores, cuando en realidad somos sinceros; como desconocidos, cuando nos conocen muy bien; como moribundos, cuando estamos llenos de vida; como castigados, aunque estamos ilesos; como tristes, aunque estamos siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como gente que no tiene nada, aunque lo poseemos todo.

Lc 5,1-11: En una ocasión, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes». Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres». Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

jueves, 24 de septiembre de 2020

24/09 - San Silvano (Siluan) del Monte Atos


San Siluan se llamaba Simeón Antonov. Nació en el año 1866 en una aldea en Rusia. Llegó al Monte Athos en 1892, fue tonsurado monje en 1896 con lo que se le cambió el nombre a “Siluan o Silvano” y tomó la “Sjima” en el año 1911 (en la Iglesia Ortodoxa el monje recibe una nueva prenda llamada “sjima” con la cual sus votos de vida son mucho más severos). Cumplía su obediencia en el molino del monasterio del Viejo Rusik, y estaba a cargo de la economía. Falleció el 24 de septiembre de 1938, hace 70 años.


Simeón en su juventud trabajó como carpintero en una estancia en donde rezaba mientras trabajaba. Sintió el deseo de ser monje y entregar su vida a Cristo. Le pidió a su padre permiso para ingresar en el Monasterio de Lavra en Kiev, pero este se lo negó. Simeón cayó en el desanimo y siguió su vida como cualquier otro joven.



Su familia era grande: vivía con sus padres, 5 hermanos y 2 hermanas. Los hermanos mayores trabajaban con el padre. Siluan rápidamente ingresó en el bullicio de la vida y comenzó a desaparecer de su alma el primer llamado de Dios a la vida monacal. Pero Dios lo llamó de nuevo por medio de una visión. Una vez, después de pasar un tiempo indecentemente, se durmió y vio cómo una serpiente penetraba por la boca su interior. Sintió un fuerte asco, se despertó y al mismo tiempo escuchó las palabras: “Tú te tragaste en el sueño la serpiente y te dio asco; así a Mí no Me gusta ver lo que estás haciendo.” Simeón no vio a nadie, solo oyó la voz, que por su hermosura era totalmente singular. Según la indudable convicción de San Siluan en los años de su madurez esta fue la voz de la Madre de Dios. Hasta el fin de sus días, le dio gracias por haberlo visitado personalmente para salvarlo de la caída.

Este segundo llamado, ocurrido poco antes del servicio militar, decidió la elección de su futuro camino. Un cambio radical sucedió en su vida. Simeón sintió una profunda vergüenza por su pasado y empezó a arrepentirse ante Dios. La decisión de entrar en un monasterio, después del servicio militar, se duplicó. Y empezó a cambiar su pensamiento y su conducta.

Simeón, como lo había decidido su padre, ingresó al servicio militar en la Guardia Imperial. Llegó allí con mucha fe y arrepentimiento y no dejaba de pensar en Dios. En el ejército lo querían mucho como a un soldado cumplidor, tranquilo, de buena conducta, y los compañeros como a un fiel y agradable amigo.

Poco tiempo antes de terminar su servicio militar en la Guardia, Simeón con otro amigo fueron a ver al padre Juan de Kronstadt, para pedirle su bendición y rezos. Como no lo encontraron, le dejaron escritas sus cartas. El amigo de Siluan dejó una carta larga, escrita con hermosa letra. Pero Siluan escribió pocas palabras: “Padre, quiero hacerme monje, rece para que el mundo no me retenga.” Regresaron a San Petersburgo, al cuartel. Y al otro día, según las palabras de San Siluan, sintió, que a su alrededor “lo cubría una llama de fuego.” Regresó a su casa y permaneció ahí solo una semana. Rápidamente juntó algunos regalos para el monasterio, se despidió de todos y viajó a Athos. Pero, desde el día en que el padre Juan de Kronstadt empezó a rezar por él, “la llama de fuego” resonaba alrededor suyo sin parar, en todo lugar al que iba.

San Siluan empezó su nueva vida de sacrificios y vigilias. Fue introducido, para su desarrollo espiritual, en la vida del monasterio, con el continuo recuerdo de Dios, la oración en la celda solo, largos oficios en el templo, los ayunos y vigilias, frecuentes confesiones, lecturas, trabajos y obediencia. Pronto aprendió “la oración a Jesús” con el rosario. Pasó poco tiempo, cerca de tres semanas y una vez al atardecer, durante la oración delante del icono de la Virgen, la oración entró en su corazón y empezó a realizarse ahí de día y de noche, pero todavía no comprendía la grandeza del don recibido de la Madre de Dios.

El hermano Simeón era paciente, bondadoso, obediente: en el monasterio lo amaban, lo elogiaban por los trabajos bien hechos y por su buen carácter. Pero comenzó a pensar: “vivo sin pecar, me arrepentí, estoy perdonado, rezo continuamente y cumplo bien mis obligaciones.” Debido a su inexperiencia, no comprendía qué estaba sucediendo. Una noche su celda se llenó con una luz extraña, el demonio le decía: “ahora eres un santo”. Las insinuaciones demoníacas de llevarlo al “cielo” se repetían a diario. Y él rezaba a Dios con un fervor excesivo pero comprendía que el demonio quería convencerlo de que ya lo había conseguido todo.

Pasaban meses, pero las agresiones demoníacas se hacían cada vez más fuertes. Las fuerzas espirituales del novicio empezaron a ceder y su ánimo decaía. Ya no soportaba más. Estando sentado en su celda, al atardecer, pensó: “No se puede implorar a Dios.” Con este pensamiento él sintió completo abandono y su alma se hundió en la oscuridad y la tristeza.

En el mismo día, durante el servicio vespertino, en la iglesia del Santo Profeta Elías, a la derecha de la puerta central del Iconostasio, vio a Cristo vivo y todo su ser se llenó con el fuego de Gracia del Espíritu Santo. Fue el momento en que nacía por segunda vez. Más adelante, en sus escritos, repite constantemente que conoció a Dios y lo vio por intermedio del Espíritu Santo.

El joven monje Siluan gradualmente aprende los más perfectos hechos ascéticos, los cuales parecen imposibles a la mayoría. Su sueño sigue entrecortado (varias veces duerme solo 15 minutos). No se acuesta, duerme sentado en un banco. De día trabaja como un obrero, se dedica a la obediencia, renunciando a su propia voluntad. Aprende a guiarse por la voluntad Divina, se abstiene en la comida, se aleja de las conversaciones. Durante largas horas reza la oración de Jesús. Y a pesar de todos sus esfuerzos, frecuentemente la luz de la gracia lo abandona y los demonios lo rodean de noche.

Pasaron 15 años desde el día de la aparición de Cristo. Una vez, cuando luchaba con los demonios, cuando a pesar de todos los esfuerzos no podía rezar con pureza, Siluan se sienta e inclinando la cabeza con el corazón dolorido dice la oración: “Señor, Tu ves, que yo trato de rezar con la mente pura, pero los demonios me lo impiden. Enséñame, ¿que debo hacer para que ellos no me molesten?” Y recibió la respuesta en su alma: “los orgullosos siempre sufren así a los demonios”. “Señor, dice Siluan, “¿enséñame, que debo hacer para que mi alma sea humilde?”.

Desde entonces le es abierta el alma, que la raíz de todos los pecados, la semilla de la muerte es el orgullo, y que Dios es humildad. Por eso, el que quiere llegar a Dios debe tener humildad. Comprendió, que aquella enorme humildad de Cristo es parte del amor Divino. Ahora comprende con claridad que todo el esfuerzo debe ser dirigido a tener humildad.

“El hermano nuestro es nuestra vida” decía San Siluan. A través del amor Divino toda persona se percibe como una parte inseparable de nuestra existencia eterna. El mandamiento de “amar al prójimo como a sí mismo” empieza a comprenderlo no solamente como una norma ética, sino como su misma existencia.

Hasta el fin de su vida, a pesar de su debilidad y enfermedades, conservó la costumbre de dormir a ratos. Le quedaba mucho tiempo para la oración solitaria y siempre rezaba, cambiando según las circunstancias, la forma de oración. Pero su oración se hacia mas fuerte sobre todo en las horas de la noche, antes de los matutinos. Rezaba por los vivos y los muertos, por los amigos y enemigos y por todo el mundo.


Fuente: J.C.M.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

23/09 - Concepción del Santo Profeta, Precursor y Bautista Juan


Esta era la profecía de Isaías para el precursor: “Una voz proclama: «Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la estepa un sendero para nuestro Dios. (Isaías 40: 3)".

Esta voz era la del Precursor San Juan el bautista, nacido en forma milagrosa; su padre Zacarías era sacerdote, y en el momento que estaba incesando en el templo vio un ángel del Señor que le anunció de la llegada de un hijo y que lo llamaría Juan.

La alegría desbordaba en Zacarías, pero dudó un instante porque su mujer tenía una edad avanzada; entonces el ángel le dijo que por su desconfianza quedaría mudo hasta que la palabra de Dios se cumpliera.

Así fue: a los nueve meses Isabel tuvo a su hijo. Luego de ocho días, en la circuncisión del niño, los parientes quisieron poner el nombre de su padre al niño, pero Zacarías escribió en una pizarra el nombre de Juan, e inmediatamente volvió a hablar, y la alegría retornó a todos.


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico)

domingo, 20 de septiembre de 2020

20/09 - Eustaquio el Megalomártir, su esposa y sus dos hijos


Este santo Mártir Eustaquio, antes de su Bautismo, era un ilustre general romano llamado Plácido, en tiempos del Emperador Trajano.

Un día, mientras cazaba en el campo, se convirtió a la Fe de Cristo mediante la aparición de un ciervo de una majestuosidad poco común entre cuyos cuernos vio la Cruz de Cristo y a través del cual el Señor le habló con voz humana. Al volver a casa, Plácido supo que su mujer Taciana también había tenido una visión en que se le ordenó que se hiciera cristiana. Ambos buscaron al Obispo de los Cristianos y fueron bautizados, recibiendo Plácido el nombre de Eustaquio y Taciana el de Teopiste; sus dos hijos fueron bautizados Agapio y Teopisto.


Posteriormente la familia fue sometida a pruebas similares a las de Job. Sus siervos murieron, todos sus bienes fueron robados y, en una peregrinación a Jerusalén, se vieron dispersados, no sabiendo cada miembro si los demás vivían aún. Pero por la providencia de Dios se reunieron de nuevo muchos años después, y regresaron en gloria a Roma.


No obstante, cuando se negaron a sacrificar a los ídolos -sacrificio público al que no podía faltar ningún general romano-, el Emperador Adriano, que había sucedido a Trajano, hizo que los metieran en un artefacto de bronce con forma de toro que fue calentado hasta que murieron. Cuando sus santos cuerpos fueron sacados, se encontraron intactos.


Estos santos sufrieron el martirio hacia el año 126.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Domingo posterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Lecturas de la Divina Liturgia



Gal 2,16-20: Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley. Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser, porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, me declaro a mí mismo transgresor de la Ley. Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

Mc 8,34-9,1: Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles». Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder».

19/09 - Trófimo, Sabacio y Dorimedonte los Mártires


En el año 278, durante el reinado de Probo, los Santos Trófimo y Sabacio llegaron a Antioquía y, viendo que la ciudad celebraba el festival de Apolo y Dafne, lamentaron la ceguera del pueblo y se presentaron como cristianos ante Ático el Gobernador.

A San Trófimo le arrancaron sus vestiduras, le estiraron los miembros del cuerpo y lo golpearon hasta que la tierra quedó roja con su sangre. Luego lo colgaron, le desgarraron ambos costados y lo encarcelaron en medio de tormentos. San Sabacio fue torturado tan salvajemente que entregó su espíritu en medio de los sufrimientos infligidos.


Trófimo fue enviado a Sinada calzando unos zapatos de hierro llenos de clavos afilados por dentro; lo atormentaron aún más sin compasión y luego lo arrojaron a la prisión. Dorimedonte, consejero pagano, fue allí y lo cuidó. Llegada cierta fiesta, a Dorimedonte le preguntaron por qué no sacrificaba a los ídolos y se proclamó cristiano, motivo por el cual fue encarcelado, le clavaron repetidas veces pinchos al rojo vivo, lo castigaron de un modo horrible y finalmente lo decapitaron junto a San Trófimo.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

16/09 - Santa Megalomártir Eufemia de Calcedonia, Copatrona de nuestra Metrópolis


Santa Eufemia era hija de un matrimonio cristiano devoto de la ciudad de Calcedonia. Su ambiente familiar le permitió, desde muy joven, tomar la decisión de dedicar su vida al Novio de su alma, nuestro Señor Jesucristo. Unos años después, se emprendió la persecución del emperador Diocleciano; la joven, comprometida con su Señor, rechazó definitivamente negar a Cristo; ni los azotes ni la cárcel la pudieron cambiar. Así que el jefe de la ciudad mandó quemarla en vida. Fue martirizada en el año 304, y la Iglesia recuerda el martirio de santa Eufemia el día 16 de septiembre.

Unos años después, cuando el emperador Constantino llegó a Macedonia, y viendo la veneración que los macedonios tenían hacia la Santa, construyó una iglesia dedicada a su nombre; desde entonces Macedonia recibía muchos peregrinos que procuraban besar sus reliquias.

En el año 451 fue convocado el IV Concilio Ecuménico en la misma Calcedonia: obispos de todo el orbe cristiano se reunieron en la ciudad para discutir la nueva corriente que había surgido últimamente; unos obispos defendían la recta fe en que “Cristo es perfecto Dios y perfecto hombre”, es decir, que tiene dos naturalezas que están juntas en una sola Persona. En tanto que el otro grupo decía que Cristo tiene nada más que una naturaleza divina.

Mientras estaban en plena discusión, se propuso exponer la causa a la intercesión de la Patrona de la ciudad. Entonces ambos equipos editaron sus enseñanzas y las pusieron junto a las reliquias de santa Eufemia; durante tres días todos oraron insistentemente para que Dios por su intercesión revelara la verdad. Cuando abrieron el sepulcro encontraron el libro de los herejes ante los pies de la Santa, mientras el de recta fe estaba en sus manos. Los Ortodoxos glorificaron a Dios ofreciendo agradecimientos a su Santa, y muchos de los que antes eran defensores del Monofisismo (una naturaleza) aceptaron de nuevo la recta fe. Este milgro de la santa se conmemora por separado cada 10 de julio.


Fuente: Arquidiócesis de México, Centroamérica y El Caribe (Patriarcado de Antioquía y todo el Oriente)

lunes, 14 de septiembre de 2020

Homilía del Archimandrita Demetrio sobre la Santa Cruz


La Cruz que veneramos hoy es el centro del misterio de nuestra salvación. Es la revelación suprema del amor de Dios hacia sus criaturas, la revelación suprema, también, de nuestro proceso de aprendizaje del amor a Dios y del amor al prójimo.

La Cruz es el lugar de nuestra existencia y, sin embargo, san Pablo la llama locura: "La palabra de la Cruz es locura para los que se pierden, pero para los que se salvan, esto es, nosotros, es poder de Dios" (1 Co. 1, 18)La palabra de la Cruz es locura para el mundo. Hay un abismo infranqueable, humanamente hablando, entre la sabiduría de Dios y la sabiduría del hombre, de manera que quien es  sabiduría y amor de Dios es locura para el mundo y viceversa. Debemos penetrar en este misterio, en esta revelación crucificante del amor de Dios, del amor trinitario, del amor infinito, del amor que es la vida y el ser mismo de Dios, del amor que se extiende como un perfume sobre el mundo y sobre los corazones que lo quieran acoger.


Dios escogió el instrumento de la Cruz, instrumento de tortura, de sufrimiento, de total humillación para hacernos comprender el grado de humildad y postración que representa su descenso a nosotros. Alejándose de Dios por la desobediencia, el primer Adán y sus herederos se han alejado a una distancia infinita de su Creador. Sólo Dios podía recorrer esa distancia descendiendo hasta nosotros. Venir a nosotros implica para Dios un descenso que llamamos "Kenosis" y que quiere decir la voluntad divina de despojarse de su gloria, o al menos de ocultarla. El descender de Dios significa que el Hijo de Dios se hace también Hijo del hombre, manifestando, no sólo su propio amor, sino también el amor del Padre. En el diálogo de Jesús con Nicodemo le dice: "Tanto amó Dios al mundo (hay que insistir en esa palabra "tanto") que envió a su Hijo unigénito para que todo aquél que crea en Él noperezca, sino que tanga vida eterna" (Jn. 3, 16)


El Hijo de Dios que llega a nosotros nos conduce a la luz, como nos enseña el icono del Descenso al Hades (o de la Resurrección). Cristo nos rescata del infierno por la fuerza de su mano poderosa, por la fuerza de su amor. Rescata a Adán y Eva, y todos sus descendientes, del infierno en que ahora nos encontramos. El infierno no es propiamente un lugar, sino el estado de ausencia de Dios, del rechazo de Dios, Cada vez que caemos en el mal o en connivencia con el mal, estamos anticipando lo que podría ser nuestro infierno. Hoy se habla poco de esto, sin embargo es necesario decir que el infierno existe y añadir a continuación que Cristo descendió a ese infierno para sacarnos de él rompiendo sus puertas.


Mientras tanto ¿hacia dónde vamos nosotros? Somos las ovejas perdidas del salmo (118, 176) "Anduve errante como oveja descarriada, ven a buscar a tu siervo". Para que este encuentro entre Dios y el hombre caído pudiera realizarse era necesario que el Señor descendiera a través de la Cruz. La Cruz es la señal de la perfecta obediencia del Hijo al Padre, de la unidad de las voluntades divina y humana en Jesús. En la medida en que se acomoda plena y totalmente la voluntad humana de Jesús con la voluntad del Padre ("Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" Lc.22, 42), en esa medida nuestra voluntad humana puede también acomodarse a la voluntad de Dios y hacerse una con ella.


Siendo así que a través de la Cruz se desciende a los infiernos, se abre para todos un camino infinito de vida nueva y de ascenso a Dios. De la misma manera que la Cruz constituye el camino necesario del descenso y del amor de Dios revelado a los hombres para nuestra salvación, así también no hay para nosotros otro camino de vida divina y de obediencia a la voluntad de Dios que el de la Cruz y el sufrimiento que ello implica. En la medida en que rechacemos a Dios y nos revolvamos contra Él, así nos entregamos a las enfermedades del alma y del cuerpo, porque las enfermedades, sobre todo las del alma son una señal de nuestro rechazo a la gracia de Dios. Sólo la gracia divina es fuente de vida verdadera. Sólo el poder del Espíritu Santo es vivificante; sólo Él nos da la vida a nuestra alma y nuestro cuerpo. Es el Espíritu el que obra en nosotros ese profundo cambio que es la "metanoia", el arrepentimiento, conversión de vida que nos lleva al pie de la Cruz de Cristo con la Santísima Madre de Dios, con el discípulo amado, con Nicodemo y Juan de Arimatea, con las santas mujeres que miraban desde lejos. También nosotros estamos llamados a mantenernos al pie de la Cruz y a desear que esta Cruz se inscriba en nuestra propia existencia, a no conocer, como dice san Pablo, más que a Cristo, y a éste crucificado.


Esta conversión implica que toda nuestra voluntad se comprometa a gloriarnos de la Cruz de Cristo, como dice san Pablo: "por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo" (Gal. 6,14) Es participando de la Cruz de Cristo como recorremos el camino de la victoria pascual contra todas las fuerzas del mal que nos asaltan y nos rodean buscando destruirnos y alejarnos de Dios. Estamollamados a cooperar en la obra de Cristo participando de sus sufrimientos para poder participar de su victoria y poder así ser coronados como vencedores, tal como promete el Espíritu a la Iglesia de Esmirna en el Apocalipsis; "Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida" (Ap. 2, 10).


Que cada signo de la Cruz que hagamos sea un gesto de apropiarnos de la Cruz de Cristo, de dar testimonio del poder y la sabiduría de Dios y de llevar a todos los que nos rodean la buena nueva de la Cruz y la Resurrección a la vida divina. Amén


Arch. Demetrio

14/09 - Exaltación de la Venerable y Vivificadora Cruz


La fiesta del 14 de septiembre lleva como título en los libros litúrgicos de la tradición bizantina "Universal Exaltación de la Preciosa y Vivificante Cruz". Es una fiesta relacionada con la ciudad de Jerusalén y con la dedicación de la basílica de la Resurrección edificada sobre la tumba del Señor en el año 335, y también se celebra el hallazgo de la reliquia de la Cruz por parte de la emperatriz Elena y del obispo Macario.

La cruz tiene un lugar relevante en la liturgia bizantina: todos los miércoles y viernes del año se la conmemora con el canto de un tropario; además, se conmemora también el tercer domingo de Cuaresma y los días 7 de mayo y 1 de agosto. En los textos litúrgicos bizantinos la Cruz es presentada siempre como lugar de victoria: de victoria de Cristo sobre la muerte, de victoria de la vida sobre la muerte, lugar de derrota y muerte de la muerte. La celebración litúrgica del 14 de septiembre en la tradición bizantina está precedida por un día de pre-fiesta el 13, en el cual se celebra la dedicación de la basílica de la Resurrección, y se extiende con una octava hasta el 21 del mismo mes de septiembre.

El icono de la fiesta de la exaltación de la Cruz presenta la figura del obispo Macario elevando la santa Cruz, con diáconos a su alrededor; algunos iconos introducen también entre los personajes a la emperatriz Elena. El icono representa la misma celebración litúrgica del día con la gran bendición y veneración de la Cruz preciosa y vivificante. El icono, por tanto, hace presente el misterio que se celebra en este día y la liturgia misma que la Iglesia celebra. La ostensión y la exaltación de la cruz lleva, en primer lugar, a toda la creación a la alabanza de Aquel que en ella ha sido elevado, y a su victoria sobre la muerte: "La cruz exaltada de Aquel que en ella ha sido elevado induce a toda la creación a celebrar la inmaculada pasión: ya que fue matado con ella Aquel que nos había matado, Él nos ha dado vida de nuevo a los que estábamos muertos, nos ha dado belleza y nos ha hecho dignos, en su compasión, por su suma bondad, de obtener la ciudadanía en los cielos... Cruz venerabilísima que las huestes angélicas rodean gozosas, hoy, en tu exaltación, por el divino querer, levanta a todos aquellos que, por el engaño de aquel fruto, habían sido expulsados y habían sido precipitados en la muerte... Nosotros, por tanto, aclamamos: Exaltad a Cristo, Dios bondadosísimo, y postraos al estrado de sus pies...

En uno de los largos troparios de Vísperas se reseña casi toda la teología de la cruz y cómo la misma Iglesia la profesa y la vive. Poniendo en paralelo el árbol del paraíso con el árbol de la cruz, esta es presentada y mostrada como lugar de la salvación y de la vida; el engaño del primer árbol se convierte en vida en el segundo árbol: "Venid, naciones todas, adoremos el leño bendito por el cual se ha realizado la eterna justicia: ya que aquel que con el árbol ha engañado al progenitor Adán es alimentado en la cruz, y cae envuelto en una funesta caída, él, que se había adueñado tiránicamente de una criatura real...". El veneno de la serpiente es anulado por la sangre vivificante de Cristo en la cruz: "Con la sangre de Dios es lavado el veneno de la serpiente, y es anulada la maldición de la justa condena por la injusta condena infligida al justo: ya que con un árbol necesitaba sanarse el árbol, y con la pasión del impasible destruir en el árbol las pasiones del condenado...".

En esta fiesta la tradición bizantina da a la cruz de Cristo títulos que la relacionan directamente, como la liturgia misma lo hace también, con la Madre de Dios, con el misterio de la salvación obrado por Cristo mismo a través de la cruz. Y, al igual que en otras liturgias orientales, también la tradición bizantina da a la cruz como primer título el de puerta o llave que abre de nuevo el paraíso: "Alégrate, cruz vivificante, puerta del paraíso, sostén de los fieles, muro fortificado de la Iglesia: por ti es aniquilada la corrupción, destruido y engullido el poder de la muerte, y nosotros hemos sido elevados de la tierra al cielo. Arma invencible, enemiga de los demonios, gloria de los mártires, verdadero ornamento de los santos, puerto de salvación, tú das al mundo la gran misericordia".

La cruz es presentada, por tanto, como lugar y fuente de la salvación que nos viene por Cristo: "Alégrate, cruz del Señor, por la cual ha sido desatado de la maldición el género humano; eres señal del verdadero gozo, fortaleza de los reyes, vigor de los justos, decoro de los sacerdotes, tú que, siendo impresa, libras de graves males; cetro de poder con el cual somos pastoreados; arma de paz, que los ángeles veneran con temor; divina gloria del Cristo... Guía de los ciegos, médico de los enfermos, resurrección de todos los muertos... Cruz preciosa, por la cual la corrupción ha sido disuelta, la incorruptibilidad ha florecido, nosotros los mortales hemos sido deificados... Viéndote hoy alzada por las manos de los pontífices, nosotros exultamos a  Aquél que en ti ha sido alzado y te veneramos, viendo abundantemente la gran misericordia".

La liturgia de la exaltación de la cruz desarrolla toda la tipología veterotestamentaria que la tradición patrística ha comentado siempre como prefiguración de la cruz de Cristo y de la salvación que por ella viene al género humano. Dos son los textos veterotestamentarios que encontramos presentes en la liturgia de la fiesta: en primer lugar, Ex. 15, que es también la primera de las lecturas de Vísperas, que narra el encuentro con las aguas amargas de Mará, sanadas por el leño echado en ella por Moisés; y esto es recordado en la tradición bizantina cuando el sacerdote, para la consagración de las aguas bautismales, sumerge por tres veces la cruz en el recipiente de agua. En segundo lugar Ex. 17, donde se narra la victoria del pueblo de Israel contra Amalec por la oración de Moisés con las manos alzadas en forma de cruz, prefiguración de Cristo alzado en la cruz: "Teniendo las manos alzadas, Moisés te ha prefigurado, oh cruz preciosa, orgullo de los creyentes, sostén de los luchadores mártires, decoro de los apóstoles, defensa de los justos, salvación de todos los santos... Lo que Moisés prefiguró un tiempo en su persona, derrotando a Amalec y abatiéndolo, lo que el cantor David ordenó venerar como escabel de tus pies, tu cruz preciosa, oh Cristo Dios, esta que nosotros pecadores besamos hoy con labios indignos, celebrándote, que te has dignado dejarte clavar, y a ti te gritamos: Señor, al igual que al ladrón, haznos  a nosotros dignos también de tu reino".

P. Manuel Nin


Fuente: L'Osservatore Romano

sábado, 12 de septiembre de 2020

Domingo anterior a la Exaltación de la Santa Cruz. Lecturas de la Divina Liturgia


Gal 6,11-18: ¿Ven estas letras grandes? ¡Les estoy escribiendo con mi propia mano! Los que quieren imponerles la circuncisión sólo buscan quedar bien exteriormente, y evitar ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo. Porque tampoco aquellos que se hacen circuncidar observan la Ley; sólo pretenden que ustedes se circunciden para gloriarse de eso. Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: lo que importa es ser una nueva criatura. Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios. Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús. Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.

Jn 3,13-17: Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

12/09 - Autónomo el Mártir


Este santo era Obispo en Italia.

Huyendo de la persecución de Diocleciano en el año 298, se dirigió a Bitinia, donde fue de un lado a otro convirtiendo a muchos de los ídolos al verdadero Dios.

A causa de ello, un día, mientras celebraba la Divina Liturgia en la Iglesia de los Arcángeles, los que adoraban a la madera y a la roca se abalanzaron sobre él y lo golpearon con palos y piedras hasta la muerte.