viernes, 29 de agosto de 2025

Mensaje Patriarcal para el comienzo del Año Eclesiástico y la Jornada Solemne de Oración por el Medio Ambiente Natural (1 de septiembre de 2025)

 


† BARTOLOMÉ

Por la misericordia de Dios

Arzobispo de Constantinopla-Nueva Roma y Patriarca Ecuménico

Gracia, paz y misericordia a la plenitud de la Iglesia

Del Hacedor de toda la Creación

Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo

* * *

Honorabilísimos hermanos Jerarcas y benditos hijos en el Señor:

Por la benevolencia de Dios, el dador de todo, comenzamos hoy un nuevo año eclesiástico glorificando su nombre celestial por el fruto incesante y abundante de las iniciativas de su Gran Iglesia en el campo de la protección de la creación. El Patriarcado Ecuménico no solo ha señalado la seriedad de los asuntos medioambientales desde un principio, sino que también ha centrado la atención en sus causas fundamentales, que son interiores, espirituales y morales, y ha propuesto soluciones basadas en una idiosincrasia eucarística y ascética ortodoxa.

La Ortodoxia, en su fe, culto divino y testimonio al mundo, es, por así decirlo, el tipo de cristianismo más proclive a la ecología. Así pues, la proclamación de la fiesta de la Indicción como como día de oración por la protección del medio natural no fue simplemente la reacción a la actual crisis ecológica, sino una extensión natural de la vida de la Iglesia como “ecología aplicada”. Desde el principio hemos declarado que el respeto a la creación y a la persona humana son inseparables, revelando la raíz común y la interconexión entre los problemas medioambientales y sociales. El alejamiento de Dios engendra una actitud y un comportamiento posesivo y explotador hacia la creación y hacia el prójimo, mientras que la vida en Cristo y según Cristo es fuente de sensibilidad medioambiental y de acción filantrópica. Tal y como dijo el Señor: “Todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos” (Mt 7,17-18).

El respeto a los valores espirituales agudiza nuestro discernimiento del bien y de nuestras obligaciones. La indiferencia hacia lo Transcendente y el “antropomonismo” que de ello se deriva conducen al encerramiento del ser humano en lo terreno; es decir, a limitar su libertad a decisiones y opciones pragmáticas, siempre entreveradas con una visión superficial de la realidad y con la identificación del bien con “lo que parece ser útil”. La oportuna llamada a un “arrepentimiento ecológico” -más allá del mero remordimiento por el daño ecológico ya infligido- y a un cambio radical de mentalidad y comportamiento hacia la creación también apunta a la necesidad de trascender la postura errónea y medioambientalmente destructiva que sostiene que la “economía que se autorregula” es el único camino para el desarrollo. Esta postura alimenta más si cabe la creencia ingenua en la supuesta capacidad de la naturaleza de regenerarse de manera indefinida a pesar de las cargas provocadas por el hombre que sufre, como por ejemplo la intensificación del cambio climático y sus consecuencias mundiales devastadoras. Hoy en día, además, se añade a todo esto el pandemonio de los gritos de guerra, los bombardeos, los misiles y las explosiones que ahogan el clamor de las víctimas inocentes de la violencia inmisericorde y el gemido de la creación. El futuro de la vida sobre la tierra será ecológico y pacífico o simplemente no será.

El Patriarcado Ecuménico, junto a su lucha por la paz, la justicia y la solidaridad, seguirá liderando la protección de la naturaleza, el apoyo a las cuestiones ecológicas por ser fundamentales para el diálogo intercristiano e interreligioso y la promoción de la importancia de los principios y tradiciones cristianas proclives a la ecología en las instituciones internacionales, las organizaciones medioambientales, las fundaciones científicas y la sociedad civil. Confiamos en que la cooperación en el campo de la ecología fortalezca nuestro sentido de la responsabilidad compartida de cara al futuro y abra perspectivas nuevas y favorables.

Volviendo a lo que señalamos en un mensaje anterior, hacemos un nuevo llamamiento a las Metrópolis de la Madre Iglesia de todo el mundo, así como a las parroquias y monasterios, para que desarrollen acciones coordinadas e intervenciones específicas para movilizar a los fieles, haciendo un especial hincapié en la educación de las nuevas generaciones. Poner en práctica las consecuencias ecológicas de nuestra fe es un aspecto definitorio de nuestra identidad ortodoxa.

En este espíritu, os deseamos un año nuevo eclesiástico bendito y fructífero en buenas obras gratas a Dios. Invitamos a los hijos de la Santa y Gran Iglesia de Cristo de todo el mundo a vivir de una manera verdaderamente ecológica y en el amor fraterno, a que oren por la creación y por la paz, a que luchen por la integridad del medio natural y por la sostenibilidad y a que fomenten una cultura de la solidaridad. Por las intercesiones y la protección de la Santísima Madre de Dios Todomisericordiosa, invocamos sobre vosotros la gracia vivificante y la gran misericordia del Creador Todopoderoso y Dios de amor Todomisericordioso.

¡Bendito año nuevo eclesiástico, hermanos e hijos en el Señor!

1 de septiembre de 2025

Bartolomé de Constantinopla

Fervoroso suplicante por todos ante Dios