† BARTOLOMÉ
Por la misericordia de Dios
Arzobispo de Constantinopla-Nueva Roma y Patriarca Ecuménico
Gracia, paz y misericordia a la plenitud de la
Iglesia
Del Hacedor de toda la Creación
Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo
* * *
Honorabilísimos
hermanos Jerarcas y benditos hijos en el Señor:
Por la
benevolencia de Dios, el dador de todo, comenzamos hoy un nuevo año eclesiástico
glorificando su nombre celestial por el fruto incesante y abundante de las
iniciativas de su Gran Iglesia en el campo de la protección de la creación. El
Patriarcado Ecuménico no solo ha señalado la seriedad de los asuntos
medioambientales desde un principio, sino que también ha centrado la atención
en sus causas fundamentales, que son interiores, espirituales y morales, y ha
propuesto soluciones basadas en una idiosincrasia eucarística y ascética
ortodoxa.
La Ortodoxia, en
su fe, culto divino y testimonio al mundo, es, por así decirlo, el tipo de
cristianismo más proclive a la ecología. Así pues, la proclamación de la fiesta
de la Indicción como como día de oración por la protección del medio natural no
fue simplemente la reacción a la actual crisis ecológica, sino una extensión
natural de la vida de la Iglesia como “ecología aplicada”. Desde el principio
hemos declarado que el respeto a la creación y a la persona humana son
inseparables, revelando la raíz común y la interconexión entre los problemas
medioambientales y sociales. El alejamiento de Dios engendra una actitud y un
comportamiento posesivo y explotador hacia la creación y hacia el prójimo,
mientras que la vida en Cristo y según Cristo es fuente de sensibilidad
medioambiental y de acción filantrópica. Tal y como dijo el Señor: “Todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede
dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos” (Mt 7,17-18).
El respeto a los
valores espirituales agudiza nuestro discernimiento del bien y de nuestras
obligaciones. La indiferencia hacia lo Transcendente y el “antropomonismo” que
de ello se deriva conducen al encerramiento del ser humano en lo terreno; es
decir, a limitar su libertad a decisiones y opciones pragmáticas, siempre
entreveradas con una visión superficial de la realidad y con la identificación
del bien con “lo que parece ser útil”. La oportuna llamada a un “arrepentimiento
ecológico” -más allá del mero remordimiento por el daño ecológico ya infligido-
y a un cambio radical de mentalidad y comportamiento hacia la creación también
apunta a la necesidad de trascender la postura errónea y medioambientalmente
destructiva que sostiene que la “economía que se autorregula” es el único
camino para el desarrollo. Esta postura alimenta más si cabe la creencia
ingenua en la supuesta capacidad de la naturaleza de regenerarse de manera
indefinida a pesar de las cargas provocadas por el hombre que sufre, como por
ejemplo la intensificación del cambio climático y sus consecuencias mundiales
devastadoras. Hoy en día, además, se añade a todo esto el pandemonio de los gritos
de guerra, los bombardeos, los misiles y las explosiones que ahogan el clamor
de las víctimas inocentes de la violencia inmisericorde y el gemido de la
creación. El futuro de la vida sobre la tierra será ecológico y pacífico o
simplemente no será.
El Patriarcado
Ecuménico, junto a su lucha por la paz, la justicia y la solidaridad, seguirá liderando
la protección de la naturaleza, el apoyo a las cuestiones ecológicas por ser
fundamentales para el diálogo intercristiano e interreligioso y la promoción de
la importancia de los principios y tradiciones cristianas proclives a la ecología
en las instituciones internacionales, las organizaciones medioambientales, las
fundaciones científicas y la sociedad civil. Confiamos en que la cooperación en
el campo de la ecología fortalezca nuestro sentido de la responsabilidad
compartida de cara al futuro y abra perspectivas nuevas y favorables.
Volviendo a lo que
señalamos en un mensaje anterior, hacemos un nuevo llamamiento a las Metrópolis
de la Madre Iglesia de todo el mundo, así como a las parroquias y monasterios,
para que desarrollen acciones coordinadas e intervenciones específicas para
movilizar a los fieles, haciendo un especial hincapié en la educación de las
nuevas generaciones. Poner en práctica las consecuencias ecológicas de nuestra
fe es un aspecto definitorio de nuestra identidad ortodoxa.
En este espíritu,
os deseamos un año nuevo eclesiástico bendito y fructífero en buenas obras
gratas a Dios. Invitamos a los hijos de la Santa y Gran Iglesia de Cristo de todo
el mundo a vivir de una manera verdaderamente ecológica y en el amor fraterno,
a que oren por la creación y por la paz, a que luchen por la integridad del
medio natural y por la sostenibilidad y a que fomenten una cultura de la
solidaridad. Por las intercesiones y la protección de la Santísima Madre de
Dios Todomisericordiosa, invocamos sobre vosotros la gracia vivificante y la
gran misericordia del Creador Todopoderoso y Dios de amor Todomisericordioso.
¡Bendito año nuevo
eclesiástico, hermanos e hijos en el Señor!
1 de septiembre de
2025
† Bartolomé de Constantinopla
Fervoroso
suplicante por todos ante Dios